(Aplausos, que se convierten en ovación.) Camaradas, en más de una ocasión hemos tenido que señalar, tanto en la prensa del Partido como en las instituciones soviéticas y en la agitación ante las masas, que el período previo a la nueva cosecha es la etapa más difícil, dura y crítica para la revolución socialista iniciada en Rusia. Ahora, creo, debemos decir que se ha alcanzado el punto culminante de esta situación crítica. Esto ha ocurrido porque los partidarios del mundo imperialista, de los países imperialistas, por un lado, y los partidarios de la República Socialista Soviética, por el otro, se han definido ahora plena y definitivamente. Ante todo, hay que decir que desde el punto de vista militar, solo ahora la situación de la República Soviética se ha definido definitivamente. Al principio, muchos consideraron la sublevación checoslovaca{2} como uno de los episodios de los motines contrarrevolucionarios. No valoramos suficientemente las informaciones de los periódicos sobre la participación del capital anglo-francés, sobre la participación de los imperialistas anglo-franceses en esta sublevación. Ahora conviene recordar cómo se desarrollaron los acontecimientos en Múrmansk, en las tropas siberianas, en Kubán, cómo los anglo-franceses, en alianza con los checoslovacos y con la participación más directa de la burguesía inglesa, intentaron derrocar a los Soviets. Todos estos hechos muestran ahora que el movimiento checoslovaco fue uno de los eslabones de una política sistemática de los imperialistas anglo-franceses, largamente calculada para estrangular a la Rusia Soviética, con el objetivo de volver a meter a Rusia en el círculo de las guerras imperialistas. Ahora, esta crisis debe ser resuelta por las amplias masas de la Rusia Soviética, ya que se nos presenta ahora como una lucha por la conservación de la República Socialista Soviética, no solo contra los checoslovacos como un intento contrarrevolucionario, no solo contra los intentos contrarrevolucionarios en general, sino como una lucha contra el embate de todo el mundo imperialista.

Quisiera recordar ante todo el hecho de que desde hace tiempo se ha establecido la participación directa e inmediata del imperialismo anglo-francés en la rebelión checoslovaca; recordaré el artículo del 28 de junio, publicado en el órgano central del Partido Comunista Checoslovaco, «Prukopnik Svobody», y reproducido en nuestra prensa{3}:

«El 7 de marzo, la Sección del Consejo Nacional recibió el primer pago del cónsul francés, por un total de 3 millones de rublos.

Este dinero fue entregado a un tal Sr. Ship, colaborador de la Sección del Consejo Nacional.

El 9 de marzo, al mismo Ship se le pagaron otros 2 millones; el 25 de marzo, Ship recibió 1 millón; el 26 de marzo, el vicepresidente del Consejo Nacional, Sr. Bohumil Čermák, recibió 1 millón; y el 3 de abril, el Sr. Ship recibió nuevamente 1 millón.

En total, el cónsul francés pagó a la Sección del Consejo Nacional, del 7 de marzo al 4 de abril, 8 millones.

Sin indicación de fecha, se pagaron: al Sr. Ship, 1 millón; al Sr. Bohumil Čermák, 1 millón; al Sr. Ship, por segunda vez, 1 millón.

Además, a una persona desconocida se le pagaron 188.000 rublos. Total: 3.188.000. Sumados a los 8 millones mencionados, resulta una cantidad de 11 millones 188.000 rublos, que el gobierno francés pagó a la Sección del Consejo Nacional.

Del cónsul inglés, la Sección recibió 80.000 libras esterlinas. Así, desde el 7 de marzo hasta el día del levantamiento, los dirigentes del Consejo Nacional Checo recibieron de los gobiernos francés e inglés unos 15 millones, y por ese dinero fue vendido el ejército checoslovaco a los imperialistas franceses e ingleses».

Por supuesto, la mayoría de ustedes leyó en su momento esta noticia en los periódicos; por supuesto, nunca dudamos de que los imperialistas y los financieros de Inglaterra y Francia tratarían de hacer todo lo posible y lo imposible para derrocar el poder soviético, para causarle toda clase de dificultades. Pero en aquel entonces aún no se había desplegado toda la cadena de acontecimientos que muestra que estamos ante una campaña militar y financiera contrarrevolucionaria sistemática, constante, evidentemente largamente meditada, preparada durante meses por todos los representantes del imperialismo anglo-francés, contra la República Soviética. Ahora, cuando tomamos los acontecimientos en su conjunto, comparamos el movimiento contrarrevolucionario checoslovaco con el desembarco de Múrmansk, sabemos que los ingleses han desembarcado allí más de 10.000 soldados, que, bajo el pretexto de defender Múrmansk, en realidad han avanzado y ocupado Kem y Soroki, y se han dirigido al este de Soroki, pasando a fusilar a nuestros funcionarios soviéticos; leemos en los periódicos que muchos miles de obreros ferroviarios y, en general, obreros del lejano Norte huyen de estos salvadores y libertadores, es decir, para decir la verdad, de estos nuevos violadores imperialistas que desgarran a Rusia desde el otro extremo; cuando comparamos todos estos hechos, se nos hace clara la conexión general de los acontecimientos. Mientras tanto, en los últimos tiempos hemos recibido nuevas confirmaciones que muestran el carácter de la ofensiva anglo-francesa contra Rusia.

