Gracias a la paz alcanzada – a pesar de toda su penosidad y toda su precariedad – la República Soviética de Rusia obtiene la posibilidad de concentrar sus fuerzas durante un tiempo determinado en el aspecto más importante y más difícil de la revolución socialista, precisamente: en la tarea organizativa.

Esta tarea está clara y precisamente planteada ante todas las masas trabajadoras y oprimidas en el 4º párrafo (4ª parte) de la resolución adoptada el 15 de marzo de 1918 en el Congreso Extraordinario de los Soviets de Moscú – en el mismo párrafo (o en la misma parte) de la resolución donde se habla de la autodisciplina de los trabajadores y de la lucha implacable contra el caos y la desorganización[21].

La precariedad de la paz alcanzada por la República Soviética de Rusia no se debe, por supuesto, a que esta piense ahora en reanudar las hostilidades; – excepto los contrarrevolucionarios burgueses y sus voceros (mencheviques y demás), ningún político sensato piensa en ello. La precariedad de la paz se debe a que en los estados imperialistas limítrofes con Rusia por el oeste y por el este, poseedores de una fuerza militar enorme, puede triunfar de un momento a otro el partido militar, seducido por la momentánea debilidad de Rusia y empujado por los capitalistas que odian el socialismo y son ávidos de pillaje.

En esta situación, la garantía real, no de papel, de la paz para nosotros es exclusivamente la desavenencia entre las potencias imperialistas, que ha alcanzado su grado máximo y se manifiesta, por un lado, en la reanudación de la matanza imperialista de los pueblos en Occidente, y por otro lado, en la competencia imperialista sumamente aguda entre Japón y América por el dominio del Océano Pacífico y su litoral.

Es comprensible que, protegida por una guardia tan inestable, nuestra República Socialista Soviética se encuentre en una situación internacional sumamente precaria, absolutamente crítica. Es necesario el extremo tensión de todas nuestras fuerzas para utilizar la tregua que nos ha proporcionado la confluencia de circunstancias para curar las gravísimas heridas infligidas a todo el organismo social de Rusia por la guerra, y para el despegue económico del país, sin el cual no se puede hablar en absoluto de un aumento serio de la capacidad defensiva.

También es comprensible que prestaremos una ayuda seria a la revolución socialista en Occidente, que se ha retrasado por una serie de causas, solo en la medida en que sepamos resolver la tarea organizativa planteada ante nosotros.

La condición fundamental para la resolución exitosa de la tarea organizativa que tenemos ante nosotros en primer lugar es la asimilación completa por parte de los dirigentes políticos del pueblo, es decir, de los miembros del Partido Comunista de Rusia (bolcheviques), y luego por todos los representantes conscientes de las masas trabajadoras, de la diferencia radical entre las anteriores revoluciones burguesas y la presente revolución socialista en el aspecto considerado.

En las revoluciones burguesas, la tarea principal de las masas trabajadoras consistía en realizar el trabajo negativo o destructivo de destrucción del feudalismo, la monarquía, el medievo. El trabajo positivo o creador de organización de la nueva sociedad lo realizaba la minoría poseedora, burguesa, de la población. Y lo realizaba esta tarea, a pesar de la resistencia de los obreros y de los campesinos más pobres, con relativa facilidad no solo porque la resistencia de las masas explotadas por el capital era entonces, debido a su dispersión y atraso, sumamente débil, sino también porque la fuerza organizadora fundamental de la sociedad capitalista construida anárquicamente es el mercado, que crece espontáneamente en extensión y profundidad, nacional e internacional.

Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «Tesis sobre las tareas del Poder Soviético en el momento actual». Abril de 1918 (Reducido)

Por el contrario, la tarea principal del proletariado y del campesinado más pobre dirigido por él en toda revolución socialista – y por consiguiente, en la revolución socialista iniciada por nosotros el 25 de octubre de 1917 en Rusia – es el trabajo positivo o creador de establecer una red extraordinariamente compleja y sutil de nuevas relaciones organizativas, que abarquen la producción y distribución planificadas de los productos necesarios para la existencia de decenas de millones de personas. Semejante revolución solo puede ser llevada a cabo exitosamente con la creación histórica independiente de la mayoría de la población, ante todo de la mayoría de los trabajadores. Solo en el caso de que el proletariado y el campesinado más pobre sepan encontrar en sí mismos suficiente conciencia, ideología, abnegación, perseverancia, – la victoria de la revolución socialista estará asegurada. Al haber creado un nuevo tipo de Estado, el soviético, que abre la posibilidad para las masas trabajadoras y oprimidas de tomar la participación más activa en la construcción independiente de la nueva sociedad, hemos resuelto solo una pequeña parte de la difícil tarea. La dificultad principal reside en el terreno económico: realizar un control y contabilidad estrictísimos y generales de la producción y distribución de los productos, elevar la productividad del trabajo, socializar la producción en la práctica.

El desarrollo del partido bolchevique, que es hoy en día el partido gobernante en Rusia, muestra de manera particularmente evidente en qué consiste el viraje histórico que estamos atravesando y que constituye la peculiaridad del momento político actual, el cual exige una nueva orientación del Poder Soviético, es decir, un nuevo planteamiento de nuevas tareas.

La primera tarea de todo partido del futuro es convencer a la mayoría del pueblo de la corrección de su programa y táctica. Esta tarea estaba en primer plano tanto bajo el zarismo como en el período de conciliación de los Chernov y Tsereteli con los Kerenski y Kishkin. Ahora esta tarea, que por supuesto está lejos de haberse completado (y que nunca puede ser agotada por completo), está resuelta en lo fundamental, pues la mayoría de los obreros y campesinos de Rusia, como ha demostrado indudablemente el último Congreso de los Soviets en Moscú, está decididamente del lado de los bolcheviques.

La segunda tarea de nuestro partido era la conquista del poder político y la represión de la resistencia de los explotadores. Y esta tarea no está en absoluto agotada por completo, y es imposible ignorarla, pues los monárquicos y kadetes, por un lado, sus voceros y lacayos, los mencheviques y eseristas de derecha, por otro lado, continúan los intentos de unirse para derrocar al Poder Soviético. Pero, en lo fundamental, la tarea de reprimir la resistencia de los explotadores ya está resuelta en el período comprendido entre el 25 de octubre de 1917 y (aproximadamente) febrero de 1918 o hasta la rendición de Bogaevski.

Ahora se plantea como tarea inmediata, y que constituye la peculiaridad del momento que vivimos, la tercera tarea: organizar la administración de Rusia. Por supuesto, esta tarea fue planteada y resuelta por nosotros al día siguiente del 25 de octubre de 1917, pero hasta ahora, mientras la resistencia de los explotadores adoptaba aún la forma de guerra civil abierta, hasta ahora la tarea de la administración no podía convertirse en la principal, central.

Ahora se ha convertido en tal. Nosotros, el partido bolchevique, hemos convencido a Rusia. Hemos conquistado Rusia – de los ricos para los pobres, de los explotadores para los trabajadores. Ahora debemos administrar Rusia. Y toda la peculiaridad del momento que vivimos, toda la dificultad consiste en comprender las particularidades de la transición de la tarea principal de convencer al pueblo y de reprimir militarmente a los explotadores a la tarea principal de la administración.

Por primera vez en la historia mundial, un partido socialista ha logrado terminar, en sus rasgos principales, la obra de conquista del poder y represión de los explotadores, ha logrado acercarse de lleno a la tarea de la administración. Es necesario que nosotros resultemos dignos ejecutores de esta tarea dificilísima (y gratísima) de la revolución socialista. Es necesario reflexionar que para una administración exitosa se requiere, además de la habilidad de convencer, además de la habilidad de vencer en la guerra civil, la habilidad de organizar prácticamente. Esta es la tarea más difícil, pues se trata de organizar de nuevo las bases más profundas, económicas, de la vida de decenas y decenas de millones de personas. Y esta es la tarea más grata, pues solo después de su solución (en los rasgos principales y fundamentales) se podrá decir que Rusia se ha convertido no solo en una república soviética, sino también socialista.