Camaradas, ustedes tienen que ocuparse del trabajo administrativo, que entre nosotros en el Consejo de Comisarios del Pueblo ocupa una posición dominante. Es completamente natural que les esperen muchas dificultades. En la mayoría de los comités ejecutivos provinciales se observa que las masas populares, por fin, toman ellas mismas el trabajo de la administración. Las dificultades, por supuesto, son inevitables. Uno de los principales defectos ha sido que hemos extraído aún pocos trabajadores prácticos del medio obrero. Pero nunca pensamos adaptar el viejo aparato a la nueva administración y no nos arrepentimos de que, con la abolición del viejo, haya que construir todo de nuevo con tales dificultades. Las masas obreras y campesinas poseen mayores talentos para la construcción de lo que se podía esperar. Consideramos un mérito de la revolución precisamente que ella barrió con el viejo aparato de administración, pero al mismo tiempo debemos reconocer que el defecto principal de las masas es la timidez y la falta de deseo de tomar el trabajo en sus propias manos.

En algunos soviets provinciales se observaba hasta ahora desorden; ahora, el trabajo se va encauzando cada vez más, de modo que de muchos lugares llegan noticias de que no hay malentendidos ni conflictos en el trabajo. La revolución rusa, a pesar de que han pasado solo 8 meses, ha demostrado que la nueva clase que ha tomado la administración en sus manos es capaz de hacer frente a esta tarea. A pesar de la falta de trabajadores, el aparato administrativo se va encauzando cada vez más. Nuestra construcción se encuentra aún en una etapa tal que no se ven sus resultados concretos, lo que los enemigos señalan a menudo; pero, a pesar de ello, ya se ha hecho mucho. La transferencia de la tierra y la industria a manos de los trabajadores, el intercambio de productos y el abastecimiento alimentario, a pesar de la extraordinaria dificultad, se llevan a la práctica. Es necesario impulsar a las masas trabajadoras hacia el trabajo independiente de administración y construcción del Estado socialista. Solo en la práctica las masas se convencerán de que con la vieja clase explotadora se ha terminado para siempre.

Nuestra tarea principal y perentoria es la administración, la organización y el control. Este trabajo es ingrato y poco visible, pero precisamente en él las fuerzas económicas y administrativas de los obreros y los campesinos se desplegarán cada vez con más éxito.

Pasando luego a la nueva Constitución{13}, el camarada Lenin señala que ella concentra lo que la vida ya ha dado, y será corregida y complementada por su aplicación práctica en la vida. Lo principal en la Constitución es que el poder soviético se deslinda definitivamente de la burguesía, apartándola de la participación en la construcción del Estado.

Las masas obreras y campesinas, llamadas por el gobierno a la administración del país y que durante mucho tiempo estuvieron alejadas de ella, no pudieron renunciar al deseo de construir el Estado mediante su propia experiencia. La consigna «todo el poder a los Soviets» llevó a que en las localidades quisieran llegar a la experiencia de la construcción del Estado a través de sus propios errores. Este período de transición fue necesario y resultó beneficioso. En esta tendencia al separatismo hubo mucho de sano, de bueno, en el sentido del afán de creación. La Constitución soviética puso de manifiesto la relación de la autoridad de volost con la de uyezd, de la de uyezd con la provincial y de esta última con el centro.

A continuación, el camarada Lenin señala que solo aquella construcción puede merecer el nombre de socialista que se realice según un gran plan general, tendiendo a utilizar de manera uniforme los valores económicos y productivos. El poder soviético no tiene en absoluto la intención de menospreciar la importancia del poder local ni de matar su independencia e iniciativa. A la necesidad de llevar a la práctica el centralismo mediante la experiencia llegó también el propio campesinado.

Desde el momento de la aprobación de la Constitución y su puesta en práctica, – continúa el camarada Lenin, – comenzará en nuestra construcción estatal un período más fácil. Pero, desgraciadamente, nos resulta difícil en este momento ocuparnos de la política económica, productiva y agraria. Tenemos que distraernos y dirigir toda nuestra atención a las tareas elementales: la cuestión alimentaria. La situación de la clase obrera en las provincias hambrientas es verdaderamente grave. Es necesario, de una u otra manera, emplear todos los esfuerzos para superar las dificultades alimentarias y las dificultades relacionadas con ellas hasta la nueva cosecha.

A esto se añaden también las tareas de carácter militar. Ustedes saben cómo el movimiento checoslovaco, sobornado y avivado por el imperialismo anglo-francés, ha rodeado a Rusia en un semicírculo. Ustedes saben también cómo a este movimiento se adhiere la burguesía contrarrevolucionaria y el kulaks campesino. De las localidades recibimos informaciones de que las derrotas que ha sufrido la Rusia soviética en los últimos tiempos han convencido por experiencia a los obreros y al campesinado revolucionario de que, además del control, además de la construcción del Estado, es necesario también el control en el ámbito militar.

Estoy convencido, – concluye el camarada Lenin, – que en adelante las cosas irán mejor. Estoy convencido de que los comités ejecutivos provinciales, introduciendo en la vida, con ayuda del campesinado, la organización del control sobre el estado mayor de mando, crearán un fuerte ejército socialista. Las lecciones de la revolución han enseñado, por fin, a las clases de los obreros y los campesinos explotados la necesidad de tomar las armas. Los campesinos y los obreros, además de la conquista de la tierra, el control, etc., han aprendido la conciencia de la necesidad de administrar el ejército. Dirigiendo su trabajo en el ámbito del arte militar, lograrán que el ejército creado por ellos merezca plenamente el nombre de socialista y luche con éxito contra la burguesía contrarrevolucionaria y los imperialistas hasta el momento en que llegue en su auxilio el proletariado revolucionario internacional. (El discurso del camarada Lenin es cubierto por estruendosos aplausos de todo el congreso.)

«Известия ВЦИК» № 161, 31 de julio de 1918

«Правда» № 160, 1 de agosto de 1918

Se publica según el texto del periódico «Известия ВЦИК»