Ya por razones geográficas está claro que la forma de esta ofensiva del imperialismo contra Rusia no puede ser como en Alemania. No existe una frontera contigua con Rusia como la que tiene Alemania; no hay tal cantidad de tropas. El carácter predominantemente colonial y naval de la fuerza militar inglesa ha obligado desde hace mucho, durante muchas décadas, a los ingleses en sus campañas de conquista a atacar de otra manera, a tratar principalmente de cortar las fuentes de abastecimiento del país que atacan, y a preferir el método de estrangulamiento, bajo el pretexto de ayuda, al método de la violencia militar directa, inmediata, brusca y dura. En los últimos tiempos, por las comunicaciones que tenemos, ha quedado claro que, sin duda, Alekséiev, conocido desde hace tiempo por los soldados y obreros rusos, que últimamente tomó la stanitsa de Tijorétskaya, se ha aprovechado de la ayuda del imperialismo anglo-francés. Allí la sublevación ha adquirido formas más definidas, y también, evidentemente, porque el imperialismo anglo-francés ha puesto su mano.

Finalmente, ayer recibimos noticias de que en Bakú el imperialismo anglo-francés logró una jugada muy efectiva. Consiguieron obtener la mayoría en el Sóvieth de Bakú, con unos 30 votos, contra nuestro Partido, contra los bolcheviques, y contra aquellos eseristas de izquierda, por desgracia muy pocos, que no siguieron la vil aventura y la traición pérfida de los eseristas de izquierda de Moscú{4}, sino que permanecieron con el poder soviético contra el imperialismo y la guerra. Contra este núcleo, fiel al poder soviético, que hasta ahora había sido mayoría en el Sóvieth de Bakú, el imperialismo anglo-francés obtuvo esta vez una ventaja de 30 votos, gracias a que una enorme parte del partido Dashnaktsutiún{5}, los armenios semisocialistas, se pasó a su lado contra nosotros. (Lee un telegrama.)

«El 26 de julio, el destacamento de Adzhikabul, por orden del comisario del pueblo Korgánov, se retiró de Adzhikabul hacia las posiciones de Alyat. Tras la retirada del destacamento de Shamají de Shamají y Marazy, el enemigo lanzó una ofensiva por el valle del río Pirsagat. Cerca de la aldea de Kubaly tuvo lugar el primer choque con la vanguardia.

Simultáneamente, desde el lado del Kurá, por el sur, una numerosa caballería comenzó a avanzar hacia la estación de Pirsagat. En tal situación, para mantener la estación de Adzhikabul, era necesario extender todas las fuerzas disponibles en tres direcciones: al oeste de Adzhikabul, al norte y al sur del valle de Navagí-Pirsagat. Tal extensión del frente nos privaría de reservas y, al no tener caballería, no daría la posibilidad de asestar un golpe al enemigo e incluso pondría en una situación difícil al grupo de Adzhikabul en caso de una ruptura del frente por el norte o por el sur. Debido a tal situación, y también en interés de preservar las fuerzas de las tropas, se dio la orden de retirar el destacamento de Adzhikabul hacia las posiciones de Alyat. La retirada se realizó en perfecto orden. Las importantes instalaciones de la vía y de la estación de Adzhikabul, así como los tanques de queroseno y petróleo, fueron volados. En Daguestán, en relación con la ofensiva general, el enemigo muestra actividad. El 24 de julio, el enemigo atacaba en grandes masas en cuatro direcciones. Tras un combate de un día, ocupamos las trincheras del enemigo, el adversario se dispersó en el bosque; la noche impidió una persecución mayor. El 24 de julio, desde Shurá comunican combates favorables para nosotros; el teatro de operaciones militares son los alrededores de la ciudad; el enemigo actúa con tenacidad y organización; las fuerzas enemigas son comandadas por antiguos oficiales daguestaníes; los campesinos de Daguestán participan activamente en las acciones bélicas cerca de Shurá.»

Los partidos de derecha en Bakú levantaron la cabeza y llevaron a cabo una enérgica agitación para llamar a los ingleses. La agitación es apoyada intensamente por el estado mayor del ejército y se traslada a las unidades del frente. La agitación anglófila ha desorganizado al ejército. Últimamente, la orientación inglesa ha tenido un gran éxito entre las masas desesperadas y agotadas.

Bajo la influencia de la actividad provocadora y mentirosa de los partidos de derecha, la flotilla militar del Caspio ha aprobado varias resoluciones opuestas sobre los ingleses. Engañada por los mercenarios y agentes voluntarios ingleses, hasta hace poco creía ciegamente en la sinceridad del apoyo inglés.

Las últimas noticias hablan del avance de los ingleses en Persia y de la ocupación de Resht (Guilán). En Resht, los ingleses lucharon durante 4 días contra Kuchuk-Jan y las bandas germano-turcas que se le unieron, encabezadas por los musavatistas que huyeron de Bakú. Después de la batalla de Resht, los ingleses pidieron ayuda a los nuestros, pero nuestros representantes en Persia se la negaron. En Resht, los ingleses vencieron. Pero casi no tienen fuerzas en Persia. Se ha descubierto que en Enzeli solo hay 50 hombres. Necesitan gasolina y nos ofrecen automóviles a cambio. Sin gasolina no pueden avanzar.

