Múltiples veces se ha señalado en la prensa bolchevique y se ha reconocido en resoluciones oficiales de los órganos del poder soviético supremo la extrema inestabilidad de la situación internacional de la República Soviética, rodeada por las potencias imperialistas.

En los últimos días, es decir, en el primer tercio de mayo de 1918, la situación política se ha agravado extraordinariamente tanto por causas externas como por causas internas:

En primer lugar, se ha intensificado la ofensiva directa de las tropas contrarrevolucionarias (Semenov y otros) con la ayuda de los japoneses en el Lejano Oriente, y en relación con esto, una serie de indicios señalaban la posibilidad de un acuerdo de toda la coalición imperialista antigermana sobre el programa de presentar un ultimátum a Rusia: o bien luchas contra Alemania, o bien la invasión japonesa con nuestra ayuda.

En segundo lugar, en la política alemana, después de Brest, se impuso en general el partido militar, que de un momento a otro podría imponerse también ahora sobre la cuestión de una ofensiva general inmediata contra Rusia, es decir, descartar por completo la otra política de los círculos burgueses-imperialistas de Alemania, que aspiran a nuevas anexiones en Rusia, pero temporalmente a la paz con ella, y no a una ofensiva general contra ella.

En tercer lugar, la restauración del monarquismo burgués-terrateniente en Ucrania, con el apoyo de los elementos cadetes-octubristas de la burguesía de toda Rusia y con la ayuda de las tropas alemanas, no podía dejar de agravar la lucha contra la contrarrevolución en nuestro país, no podía dejar de dar alas a los planes, de elevar el espíritu de nuestra contrarrevolución.

En cuarto lugar, la bancarrota alimentaria se agravó extremadamente y condujo en muchos lugares a un hambre directa, tanto porque se nos arrebató Rostov del Don, como por los esfuerzos de la pequeña burguesía y los capitalistas en general por hacer fracasar el monopolio del grano, ante una resistencia insuficientemente firme, disciplinada e implacable de la clase dominante, es decir, del proletariado, a estas aspiraciones, esfuerzos e intentos.

# II

La política exterior del poder soviético no debe ser modificada en modo alguno. Nuestra preparación militar aún no ha concluido, y por eso la consigna general sigue siendo la misma: maniobrar, retirarse, esperar, continuando esta preparación con todas las fuerzas.

Sin renunciar en absoluto, en general, a acuerdos militares con una de las coaliciones imperialistas contra la otra en aquellos casos en que tal acuerdo, sin violar los fundamentos del poder soviético, pudiera fortalecer su posición y paralizar el asedio contra él de alguna potencia imperialista, en el momento actual no podemos aceptar un acuerdo militar con la coalición anglo-francesa. Pues para ella tiene importancia real la distracción de las tropas alemanas del Oeste, es decir, el avance de muchos cuerpos japoneses hacia el interior de la Rusia europea, y esta condición es inaceptable, como la quiebra total del poder soviético. Si la coalición anglo-francesa nos presentara un ultimátum de este tipo, responderíamos con una negativa, pues el peligro del movimiento japonés puede ser paralizado con menores dificultades (o puede ser demorado por más tiempo) que el peligro de la ocupación por los alemanes de Petrogrado, Moscú y la mayor parte de la Rusia europea.

# III

Al considerar las tareas de la política exterior del poder soviético en el momento actual, se requiere la mayor cautela, circunspección y mesura, para no ayudar con un paso imprudente o precipitado a los elementos extremos de los partidos militares de Japón o Alemania.

La cuestión es que en ambos países los elementos extremos del partido militar están a favor de una ofensiva inmediata y general contra Rusia con el objetivo de ocupar todo su territorio y derrocar el poder soviético. Y de un momento a otro estos elementos extremos pueden imponerse.

Pero, por otro lado, es un hecho indudable que en Alemania la mayoría de la burguesía imperialista está en contra de tal política, prefiriendo en el momento actual una paz anexionista con Rusia a una guerra continuada, por la consideración de que esa guerra distraería fuerzas del Oeste, aumentaría la ya sensible inestabilidad de la situación interior en Alemania, dificultaría la obtención de materias primas de lugares sumidos en la insurrección o perjudicados por la destrucción de los ferrocarriles, por la falta de siembra, etc., etc.

