Impreso: proyecto de resolución sobre la apelación de Wilson – el 15 de marzo de 1918 en el periódico «Izvestia del CEC» n.º 48; informe sobre la ratificación del tratado de paz – el 16 y 17 (3 y 4) de marzo de 1918 en el periódico «Pravda» («Socialdemócrata») n.º 47 y 48; discurso de clausura al informe – el 19 (6) de marzo de 1918 en el periódico «Pravda» n.º 49; resolución sobre la ratificación del Tratado de Brest – el 16 (3) de marzo de 1918 en el periódico «Pravda» («Socialdemócrata») n.º 47

Se publica: proyecto de resolución sobre la apelación de Wilson – según el manuscrito; informe – según la transcripción cotejada con el texto del periódico «Pravda» («Socialdemócrata»); discurso de clausura – según la transcripción cotejada con el texto del periódico «Pravda»; resolución sobre la ratificación del Tratado de Brest – según el texto del periódico «Pravda» («Socialdemócrata»), cotejado con el manuscrito

1. Proyecto de resolución sobre la apelación de Wilson{46}

El Congreso expresa su agradecimiento al pueblo norteamericano y, en primer lugar, a las clases trabajadoras y explotadas de los Estados Unidos de Norteamérica por la expresión de simpatía del presidente Wilson hacia el pueblo ruso, a través del Congreso de los Sóviets, en los días en que la República Socialista Soviética de Rusia atraviesa duras pruebas.

Habiéndose convertido en país neutral, la República Soviética de Rusia se sirve de la apelación del presidente Wilson para expresar a todos los pueblos que perecen y sufren por los horrores de la guerra imperialista su ardiente simpatía y la firme convicción de que no está lejano el tiempo feliz en que las masas trabajadoras de todos los países burgueses derribarán el yugo del capital y establecerán el régimen socialista de la sociedad, el único capaz de asegurar una paz sólida y justa, así como la cultura y el bienestar de todos los trabajadores.

Escrito el 14 de marzo de 1918.

2. Informe sobre la ratificación del tratado de paz 14 de marzo

Camaradas, tenemos que resolver hoy una cuestión que señala un punto de viraje en el desarrollo de la revolución rusa y no solo de la rusa, sino también de la revolución internacional, y para resolver correctamente la cuestión de esa paz durísima que los representantes del Poder Soviético concertaron en Brest-Litovsk y que el Poder Soviético propone aprobar, o ratificar, para resolver correctamente esta cuestión, lo más necesario para nosotros es comprender el sentido histórico del viraje en que nos encontramos, entender en qué consistió la principal peculiaridad del desarrollo de la revolución hasta ahora y en qué consiste la causa fundamental de aquella dura derrota y de aquella época de duras pruebas que hemos atravesado.

Me parece que la fuente principal de las divergencias entre los partidos soviéticos{47} sobre esta cuestión es precisamente que algunos ceden demasiado al sentimiento de indignación legítima y justa por la derrota infligida a la República Soviética por el imperialismo, ceden demasiado a veces a la desesperación y, en lugar de tomar en consideración las condiciones históricas del desarrollo de la revolución, tal como se habían configurado antes de la presente paz y tal como se nos presentan después de la paz, intentan responder sobre la táctica de la revolución basándose en el sentimiento inmediato. Mientras tanto, toda la experiencia de todas las historias de las revoluciones nos enseña que, cuando tenemos que ver con cualquier movimiento de masas o con la lucha de clases, en particular una como la actual, que se desarrolla no solo en toda la extensión de un país, aunque sea inmenso, sino que abarca todas las relaciones internacionales – en este caso, para basar nuestra táctica, ante todo y sobre todo, es necesario tener en cuenta la situación objetiva, examinar analíticamente cuál ha sido el curso de la revolución hasta ahora y por qué ha cambiado de manera tan amenazadora, tan brusca y tan desfavorable para nosotros.

Si miramos desde este punto de vista el desarrollo de nuestra revolución, veremos claramente que hasta ahora ha atravesado un período de independencia comparativa y, en considerable medida, aparente, y una independencia temporal de las relaciones internacionales. El camino que siguió nuestra revolución desde finales de febrero de 1917 hasta el 11 de febrero del presente año{48}, cuando comenzó la ofensiva alemana – este camino, en general y en conjunto, fue un camino de éxitos fáciles y rápidos. Si observamos el desarrollo de esta revolución en escala internacional, desde el punto de vista del desarrollo solo de la revolución rusa, veremos que hemos atravesado durante este año tres períodos. El primer período, cuando la clase obrera de Rusia, junto con todo lo que había de avanzado, consciente y móvil en el campesinado, apoyada no solo por la pequeña burguesía, sino también por la gran burguesía, barrió en pocos días la monarquía. Este éxito vertiginoso se explica, por una parte, porque el pueblo ruso, de la experiencia de 1905, extrajo un gigantesco caudal de capacidad de combate revolucionaria; por otra parte, porque Rusia, como país especialmente atrasado, sufrió particularmente por la guerra y llegó especialmente pronto a un estado de completa imposibilidad de continuar esta guerra con el antiguo régimen.

Tras el breve éxito tumultuoso, cuando se creó una nueva organización – la organización de los Sóviets de diputados obreros, soldados y campesinos – siguieron para nuestra revolución largos meses de período de transición – un período en que el poder de la burguesía, inmediatamente minado por los Sóviets, era sostenido y fortalecido por los partidos pequeño-burgueses conciliadores – mencheviques y eseristas, que sostenían ese poder. Era un poder que sostenía la guerra imperialista, los tratados secretos imperialistas, que alimentaba a la clase obrera con promesas, un poder que no hacía absolutamente nada, que sostenía la desorganización. En este largo período para nosotros, para la revolución rusa, los Sóviets acumulaban sus fuerzas; fue un período largo para la revolución rusa y corto – desde el punto de vista internacional, porque en la mayoría de los países centrales el período de superación de las ilusiones pequeño-burguesas, el período de vivencia del conciliacionismo de diversos partidos, fracciones, matices, ocupaba no meses, sino larguísimas décadas – este período, desde el 20 de abril hasta la reanudación de la guerra imperialista por Kerenski en junio, que llevaba en el bolsillo un tratado secreto imperialista – tuvo un papel decisivo. En este período sufrimos la derrota de julio, sufrimos la Kornilovada y solo en la experiencia de la lucha de masas, solo entonces, cuando las masas más amplias de obreros y campesinos, no por la prédica sino por su propia experiencia vieron toda la inutilidad del conciliacionismo pequeño-burgués – solo entonces, después de un largo desarrollo político, después de una larga preparación y cambio en el estado de ánimo y las concepciones de las agrupaciones partidarias, se creó el terreno para el viraje de Octubre, y sobrevino el tercer período de la revolución rusa en su primera fase, aislada o temporalmente separada de la internacional.

Este tercer período, el de Octubre, es el período de la organización, el más difícil y, al mismo tiempo, el período de los triunfos más grandes y más rápidos. Desde Octubre, nuestra revolución, que entregó el poder en manos del proletariado revolucionario, estableció su dictadura, le aseguró el apoyo de la inmensa mayoría del proletariado y del campesinado más pobre; desde Octubre nuestra revolución avanzó en una marcha victoriosa y triunfal. Por todos los confines de Rusia comenzó la guerra civil en forma de resistencia de los explotadores, terratenientes y burguesía, apoyados por una parte de la burguesía imperialista.

Comenzó la guerra civil, y en esta guerra civil las fuerzas de los adversarios del Poder Soviético, las fuerzas de los enemigos de las masas trabajadoras y explotadas, resultaron insignificantes; la guerra civil fue un triunfo continuo del Poder Soviético, porque sus adversarios, los explotadores, los terratenientes y la burguesía, no tenían ningún apoyo, ni político ni económico, y su ataque se estrelló. La lucha contra ellos combinaba no tanto acciones militares como agitación; capa tras capa, masas tras masas, incluso el campesinado cosaco trabajador, se separaban de aquellos explotadores que intentaban apartarlos del Poder Soviético.