El 25 de julio tuvo lugar la segunda sesión del Sóvdep sobre la situación política y militar, y los partidos de derecha plantearon la cuestión de los ingleses. El comisario extraordinario del Cáucaso, camarada Shaumián, refiriéndose a la resolución del V Congreso de los Sóviets y al telegrama de Stalin en nombre del Consejo Central de Comisarios del Pueblo, declaró inadmisible la invitación de los ingleses y exigió retirar del debate la cuestión del llamamiento a los ingleses. Por una mayoría insignificante de votos, la exigencia del camarada Shaumián fue rechazada, ante lo cual el camarada Shaumián, como representante del poder central, protestó enérgicamente. Se escuchó el informe de los delegados que viajaron al frente. Por mayoría de 259 votos de los eseristas de derecha, dashnaks de derecha y mencheviques, contra 236 votos de bolcheviques, eseristas de izquierda y dashnaks de izquierda, se aprobó una resolución para invitar a los ingleses y formar un gobierno de todos los partidos soviéticos que reconocieran la autoridad del Consejo de Comisarios del Pueblo. La resolución encontró una severa condena por parte del sector izquierdo. Shaumián declaró que consideraba la decisión adoptada como una traición vergonzosa y una ingratitud negra hacia los obreros y campesinos de Rusia, y que, como representante del poder central, se desligaba de toda responsabilidad por la decisión adoptada. En nombre de las fracciones de bolcheviques, eseristas de izquierda y dashnaks de izquierda, se declaró que no entrarían en el gobierno de coalición y que el Consejo de Comisarios del Pueblo dimitiría. El camarada Shaumián, en nombre de las tres fracciones de izquierda, declaró que el poder que, al invitar a los imperialistas ingleses, había roto efectivamente con el Poder Soviético de Rusia, no encontraría ningún apoyo de la Rusia Soviética. Con su política traidora, el Sóvdep local, que invitó a los ingleses, ha perdido a Rusia y a los partidos que apoyan al Poder Soviético.

Los partidos de derecha están en la más completa perplejidad ante la decisión del Sovnarkom de dimitir. Tras recibir las noticias sobre la situación creada, el estado de ánimo en los distritos y en el frente cambió bruscamente. Los marineros comprendieron que habían sido engañados en la práctica por los traidores para romper con Rusia y destruir el Poder Soviético. Las masas están cambiando su actitud hacia los ingleses. Ayer, con motivo de la dimisión del Sovnarkom, se celebró una reunión extraordinaria del Comité Ejecutivo. Se decidió que todos los comisarios del pueblo permanecen en sus puestos y realizan el trabajo que antes realizaban hasta que se resuelva la cuestión del poder en la sesión del Sóviet del 31 de julio. El Comité Ejecutivo decidió tomar medidas urgentes para combatir la contrarrevolución inminente. Los enemigos llevan a cabo su trabajo bajo el manto de los partidos anglo-franceses. Oficina de Prensa del Baksovnarkom».

Así lo observáis constantemente también en nuestras fracciones, que, llamándose socialistas, nunca rompieron los lazos con la burguesía, y allí también esta vez se pronunciaron a favor de invitar a las tropas inglesas para defender Bakú{6}. Sabemos ya demasiado bien lo que significa esa invitación de tropas imperialistas para la defensa de la república soviética. Sabemos cómo fue esa invitación, realizada por la burguesía, una parte de los eseristas y los mencheviques. Sabemos cómo fue esa invitación, realizada por los dirigentes mencheviques en Tiflis, en Georgia.

Podemos decir ahora que el único partido que no invitó a los imperialistas ni entró en una alianza depredadora con ellos, sino que solo se retiró de ellos cuando los violentos avanzaban, el único partido fue el partido de los bolcheviques-comunistas. (Aplausos.) Sabemos que en el Cáucaso la situación de nuestros camaradas comunistas fue especialmente difícil, porque a su alrededor los traicionaban los mencheviques, que entraron en una alianza directa con los imperialistas alemanes bajo el pretexto, por supuesto, de defender la independencia de Georgia.

Todos sabéis bien que esa independencia de Georgia se convirtió en un engaño puro; en realidad, hay una ocupación y una completa conquista de Georgia por los imperialistas alemanes, la alianza de las bayonetas alemanas con el gobierno menchevique contra los obreros y campesinos bolcheviques, y por eso tuvieron mil veces razón nuestros camaradas de Bakú, quienes, sin cerrar los ojos en absoluto al peligro de la situación, se dijeron a sí mismos: nunca estaríamos en contra de la paz con una potencia imperialista en condiciones de cederles una parte de nuestro territorio, si eso no nos asestara un golpe, no atara nuestras tropas en alianza con las bayonetas de los violentos y no nos privara de la posibilidad de continuar nuestra actividad transformadora socialista.

