Camaradas, lamentablemente no tengo la posibilidad de presentarles un informe exhaustivo y espero que aquellos de ustedes que se interesan más en detalle por el estado de las cosas, en parte por las informaciones periodísticas, en parte por las impresiones personales en el Congreso de los Soviets, hayan podido formarse una idea completa y precisa de la situación actual del Poder Soviético, de su relación con otras instituciones y de las tareas que se le plantean. Permítanme, por tanto, limitarme a unas breves observaciones complementarias. Para caracterizar las tareas y la situación del Poder Soviético, debo detenerme en la relación que mantiene con la organización del proletariado ferroviario, de los trabajadores ferroviarios.

Camaradas, ustedes saben que el Poder Soviético entró en conflicto con la Asamblea Constituyente y que todas las clases poseedoras: los terratenientes, la burguesía, los kaledinistas y sus partidarios, nos colman ahora de reproches por haber disuelto la Asamblea Constituyente. Pero cuanto más fuertes resuenan esos reproches desde las páginas de los pocos periódicos burgueses, más fuerte se alza también la voz de los obreros, soldados, trabajadores y explotados. Los campesinos declaran que nunca dudaron de que el Poder Soviético está por encima de cualquier otro poder y que jamás entregarán sus Soviets, elegidos por ellos, creados por ellos, controlados y verificados por ellos, ni los obreros, ni los soldados, ni los campesinos, a nadie ni a ninguna institución. El Poder Soviético entró en conflicto con la Asamblea Constituyente ante todo porque, como todos ustedes saben, las elecciones a la Asamblea Constituyente se hicieron según listas elaboradas antes de la Revolución de Octubre. La Asamblea Constituyente fue elegida sobre la base del sufragio universal, directo, igual y secreto con representación proporcional. Este sistema electoral es el más perfecto, pero solo bajo una condición puede dar una expresión correcta de la voluntad del pueblo: precisamente, si los partidos que, según este sistema, tienen el único derecho y posibilidad de elaborar listas, si esos partidos responden realmente al estado de ánimo, los deseos, los intereses y la voluntad de los grupos de población que los eligen, porque en otro sistema electoral, cuando una circunscripción elige a su candidato o diputado particular, en ese sistema el pueblo puede corregir fácilmente de inmediato sus errores, teniendo en cuenta su propio estado de ánimo o el cambio político ocurrido. Y en el sistema de representación proporcional, el partido como un todo debe elaborar las listas partidarias mucho antes de que se celebren las elecciones, y por eso ocurrió que, para la Asamblea Constituyente, que debía reunirse el 12 de noviembre, los partidos tuvieron que elaborar listas ya en septiembre y principios de octubre. Como todos recuerdan, por ley se fijó un plazo límite. En ese plazo límite todos los partidos debían presentar sus candidatos en listas, y después de ese tiempo era imposible modificar las listas. Así sucedió que el partido más grande de Rusia – el que era entonces, en verano y otoño, indudablemente el partido más grande, el partido de los eseristas, tuvo que presentar sus listas a principios de octubre de 1917 en nombre de todo el partido eserista; y así ocurrió. Las listas fueron presentadas a principios de octubre, y en ellas figuraban candidatos del partido eserista; como si tal partido, como un todo único, existiera. Resultó que, después de que se elaboraron las listas, después de que los obreros y campesinos rusos, desde el comienzo de la revolución, creando sus Soviets, recorrieron un camino largo, difícil y penoso, llegó el fin del conciliacionismo con Kerenski. Y este último también era considerado eserista – y aparentemente socialista, y aparentemente revolucionario, pero en realidad representaba a un imperialista que escondía en el bolsillo los tratados secretos, los tratados con los imperialistas franceses e ingleses, esos mismos tratados que fueron concluidos por el zar derrocado en febrero, esos mismos que condenaban al pueblo ruso a una masacre por si el capitalista ruso se apoderaba de Constantinopla, los Dardanelos, Armenia o un pedazo de Galitzia, y algunos de ellos, especialmente desatados, como el famoso Miliukov, ya habían trazado mapas según los cuales incluso un pedazo de Prusia Oriental debía separarse y entregarse como recompensa al pueblo ruso por la sangre derramada de millones de obreros y soldados. Eso era en realidad la república burgueso-imperialista rusa predominante de Kerenski, quien seguía siendo considerado y seguía siendo miembro efectivo del partido eserista.

