(Los delegados reciben al camarada Lenin con una prolongada salva de aplausos cuando aparece en la sala.) La situación financiera del país es crítica. La tarea de la transformación socialista del país promete toda una serie de dificultades, que a veces parecen insuperables, pero creo que, por muy dura que sea nuestra labor, que encuentra a cada paso la resistencia de la pequeña burguesía, los especuladores y las clases poseedoras, debemos llevarla a cabo.

Ustedes, hombres de práctica, hombres de experiencia, saben mejor que nadie qué dificultades hay que vencer al pasar de las suposiciones generales y los decretos a la vida cotidiana. El trabajo que tenemos por delante es gigantesco, pues la resistencia de las clases poseedoras será desesperada, pero cuanto más dura sea la labor, tanto más fecundos serán sus resultados cuando venzamos a la burguesía y la sometamos al control del poder soviético. Nuestras tareas son tales que vale la pena esforzarse por ellas y dar la última y decisiva batalla a la burguesía, ya que de la realización de estas tareas depende el éxito de la transformación socialista del país.

Las tareas financieras fundamentales que ha esbozado el poder soviético exigen una aplicación inmediata a la vida práctica, y la conferencia con ustedes contribuirá a que las transformaciones que hemos concebido no queden en meras declaraciones.

Debemos lograr a toda costa transformaciones financieras sólidas, pero hay que recordar que todas nuestras reformas radicales estarán condenadas al fracaso si no tenemos éxito en la política financiera.

En nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo, someto a su consideración las tareas que se han ido perfilando en numerosas reuniones, y les ruego que las elaboren detalladamente para su aplicación práctica a la vida. Estas tareas son las siguientes:

**Centralización financiera**

Necesitamos la centralización financiera, necesitamos concentrar nuestras fuerzas; sin llevar a la práctica estos principios no alcanzaremos las transformaciones económicas en las que cada ciudadano tendrá un pedazo de pan y la posibilidad de satisfacer sus necesidades culturales.

En el momento actual, la necesidad de centralización ya va penetrando en la conciencia de las masas populares; si este giro es lento, será más profundo y más amplio; si se observan tendencias a la descentralización, es una enfermedad del período de transición, una enfermedad del crecimiento; es completamente natural, porque el centralismo zarista y burgués ha inspirado odio y repugnancia en las masas populares hacia todo poder central.

Yo concibo el centralismo como un mínimo de cierta garantía para las masas trabajadoras. Estoy por la más amplia autonomía de las organizaciones soviéticas locales, pero al mismo tiempo creo que para la fecundidad de nuestro trabajo de transformación consciente del país es necesaria una política financiera única y estrictamente definida, así como el cumplimiento de las instrucciones de arriba abajo.

Esperamos de ustedes un decreto sobre la centralización financiera del país.

**Impuesto sobre la renta y la propiedad**

La segunda tarea que tenemos ante nosotros es el establecimiento correcto del impuesto progresivo sobre la renta y la propiedad. Ustedes saben que todos los socialistas están en contra de los impuestos indirectos, pues el único impuesto correcto desde el punto de vista socialista es el progresivo sobre la renta y la propiedad. No oculto que al introducir este impuesto tendremos que enfrentarnos a dificultades extraordinarias; la resistencia de las clases poseedoras será desesperada.

Ahora la burguesía elude los impuestos mediante el soborno y los contactos; debemos cerrarle todas las escapatorias. Hemos trazado mucho en este terreno, hemos despejado el terreno para los cimientos, pero el fundamento mismo de este edificio aún no está creado. Ahora este momento se acerca.

La cuestión del impuesto sobre la renta es tal que los solos decretos no bastan para ponerlo en práctica; se necesitan métodos prácticos, experiencia.

Consideramos que debemos pasar al cobro mensual del impuesto sobre la renta. Crece la parte de la población que recibe ingresos del tesoro público; hay que tomar medidas para que a estas personas se les cobre el impuesto sobre la renta mediante descuentos de su salario.

El impuesto sobre la renta debe cobrarse de todos los ingresos y ganancias, sin excepción; el trabajo de la imprenta, que se ha practicado hasta ahora, puede justificarse como medida temporal, y debe ceder el paso a la imposición progresiva sobre la renta y la propiedad con plazos de cobro muy frecuentes.

Les rogaría que elaboraran esta medida en detalle, de manera práctica, y que determinaran con precisión los planes que pudiéramos convertir en decretos e instrucciones en el plazo más breve.