Si la cuestión se plantea de modo que, invitando a los ingleses supuestamente para defender Bakú, se invite a una potencia que ahora se ha tragado toda Persia y hace tiempo que se acerca con sus fuerzas militares para apoderarse del sur del Cáucaso, es decir, entregarse al imperialismo anglo-francés, entonces no podemos tener ni un minuto de duda o vacilación en que, por difícil que sea la situación de nuestros camaradas de Bakú, al negarse a concertar esa paz, dieron un paso digno únicamente de socialistas no de palabra, sino de hecho. La negativa rotunda a cualquier acuerdo con los imperialistas anglo-franceses es el único paso correcto de los camaradas de Bakú, ya que no se puede invitarlos sin convertir al poder socialista independiente, aunque sea en un territorio aislado, en esclavo de la guerra imperialista.

Por eso no tenemos ninguna duda sobre la importancia del incidente de Bakú en la red general de incidentes. Ayer se recibió la noticia de que una parte de las ciudades de Asia Central está sumida en una insurrección contrarrevolucionaria con la evidente participación de los ingleses, afianzados en la India, quienes, habiendo sometido por completo a Afganistán, hace tiempo que se crearon un punto de apoyo tanto para expandir sus posesiones coloniales, para estrangular naciones, como para atacar a la Rusia Soviética. Y ahora, cuando estos eslabones sueltos se nos han hecho claros, la situación militar y estratégica general actual de nuestra república se ha definido por completo. Múrmansk en el norte, el frente checoslovaco en el este, Turkestán, Bakú y Astracán en el sureste: vemos que casi todos los eslabones del anillo forjado por el imperialismo anglo-francés están unidos entre sí.

Vemos perfectamente ahora que los terratenientes, capitalistas y kulaks, que todos, por supuesto, por razones para ellos bastante legítimas, arden de odio hacia el Poder Soviético, han actuado ahora también aquí, aunque en formas un poco diferentes a como actuaron los terratenientes, capitalistas y kulaks en Ucrania y en otros lugares arrancados de Rusia. Como lacayos del imperialismo anglo-francés, han hecho todo lo posible para, a toda costa, hacer todo lo posible contra el Poder Soviético. Con las fuerzas de la propia Rusia no pudieron hacerlo y decidieron actuar no con palabras, no con llamamientos, al estilo de los señores Mártov, sino que recurrieron a métodos de lucha más grandes, a acciones militares. Es a esta circunstancia a la que más debemos prestar atención; en esto debemos concentrar toda nuestra agitación, toda nuestra propaganda, y en consecuencia desplazar el centro de gravedad de todo nuestro trabajo soviético.

Este es el hecho fundamental: ahora actúan las fuerzas imperialistas de otra coalición, no la alemana, sino la anglo-francesa, que ha ocupado parte del territorio y se apoya en él. Si hasta ahora su situación geográfica les impedía atacar directamente a Rusia, ahora, por una vía indirecta, el imperialismo anglo-francés, que durante cuatro años ha estado regando de sangre el mundo entero por la dominación mundial, se ha acercado directamente a Rusia para estrangular la República Soviética y para sumir a Rusia en una guerra imperialista. Saben perfectamente, camaradas, que desde el inicio de la Revolución de Octubre nos propusimos como objetivo principal poner fin a la guerra imperialista, pero nunca nos hicimos ilusiones de que con las fuerzas del proletariado y de las masas revolucionarias de un solo país, por heroicas que sean su disposición, su organización y su disciplina, se pueda derrocar al imperialismo internacional; eso solo puede lograrse con los esfuerzos conjuntos del proletariado de todos los países.

Pero logramos que en uno de los países se rompieran todos los vínculos con los capitalistas de todo el mundo. Nuestro gobierno no tiene ningún hilo que lo una con ningún imperialista, y nunca los tendrá, sea cual sea el camino que tome nuestra revolución. Logramos que el movimiento revolucionario contra el imperialismo, durante los 8 meses de nuestro poder, haya dado un paso gigantesco y que en uno de los principales centros del imperialismo, Alemania, se llegara en enero de 1918 a un enfrentamiento armado y a la represión sangrienta de ese movimiento{7}. Hicimos nuestra obra revolucionaria, como ningún otro gobierno revolucionario en ningún país, en una escala internacional, mundial, pero no nos engañábamos pensando que podríamos lograrlo solo con las fuerzas de un país. Sabíamos que nuestros esfuerzos conducen inevitablemente a la revolución mundial y que la guerra iniciada por los gobiernos imperialistas no puede terminarse con las fuerzas de esos gobiernos. Solo puede ser terminada por los esfuerzos de todo el proletariado, y nuestra tarea, cuando llegamos al poder como partido comunista proletario, en un momento en que en otros países aún reinaba el dominio capitalista burgués, nuestra tarea inmediata era, repito, mantener este poder, esta antorcha del socialismo, para que siguiera esparciendo el mayor número de chispas posibles hacia el creciente incendio de la revolución socialista.