Y la aspiración japonesa a atacar contra Rusia se ve contenida, en primer lugar, por el peligro de movimientos e insurrecciones en China; en segundo lugar, por cierto antagonismo de América, que teme el fortalecimiento de Japón y espera, con la paz, obtener materias primas de Rusia por un camino más fácil.

Por supuesto, es perfectamente posible que tanto en Japón como en Alemania los elementos extremos del partido militar se impongan de un momento a otro. No puede haber garantías contra esto mientras no estalle la revolución en Alemania. La burguesía americana puede confabularse con la japonesa; la japonesa con la alemana. Por eso, la preparación militar más intensa es nuestro deber absoluto.

Pero mientras queden aunque sea algunas posibilidades de conservar la paz o de concertar, al precio de ciertas nuevas anexiones o nuevas pérdidas, la paz con Finlandia, Ucrania y Turquía, no debemos dar ni un solo paso que pudiera ayudar a los elementos extremos del partido militar de las potencias imperialistas.

# IV

En la cuestión de la preparación militar intensificada, así como en la cuestión de la lucha contra el hambre, se destaca en primer plano la tarea organizativa.

No puede hablarse de una preparación militar seria sin superar las dificultades alimentarias, sin asegurar a la población un abastecimiento regular de pan, sin introducir el orden más riguroso en el transporte ferroviario, sin crear en las masas de la población trabajadora (y no solo en sus capas superiores) una disciplina verdaderamente férrea. Precisamente en este ámbito es donde más atrasados estamos.

Precisamente en esto pecan sobre todo los elementos izquierdistas-socialrevolucionarios y anarquistas con sus gritos sobre comités «insurgentes», con sus exclamaciones: «¡a las armas!» y etc. Tales gritos y exclamaciones son la cumbre de la estupidez y de la frase más lastimera, despreciable y repugnante, pues es ridículo hablar de «insurrección» y «comités insurgentes» cuando el poder soviético central convence con todas sus fuerzas a la población para que aprenda el arte militar y se arme; – cuando tenemos muchísimas más armas de las que sabemos contar y distribuir; – cuando precisamente la bancarrota y la falta de disciplina nos impiden utilizar las armas disponibles, nos hace perder el tiempo precioso de la preparación.

La preparación militar intensificada para una guerra seria requiere no arrebato, ni arenga, ni consigna combativa, sino un trabajo prolongado, tenso, tenacísimo y disciplinado a escala de masas. Hay que dar un rechazo implacable a los elementos izquierdistas-socialrevolucionarios y anarquistas que no quieren entender esto, y no permitir que contagien con su histeria a algunos elementos de nuestro partido, el proletario-comunista.

# V

Contra la burguesía, que ha alzado la cabeza en los últimos días a consecuencia de las circunstancias arriba señaladas, es necesaria una lucha implacable, la introducción del estado de guerra, el cierre de los periódicos, el arresto de los dirigentes, etc., etc. Estas medidas son tan necesarias como necesaria es la campaña militar contra la burguesía rural, que retiene los excedentes de grano y sabotea el monopolio del grano. Sin la disciplina férrea del proletariado no se puede salvar ni de la contrarrevolución ni del hambre.

En particular, hay que tener en cuenta que la burguesía en los últimos días, con un arte inimitable, con la habilidad de un virtuoso, ha utilizado como arma contra el poder proletario la siembra del pánico. Y algunos de nuestros camaradas, sobre todo los inestables frente a la frase revolucionaria izquierdista-socialrevolucionaria y anarquista, se han dejado arrastrar, cayendo en un estado de pánico o no observando esa línea que separa la advertencia legítima y necesaria contra los peligros que amenazan de la siembra del pánico.

Es necesario recordar firmemente los rasgos fundamentales de toda la situación económica y política actual de Rusia, en virtud de los cuales no se puede ayudar a la causa con ningún arrebato. Es necesario asimilar firmemente y conseguir que todos los obreros asimilen la verdad de que solo el trabajo constante y paciente de creación y restauración de la disciplina proletaria férrea, con un castigo implacable a los gamberros, kulaks y desorganizadores, es capaz de defender el poder soviético en el momento actual, en uno de los tránsitos más difíciles y peligrosos, devenido inevitable por el retraso de la revolución en Occidente.

Escrito el 12 o 13 de mayo de 1918.

Publicado por primera vez en 1929 en el Lenin Miscelánea XI

Se imprime según el manuscrito.