Este período de marcha victoriosa y triunfal de la dictadura del proletariado y del Poder Soviético, cuando éste atrajo a su lado, absoluta, decidida e irrevocablemente, a gigantescas masas de trabajadores y explotados en Rusia, señaló el último y más alto punto del desarrollo de la revolución rusa, que todo ese tiempo avanzó como independiente del imperialismo internacional. Esta fue la causa de que el país más atrasado y más preparado para la revolución por la experiencia de 1905, tan rápida, tan fácil, tan regularmente fuera colocando en el poder a una clase tras otra, agotando las distintas composiciones políticas, y finalmente llegara a aquella composición política que era la última palabra no solo de la revolución rusa, sino también de las revoluciones obreras de Europa Occidental, pues el Poder Soviético se consolidó en Rusia y adquirió las simpatías irrevocables de los trabajadores y explotados, porque destruyó el viejo aparato opresor del poder estatal, porque creó desde sus bases un nuevo y más alto tipo de Estado, cuyo germen fue la Comuna de París, que derribó el viejo aparato y puso en su lugar directamente la fuerza armada de las masas, sustituyó el democratismo burgués parlamentario por el democratismo de las masas trabajadoras, con exclusión de los explotadores, y reprimió sistemáticamente su resistencia.

Esto es lo que hizo la revolución rusa durante este período; he aquí por qué se formó en la pequeña vanguardia de la revolución rusa la impresión de que esta marcha triunfal, este rápido avance de la revolución rusa podía contar con una victoria ulterior. Y en esto consistió el error, porque el período en que la revolución rusa se desarrollaba, transfiriendo en Rusia el poder de una clase a otra y agotando el conciliacionismo de clases dentro de los límites de una sola Rusia – este período pudo existir históricamente solo porque los gigantescos depredadores del imperialismo mundial fueron temporalmente detenidos en su movimiento ofensivo contra el Poder Soviético. Una revolución que en pocos días derribó la monarquía, en pocos meses agotó todos los intentos de conciliación con la burguesía y en pocas semanas venció en la guerra civil toda resistencia de la burguesía – una revolución semejante, la revolución de la república socialista, pudo coexistir entre las potencias imperialistas, en el ambiente de los depredadores mundiales, junto a las bestias del imperialismo internacional, solo en la medida en que la burguesía, hallándose en un forcejeo mortal de lucha entre sí, estaba paralizada en su ofensiva contra Rusia.

Y he aquí que comenzó ese período que tenemos que sentir tan evidente y tan duramente – el período de las derrotas más duras, de las pruebas más duras para la revolución rusa, el período en que, en lugar de una ofensiva rápida, directa y abierta contra los enemigos de la revolución, tenemos que sufrir las derrotas más duras y retirarnos ante una fuerza inmensamente mayor que la nuestra – ante la fuerza del imperialismo internacional y del capital financiero, ante la fuerza del poderío militar que toda la burguesía, con su técnica moderna, con toda su organización, ha concentrado contra nosotros en interés del saqueo, la opresión y el estrangulamiento de los pequeños pueblos; tuvimos que pensar en equilibrar las fuerzas, tuvimos que colocarnos ante una tarea inmensamente difícil, tuvimos que ver en un choque directo a un enemigo no como Románov y como Kerenski, que no pueden tomarse en serio – tuvimos que enfrentarnos con las fuerzas de la burguesía internacional en todo su poderío militar-imperialista, ponernos cara a cara con los depredadores mundiales. Y es comprensible que, en vista del retraso de la ayuda del proletariado socialista internacional, hayamos tenido que aceptar el choque con estas fuerzas y sufrir la derrota más dura.

Y esta época – la época de las duras derrotas, la época de las retiradas, la época en que debemos salvar aunque sea una pequeña parte de la posición, retirándonos ante el imperialismo, esperando el momento en que cambien las condiciones internacionales en general, hasta que lleguen a nuestro lado aquellas fuerzas del proletariado europeo que existen, que maduran, que no pudieron tan fácilmente como nosotros arreglárselas con su enemigo, pues sería la mayor ilusión y el mayor error olvidar que a la revolución rusa le fue fácil comenzar y le es difícil dar los pasos ulteriores. Esto fue inevitablemente así, porque tuvimos que comenzar con el régimen político más podrido y atrasado. La revolución europea tiene que comenzar con la burguesía, tiene que vérselas con un enemigo inmensamente más serio, en condiciones inmensamente más duras. A la revolución europea le será inmensamente más difícil comenzar. Vemos que le es inmensamente más difícil abrir la primera brecha en el régimen que la oprime. Le será mucho más fácil entrar en la segunda y tercera etapa de su revolución. Y no puede ser de otro modo en virtud de la correlación de fuerzas entre las clases revolucionarias y las reaccionarias que existe actualmente en la arena internacional. He ahí el viraje fundamental que pierden constantemente de vista las personas que miran la situación actual, la situación extraordinariamente difícil de la revolución, no desde el punto de vista histórico, sino desde el punto de vista del sentimiento y la indignación. Y la experiencia de la historia nos dice que siempre, en todas las revoluciones – durante el período en que la revolución atravesaba un brusco viraje y una transición de las rápidas victorias a un período de duras derrotas – sobrevenía un período de frase pseudorrevolucionaria, que siempre causó el mayor daño al desarrollo de la revolución. Y he aquí, camaradas, solo si nos proponemos como tarea tomar en consideración ese viraje que nos lanzó de las rápidas, fáciles y completas victorias a las duras derrotas, solo entonces seremos capaces de valorar correctamente nuestra táctica. Esta cuestión – inmensamente difícil, inmensamente dura – que representa el resultado de un punto de viraje en el desarrollo actual de la revolución – de las fáciles victorias internas a las extraordinariamente duras derrotas externas – y el punto de viraje en toda la revolución internacional, de la época de la actividad propagandístico-agitativa de la revolución rusa bajo la posición expectante del imperialismo, de esa época – a las acciones ofensivas del imperialismo contra el Poder Soviético, plantea especialmente dura y especialmente agudamente la cuestión ante todo el movimiento internacional de Europa Occidental. Si no olvidamos este momento histórico, necesitaremos examinar cómo se configuró el círculo fundamental de intereses de Rusia en la cuestión de la presente paz, durísima, la llamada paz obscena.

Me ha ocurrido no pocas veces, en la polémica contra quienes se negaban a aceptar la necesidad de esta paz, me ha ocurrido no pocas veces encontrarme con indicaciones de que el punto de vista de la firma de la paz expresaría supuestamente los intereses solo de las masas campesinas cansadas, de los soldados desclasados, etcétera, etcétera. Y yo siempre, ante tales referencias y tales indicaciones, me asombraba de cómo olvidan los camaradas la escala de clases del desarrollo nacional – personas que buscan exclusivamente sus explicaciones. Como si el partido del proletariado, que tomó el poder, no hubiera contado de antemano con que solo la alianza del proletariado y el semiproletariado, es decir, del campesinado más pobre, es decir, de la mayoría del campesinado de Rusia, que solo semejante alianza es capaz de dar el poder en Rusia al poder revolucionario de los Sóviets – de la mayoría, de la verdadera mayoría del pueblo – que sin ello es insensato todo intento de establecer el poder, especialmente en los difíciles virajes de la historia. Como si se pudiera ahora desembarazarse de esta verdad reconocida por todos y arreglárselas con una mención desdeñosa acerca del estado cansado de los campesinos y de los soldados desclasados. Respecto al estado cansado del campesinado y de los soldados desclasados debemos decir que el país admitirá la resistencia, que el campesinado más pobre solo puede llegar a la resistencia en la medida en que ese campesinado más pobre sea capaz de dirigir sus fuerzas a la lucha.