En todas partes esta tarea fue sumamente difícil, y la resolvimos gracias a que el proletariado se mantuvo precisamente en la defensa de las conquistas de la república socialista. Esta tarea nos ha llevado a una situación especialmente grave y crítica, ya que la revolución socialista, en el sentido estricto de la palabra, aún no se ha producido en ningún país, aunque en países como Italia y Austria se ha vuelto incomparablemente más cercana. Pero como aún no se ha producido, tenemos ante nosotros un nuevo éxito del imperialismo anglo-francés y, por tanto, del imperialismo mundial. Si por el oeste el imperialismo alemán sigue presente como una fuerza militar imperialista de ocupación, por el noreste y el sur de Rusia el imperialismo anglo-francés ha tenido la oportunidad de consolidarse y nos muestra de manera palpable, a la vista de todos, que esa fuerza está dispuesta a arrastrar de nuevo a Rusia a una guerra imperialista, dispuesta a sofocar a Rusia, un estado socialista independiente que continúa su labor socialista y su propaganda en una escala hasta ahora nunca vista en el mundo. Contra esto, el imperialismo anglo-francés ha logrado un gran éxito y, rodeándonos con un cerco, ha dirigido todos sus esfuerzos a sofocar a la Rusia Soviética. Sabemos perfectamente que este éxito del imperialismo anglo-francés está indisolublemente ligado a la lucha de clases.

Siempre hemos dicho, y las revoluciones lo confirman, que cuando se toca la base del poder económico, el poder de los explotadores, su propiedad, que pone a su disposición el trabajo de decenas de millones de obreros y campesinos, que les permite enriquecerse a terratenientes y capitalistas, cuando, repito, se toca la propiedad privada de capitalistas y terratenientes, ellos olvidan todas sus frases sobre el amor a la patria y la independencia. Sabemos perfectamente que los kadetes, los eseristas de derecha y los mencheviques han batido todos los récords en cuanto a alianza con las potencias imperialistas, en cuanto a firma de tratados rapaces, en cuanto a traición de la patria al imperialismo anglo-francés. Ejemplos: Ucrania y Tiflis. La alianza de mencheviques y eseristas de derecha con los checoslovacos es suficientemente ilustrativa. Y la actuación de los eseristas de izquierda, que pretendían arrastrar a la guerra a la República Rusa en interés de los guardias blancos de Yaroslavl{8}, muestra con suficiente claridad que, cuando se trata de las ganancias de clase, la burguesía vende la patria y realiza negocios mercantiles contra su pueblo con cualquier extranjero. Esta verdad la historia de la revolución rusa la ha demostrado una y otra vez después de que, durante más de cien años, la historia de la revolución nos haya mostrado que esa es la ley de los intereses de clase, de la política de clase de la burguesía en todos los tiempos y en todos los países. Por lo tanto, no es sorprendente que la actual agudización de la situación internacional de la República Soviética esté ligada a la agudización de la lucha de clases en el interior del país.

Hemos dicho muchas veces que el período anterior a la nueva cosecha es, a este respecto, en cuanto a la agudización de la crisis alimentaria, el más duro. Sobre Rusia se ha abatido el azote del hambre, que se ha agudizado de manera inaudita, porque precisamente el plan de los depredadores imperialistas consiste en aislar de Rusia las zonas cerealeras. A este respecto, sus aspiraciones están perfectamente calculadas y consisten en encontrar precisamente en las regiones productoras de grano un apoyo social de clase, encontrar regiones donde predominen los kulaks, los campesinos ricos, enriquecidos con la guerra, que viven del trabajo ajeno, del trabajo de los pobres. Ustedes saben que estos elementos han acumulado decenas y cientos de miles de rublos y tienen enormes reservas de grano. Ustedes saben que estas personas, que se enriquecían con la calamidad popular, que tenían tanto más motivo para saquear y aumentar sus ganancias cuanto más sufría el pueblo en la capital, estos elementos kulaks han constituido el principal y más serio apoyo del movimiento contrarrevolucionario en Rusia. Aquí la lucha de clases ha llegado a la fuente misma más profunda. No ha quedado una sola aldea donde no se esté librando la lucha de clases entre los pobres del campo y una parte del campesinado medio, que no tiene excedentes de grano, que hace tiempo que los ha consumido, que no ha participado en la especulación; la lucha de clases entre esta inmensa mayoría de trabajadores y una pequeña banda de kulaks; esta lucha de clases ha penetrado en cada aldea.

Cuando definíamos nuestros planes políticos y publicábamos nuestros decretos –por supuesto, la inmensa mayoría de los presentes los conocen–, cuando, repito, redactábamos y aplicábamos los decretos sobre la organización de los pobres del campo{9}, veíamos claramente que la cuestión llegaba a la más decisiva y fundamental de toda la revolución, a la cuestión más decisiva y fundamental: la del poder, la cuestión de si el poder estará en manos del proletariado, si logrará unir a todos los pobres del campo, con los cuales no tiene ninguna divergencia, si logrará atraer a su lado a los campesinos que no tienen discrepancia con él, y si logrará unir a toda esta masa, dispersa, desunida, atomizada en las aldeas –a este respecto inferior al obrero urbano–, si logrará unirla contra el otro campo, el campo de los terratenientes, los imperialistas y los kulaks.

