¡Camaradas! Permítanme, en primer lugar, saludar a la nueva composición del Soviet de Moscú de Diputados Obreros y Campesinos.

Les ha tocado elegir una nueva composición en un momento extraordinariamente difícil, en ese momento trágico en que el proceso de desarrollo de nuestra revolución entra en su fase más peligrosa y dura. Los elementos hostiles a la revolución, todos los que apoyan a los enemigos del pueblo, todos los que se arrastran tras la burguesía, depositaban grandes esperanzas en la reelección de nuestro Soviet, pues en estos momentos atravesamos una época extraordinariamente difícil, cuando ha terminado la marcha victoriosa de la revolución, que ha entrado en un período de penosas experiencias e incluso de derrotas. Y en este momento, el proletariado se ha presentado de nuevo ante nosotros con toda la fuerza de su conciencia. Los obreros, teniendo en cuenta toda la dificultad del período que atravesamos, comprenden claramente que la eliminación de los grandes sufrimientos que hoy han caído en suerte al pueblo trabajador no depende de nosotros, sino de todo el curso de los acontecimientos históricos. Y los obreros, con heroica determinación, soportarán sobre sus hombros nuevas privaciones, con tal de defender las grandes conquistas de la Revolución de Octubre.

No cabe duda de que, junto a las duras pruebas, la revolución ha entrado sin embargo en un período de nuevas victorias, imperceptibles, que no saltan a la vista, pero no menos importantes que las brillantes victorias de la época de las barricadas de octubre. Ante nosotros se yerguen en toda su magnitud dos enemigos mortales: ante nosotros, completamente armados y dispuestos a despedazar la revolución, están los enemigos externos e internos, que esperan el momento oportuno para asestar el golpe final. El enemigo externo es el imperialismo internacional, armado hasta los dientes, rico en fuerzas técnicas, que quiere esperar el momento para un nuevo ataque bandidesco contra la Rusia soviética. Y recordando esto, es necesario mirar con despiadada claridad directamente a los ojos de la verdad amenazadora.

Como resultado de la más reaccionaria de las guerras que ha tenido que sufrir nuestro atormentado país, en este momento no tenemos fuerzas suficientes para una lucha armada activa contra la reacción mundial; no tenemos ejército, no tenemos fuerzas que podamos oponer a los brillantemente organizados destacamentos de la contrarrevolución internacional, en cuyas manos está el poder de la técnica avanzada y de la disciplina ideal. Estamos solos por ahora y rodeados de enemigos mortales.

En la época del levantamiento de Octubre del pueblo trabajador, cuando ante los obreros desplegamos la bandera roja de la revolución socialista, en esa época atravesamos un período de fácil y deslumbrante éxito. Y los obreros de otros países, escuchando el lejano rumor de la revolución rusa, comprendían lo que ocurría en Rusia, se daban cuenta de que el proletariado ruso hacía su propia causa, la causa de su sangre. Entonces nos las arreglábamos fácilmente con las bandas reaccionarias, entonces aplastábamos fácilmente los restos de las bandas mencheviques que se levantaban contra el pueblo, que iban contra nosotros no con una lucha abierta con las armas en la mano, sino con las sucias armas de la mentira, la calumnia y la traición inaudita. Como resultado de nuestra lucha contra la contrarrevolución, vemos una victoria tan grande como el hecho de que el contrarrevolucionario más osado, Kornílov, fue asesinado por sus propios soldados amotinados{95}.

Librando una amplia lucha contra la contrarrevolución nacional en todos los frentes, aprovechamos la pausa de la burguesía internacional y asestamos a tiempo un golpe poderoso al cuerpo de la contrarrevolución hoy aplastada. Se puede decir con certeza que la guerra civil está fundamentalmente terminada. Por supuesto, habrá enfrentamientos aislados, en algunas ciudades estallarán aquí y allá tiroteos en las calles provocados por intentos parciales de los reaccionarios de derrocar el poder de la revolución: el poder soviético, pero no cabe duda de que en el frente interno la reacción ha sido irrevocablemente aniquilada por los esfuerzos del pueblo sublevado. Así, pues, hemos vivido la primera época del desarrollo de la revolución, cuyo comienzo se remonta a los días de Octubre: la época del éxito embriagador, que a algunos embriagó.

Repito otra vez que ahora ha llegado el período más difícil, más duro en la vida de nuestra revolución. Ante nosotros está la tarea de una tensión de acero de todas las fuerzas para aplicarlas a un nuevo trabajo creador, pues solo la firmeza de hierro y la disciplina laboral ayudarán al proletariado revolucionario ruso, tan solitario por ahora en su titánica labor revolucionaria, a esperar el tiempo redentor en que el proletariado internacional venga en nuestra ayuda.

Somos uno de los destacamentos revolucionarios de la clase obrera que se ha adelantado, no porque seamos mejores que otros obreros, no porque el proletariado ruso esté por encima de la clase obrera de otros países, sino única y exclusivamente porque hemos sido uno de los países más atrasados del mundo. Llegaremos a la victoria definitiva solo cuando logremos aplastar, finalmente, de una vez por todas, al imperialismo internacional, que se apoya en la gigantesca fuerza de la técnica y la disciplina. Pero llegaremos a la victoria solo junto con todos los obreros de otros países, del mundo entero.