Cuando tomamos el poder en octubre, estaba claro que el curso de los acontecimientos llegaba a esto con inevitabilidad, que el viraje hacia el bolchevismo de los Sóviets significaba un viraje en todo el país, que el poder del bolchevismo era inevitable. Cuando nosotros, conscientes de ello, fuimos a tomar el poder en octubre, dijimos con toda claridad y nitidez a nosotros mismos y a todo el pueblo que eso era la transferencia del poder a manos del proletariado y del campesinado más pobre, que el proletariado sabe que el campesinado lo apoyará, y en qué – ustedes mismos lo saben: en su lucha activa por la paz, en su disposición a continuar la lucha ulterior contra el gran capital financiero. En esto no nos equivocamos, y nadie puede, manteniéndose siquiera dentro de los límites de las fuerzas de clase y las relaciones de clase, abstraerse de aquella verdad indudable de que no podemos exigir de un país de pequeños campesinos, que ha dado tanto para la revolución europea y para la internacional, que lleve a cabo la lucha en la condición más dura y la más dura de todas, cuando la ayuda del proletariado de Europa Occidental, indudablemente, viene hacia nosotros – lo probaron los hechos, las huelgas, etc. – pero cuando esta ayuda, que viene hacia nosotros, indudablemente, ha llegado tarde. He aquí por qué digo que tales referencias al cansancio de las masas campesinas, etc., representan simplemente el resultado de la falta de argumentos y de la total impotencia de quienes recurren a estos argumentos, la total falta en ellos de toda posibilidad de abarcar todas las relaciones de clase en su conjunto, en su escala general – de la revolución del proletariado y del campesinado en su masa; solo entonces, si en cada brusco viraje de la historia evaluamos la correlación de clases en su conjunto, de todas las clases, y no elegimos ejemplos particulares y casos particulares; solo entonces nos sentimos firmes en el análisis de los hechos probables. Comprendo perfectamente que la burguesía rusa nos empuja ahora a una guerra revolucionaria cuando es completamente imposible para nosotros. Así lo exigen los intereses de clase de la burguesía.

Cuando ellos solo gritan: paz obscena, sin decir una palabra sobre quién llevó al ejército a esta situación, comprendo perfectamente que es la burguesía con los de Narodnaya Volya, los mencheviques de Tsereteli, los Chernov y sus corifeos (aplausos), comprendo perfectamente que es la burguesía la que grita sobre la guerra revolucionaria. Así lo exigen sus intereses de clase, así lo exigen sus aspiraciones a que el Poder Soviético dé un paso en falso. Esto es comprensible de personas que, por una parte, llenan las páginas de sus periódicos con escritos contrarrevolucionarios... (Voces: "Han cerrado todos".) Todavía, por desgracia, no todos, pero cerraremos todos. (Aplausos.) Me gustaría ver al proletariado que permita a los contrarrevolucionarios, partidarios de la burguesía y conciliadores con ella, continuar utilizando el monopolio de las riquezas para embrutecer al pueblo con su opio burgués. Tal proletariado no existió. (Aplausos.)

Comprendo perfectamente que de las páginas de tales publicaciones se alza un continuo aullido, grito y clamor contra la paz obscena, comprendo perfectamente que por esta guerra revolucionaria están personas que al mismo tiempo, desde los kadetes hasta los eseristas de derecha, reciben a los alemanes en su ofensiva y dicen solemnemente: he aquí los alemanes, y dejan pasear a sus oficiales con charreteras en las localidades ocupadas por la invasión del imperialismo germánico. Sí, de tales burgueses, de tales conciliadores no me sorprende en absoluto la prédica de la guerra revolucionaria. Quieren que el Poder Soviético caiga en una trampa. Se han mostrado, estos burgueses y estos conciliadores. Los hemos visto y los vemos en vivo, sabemos que en Ucrania los Kerenski ucranianos, los Chernov ucranianos y los Tsereteli ucranianos – he aquí, los señores Vinnichenko. Estos señores, los Kerenski, Chernov, Tsereteli ucranianos, ocultaron al pueblo la paz que habían concertado con los imperialistas alemanes y ahora, con ayuda de las bayonetas alemanas, intentan derrocar el Poder Soviético en Ucrania. Esto es lo que hicieron esos burgueses y esos conciliadores y sus correligionarios. (Aplausos.) Esto es lo que hicieron esos burgueses y conciliadores ucranianos, cuyo ejemplo tenemos ante nosotros a la vista, que ocultaron y ocultan al pueblo sus tratados secretos, que con las bayonetas alemanas van contra el Poder Soviético. Esto es lo que quiere la burguesía rusa, hacia esto empujan, consciente o inconscientemente, los corifeos de la burguesía al Poder Soviético: saben que no puede aceptar de ninguna manera la guerra imperialista con el poderoso imperialismo actualmente. He aquí por qué solo en esta situación internacional, solo en esta situación general de clases comprenderemos toda la profundidad del error de aquellos que, como el partido de los eseristas de izquierda, se dejaron arrastrar por la teoría, usual en todas las historias de las revoluciones en los momentos difíciles y que consiste mitad en desesperación, mitad en frase, cuando, en lugar de mirar con seriedad la realidad y evaluar desde el punto de vista de las fuerzas de clase las tareas de la revolución respecto a los enemigos internos y externos, se os llama a resolver la cuestión seria y durísima bajo la presión del sentimiento, solo desde el punto de vista del sentimiento. La paz es increíblemente dura y vergonzosa. A mí mismo me ha ocurrido no pocas veces, en mis declaraciones y discursos, llamarla paz de Tilsit, que el conquistador Napoleón impuso al pueblo prusiano y alemán después de una serie de durísimas derrotas. Sí, esta paz representa la derrota más dura y humilla al Poder Soviético, pero si vosotros, partiendo de esto, limitándoos a esto, apeláis al sentimiento, excitáis la indignación, intentáis resolver la más grande cuestión histórica, caéis en esa ridícula y lamentable situación en que se encontró una vez todo el partido eserista (aplausos), cuando en 1907, en una situación algo semejante en ciertos rasgos, apelaba igualmente al sentimiento del revolucionario, cuando, después de la derrota más dura de nuestra revolución en 1906 y 1907, Stolypin nos prescribió las leyes sobre la Tercera Duma – las condiciones más vergonzosas y duras de trabajo en una de las instituciones representativas más viles, cuando nuestro partido, después de una pequeña vacilación interna (hubo más vacilaciones sobre esta cuestión que ahora), resolvió la cuestión así: que no tenemos derecho a ceder al sentimiento, que por grande que sea nuestra indignación y nuestro resentimiento contra la vergonzosa Tercera Duma, debemos reconocer que ahí no hay casualidad, sino una necesidad histórica de la lucha de clases en desarrollo, que no tuvo más fuerzas, que las reunirá incluso en estas condiciones vergonzosas que nos fueron prescritas. Resultamos tener razón. Aquellos que intentaron arrastrar con la frase revolucionaria, arrastrar con la justicia, en la medida en que expresaba un sentimiento tres veces legítimo, recibieron una lección que no será olvidada por ningún revolucionario que piense y razone.

Las revoluciones no transcurren tan lisamente como para asegurarnos un rápido y fácil ascenso. No hubo una sola gran revolución, incluso en el marco nacional, que no atravesara un duro período de derrotas, y no se puede tratar una cuestión seria de movimientos de masas, de revoluciones en desarrollo, de tal modo que, declarando la paz obscena, humillante, el revolucionario no pueda resignarse a ella; no basta con esgrimir frases agitativas, cubrirnos de reproches a propósito de esta paz – esto es el abc de la revolución, esto es la experiencia notoria de todas las revoluciones. Nuestra experiencia de 1905 – y si somos ricos en algo, si gracias a algo le ha correspondido a la clase obrera rusa y al campesinado más pobre asumir el papel más difícil y más honroso de iniciadores de la revolución socialista internacional, es precisamente porque el pueblo ruso logró, gracias a una particular confluencia de circunstancias históricas, a principios del siglo XX, realizar dos grandes revoluciones – entonces hay que aprender de la experiencia de estas revoluciones, hay que saber comprender que, solo tomando en consideración los cambios en la correlación de las relaciones de clase de un Estado con otro, se puede establecer de antemano que no estamos en condiciones de aceptar el combate ahora; debemos tenerlo en cuenta, decirnos a nosotros mismos: cualquiera que sea la tregua, por insegura, por corta, dura y humillante que sea la paz, es mejor que la guerra, porque da la posibilidad de respirar a las masas populares, porque da la posibilidad de arreglar lo que hizo la burguesía, que ahora grita por doquier donde tiene posibilidad de gritar, especialmente bajo la protección de los alemanes en las regiones ocupadas. (Aplausos.)