Y ante nuestros ojos, los pobres del campo comenzaron a unirse con una rapidez extraordinaria. Se dice que la revolución enseña. La lucha de clases enseña, en efecto, en la práctica, que toda falsedad en la posición de un partido lleva inmediatamente a ese partido al lugar que merece. Hemos visto palpablemente la política del partido de los eseristas de izquierda, que, debido a su falta de carácter y a su falta de cabeza, vacilaron en el momento en que la cuestión alimentaria se planteó de manera tan aguda, y el partido eserista de izquierda desapareció como partido, convirtiéndose en un peón en manos de los guardias blancos de Yaroslavl. (Aplausos.)

Camaradas, este agravamiento de la lucha de clases en relación con la crisis alimentaria, precisamente cuando la nueva cosecha, en toda su riqueza, se ha determinado pero no puede ser realizada, y cuando los hambrientos habitantes de Petrogrado y Moscú son empujados por los elementos kulaks y la burguesía, que dicen en sus esfuerzos más desesperados: ahora o nunca — de ahí se vuelve comprensible esa ola de levantamientos que recorre toda Rusia. Ha surgido el levantamiento de Yaroslavl. Y vemos la influencia de los anglo-franceses; vemos el cálculo de los terratenientes y la burguesía contrarrevolucionarios. Allí donde se planteaba la cuestión del pan, impedían realizar el monopolio del pan, y sin esto no puede haber socialismo. Es precisamente en esto donde la burguesía debe unificarse, en esto la burguesía tiene un apoyo más profundo que el campesino del campo. El combate decisivo entre las fuerzas del socialismo y la sociedad burguesa se producirá en todo caso, de un modo u otro, hoy o mañana, por una u otra razón. Cualquier vacilación solo puede darse en socialistas entre comillas, como, por ejemplo, nuestros eseristas de izquierda. Cuando en esta cuestión, en esta cuestión fundamental, se observan vacilaciones entre los socialistas, esto demuestra que son socialistas entre comillas, que no valen un céntimo. La revolución lleva a tales socialistas a que en la práctica se conviertan en meros peones con los que juegan los generales franceses, esos peones cuyo papel demostró el antiguo Comité Central del antiguo partido de los eseristas de izquierda.

Camaradas, de este esfuerzo combinado del imperialismo anglo-francés y la burguesía rusa contrarrevolucionaria se desprendió que la guerra civil entre nosotros ahora se ha presentado por ese lado que no todos esperaban ni todos comprendían claramente, y se ha fusionado con la guerra exterior en un todo indivisible. El levantamiento kulak, la sublevación checoslovaca, el movimiento de Múrmansk, son una misma guerra que se cierne sobre Rusia. Nosotros, habiendo salido de la guerra por un lado, sufriendo un daño enorme, firmando una paz increíblemente dura, sabíamos que firmábamos una paz violenta[10], pero decíamos que sabríamos continuar nuestra propaganda y nuestra construcción, y con ello descomponer el mundo imperialista. Pudimos hacerlo. Alemania negocia ahora cuántos miles de millones tomar de Rusia sobre la base de la Paz de Brest, pero ha reconocido todas las nacionalizaciones que llevamos a cabo mediante el decreto del 28 de junio[11]. No planteó la cuestión de la propiedad privada de la tierra en la república, esto hay que subrayarlo en contraposición a la inaudita mentira que difundía Spiridónova y demás personajes de los eseristas de izquierda, mentira que benefició a los terratenientes y que repiten ahora los elementos más oscuros e incultos de los centurias negras; esta mentira debe ser refutada y desenmascarada.

En realidad, nosotros, a pesar de todo el peso de la paz para nosotros, conseguimos la libre construcción socialista interna y dimos en ese camino pasos que ahora son conocidos en Europa Occidental y representan elementos de propaganda inmensamente más poderosos que antes.

Y la cosa se presenta así: habiendo salido de la guerra por un lado, de una coalición, inmediatamente sufrimos el embate del imperialismo por el otro lado. El imperialismo es un fenómeno mundial, es la lucha por el reparto del mundo entero, de toda la tierra, y por la sumisión a tal o cual puñado de depredadores. Ahora el otro grupo de depredadores, el anglo-francés, se lanza sobre nosotros y dice: os arrastraremos de nuevo a la guerra. Su guerra se fusiona con la guerra civil en un todo único, y esto constituye la fuente principal de las dificultades del momento actual, cuando de nuevo ha pasado a primer plano la cuestión militar, la de los acontecimientos bélicos, como la cuestión principal y fundamental de la revolución. En esto reside toda la dificultad, porque el pueblo está cansado de la guerra, agotado por la guerra como nunca. Este estado de extrema postración y agotamiento por la guerra del pueblo ruso quisiera compararlo con un hombre al que han golpeado hasta casi matarlo, de quien no se puede esperar ni manifestación de energía ni manifestación de capacidad de trabajo. Así, en el pueblo ruso, esta guerra de casi cuatro años, que se abatió sobre un país saqueado, tortuoso, envilecido por el zarismo, la autocracia, la burguesía y Kerenski, provocó por múltiples razones repugnancia, y fue la fuente más grande de las enormes dificultades que atravesamos.