A finales de octubre se reunió el II Congreso Panruso de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, cuando el pueblo ya estaba harto de ese conciliacionismo con los imperialistas, cuando la ofensiva ocurrida en junio nos costó cientos de miles de víctimas y mostró claramente por qué se prolonga la guerra, de qué manera esos tratados secretos condenan a los soldados a la masacre, de qué manera las "palabras" sobre la paz seguían siendo solo palabras. Por eso el II Congreso Panruso de los Soviets derrocó ese poder del gobierno burgueso-imperialista e instauró el Poder Soviético. Resultó que las elecciones a la Asamblea Constituyente se celebraron el 12 de noviembre; colocaron a los obreros, soldados y especialmente a los campesinos ante una situación en la que debían elegir según listas viejas, no había otras y no se podían elaborar, y por eso ahora, cuando nos dicen: "Ustedes disolvieron la Asamblea Constituyente, que representa la voluntad de la mayoría del pueblo", cuando esto lo repiten los escritorzuelos y periódicos burgueses de diversas maneras, así como socialistas como Kerenski, les respondemos: "¿Por qué no pueden decir al pueblo ni una palabra directa sobre el argumento que acabo de exponer ante ustedes y que estaba en el decreto de disolución de la Asamblea Constituyente?". No podemos considerar a la Asamblea Constituyente como expresión de la voluntad del pueblo porque fue elegida según listas viejas. Los obreros y especialmente los campesinos votaron por el partido eserista como partido entero, y este partido después de las elecciones se dividió y, por lo tanto, después de las elecciones el partido se reveló ante el pueblo como dos partidos: el de los eseristas de derecha, que se fueron con la burguesía, y el partido de los eseristas de izquierda, que se fue junto con la clase obrera, junto con los trabajadores y resultó ser partidario del socialismo. ¿Podía el pueblo elegir entre eseristas de derecha y de izquierda cuando existía la Asamblea Constituyente? No podía, y por eso, incluso desde el punto de vista de la elaboración de listas y las elecciones, desde ese punto de vista formal, decimos que nadie puede refutarnos que la Asamblea Constituyente no pudo dar una expresión correcta de la voluntad del pueblo. La revolución no tiene la culpa de que llegara después de la elaboración de listas y antes de las elecciones a la Asamblea Constituyente, la revolución no tiene la culpa de que el pueblo, y especialmente el campesinado, fuera mantenido tanto tiempo en la oscuridad y engañado con frases por el partido eserista, que solo después del 25 de octubre, cuando se reunió el Segundo Congreso de Campesinos, vimos que entre los eseristas de derecha y de izquierda no podía haber conciliación, y después de eso comenzó una serie de congresos, de soldados y de campesinos, y terminó con el congreso ferroviario.