La burguesía grita que los bolcheviques descompusieron el ejército, que no hay ejército y que los bolcheviques tienen la culpa, pero miremos al pasado, camaradas, miremos, ante todo, el desarrollo de nuestra revolución. ¿Acaso no sabéis que la huida y la descomposición de nuestro ejército comenzó mucho antes de la revolución, ya en 1916, que cualquiera que haya visto al ejército debe reconocerlo? Y ¿qué hizo nuestra burguesía para impedirlo? ¿Acaso no está claro que la única posibilidad de salvarse de los imperialistas estaba entonces en sus manos, que esta posibilidad se presentó en marzo-abril, cuando las organizaciones soviéticas podían tomar el poder con un simple movimiento de mano contra la burguesía? Y si entonces los Sóviets hubieran tomado el poder, si la intelectualidad burguesa y pequeño-burguesa, con los eseristas y mencheviques, en lugar de ayudar a Kerenski a engañar al pueblo, esconder los tratados secretos y llevar al ejército a la ofensiva, si entonces hubiera acudido en ayuda del ejército, abasteciéndolo de armamento, víveres, obligando a la burguesía a ayudar a la patria con la colaboración de toda la intelectualidad, no a la patria de los mercaderes, no a la patria de los tratados que ayudan a exterminar al pueblo (aplausos), si los Sóviets, obligando a la burguesía a ayudar a la patria de los trabajadores, de los obreros, hubieran ayudado al ejército desnudo, descalzo, hambriento – solo entonces habríamos tenido, quizás, un período de diez meses, suficiente para dar al ejército la posibilidad de respirar y dar un apoyo unánime, para que, sin retroceder un paso del frente, propusiera una paz democrática general, rompiendo los tratados secretos, pero manteniéndose en el frente, sin retroceder un paso. He ahí la posibilidad de paz que los obreros y campesinos daban y aprobaban. Esta es la táctica de defensa de la patria, no de la patria de los Románov, de los Kerenski, de los Chernov, la patria con tratados secretos, la patria de la burguesía venal, sino la patria de las masas trabajadoras. Esto es lo que llevó a que la transición de la guerra a la revolución y de la revolución rusa al socialismo internacional transcurra con pruebas tan duras. He aquí por qué suena a frase tan vacía una propuesta como la de la guerra revolucionaria, cuando sabemos que no tenemos ejército, cuando sabemos que era imposible mantener el ejército, y las personas conocedoras del asunto no podían dejar de ver que nuestro decreto sobre la desmovilización no fue inventado, sino que es el resultado de una necesidad evidente, de la simple imposibilidad de mantener el ejército. Mantener el ejército era imposible. Y tuvo razón aquel oficial, no bolchevique, que dijo aún antes del viraje de Octubre que el ejército no podía ni iba a combatir{49}. Esto es a lo que llevaron los meses de comercio con la burguesía y todos los discursos sobre la necesidad de continuar la guerra; por nobles que fueran los sentimientos que los dictaban por parte de muchos revolucionarios, o de pocos revolucionarios, resultaron ser frases revolucionarias vacías, que se entregan a los atentados del imperialismo internacional para que saquee aún tanto y aún más, como ya logró hacer después de nuestro error táctico o diplomático – después de la no firma del Tratado de Brest. Cuando decíamos a los adversarios de la firma de la paz: si la tregua fuera más o menos prolongada, comprenderíais que los intereses del saneamiento del ejército, los intereses de las masas trabajadoras están por encima de todo y que la paz debe ser concertada por esto – ellos afirmaban que no podía haber tregua.

Pero nuestra revolución se diferenció de todas las revoluciones anteriores precisamente en que suscitó la sed de construcción y creación en las masas, cuando las masas trabajadoras en las aldeas más remotas, humilladas, aplastadas, oprimidas por los zares, terratenientes, burguesía, se levantan, y este período de la revolución termina solo ahora, cuando tiene lugar la revolución aldeana, que construye la vida de nuevo. Y por esta tregua, por breve y pequeña que sea, estamos obligados, si colocamos los intereses de las masas trabajadoras por encima de los intereses de los guerreros burgueses que blanden la espada y nos llaman al combate, estábamos obligados a firmar este tratado. Esto enseña la revolución. La revolución enseña que, cuando cometemos errores diplomáticos, cuando suponemos que los obreros alemanes vendrán mañana a ayudarnos, esperando que Liebknecht venza ahora (y sabemos que, de un modo u otro, Liebknecht vencerá, esto es inevitable en el desarrollo del movimiento obrero (aplausos)), esto significa que, en el entusiasmo, las consignas revolucionarias del difícil movimiento socialista se convierten en frase. Y ningún representante de los trabajadores, ningún obrero honesto se negará a hacer el mayor sacrificio para ayudar al movimiento socialista de Alemania, porque durante todo este tiempo en el frente aprendió a distinguir entre los imperialistas alemanes y los soldados extenuados por la disciplina alemana, que en su mayoría nos simpatizan. He aquí por qué digo que la revolución rusa corrigió prácticamente nuestro error, lo corrigió con esta tregua. Con toda probabilidad, será muy breve, pero tenemos la posibilidad de al menos una brevísima tregua para que el ejército, que está extenuado, hambriento, se impregne de la conciencia de que ha recibido la posibilidad de respirar. Para nosotros está claro que el período de las viejas guerras imperialistas ha terminado y amenazan nuevos horrores del inicio de nuevas guerras, pero períodos de tales guerras los hubo en muchas épocas históricas, y adquirieron la mayor agudeza antes de su fin. Y es necesario que esto lo comprendan no solo en los mítines de Petrogrado y Moscú; es necesario que lo comprendan en las aldeas muchas decenas de millones, que la parte más instruida de la aldea que regresa del frente, que ha vivido todos los horrores de la guerra, ayude a comprender esto, y la inmensa masa de campesinos y obreros se convenza de la necesidad del frente revolucionario y diga que obramos correctamente.

Se nos dice que hemos traicionado a Ucrania y a Finlandia – ¡oh, qué vergüenza! Pero se ha producido tal situación que estamos separados de Finlandia, con la que antes concertamos un tratado tácito antes del inicio de la revolución y ahora concertamos uno formal{50}. Se dice que entregamos Ucrania, a la que van a destruir Chernov, Kerenski y Tsereteli; se nos dice: traidores, ¡habéis traicionado a Ucrania! Yo digo: camaradas, he visto suficientes cosas en la historia de la revolución como para que puedan perturbarme las miradas hostiles y los gritos de personas que se entregan al sentimiento y no pueden razonar. Les pondré un simple ejemplo. Imaginen que dos amigos van de noche, y de repente son atacados por diez personas. Si esos canallas separan a uno de ellos, ¿qué le queda al otro? No puede lanzarse a ayudarle; si se echa a correr, ¿es un traidor?[17] Imaginen que no se trata de personas o regiones en las que se resuelven cuestiones de sentimiento inmediato, sino que se encuentran cinco ejércitos de cien mil hombres cada uno que rodean a un ejército de doscientos mil hombres, y otro ejército debe ir a ayudarle. Pero si ese ejército sabe que caerá con seguridad en una trampa, debe retirarse; no puede dejar de retirarse, aunque para cubrir la retirada sea necesario firmar una paz obscena, puerco – insúltenla como quieran – pero es necesario firmarla. No se puede hacer caso al sentimiento del duelista que desenvaina la espada y dice que debe morir porque le obligan a concertar una paz humillante. Pero todos sabemos que, por mucho que se decida, no tenemos ejército, y ningún gesto nos salvará de la necesidad de retirarnos y ganar tiempo para que el ejército pueda respirar, y con esto estará de acuerdo todo aquel que mire la realidad y no se engañe a sí mismo con la frase revolucionaria. Esto debe saberlo todo el que mire la realidad, sin engañarse a sí mismo con frases y fanfarronerías.

Si sabemos esto – nuestro deber revolucionario es firmar el tratado, aunque sea duro, archiduro y violento, pues logramos así una mejor situación tanto para nosotros como para nuestros aliados. ¿Hemos perdido acaso porque firmamos el 3 de marzo el tratado de paz? Todo el que desee mirar las cosas desde el punto de vista de las relaciones de masas, y no desde el punto de vista del hidalgüelo duelista, comprenderá que, no teniendo ejército o teniendo un resto enfermo del ejército, aceptar la guerra, llamar a esa guerra revolucionaria es autoengaño, es el mayor engaño al pueblo. Nuestro deber es decir la verdad al pueblo: sí, la paz es durísima, Ucrania y Finlandia perecen, pero debemos ir a esta paz, e irá a ella toda la Rusia trabajadora consciente, porque conoce la verdad sin adornos, sabe lo que es la guerra, sabe que arriesgarlo todo, contando con que ahora estalle la revolución alemana, es autoengaño. Al firmar la paz, hemos obtenido lo que nuestros amigos finlandeses obtuvieron de nosotros – una tregua, ayuda, no la perdición.

