¡Queridos camaradas!

La Oficina de Organización del Comité Central considera necesario dirigirse a ustedes para explicar los motivos que llevaron al Comité Central a aceptar las condiciones de paz propuestas por el gobierno alemán. La Oficina de Organización se dirige a ustedes, camaradas, con esta aclaración con el objetivo de informar ampliamente a todos los miembros del partido sobre el punto de vista del Comité Central, que representa a todo el partido en los periodos entre congresos. La Oficina de Organización considera necesario señalar que no hubo unanimidad en el Comité Central sobre la cuestión de firmar las condiciones de paz. Pero una vez adoptada, la decisión debe ser apoyada por todo el partido. En los próximos días se celebrará el congreso del partido y solo allí se podrá resolver la cuestión de hasta qué punto el Comité Central expresó correctamente la posición real de todo el partido. Hasta el congreso, todos los miembros del partido, en nombre del deber partidario, en nombre de la preservación de la unidad en nuestras propias filas, pondrán en práctica las decisiones de su órgano directivo central, el Comité Central del partido.

La necesidad incondicional de firmar en este momento (24 de febrero de 1918) una paz predatoria, increíblemente onerosa, con Alemania se debe ante todo a que no tenemos ejército, a que no podemos defendernos.

Todos saben por qué después del 25 de octubre de 1917, después de la victoria de la dictadura del proletariado y del campesinado más pobre, todos nos convertimos en defensistas, estamos por la defensa de la patria.

Es inadmisible, desde el punto de vista de la defensa de la patria, dejarse arrastrar a un choque militar cuando no se tiene ejército y cuando el enemigo está armado hasta los dientes, magníficamente preparado.

La República Socialista Soviética no puede hacer la guerra teniendo, a sabiendas, una enorme mayoría de las masas obreras, campesinas y soldados que eligen a los Soviets en contra de la guerra. Esto sería una aventura. Otra cosa es si esta guerra termina, aunque sea con una paz archipesada, y el imperialismo alemán luego volviera a desear hacer una guerra ofensiva contra Rusia. Entonces la mayoría de los Soviets seguramente estará a favor de la guerra.

Hacer la guerra ahora significa objetivamente dejarse provocar por la burguesía rusa. Ella sabe perfectamente que Rusia está ahora indefensa y será aplastada incluso por fuerzas insignificantes de los alemanes, a quienes les basta cortar las principales líneas ferroviarias para tomar Petrogrado y Moscú por hambre. La burguesía quiere la guerra, porque quiere el derrocamiento del poder soviético y un acuerdo con la burguesía alemana. El triunfo de los burgueses en Dvinsk y Rézhitsa, en Venden y en Gápsal, en Minsk y en Drissa, al entrar los alemanes, lo confirma más claro que el agua.

La defensa de la guerra revolucionaria en este momento deriva inevitablemente hacia la frase revolucionaria. Pues sin ejército, sin una preparación económica de la más seria, es imposible para un país campesino devastado hacer una guerra moderna contra el imperialismo avanzado. La resistencia al imperialismo alemán, que nos aplastará tomándonos prisioneros, es absolutamente necesaria. Pero sería una frase vacía exigir: resistir precisamente mediante la insurrección armada y precisamente ahora, cuando tal resistencia es a sabiendas desesperada para nosotros y, a sabiendas, ventajosa tanto para la burguesía alemana como para la rusa.

Igual frase es la defensa de la guerra revolucionaria en este instante con argumentos sobre el apoyo al movimiento socialista internacional. Si facilitamos al imperialismo alemán, con nuestra inoportuna aceptación del combate contra él, el aplastamiento de la república soviética, perjudicaremos, y no ayudaremos, al movimiento obrero alemán e internacional y a la causa del socialismo. Hay que ayudar con un trabajo integral, tenaz y sistemático solo a los internacionalistas revolucionarios dentro de todos los países, pero ir a la aventura de la insurrección armada cuando es a sabiendas una aventura es indigno de un marxista.

Si Liebknecht vence en 2 o 3 semanas (esto es posible), él, por supuesto, nos sacará de todas las dificultades. Pero sería una simple estupidez y convertir en burla la gran consigna de solidaridad de los trabajadores de todos los países si nos pusiéramos a garantizar ante el pueblo que Liebknecht triunfará indefectible y obligadamente en las próximas semanas. Precisamente, razonando así, convierten en la más vacía frase la gran consigna: «Apostamos por la revolución mundial».

La situación objetiva se parece al verano de 1907. Entonces nos aplastó y tomó prisioneros el monárquico ruso Stolypin, ahora el imperialista alemán. Entonces la consigna de insurrección inmediata resultó ser una frase vacía que, por desgracia, envolvió a todo el partido de los eseristas. Ahora, en este momento, la consigna de la guerra revolucionaria es claramente una frase que ha seducido a los eseristas de izquierda, que repiten los argumentos de los eseristas de derecha. Estamos prisioneros del imperialismo alemán; nos espera una lucha difícil y prolongada por el derrocamiento de este cabecilla del imperialismo mundial; esta lucha es, sin duda, la última y decisiva batalla por el socialismo, pero comenzar esta lucha con una insurrección armada en este momento contra el cabecilla del imperialismo es una aventura en la que jamás incurrirán los marxistas.

La preparación sistemática, constante e integral de la capacidad defensiva del país, de la autodisciplina en todas partes, el aprovechamiento de la dura derrota para elevar la disciplina en todos los ámbitos de la vida, con el objetivo del auge económico del país y la consolidación del poder soviético: he ahí la tarea del día, he ahí la preparación de la guerra revolucionaria de hecho, y no de palabra.

Para concluir, la Oficina de Organización considera necesario señalar que, mientras la ofensiva del imperialismo alemán no haya cesado hasta ahora, todos los miembros del partido deben organizar un rechazo unido. Si no se puede obtener, mediante la firma de la paz, aunque sea sumamente onerosa, un tiempo para prepararse para nuevas batallas, nuestro partido debe señalar la necesidad de tensar todas las fuerzas para la más abierta resistencia.

Si se puede ganar tiempo, obtener aunque sea un breve respiro para el trabajo organizativo, estamos obligados a lograrlo. Si no se nos concede una prórroga, nuestro partido debe llamar a las masas a la lucha, a la autodefensa más enérgica. Estamos seguros de que todos los miembros del partido cumplirán con su deber para con el partido, para con la clase obrera de su país, para con el pueblo y el proletariado. Preservando el poder soviético, prestamos el mejor y más fuerte apoyo al proletariado de todos los países en su increíblemente difícil y dura lucha contra su propia burguesía. Y un golpe mayor para la causa del socialismo ahora que el derrumbamiento del poder soviético en Rusia no existe ni puede existir.

Con saludo camaraderil

Escrito el 24 de febrero de 1918.

Publicado el 26 (13) de febrero de 1918 en el periódico «Pravda» n.º 35

Se imprime según el texto del periódico.