Por otro lado, tal giro de los acontecimientos lo redujo todo a una guerra determinada. Hemos vuelto a caer en la guerra, nos encontramos en guerra, y esta guerra no es solo civil, contra los kulaks, terratenientes, capitalistas que ahora se han unido contra nosotros — ahora ya se alza contra nosotros el imperialismo anglo-francés; aún no está en condiciones de lanzar hordas contra Rusia, las condiciones geográficas se lo impiden, pero todo lo que puede, todos sus millones, todos sus vínculos y fuerzas diplomáticos los brinda para ayudar a nuestros enemigos. Nos encontramos en estado de guerra, y esta guerra podemos resolverla victoriosamente; pero aquí hay que luchar contra uno de los adversarios más difíciles de vencer: hay que luchar contra el estado de cansancio por la guerra, de odio y repugnancia hacia la guerra; este estado debemos superarlo, porque de lo contrario no resolveremos la cuestión que no depende de nuestra voluntad: la cuestión militar. Nuestro país ha caído de nuevo en la guerra, y el desenlace de la revolución depende ahora enteramente de quién venza en esta guerra, cuyos representantes principales son los checoslovacos, pero cuyos verdaderos dirigentes, impulsores, empujadores en esta guerra son los imperialistas anglo-franceses. Toda la cuestión de la existencia de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, toda la cuestión de la revolución socialista rusa se ha reducido a la cuestión militar. En esto reside la fuente de una dificultad enorme, dado el estado del pueblo que este ha sacado de la guerra imperialista. Nuestra tarea es para nosotros completamente clara. Cualquier engaño sería el mayor daño; ocultar a los obreros y campesinos esta dura verdad lo consideramos un crimen. Al contrario, que cada uno conozca esta verdad lo más clara y nítidamente posible.

Sí, tuvimos ejemplos en que nuestras tropas mostraron una debilidad criminal, por ejemplo, en la toma de Simbirsk por los checoslovacos, cuando los nuestros se retiraron; sabemos que las tropas están cansadas de la guerra, sienten repugnancia por ella, pero también es natural e inevitable que, mientras el imperialismo no sufra una derrota a escala mundial, hará intentos de arrastrar a Rusia a una guerra imperialista, se esforzará por convertirla en una masacre. Queramos o no, la cuestión está planteada así: estamos en guerra, y el destino de la revolución se decidirá por el desenlace de esta guerra. Esto debe ser la primera y última palabra de nuestra agitación, de toda nuestra actividad política, revolucionaria y transformadora. Hicimos tanto en poco tiempo, pero hay que llevarlo todo hasta el final. Toda nuestra actividad debe estar subordinada por entero y completamente a esa cuestión de la que ahora depende el destino de la revolución y su desenlace, el destino de la revolución rusa e internacional. Por supuesto, de la guerra actual el imperialismo mundial no saldrá sin una serie de revoluciones; de otro modo que no sea con la victoria final del socialismo, esta guerra no terminará. Pero nuestra tarea ahora es apoyar, defender y preservar esta fuerza del socialismo, esta antorcha socialista, esta fuente de socialismo que actúa activamente sobre el mundo entero; esta tarea, en la situación actual de los acontecimientos, es una tarea militar.

Hemos atravesado más de una vez tal situación, y muchos decían que por muy dura que nos haya resultado la paz, por muchas víctimas que nos haya exigido, por mucho que el enemigo se esfuerce por arrebatarnos aún más territorios, Rusia, a pesar de todo, disfruta por ahora de la paz y puede afianzar sus conquistas socialistas. En este camino hemos ido incluso más lejos de lo que muchos de nosotros imaginábamos. Por ejemplo, nuestro control obrero ha ido mucho más allá de las formas que adoptó al principio, y en la actualidad nos encontramos ante la transformación de la administración estatal en un orden socialista. Hemos avanzado mucho en el terreno de nuestro trabajo práctico. Ya tenemos la administración completa de la industria por los obreros, pero las circunstancias no nos dieron la posibilidad de continuar pacíficamente este trabajo; nos han llamado de nuevo al estado militar, y es necesario que tensionemos todas nuestras fuerzas y llamemos a todos a las armas. Si encontráramos alguna vacilación en esta cuestión entre los comunistas, sería una vergüenza.

Las vacilaciones entre el campesinado no nos sorprenden. La masa campesina no ha pasado por la escuela de la vida que ha recorrido el proletariado, que durante décadas se ha acostumbrado a ver en el capitalista a su enemigo de clase y que ha sabido unir sus fuerzas para luchar contra él. Sabemos que los campesinos no han pasado por esa universidad. Durante un tiempo marcharon junto al proletariado; ahora atraviesan un período de vacilación, en el que la masa campesina se divide. Conocemos numerosos casos en que los kulaks venden a los campesinos el pan por debajo de los precios fijos para dar la impresión de que los kulaks defienden sus intereses. Todo esto no nos sorprende; pero el obrero comunista no vacilará, la masa obrera se mantendrá inconmovible, y si el ambiente campesino está imbuido del espíritu de los kulaks, ello se explica fácilmente. Allí donde no hay bolcheviques y dominan las autoridades checoslovacas, hemos observado el siguiente fenómeno: al principio, a los checoslovacos los reciben casi como a libertadores, pero al cabo de algunas semanas de dominio de esa burguesía se advierte un enorme giro contra los checoslovacos y a favor del Poder Soviético, porque los campesinos empiezan a comprender que todas las frases sobre la libertad de comercio y la Asamblea Constituyente significan una sola cosa: el poder de los terratenientes y los capitalistas.