Conozco ejemplos en la historia de los pueblos en que se firmó una paz mucho más violenta, cuando esa paz entregaba a la merced del vencedor pueblos viables. Comparemos esta paz nuestra con la paz de Tilsit; la paz de Tilsit fue impuesta por el conquistador victorioso a Prusia y Alemania. Esa paz fue tan dura que no solo fueron ocupadas todas las capitales de todos los Estados alemanes, no solo los prusianos fueron rechazados hasta Tilsit, que sería equivalente a que nos rechazaran hasta Omsk o Tomsk. Más aún – el mayor horror consistió en que Napoleón obligó a los pueblos vencidos a dar tropas auxiliares para sus guerras, y, cuando, no obstante, la situación se configuró de tal modo que los pueblos alemanes tuvieron que soportar el embate del conquistador, cuando la época de las guerras revolucionarias de Francia fue sucedida por la época de las guerras imperialistas de conquista, entonces se puso claramente de manifiesto lo que no quieren comprender las personas arrastradas por la frase, que presentan la firma de la paz como una caída. Desde el punto de vista del hidalgüelo duelista, esta psicología es comprensible, pero no desde el punto de vista del obrero y del campesino. Este último ha pasado por la dura escuela de la guerra y ha aprendido a contar. Hubo pruebas aún más duras, y salieron de ellas pueblos más atrasados. Se concertó una paz aún más dura, y la concertaron los alemanes en la época en que no tenían ejército, o su ejército estaba enfermo como lo está el nuestro. Concertaron la paz más dura con Napoleón. Y esa paz no fue la caída de Alemania – al contrario, fue un punto de viraje, de defensa nacional y de ascenso. Y nosotros estamos en vísperas de tal punto de viraje, y atravesamos condiciones análogas. Hay que mirar la verdad a la cara y ahuyentar de nosotros la frase y la declamación. Hay que decir que, si es necesario, la paz debe concertarse. La guerra liberadora, la guerra de clases, la guerra popular ocupará el lugar de la napoleónica. El sistema de las guerras napoleónicas cambiará, la paz sucederá a la guerra, la guerra sucederá a la paz, y de cada nueva paz más dura brotó siempre una preparación más amplia para la guerra. El más duro de los tratados de paz – el de Tilsit – pasó a la historia como un punto de viraje hacia el tiempo en que comenzó un viraje en el pueblo alemán, cuando retrocedió hasta Tilsit, hasta Rusia, pero en realidad ganaba tiempo, esperaba a que la situación internacional, que permitió por un tiempo triunfar a Napoleón, un saqueador como ahora Hohenzollern, Hindenburg, hasta que esa situación cambió, hasta que sanó la conciencia del pueblo alemán extenuado por diez años de guerras napoleónicas y derrotas, y hasta que resucitó de nuevo a una nueva vida. Esto es lo que nos enseña la historia, he aquí por qué son criminales toda desesperación y frase, he aquí por qué todo el mundo dirá: sí, las viejas guerras imperialistas terminan. El viraje histórico ha llegado.

Desde octubre, nuestra revolución fue un triunfo continuo, y ahora han comenzado tiempos largos y difíciles, no sabemos cuán largos, pero sabemos que es un largo y difícil período de derrotas y retiradas, porque tal es la correlación de fuerzas, porque con la retirada daremos al pueblo tiempo para descansar. Daremos la posibilidad para que cada obrero y campesino comprenda esa verdad que le dará la posibilidad de entender que se avecinan nuevas guerras de los imperialistas depredadores contra los pueblos oprimidos, cuando el obrero y el campesino comprendan que debemos ponernos a la defensa de la patria, pues desde octubre nos hemos convertido en defensistas. Desde el 25 de octubre dijimos abiertamente que estamos por la defensa de la patria, pues tenemos esa patria, de la que hemos expulsado a los Kerenski y a los Chernov, pues hemos destruido los tratados secretos, hemos suprimido la burguesía, todavía mal, pero aprenderemos a hacerlo mejor.

Camaradas, hay aún una diferencia más importante entre el estado del pueblo ruso, que ha sufrido las derrotas más duras por parte de los conquistadores de Alemania, y el pueblo alemán; hay una grandísima diferencia de la que hay que hablar, aunque ya hablé brevemente de ella en la parte anterior de mi discurso. Camaradas, cuando el pueblo alemán hace más de cien años cayó en el período de las guerras de conquista más duras, en el período en que tuvo que retirarse y firmar una paz vergonzosa tras otra antes de que el pueblo alemán despertara – entonces el asunto era así: el pueblo alemán era solo débil y atrasado – solo eso. Frente a él no solo estaba la fuerza militar y el poderío del conquistador Napoleón, frente a él estaba un país que era superior a él en sentido revolucionario y político, superior a Alemania en todos los aspectos, que se elevó inmensamente por encima de otros países, que dijo la última palabra. Era inmensamente superior al pueblo que vegetaba en la sumisión a imperialistas y terratenientes. El pueblo que era, repito, solo un pueblo débil y atrasado, supo aprender de las amargas lecciones y levantarse. Nosotros estamos en mejor situación: no solo somos un pueblo débil y no solo un pueblo atrasado, somos ese pueblo que supo – no gracias a méritos especiales o designios históricos, sino gracias a una particular concatenación de circunstancias históricas – supo tomar sobre sí el honor de alzar la bandera de la revolución socialista internacional. (Aplausos.)

Sé perfectamente, camaradas, y lo he dicho directamente más de una vez, que esta bandera está en manos débiles, y no la sostendrán los obreros del país más atrasado mientras no lleguen a ayudarlos los obreros de todos los países avanzados. Aquellas transformaciones socialistas que hemos realizado son en muchos aspectos imperfectas, débiles e insuficientes: serán una indicación para los obreros avanzados de Europa Occidental, que se dirán a sí mismos: «los rusos comenzaron no del todo bien la cosa que había que comenzar», pero lo importante es que nuestro pueblo, en relación con el pueblo alemán, no es solo un pueblo débil y no solo un pueblo atrasado, sino un pueblo que ha alzado la bandera de la revolución. Si la burguesía de cualquier país llena todas las columnas de sus publicaciones con calumnias contra los bolcheviques, si en esto confluyen las voces de la prensa de los imperialistas de Francia, Inglaterra, Alemania, etc., denigrando a los bolcheviques, no hay un solo país donde se pueda reunir una asamblea de obreros y donde los nombres y las consignas de nuestro poder socialista provoquen explosiones de indignación. (Una voz: «Mentira».) No, no es mentira, sino verdad, y cualquiera que haya estado en Alemania, Austria, Suiza y América en los últimos meses les dirá que esto no es mentira, sino verdad, que el mayor entusiasmo reciben entre los obreros los nombres y las consignas de los representantes del Poder Soviético en Rusia, que, a pesar de toda la mentira de la burguesía de Alemania, Francia, etc., las masas obreras han comprendido que, por débiles que seamos, aquí, en Rusia, se hace su obra. Sí, nuestro pueblo debe soportar la carga más dura que se ha echado sobre sí, pero un pueblo que supo crear el Poder Soviético no puede perecer. Y repito: ni un solo socialista consciente, ni un solo obrero que piense sobre la historia de la revolución, puede discutir que, con todos los defectos del Poder Soviético – que conozco demasiado y valoro excelentemente – el Poder Soviético es el tipo más alto de Estado, la continuación directa de la Comuna de París. Se ha elevado un escalón por delante de las demás revoluciones europeas, y por eso no nos encontramos en condiciones tan duras como el pueblo alemán hace cien años; el cambio en este sentido de las fuerzas entre los saqueadores y la utilización del conflicto y la satisfacción de las exigencias del saqueador Napoleón, del saqueador Alejandro I, de los saqueadores de la monarquía inglesa – solo eso quedaba entonces como única posibilidad a los oprimidos por la servidumbre, y, sin embargo, el pueblo alemán no cayó por la paz de Tilsit. Y nosotros, repito, nos encontramos en mejores condiciones, pues tenemos el mayor aliado en todos los países de Europa Occidental: el proletariado socialista internacional, que está con nosotros, digan lo que digan nuestros adversarios. (Aplausos.) Sí, a este aliado no le es fácil alzar su voz, como no nos fue fácil a nosotros hasta finales de febrero de 1917. Este aliado vive en la clandestinidad, en las condiciones de una prisión militar-penitenciaria en que se han convertido todos los países imperialistas, pero nos conoce y comprende nuestra causa; le es difícil moverse hacia nosotros para ayudarnos, por eso las tropas soviéticas necesitan mucho tiempo y mucha paciencia y duras pruebas para esperar ese momento – conservaremos las más mínimas posibilidades de aplazar el tiempo, pues el tiempo trabaja para nosotros. Nuestra causa se fortalece, las fuerzas de los imperialistas se debilitan, y cualesquiera que sean las pruebas y derrotas de la paz de «Tilsit», comenzamos la táctica de retirada, y, repito una vez más: no hay duda de que tanto el proletariado consciente como los campesinos conscientes están con nosotros, y sabremos no solo atacar heroicamente, sino también retirarnos heroicamente, y esperaremos a que el proletariado socialista internacional acuda en nuestra ayuda, y comenzaremos la segunda revolución socialista ya en escala mundial. (Aplausos.)