Y en todas partes vimos el mismo cuadro: en todas partes, por un lado, la inmensa mayoría de los que pertenecen realmente a los trabajadores y explotados se sitúa enteramente, sin reservas e irrevocablemente, del lado del Poder Soviético, y, por otro lado, las cúpulas burguesas, los empleados, los administradores, los campesinos ricos – todos se ponían del lado de las clases poseedoras, del lado de la burguesía e hicieron la consigna: "Todo el poder a la Asamblea Constituyente", a esa que fue elegida antes de la revolución y al elegirla el pueblo no sabía cómo distinguir a los eseristas de derecha de los de izquierda. No, la revolución de las clases trabajadoras está por encima de las viejas listas, los intereses de los trabajadores y explotados, que antes de la revolución estaban oprimidos, deben ponerse al frente, – y si la Asamblea Constituyente va contra la voluntad del Poder Soviético, contra la voluntad de la evidente mayoría de los trabajadores, entonces – ¡abajo la Asamblea Constituyente y viva el Poder Soviético! (Aplausos.) Y ahora, camaradas, cada día nos convencemos de que el Poder Soviético encuentra un apoyo cada vez mayor por parte de los pobres, los trabajadores y explotados en todas las ramas de la economía nacional y en todos los confines del país, y por mucho que nos calumnien los periódicos burgueses y los periódicos, si se me permite decirlo, socialistas, como los periódicos de los eseristas de derecha, del partido de Kerenski, por mucho que nos calumnien diciendo que nuestro poder va contra el pueblo, que no se apoya en el pueblo – eso es una evidente mentira. Hoy mismo hemos recibido una confirmación especialmente gráfica, hemos recibido noticias del Don (en un telegrama nocturno) de cómo se reunió el congreso de una parte de los cosacos en Vorónezh y el congreso de 20 regimientos cosacos y 5 baterías en la stanitsa Kaménskaya. El cosaco de frente reunió su congreso porque ve que alrededor de los kaledinistas se agrupan oficiales, junkers e hijos de terratenientes que están descontentos de que en Rusia el poder pase a los Soviets y que desearían que el Don se autodeterminara. Allí se forma el partido de Kaledin, que se autodenomina primer atamán. Hubo que disolver ese congreso del cosaco de frente{113}. A esto respondieron uniéndose al congreso de Vorónezh – esto es lo primero, declarando la guerra a Kaledin – lo segundo, arrestando a los atamanes – lo tercero, y ocupando todas las estaciones principales – lo cuarto.

Que ahora los señores Riabushinski, que enviaban allí millones y aquí daban millones para que los saboteadores recibieran su salario y obstaculizaran al Poder Soviético, que ahora los señores Riabushinski con los señores capitalistas de Francia e Inglaterra y con el rey de Rumanía, que se aflijan y lloren por su suerte: su última carta ha sido derrotada incluso en el Don, donde hay más campesinos acomodados que vivían del trabajo asalariado, que explotaban trabajo ajeno, colocados en una lucha constante con la población campesina inmigrante, traída allí desde lejos por la necesidad – incluso allí, donde hay más campesinado explotador, incluso allí la gente se indignó con esa organización de junkers, oficiales y propietarios que decidieron ir contra el Poder Soviético, incluso allí descubrimos esa misma división que nadie quiere ver y de la que se nos acusa. "Los bolcheviques declaran la guerra civil". ¿Acaso inventamos a Kaledin? ¿Acaso los bolcheviques inventaron a Riabushinski? Pero sabemos que incluso bajo el zar era ese el principal apoyo del poder zarista, que esa gente solo se ocultó para hacer girar la república rusa hacia una república burguesa como las que existen en la mayoría de los países, donde, con toda la libertad y la electividad, el pueblo trabajador es oprimido tanto como, si no más, que en cualquier monarquía. Cuando dicen que los bolcheviques encienden una guerra fratricida, una guerra civil, cuando lanzan maldiciones por la criminal guerra civil fratricida que provocaron los bolcheviques, les respondemos: "¿Qué clase de guerra fratricida es esa? ¿Los Riabushinski, los Kaledin son acaso hermanos de los trabajadores? Es extraño que ni los marineros, ni los soldados, ni los obreros, ni los campesinos lo supieran, es extraño que no lo notaran, es extraño que digan tan inflexiblemente: que los Riabushinski y los Kaledin obedezcan al Poder Soviético".

