Lenin aborda primero las opiniones de los «izquierdistas» sobre la política exterior y señala la gigantesca importancia de agitación de las negociaciones de Brest, ya que el proletariado occidental tiene la oportunidad de conocer y comprender mucho: quiénes son los bolcheviques, cuál es nuestra situación después de la revolución, etc. Actualmente, toda la salvación no reside en la ruptura abierta del Tratado de Brest, sino en la capacidad de maniobrar en las complejas situaciones internacionales surgidas gracias a la contraposición de intereses de las distintas potencias imperialistas. Hay que tener en cuenta las relaciones entre Japón y América, Alemania e Inglaterra, las divergencias en los partidos capitalista y militar alemán, etc., etc.

En la política interior se necesita disciplina proletaria, lucha contra los kulaks del campo, preocupación por el pan, dictadura alimentaria total y dictadura de la clase obrera en el país.

Objetando a los «izquierdistas» en la cuestión del capitalismo de Estado, el camarada Lenin aclara que este no nos resulta temible, pues en la dolorosa transición del capitalismo al socialismo que estamos viviendo, la principal preocupación es defender la industria; y solo mediante su organización a gran escala, tal como es posible actualmente únicamente bajo el capitalismo de Estado, se puede encauzar la producción y llevar un control exacto de lo producido y lo consumido. Condición necesaria para ello es el control obrero. Como ejemplo, el camarada Lenin señala a los trabajadores del cuero, su fuerte organización y el control obrero en las empresas privadas.

«Pravda» nº 95, 17 de mayo de 1918

Se imprime según el texto del periódico «Pravda»