3. Discurso de clausura al informe sobre la ratificación del tratado de paz 15 de marzo

Camaradas, si quisiera encontrar una confirmación de lo dicho en mi primer discurso respecto al carácter de la guerra revolucionaria que se nos propone, el informe del representante de los eseristas de izquierda{51} me daría la mejor y más evidente confirmación, y creo que lo más conveniente será que cite su discurso según la transcripción y veamos qué argumentos aducen en apoyo de sus tesis. (Lee según la transcripción.)

He aquí una muestra de los argumentos en que se apoyan. Aquí se habló de la asamblea de volost{52}. Aquellos a quienes esta asamblea les parece una asamblea de volost pueden recurrir a tales argumentos, pero está claro que aquí la gente repite nuestras palabras y no sabe pensarlas. La gente repite lo que los bolcheviques enseñaron a los eseristas de izquierda cuando aún estaban en el seno de los de derecha, y cuando hablan se ve que han aprendido de memoria lo que decíamos, pero no han comprendido en qué se basaba y ahora lo repiten. Tsereteli y Chernov eran defensistas, y ahora nosotros somos defensistas, nosotros somos «traidores», nosotros somos «tránsfugas». Los secuaces de la burguesía hablan aquí de la asamblea de volost – hacen ojitos cuando lo dicen – pero todo obrero comprende perfectamente los fines de ese defensismo que guiaba a Tsereteli y Chernov, y los motivos que nos obligan a ser defensistas.

Si apoyamos a los capitalistas rusos que querían obtener los Dardanelos, Armenia, Galicia, como estaba escrito en el tratado secreto, eso será defensismo en el espíritu de Chernov y Tsereteli, y ese defensismo fue deshonrado entonces, mientras que ahora nuestro defensismo es honorable. (Aplausos.)

Y cuando junto a argumentos semejantes encuentro dos veces en la transcripción del discurso de Kamkov repetida la palabra de que los bolcheviques son dependientes del imperialismo alemán (aplausos a la derecha), palabra hiriente – me alegro mucho de que todos los que aplicaron la política de Kerenski lo subrayen con aplausos. (Aplausos.) Y, por supuesto, camaradas, no soy yo quien debe oponerse a las palabras hirientes. Nunca me opondré a ello. Solo que, para ser hiriente, hay que tener derecho a ello, y el derecho a la dureza lo da que la palabra no discrepe del hecho. Y he aquí una pequeña condición que muchos intelectuales no valoran, mientras que los obreros y campesinos, incluso en las asambleas de volost – esto es tan mezquino, la asamblea de volost – ellos lo captaban incluso en las asambleas de volost y en las organizaciones soviéticas, y en ellos coinciden la palabra y el hecho. Pero sabemos perfectamente que ellos, los eseristas de izquierda, estuvieron en el partido de los eseristas de derecha hasta octubre, cuando estos participaban en el reparto de beneficios, cuando aquellos eran dependientes, porque se les prometió un puesto de ministro por callar sobre todos los tratados secretos. (Aplausos.) Pero de ningún modo se puede llamar dependientes del imperialismo a personas que le declararon la guerra con los hechos, rompieron los tratados, asumieron el riesgo ligado a ello – fueron a prolongar las negociaciones en Brest, sabiendo que eso arruinaba al país, soportaron la ofensiva militar, una serie de derrotas inauditas y no ocultaron nada al pueblo.

Aquí Mártov aseguraba que no había leído el tratado. Que le crea quien quiera. Sabemos que estas personas están acostumbradas a leer muchos periódicos, pero no leyeron el tratado. (Aplausos.) Que le crea quien quiera. Pero les digo que si el partido eserista sabe perfectamente que cedemos a la violencia, por nosotros mismos completamente desenmascarada, que lo hacemos conscientemente, diciendo abiertamente que ahora no podemos combatir, pero cedemos – la historia conoce una serie de tratados vergonzosos y una serie de guerras – cuando en respuesta a esto nos endosan la palabra «dependientes», esa dureza los desenmascara, cuando aseguran que se desligan de la responsabilidad, que hacen – ¿acaso no es hipocresía cuando la gente se desliga de la responsabilidad y continúa estando en el gobierno? Afirmo que, cuando dicen que se desligan de la responsabilidad – no, no se desligan, y en vano piensan que esto es una asamblea de volost. No, esto es todo lo mejor y más honesto entre las masas trabajadoras. (Aplausos.) Esto no es un parlamento burgués, donde una vez al año o cada dos años se elige a personas para que se sienten en sus escaños y cobren un sueldo. Son personas enviadas desde los lugares, y mañana estarán en los lugares, mañana contarán que si los votos del partido de los eseristas de izquierda se derriten, es merecidamente, porque este partido, que se comporta así, es la misma pompa de jabón en el campesinado que resultó ser en la clase obrera. (Aplausos, voces: «Correcto».)

Más adelante les citaré otro pasaje del discurso de Kamkov para mostrar cómo se relaciona con ello todo representante de las masas trabajadoras y explotadas. «Cuando aquí el camarada Lenin afirmó ayer que los camaradas Tsereteli y Chernov y otros descomponían el ejército, ¿acaso no encontraremos el valor de decir que nosotros, con Lenin, también descomponíamos el ejército». Metió la pata. (Aplausos.) Oyó que éramos derrotistas, y se acordó de ello cuando dejamos de ser derrotistas. Se acordó fuera de tiempo. Aprendieron una palabrita, tienen un sonajero revolucionario, pero no saben pensar cómo están las cosas. (Aplausos.) Afirmo que de mil asambleas de volost donde se ha consolidado el Poder Soviético, en más de novecientas hay personas que dirán al partido de los eseristas de izquierda que no merece ninguna confianza. Dirán: pensad, descomponíamos el ejército y ahora debemos acordarnos de ello. Pero, ¿cómo descomponíamos el ejército? Éramos derrotistas bajo el zar, y bajo Tsereteli y Chernov no éramos derrotistas. Publicamos en la «Pravda» una proclama que Krylenko, entonces todavía perseguido, hizo pública en el ejército: «Por qué voy a Petersburgo». Dijo: «No os llamamos a la revuelta». Eso no fue descomposición del ejército. Descomponían el ejército aquellos que declararon esta guerra grande.

