Al abordar la cuestión de la situación internacional de Rusia, el camarada Lenin señaló que nuestra posición sigue siendo amenazada: el enemigo externo no solo promete atacar, sino que ya está arrancando pedazos de Rusia.

Esta situación inestable y vacilante probablemente continuará hasta el momento en que, mediante los esfuerzos de la clase obrera de todo el mundo, sea derrocado el capital. El momento actual debe ser aprovechado como un respiro para consolidar el poder soviético.

Hablando de la matanza mundial, el camarada Lenin señaló que la victoria de las armas alemanas hace imposibles las condiciones de paz entre los países imperialistas. Los capitalistas anglo-franceses no pueden reconciliarse con una cantidad tan enorme de botín obtenido por Alemania. Además, después de una serie de ofensivas en Francia, donde Alemania ha inmovilizado a cientos de miles de sus soldados, se ha creado un cierto equilibrio de fuerzas, y las bayonetas alemanas no representan una amenaza directa. Además, los imperialistas de la Entente{178} tienen en cuenta la devastación, el estado catastrófico que se ha producido en Austria-Hungría.

De la situación general se desprende una sola conclusión: la guerra se vuelve sin salida. En esta falta de salida reside la garantía de que nuestra revolución socialista tiene una base seria para mantenerse hasta el momento en que estalle la revolución mundial, y la garantía de ello es la guerra, que solo las masas obreras pueden terminar. Nuestra tarea es mantener el poder soviético, lo que hacemos retrocediendo y maniobrando. Ir en el momento actual a una lucha abierta significaría empeorar la situación de la revolución mundial.

Tras esbozar en qué estado recibimos la economía del país de los diversos partidos de derecha que anteriormente estuvieron en el poder, el camarada Lenin señaló toda la dificultad de la construcción económica, que se organiza sobre nuevas bases, con nuevos métodos.

En la lucha contra el hambre tenemos dos enemigos: los ricos y la devastación. En esta lucha es necesario que el pobre crea en la alianza fraternal con el obrero. No creerá en palabras, sino en hechos. Y nuestra esperanza aquí reside únicamente en la alianza de los obreros urbanos conscientes con los pobres del campo. La tarea de la lucha por el derecho de todos al pan y por el derecho a un reparto justo es una tarea grandiosa. En la capacidad de distribuir equitativamente residen las bases del socialismo que estamos creando. En esto somos responsables no solo ante nuestros hermanos, sino también ante los obreros de todo el mundo.

Ellos deben ver que el socialismo no es algo imposible, sino que es un régimen obrero sólido y que hacia él debe tender el proletariado de todo el mundo.

«Pravda» n.º 135, 4 de julio de 1918

Se publica según el texto del periódico «Pravda».