El Congreso aprueba (ratifica) el tratado de paz, firmado por nuestros representantes en Brest-Litovsk el 3 de marzo de 1918.

El Congreso reconoce como correcta la línea de acción del Comité Ejecutivo Central y del Consejo de Comisarios del Pueblo, que decidieron concertar esta paz increíblemente dura, violenta y humillante, en vista de nuestra falta de ejército y del extremo agotamiento por la guerra de las fuerzas del pueblo, que recibió de la burguesía y de la intelectualidad burguesa no un apoyo en sus calamidades, sino un aprovechamiento egoísta de clase de las mismas.

El Congreso reconoce también como absolutamente correcta la línea de acción de la delegación de paz, que se negó a entrar en discusión detallada de las condiciones alemanas de paz, porque dichas condiciones nos fueron impuestas mediante un ultimátum evidente y una violencia descarada.

El Congreso plantea del modo más insistente ante todos los obreros, soldados y campesinos, ante todas las masas trabajadoras y oprimidas, la tarea más importante, inmediata y perentoria del momento actual: elevar la disciplina y autodisciplina de los trabajadores, crear en todas partes organizaciones fuertes y armónicas que abarquen, en lo posible, toda la producción y toda la distribución de productos, luchar sin piedad contra ese caos, desorganización, desastre, que son históricamente inevitables como herencia de la guerra más atroz, pero que al mismo tiempo constituyen el primer obstáculo para la victoria definitiva del socialismo y la consolidación de las bases de la sociedad socialista.

Ahora, después de la insurrección de Octubre, después del derrocamiento del poder político de la burguesía en Rusia, después de la ruptura y publicación por nosotros de todos los tratados imperialistas secretos, después de la anulación de los empréstitos extranjeros, después de la propuesta del gobierno obrero y campesino de una paz justa a todos los pueblos sin excepción, Rusia, habiéndose liberado de las garras de la guerra imperialista, tiene derecho a declarar que no participa en el saqueo ni en la opresión de países extranjeros.

La República Soviética Federativa Socialista de Rusia, desde ahora, condenando unánimemente las guerras de rapiña, reconoce su derecho y su deber de defender la patria socialista contra todos los posibles ataques de cualquier potencia imperialista.

El Congreso reconoce, por tanto, como deber absoluto de todas las masas trabajadoras el esforzarse al máximo para reconstruir y elevar la capacidad defensiva de nuestro país, para reconstruir su poderío militar sobre las bases de la milicia socialista y la instrucción universal de todos los adolescentes y ciudadanos adultos de ambos sexos en conocimientos militares y en el arte de la guerra.

El Congreso expresa la firme convicción de que el Poder Soviético, que ha cumplido firmemente todos los deberes de solidaridad internacional de los obreros de todos los países en su lucha contra el yugo del capital por el socialismo, seguirá haciendo en adelante todo lo que esté en nuestras manos para coadyuvar al movimiento socialista internacional, para asegurar y acelerar el camino que conduce a la humanidad a la liberación del yugo del capital y de la esclavitud asalariada, a la creación de la sociedad socialista y de una paz duradera y justa entre los pueblos.

El Congreso está profundamente convencido de que la revolución obrera internacional no está lejana y de que la victoria completa del proletariado socialista está asegurada, a pesar de que los imperialistas de todos los países no se detienen ante los medios más brutales de represión del movimiento socialista.

Escrito el 13 o 14 de marzo de 1918.