Descomponían el ejército Tsereteli y Chernov, porque decían al pueblo palabras magníficas que los distintos eseristas de izquierda están acostumbrados a echar al viento. Las palabras pesan poco, y el pueblo ruso en las asambleas de volost está acostumbrado a pensarlas y tomarlas en serio. Si se le decía que aspiramos a la paz y discutimos las condiciones de la guerra imperialista, pregunto: ¿y qué pasa con los tratados secretos y con la ofensiva de junio? Esto es lo que descomponía al ejército. Si se le hablaba de lucha contra los imperialistas, de defensa de la patria, se preguntaba a sí mismo: ¿se agarra por el cuello a los capitalistas en alguna parte? – esto es lo que descomponía al ejército, y he aquí por qué dije, y nadie lo refutó, que la salvación del ejército habría estado en que hubiéramos tomado el poder en marzo y abril y en que, en lugar del odio furibundo de los explotadores porque los suprimimos – nos odian con toda razón – si en lugar de eso hubieran puesto los intereses de la patria de los trabajadores y explotados por encima de los intereses de la patria de Kerenski y de los tratados secretos de Riabushinski y de las miras sobre Armenia, Galicia, los Dardanelos – en eso habría estado la salvación, y a este respecto, comenzando por la gran revolución rusa, y en particular desde marzo, cuando apareció la proclama a medias a los pueblos de todos los países{53}, el gobierno que publicó la proclama, que llamaba a derrocar a los banqueros de todos los países, y él mismo compartía con los banqueros los ingresos y beneficios – eso es lo que descomponía al ejército, y he aquí por qué el ejército no podía mantenerse. (Aplausos.)

Y afirmo que nosotros, comenzando por esa proclama de Krylenko, que no fue la primera{54} y que recuerdo porque me quedó especialmente grabada, nosotros no descomponíamos al ejército, sino que decíamos: mantened el frente – cuanto antes toméis el poder, más fácilmente lo mantendréis – y decir ahora que estamos contra la guerra civil y por la insurrección – ¡qué indigno y qué despreciable charlatanería de personas! Cuando esto vaya a las aldeas y cuando allí los soldados, que han visto la guerra no como los intelectuales y que saben que es fácil solo blandir una espada de cartón, cuando digan que a ellos, descalzos, desnudos y sufrientes, en el momento crítico se les ayudó empujándolos a la ofensiva – ahora les dicen que no importa, que no habrá ejército, sino insurrección. Empujar al pueblo contra un ejército regular con la técnica más elevada es criminal, y esto enseñábamos como socialistas. Pues la guerra ha enseñado mucho, no solo que la gente sufría, sino que triunfa el que tiene la técnica más grande, organización, disciplina y las mejores máquinas; esto enseñó la guerra, y es magnífico que lo enseñara. Hay que aprender que sin máquina, sin disciplina, no se puede vivir en la sociedad moderna – o hay que superar la técnica más elevada, o ser aplastado. Pues los años del sufrimiento más atroz enseñaron a los campesinos lo que es la guerra. Y cuando cada uno vaya con sus discursos a las asambleas de volost, cuando el partido de los eseristas de izquierda vaya allí, llevará el castigo que bien merece. (Aplausos.)

Otro ejemplo, otra cita del discurso de Kamkov. (Lee.)

Es asombrosamente fácil a veces plantear cuestiones; solo hay un dicho – es descortés y grosero – que dice sobre tales cuestiones – a palabras necias, oídos sordos – recordaré: un tonto puede preguntar más que diez sabios responder. (Aplausos, ruido.)

Camaradas, en esta cita que les he leído se me invita a responder a la pregunta: una semana, dos o más será la tregua. Afirmo que en toda asamblea de volost y en cada fábrica, a la persona que en nombre de un partido serio se dirija al pueblo con tal pregunta, el pueblo la silbará y la echará, porque en toda asamblea de volost comprenderán que no se pueden hacer preguntas sobre lo que no se puede saber. Lo comprenderá cualquier obrero y campesino. (Aplausos.) Si ustedes quieren recibir una respuesta sin falta, les diré que, por supuesto, cualquier eserista de izquierda que escriba en los periódicos o hable en los mítines dirá de qué depende ese plazo: de cuándo llegue Japón, con qué fuerzas, qué resistencia encuentre; de cuánto se atasque el alemán en Finlandia, en Ucrania; de cuándo llegue la ofensiva en todos los frentes; de cómo se desarrolle; de cómo vaya el conflicto interno en Austria y Alemania, y de muchas otras causas. (Aplausos.)

Y por eso, cuando con aire triunfal en una asamblea seria se plantea tal pregunta: respondedme, qué tregua – digo que a tales personas las echarán de las asambleas de obreros y campesinos quienes comprenden que, después de tres años de guerra atroz, cualquier semana de tregua es el mayor bien. (Aplausos.) Y afirmo que, por mucho que nos insulten aquí ahora, si mañana se reunieran todas las palabras injuriosas que han llovido sobre nosotros desde la derecha, casi derecha, alrededores de la derecha, eseristas de izquierda, kadetes, mencheviques, si se reunieran todas y se imprimieran, si resultaran cientos de puds, todo eso pesará para mí como una pluma en comparación con que nosotros, en la fracción bolchevique, nueve décimas partes de sus representantes dijeron: conocemos la guerra y vemos que ahora, cuando hemos hecho esta corta tregua, esto es una ventaja en el saneamiento de nuestro ejército enfermo. Y en cada asamblea campesina, nueve décimas partes de los campesinos dirán lo que sabe todo el que se interesa por el asunto, y ninguna propuesta práctica, cuando podamos ayudar en algo, la hemos rechazado ni la rechazamos.

Hemos obtenido la posibilidad de respirar, aunque sea durante doce días, gracias a esa política que fue contra la frase revolucionaria y la opinión «pública». Cuando Kamkov y los eseristas de izquierda coquetean con vosotros y hacen ojitos, por una parte, os hacen ojitos a vosotros, y, por otra parte, se dirigen a los kadetes: tenednos en cuenta, pues nosotros estamos con vosotros en el alma. (Una voz desde un lugar: «Mentira».) Y cuando uno de los representantes de los eseristas, creo que incluso no de izquierda, sino de ultraizquierda, maximalista, hablaba de la frase, decía que frase es todo lo que se refiere al honor. (Una voz: «Correcto».) Por supuesto, desde el campo de la derecha gritarán «correcto»; esta exclamación me es más grata que la exclamación «mentira», aunque esta última tampoco produce ninguna impresión en mí. Pero si yo los acusara de frases sin dar ninguna confirmación clara y precisa, pero he puesto dos ejemplos y no los he tomado de la ficción, sino de la historia viva.

Recordad, ¿acaso los representantes de los eseristas no se encontraron en la misma situación cuando en 1907 dieron su firma a Stolypin de que servirían con fe y lealtad al monarca Nicolás II? Espero que durante los largos años de revolución haya aprendido algo, y cuando me denigran por traición, digo: hay que examinar primero la historia. Si queríamos hacer girar la historia – y resulta que giramos nosotros, y la historia no giró – condenadnos. La historia no se convence con discursos, y la historia mostrará que teníamos razón, que sacamos las organizaciones obreras a la Gran Revolución de Octubre de 1917, pero solo gracias a que nos elevamos por encima de la frase y supimos mirar los hechos, aprender de ellos, y cuando ahora, el 14-15 de marzo, se ha aclarado que si hubiéramos combatido, habríamos ayudado al imperialismo, habríamos rematado el transporte y perdido Petrogrado – vemos que echar palabras y blandir la espada de cartón es inútil. Pero cuando se acerca a mí Kamkov y pregunta: «¿por mucho tiempo será esta tregua?», no se puede responder a esto, porque no había situación revolucionaria objetiva internacional. No puede haber una larga tregua de la reacción ahora, porque la situación objetiva es revolucionaria en todas partes, porque en todas partes las masas obreras están indignadas, al borde de la paciencia, al borde del agotamiento por la guerra, esto es un hecho. De este hecho no se puede escapar, y por eso os demostraba que hubo un período en que la revolución avanzaba, y nosotros avanzábamos al frente y detrás de nosotros, como polluelos, nos seguían los eseristas de izquierda. (Aplausos.) Y ahora ha llegado el período en que hay que retirarse ante una fuerza aplastante. Esta es una caracterización completamente concreta. Nadie me responderá a ella. El análisis histórico debe afirmarlo. En cuanto a la asamblea de volost, nuestro marxista, casi marxista, Mártov se despachará; se despachará sobre que se cerraron los periódicos; alardeará de que se cerraron los periódicos oprimidos y ofendidos porque ayudan a derrocar el Poder Soviético, se despachará (aplausos)… Sobre esto no callará. Os endosará tales cosas, pero el intento de responder a mi pregunta histórica planteada de frente, si es verdad o no que desde octubre avanzábamos en marcha triunfal o no… (Voces desde la derecha: «No».) Vosotros diréis que «no», y estos todos dirán que «sí». Preguntaré: ¿y ahora podemos ir a la ofensiva en marcha victoriosa contra el imperialismo internacional? No podemos, y todo el mundo lo sabe. Cuando esto – una frase directa, simple – se dice directamente a la cara, para que la gente aprenda la revolución – la revolución es una ciencia sabia, difícil y compleja – para que aprendan tanto los obreros como los campesinos que la hacen, los enemigos gritan: cobardes, traidores, abandonaron la bandera, se deshacen con palabras, agitan las manos. No. A tales revolucionarios de la frase los han visto todas las historias de las revoluciones, y de ellos no ha quedado nada más que hedor y humo. (Aplausos.)

