El camarada Lenin señala que el ejército, al igual que los medios de producción, era antes un instrumento de opresión en manos de la clase explotadora. Ahora, en Rusia, tanto lo uno como lo otro se convierten en instrumentos de lucha por los intereses de los trabajadores.

Esta transformación no se produjo fácilmente, lo saben los soldados del viejo ejército zarista por la disciplina que encadenaba a ese ejército. A continuación, el camarada Lenin refiere un caso del pasado reciente, cuando en Finlandia oyó cómo una anciana campesina finlandesa decía que, mientras antes un hombre con fusil no le permitía recoger leña en el bosque, ahora, por el contrario, no es peligroso, incluso la protege. Por más que nos cubran de fango –dice Lenin– los burgueses y sus partidarios, por más que los guardias blancos organicen conspiraciones, pero ya que esa conciencia de que el ejército actual es defensor de los trabajadores ha penetrado incluso en masas tan oscuras y explotadas, entonces el poder soviético es firme.

A continuación, Lenin señala que, como antes, el hambre fortalece a los especuladores y capitalistas. Ahora ocurre lo mismo, de modo que el nuevo ejército tal vez tenga que enfrentarse en la guerra civil también con estos especuladores del hambre. Que el viejo mundo –representantes de la sociedad caduca– intente ayudar a los hambrientos a la vieja usanza, y el nuevo mundo lo hará, a pesar de ellos, de manera nueva. Venceremos –dice el camarada Lenin– si las vanguardias avanzadas de los trabajadores, el Ejército Rojo, recuerdan que representan y defienden los intereses de todo el socialismo internacional. – Más adelante Lenin señala que no estamos solos: ejemplo de ello son los acontecimientos en Austria, así como nuestros correligionarios, aunque hoy aplastados, pero que hacen su labor en todos los países de Europa.

«Pravda» nº 135, 4 de julio de 1918

Se imprime según el texto del periódico «Pravda»