Al tocar la cuestión de las contribuciones, Lenin dice: No soy en absoluto oponente a las contribuciones en general; para destruir a la burguesía, el proletariado no pudo prescindir de las contribuciones; es una medida correcta del período de transición, pero ahora el período de transición ha terminado y la imposición a las clases poseedoras debe ceder el paso a un impuesto estatal único y centralizado.

Indudablemente, la burguesía intentará por todos los medios eludir nuestras leyes, recurrir al pequeño engaño. Lucharemos contra ello para socavar definitivamente los restos de la burguesía.

**Servicio laboral**

La tercera tarea de nuestra política financiera se reduce a la introducción del servicio laboral y el registro de las clases poseedoras.

El viejo capitalismo, basado en la libre competencia, ha sido definitivamente aniquilado por esta guerra; ha cedido el paso al capitalismo de Estado, monopolista. Los países avanzados de Occidente: Inglaterra y Alemania, a causa de la guerra, han pasado al más estricto registro y control de toda la producción, han introducido el servicio laboral para las clases no poseedoras, creando multitud de escapatorias para la burguesía. Debemos aprovechar la experiencia de estos países, pero empezar introduciendo el servicio laboral en primer lugar no para los pobres, que ya han hecho suficientes sacrificios en el altar de la guerra, sino para los poseedores, que se han enriquecido con la guerra.

Está en el orden del día la introducción de los impuestos obreros: libretas de presupuesto, en primer lugar para la burguesía, a fin de ver qué parte del trabajo aporta cada uno de ellos en beneficio del país. El control debe estar en manos de los Soviets locales. Con relación a los pobres, esta medida es ahora completamente superflua, pues ya trabajan bastante; además, los sindicatos tomarán todas las medidas para elevar la productividad del trabajo e introducir la disciplina laboral.

El registro universal de la población poseedora, la ley que obligue a los ricos a tener libretas de trabajo, de impuestos y de presupuesto: he aquí la tarea que debemos resolver en primer lugar. Esta cuestión hay que elaborarla práctica y concretamente. Esta medida permitirá trasladar la carga de los impuestos, como es justo, a los ricos.

**Nuevos signos monetarios**

La cuarta tarea del momento es la sustitución de los viejos signos monetarios por otros nuevos{134}. El dinero, los billetes, todo eso que ahora se llama dinero, esos certificados del bienestar social, actúan de manera disolvente y son peligrosos porque la burguesía, al conservar existencias de esos billetes, sigue teniendo el poder económico.

Para debilitar este fenómeno, debemos emprender el más riguroso control de los billetes existentes para reemplazar completamente todo el dinero viejo por uno nuevo. Sin duda, en el camino de la aplicación de esta medida nos encontraremos con dificultades económicas y políticas extraordinarias; nos espera un minucioso trabajo preparatorio – la preparación de varios miles de millones de billetes nuevos, la creación en cada vólost, en cada barrio de las grandes ciudades de cajas de ahorros, pero no nos detendremos ante estas dificultades. Fijaremos un plazo muy breve, durante el cual cada cual deberá hacer una declaración sobre la cantidad de dinero que posee y recibir a cambio dinero nuevo; si la suma resulta pequeña, obtendrá un rublo por rublo; si supera la norma, obtendrá solo una parte. Esta medida encontrará, sin duda, una fortísima oposición no solo por parte de la burguesía, sino también por parte de los kulaks rurales, enriquecidos con la guerra y que han enterrado en la tierra botellas llenas de miles de billetes de papel. Nos enfrentaremos pecho a pecho con el enemigo de clase. La lucha será dura, pero una lucha agradecida. Entre nosotros no hay duda de que debemos asumir todas las cargas de esta lucha, pues es necesaria e inevitable. Para llevar a cabo esta medida se necesita un enorme trabajo preparatorio: hay que elaborar el tipo de impreso de declaración, hay que desarrollar la propaganda en las localidades, determinar el plazo para el cambio del dinero viejo por el nuevo, etc. Pero lo haremos. Será la última y decisiva batalla contra la burguesía y nos dará la posibilidad de pagar un tributo temporal al capital extranjero, hasta que llegue la hora de la revolución social en Occidente – y llevar a cabo las reformas necesarias en el país.

En conclusión, el camarada Lenin, en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo, se dirige al congreso con los deseos de un trabajo fructífero. (El discurso del camarada Lenin es interrumpido en repetidas ocasiones por tormentosos aplausos.)

El informe periodístico fue impreso el 19 de mayo de 1918 en las «Izvestia del VTsIK» n.º 99

Impreso por completo en 1918 en el libro «Informe sobre los trabajos del primer Congreso Panruso de representantes de los departamentos financieros de los Soviets de región, gobernación y distrito», Moscú

Se imprime según el texto del libro.