Otro ejemplo, camaradas, que he puesto, fue el ejemplo de Alemania, Alemania aplastada por Napoleón, Alemania que vio paces vergonzosas y, entremezcladas con ellas, guerras. Me preguntan: ¿por mucho tiempo observaremos los tratados? Pero si un niño de tres años me preguntara: ¿y observaréis el tratado o no? – eso sería tierno e ingenuo. Pero cuando un adulto Kamkov del partido de los eseristas de izquierda pregunta esto, sé que pocos obreros y campesinos adultos creerán en la ingenuidad, pero la mayoría dirá: «No seáis hipócritas». Pues el ejemplo histórico que he puesto dice más claro que el agua que las guerras liberadoras de los pueblos que perdieron el ejército – y esto ocurrió más de una vez – de los pueblos aplastados hasta la pérdida total de toda la tierra, aplastados hasta el punto de que entregaban cuerpos auxiliares al conquistador para nuevas campañas de conquista – esto no puede borrarse de la historia, y no lo rasparéis con nada. Pero si el eserista de izquierda Kamkov, oponiéndose a mí, decía, como vi en la transcripción: «he aquí que en España hubo guerras revolucionarias», entonces me confirmaba, pues con ello se golpeaba a sí mismo. Precisamente España y Alemania confirman mi ejemplo, de que resolver la cuestión del período histórico de las guerras de conquista basándose en que «¿observaréis el tratado, y cuándo lo violaréis, cuándo os pillen…?» eso es digno de niños, y la historia dice que todo tratado es provocado por la suspensión de la lucha y el cambio en la correlación de fuerzas, que hubo tratados de paz que estallaron a los pocos días, que hubo tratados de paz que estallaron al mes, que hubo períodos de muchos años en que Alemania y España concertaban la paz y al cabo de pocos meses la violaban, y la violaban varias veces, y en una serie de guerras los pueblos aprendieron lo que significa librar guerras. Cuando Napoleón llevaba las tropas alemanas para estrangular a otros pueblos, les enseñó la guerra revolucionaria. Así transcurría la historia.

He aquí por qué os digo, camaradas, estoy profundamente convencido de que la decisión adoptada por nueve décimas partes de nuestra fracción bolchevique{55} será adoptada por nueve décimas partes de todos los obreros y campesinos trabajadores conscientes de Rusia. (Aplausos.)

Tenemos una comprobación de si he dicho la verdad o me equivoco, pues vosotros iréis a los lugares y cada uno de vosotros contará a los sóviets locales, y en todas partes habrá decisiones locales. Diré en conclusión: no os dejéis provocar. (Aplausos.) La burguesía sabe lo que hace, la burguesía sabe por qué se regocijaba en Pskov, se regocijaba hace poco en Odesa, la burguesía de los Vinnichenko, los Kerenski ucranianos, los Tsereteli y Chernov. Se regocijaba porque comprendió perfectamente qué gigantesco error diplomático, en el cálculo del momento, cometió el Poder Soviético al intentar librar la guerra con un ejército enfermo en fuga. La burguesía os arrastra a la trampa de la guerra. No solo hay que atacar, sino también retirarse. Esto lo sabe todo soldado. Comprended que la burguesía os arrastra a vosotros y a nosotros a una trampa. Comprended que toda la burguesía y todos sus cómplices voluntarios e involuntarios preparan esta trampa. Sabréis soportar las derrotas más duras y conservar las posiciones más difíciles y, retirándoos, ganar tiempo. El tiempo trabaja para nosotros. Atiborrados, los imperialistas reventarán, y en sus entrañas crece un nuevo gigante; crece más lentamente de lo que queremos, pero crece, vendrá a ayudarnos, y cuando veamos que comienza su primer golpe, entonces diremos: terminó la época de retirada, comienza la época de la ofensiva mundial y la época de la victoria de la revolución socialista mundial. (Aplausos tormentosos que no cesan largo rato.)

4. Resolución sobre la ratificación del Tratado de Brest

El Congreso aprueba (ratifica) el tratado de paz concertado por nuestros representantes en Brest-Litovsk el 3 de marzo de 1918.

El Congreso reconoce como correcta la actuación del CEC y del Consejo de Comisarios del Pueblo, que decidieron concertar esta paz, increíblemente dura, violenta y humillante, en vista de la falta de ejército y del extremo agotamiento de las fuerzas del pueblo por la guerra, que no recibió de la burguesía y de la intelectualidad burguesa apoyo en sus desgracias, sino un egoísta aprovechamiento clasista de las mismas.

El Congreso reconoce también como absolutamente correcta la actuación de la delegación de paz, que se negó a entrar en la discusión detallada de las condiciones alemanas de paz, pues estas condiciones nos fueron impuestas mediante un ultimátum evidente y una violencia sin velos.

El Congreso plantea del modo más enérgico ante todos los obreros, soldados y campesinos, ante todas las masas trabajadoras y oprimidas, la tarea más importante, más inmediata y más urgente del momento actual: la elevación de la disciplina y autodisciplina de los trabajadores, la creación en todas partes de organizaciones fuertes y armónicas que abarquen, en lo posible, toda la producción y toda la distribución de productos, la lucha implacable contra ese caos, desorganización y desastre que son históricamente inevitables como herencia de la guerra más atroz, pero que, al mismo tiempo, son el primer obstáculo para la causa de la victoria definitiva del socialismo y la consolidación de las bases de la sociedad socialista.

Ahora, después del viraje de Octubre, después del derrocamiento del poder político de la burguesía en Rusia, después de la ruptura y publicación por nuestra parte de todos los tratados imperialistas secretos, después de la anulación de los empréstitos extranjeros, después de la propuesta de paz justa hecha por el gobierno obrero y campesino a todos los pueblos sin excepción, Rusia, habiendo escapado de las garras de la guerra imperialista, tiene derecho a declarar que no participa en el saqueo y la opresión de países extraños.

La República Federativa Soviética de Rusia, condenando unánimemente las guerras de rapiña, reconoce desde ahora su derecho y su deber de defender la patria socialista contra todos los posibles ataques de cualquiera de las potencias imperialistas.

El Congreso reconoce, por tanto, como deber absoluto de todas las masas trabajadoras el tensar todas las fuerzas para la reconstitución y elevación de la capacidad defensiva de nuestro país, para la reconstitución de su poderío militar sobre las bases de la milicia socialista y la instrucción militar general de todos los adolescentes y ciudadanos adultos de ambos sexos en conocimientos militares y en el arte militar.

El Congreso expresa la inquebrantable convicción de que el Poder Soviético, que ha cumplido firmemente todos los deberes de solidaridad internacional de los obreros de todos los países en su lucha contra el yugo del capital por el socialismo, seguirá haciendo todo lo que esté de nuestra parte para coadyuvar al movimiento socialista internacional, para asegurar y acelerar el camino que conduce a la humanidad a la liberación del yugo del capital y de la esclavitud asalariada, a la creación de la sociedad socialista y de una paz sólida y justa entre los pueblos.

El Congreso está profundamente convencido de que la revolución obrera internacional no está lejana y de que la victoria completa del proletariado socialista está asegurada, a pesar de que los imperialistas de todos los países no se detienen ante los medios más bestiales para reprimir el movimiento socialista.

Escrito el 13 o 14 de marzo de 1918.