Nuestra tarea es unir aún más estrechamente las filas proletarias y crear una organización tal que en las próximas semanas todo se consagre a resolver la cuestión militar. Ahora luchamos contra el imperialismo anglo-francés y contra todo lo que en Rusia hay de burgués, de capitalista, que hace esfuerzos para arruinar toda la obra de la revolución socialista y arrastrarnos a la guerra. La cuestión se plantea de tal modo que están en juego todas las conquistas de los obreros y los campesinos. Debemos estar seguros de que hallaremos en el proletariado una amplia simpatía y apoyo, y el peligro será totalmente conjurado, y nuevas filas del proletariado saldrán a defender a su clase, para salvar la revolución socialista. Actualmente, la cuestión está planteada de tal manera que la lucha se libra en torno a dos puntos fundamentales; todas las diferencias principales entre partidos se han desvanecido en el fuego de la revolución. ¡El socialrevolucionario de izquierda, que subraya insistentemente que es de izquierda, que se oculta tras una frase revolucionaria, pero que en realidad se subleva contra el Poder Soviético, es el mismo mercenario de los guardias blancos de Yaroslavl, eso es lo que es ante la historia y la lucha revolucionaria! En la arena de la lucha sólo hay ahora dos clases: se libra una lucha de clases entre el proletariado, que defiende los intereses de los trabajadores, y aquellos que defienden los intereses de los terratenientes y los capitalistas. Todas las frases sobre la Asamblea Constituyente, sobre el Estado independiente, etc., con las que se intenta engañar a las masas inconscientes, han sido desenmascaradas por la experiencia del movimiento checoslovaco y del movimiento de los mencheviques del Cáucaso. Detrás de todas estas frases se hallan las mismas fuerzas de los terratenientes y los capitalistas, y así como la ocupación alemana trae consigo el poder de los terratenientes y los capitalistas, también lo trae la sublevación checoslovaca. ¡Por eso se hace la guerra!

¡Camaradas! Las filas del proletariado deben cerrarse aún más estrechamente y dar en esta lucha un ejemplo de organización y disciplina. Rusia sigue siendo el único país que ha roto todos los lazos con los imperialistas. Cierto, estamos sangrando por estas graves heridas. Hemos retrocedido ante la bestia imperialista, ganando tiempo, asestándole golpes parciales aquí y allá, pero nosotros, como República Socialista Soviética, hemos permanecido independientes. Al realizar nuestra obra socialista, íbamos contra el imperialismo de todo el mundo, y esta lucha se vuelve más comprensible para los obreros de todo el mundo, y su creciente indignación acerca cada vez más la revolución venidera. Precisamente por eso se libra la lucha, porque nuestra república es el único país del mundo que no ha ido de la mano del imperialismo, que no ha permitido que se masacraran millones de hombres por el dominio de franceses o alemanes sobre el mundo. Nuestra república es el único país que ha salido por la vía violenta y revolucionaria de la guerra imperialista mundial, que ha izado la bandera de la revolución socialista, pero de nuevo la arrastran a la guerra imperialista, desean de nuevo colocarla en el frente. ¡Que los checoslovacos luchen con los alemanes, que la burguesía rusa elija, que Miliukov decida, quizá incluso de acuerdo con Spiridónova y Kámkov, con qué imperialistas deben ir juntos! Pero nosotros declaramos que, para impedir la resolución de esta cuestión, debemos estar dispuestos a dar nuestra vida, porque se trata de salvar toda la revolución socialista. (Aplausos.) Sé que entre los campesinos de las provincias de Sarátov, Samara y Simbirsk, donde se observaba el mayor cansancio e incapacidad para emprender acciones militares, se advierte un cambio. Ellos, después de sufrir la invasión de los cosacos y los checoslovacos, después de probar en la práctica lo que es la Asamblea Constituyente o los gritos de "¡Abajo la paz de Brest!", han aprendido que todo eso conduce a que vuelva el terrateniente, a que el capitalista se siente en el trono, y se han convertido ahora en los más ardientes defensores del poder de los Soviets. No abrigo la menor sombra de duda de que las masas proletarias de Petrogrado y Moscú, que marchan a la cabeza de la revolución, comprenderán las circunstancias, comprenderán el momento amenazador que vivimos, serán aún más resueltas, y el proletariado derrocará tanto la ofensiva anglo-francesa como la checoslovaca en interés de la revolución socialista. (Aplausos.)

Publicado en 1918 en el folleto "Sesión conjunta del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, del Soviet de Moscú, de representantes de los comités de fábrica, de los sindicatos de la ciudad de Moscú y del Congreso de presidentes de Soviets de toda Rusia, del 29 de julio de 1918"

En 1919 fue publicado en el libro "Quinta convocatoria del CEC. Informe taquigráfico"

Se imprime según el texto del libro, cotejado con la taquigrafía y el texto del folleto.