Por voluntad de la historia tuvimos que firmar la paz pesada en Brest, y no ocultamos que esta paz puede ser traicioneramente derrocada en cualquier momento por los numerosos enemigos de la revolución que nos atacan por todos lados, enemigos contra los cuales en este momento somos impotentes para emprender una lucha activa. Y sepan que quien les llamara ahora a esa lucha activa armada abierta contra el imperialismo depredador internacional, cometería un acto de traición al pueblo, sería un provocador voluntario o involuntario y servidor de tal o cual grupito de imperialistas. Y quien se pronuncie contra la táctica que hemos seguido últimamente, ese – aunque se llame incluso el más «izquierdista», incluso comunista ultraizquierdista – ese es un mal revolucionario, diré más: ese no es en absoluto un revolucionario. (Aplausos.)

Nuestro atraso nos ha impulsado hacia adelante, y pereceremos si no logramos mantenernos hasta que recibamos un poderoso apoyo de parte de los obreros sublevados de otros países. Nuestra tarea es continuar incesantemente nuestra táctica de lucha proletaria.

Tenemos un enemigo secreto extremadamente peligroso, más peligroso que muchos contrarrevolucionarios abiertos; este enemigo es el enemigo mortal de la revolución socialista y del poder soviético, que es un parlamento popular de nuevo tipo, nunca visto en ninguna parte, para los pobres: el enemigo es el elemento del pequeño propietario. No cabe duda de que nos hemos acercado a la superación de los obstáculos más difíciles en el camino del desarrollo de la revolución socialista. Ante nosotros se presenta en primer lugar la tarea de realizar plenamente la dictadura del proletariado en todas las esferas: en la organización de la disciplina laboral, en la producción, en la distribución de los productos de la producción. El enemigo del que hablo es el elemento del pequeño propietario, que vive con un solo pensamiento: «arrancar lo que se pueda, y después que el mundo se hunda»; ese enemigo es más fuerte que todos los Kornílov, Dútov y Kalédin juntos. Esos pequeños kuláks, pequeños burgueses, propietarios, dicen: «siempre nos oprimieron, siempre nos aplastaron – bueno, ¿cómo no aprovechar ahora un momento tan favorable?». Este fenómeno es un serio obstáculo, sin cuya superación es imposible vencer, pues de cada pequeño burgués, de cada codicioso agarrador, crece un nuevo Kornílov.

Junto a este peligro, se alzan como un fantasma amenazador ante nosotros las perspectivas del hambre inminente y del desempleo masivo{96}, pero vemos que todo obrero consciente – y cada vez son más, no por días sino por horas – todo obrero consciente, repito, tiene en cuenta y comprende que en este momento el único medio para luchar contra los peligros amenazantes es la tensión de acero de todas las fuerzas y una firmeza poderosa. Y que recuerden aquellos a quienes en los momentos de duras experiencias de nuestra revolución se apodera la desesperación, la pérdida de ánimo y energía, que siempre hemos dicho que desde el capitalismo hasta la victoria completa del socialismo no llegaremos por un camino incruento y fácil de persuasión y contemporización, y que solo como resultado de una lucha enconada podemos alcanzar nuestro objetivo.

La dictadura del proletariado defiende la violencia contra los explotadores. Nuestro camino es la firmeza, la cohesión proletaria, la dictadura de hierro del pueblo trabajador. No cabe duda de que el poder soviético en muchos casos no mostró suficiente decisión en la lucha contra la contrarrevolución, y en tal forma no era hierro, sino gelatina, sobre la que no se construirá el socialismo. No hemos vencido al elemento pequeñoburgués. La situación del país arruinado, desangrado, empujado por el curso de la historia al frente de todos en el campo de la revolución mundial, es extraordinariamente dura, y seremos aplastados si a la descomposición, la desorganización y la desesperación no oponemos la dictadura de hierro de los obreros conscientes. Seremos implacables tanto con nuestros enemigos como con todos los elementos vacilantes y dañinos de nuestro propio seno que se atrevan a introducir desorganización en nuestra pesada labor creadora de construcción de la nueva vida del pueblo trabajador.

Hemos comenzado a resolver la tarea cuya superación trae consigo la plena garantía y consolidación del socialismo. Para superar todas las dificultades, para luchar con éxito contra el hambre y el desempleo, realizaremos un trabajo invisible, modesto pero pesado, de importancia estatal, y quien vaya contra nosotros, será un enemigo cruel del proletariado mundial.

Las elecciones al Soviet de Moscú mostraron cuán conscientes están los obreros de los acontecimientos ocurridos, que comprendieron que el poder soviético no es un adorno de gala, sino su propia causa de sangre. Con el último acto, el acto de reelección de nuestro Soviet, han sido vencidos todos los que depositaban grandes esperanzas en estas reelecciones, han sido vencidos los elementos vacilantes, y esto me da confianza y esperanza de que estamos en el camino correcto, que nos llevará a la victoria completa del socialismo. (Ovasión. Todos cantan la «Internacional».)

«Pravda» n.º 79 e «Izvestia del VTsIK» n.º 81, 24 de abril de 1918.

Se imprime según el texto del diario «Pravda», cotejado con la transcripción taquigráfica y con el texto del diario «Izvestia del VTsIK».