El intento insensato y sin sentido de los junkers y oficiales de organizar una sublevación en Petrogrado y Moscú terminó en nada, porque la inmensa mayoría de los obreros y soldados está incondicionalmente del lado del Poder Soviético. Sabían que, al comenzar la guerra, los soldados se arman y no entregarán las armas a nadie. El pueblo se ha unido y organizado para tomar en sus manos su propio destino, – para eso comenzó la revolución. Y ellos veían y sabían perfectamente que aquí, en Petrogrado, el pueblo está enteramente del lado del Poder Soviético, y cuando fueron derrotados tanto en Petrogrado como en Moscú, se lanzaron al Don para formar allí una conspiración y en esa conspiración contrarrevolucionaria contra las masas trabajadoras esperaban apoyarse en la Rada burguesa de Kiev, que vive sus últimos días porque ha perdido la confianza. Cuando por todas partes declararon la guerra civil a los trabajadores, entonces empezaron a reprocharnos que nosotros iniciamos la guerra, dicen: ustedes encienden la guerra civil, que perezca la guerra civil. Nosotros respondemos: que perezcan los Riabushinski y los Kaledin y todos sus cómplices. (Aplausos.)

He aquí por qué, camaradas, cuando la burguesía lanza una acusación tan grave y afirma que nosotros destruimos la democracia, destruimos la fe en las formas de la democracia, en las instituciones de la democracia que son tan queridas y que durante tanto tiempo apoyaron y alimentaron el movimiento revolucionario en Rusia, rompimos la forma democrática más elevada – la Asamblea Constituyente, respondemos: no, eso no es cierto; cuando teníamos la república del socialista Kerenski, la república de los jefes imperialistas, de los jefes de la burguesía con tratados secretos en el bolsillo, que empujaba a los soldados a la guerra (llamada justa), – entonces, por supuesto, la Asamblea Constituyente era mejor que el Preparlamento, en el que Kerenski, de acuerdo con Chernov y Tsereteli, llevaba a cabo la misma política{114}. Desde el comienzo mismo de la revolución – desde abril de 1917 – dijimos abierta y directamente que los Soviets son una forma de democracia mucho más elevada, mucho más perfecta, mucho más adecuada, la democracia de los trabajadores, que la Asamblea Constituyente[33]. La Asamblea Constituyente une a todas las clases, luego también a las clases explotadoras, luego también a los poseedores, luego también a la burguesía, luego también a aquellos que recibieron educación a costa del pueblo, a costa de los explotados, que se separaron de él para unirse a los capitalistas, para convertir sus conocimientos en un instrumento de opresión del pueblo, porque convierten sus conocimientos, las más altas conquistas del conocimiento, en la lucha contra los trabajadores. Y nosotros decimos: cuando comienza la revolución – ella es la revolución de los trabajadores y explotados – y solo a las organizaciones de los trabajadores, solo a las organizaciones de los explotados pertenece todo el poder en el Estado; este democratismo es incomparablemente más elevado que el democratismo viejo. Los Soviets no han sido inventados por ningún partido. Ustedes saben muy bien que no hubo ningún partido que pudiera inventarlos. Fueron suscitados a la vida por la revolución de 1905. Entonces, por poco que existieran los Soviets, ya estaba claro que el único apoyo firme de la lucha del pueblo contra la autocracia eran los Soviets. Tan pronto como los Soviets decaían, eran sustituidos por instituciones representativas nacionales, – veíamos en esas instituciones, en todas las Dumas, congresos, asambleas – aparecían los kadetes, los capitalistas, los explotadores, comenzaba el conciliacionismo con el zar, y los órganos del movimiento popular decaían y la revolución perecía. Por eso, cuando la revolución de 1917 no solo resucitó los Soviets, sino que cubrió todo el país con su red, ellos enseñaron a los obreros, soldados y campesinos que pueden y deben tomar todo el poder en el Estado en sus manos, no como en los parlamentos burgueses: allí cada ciudadano tiene los mismos derechos que los demás ciudadanos. Porque el obrero proclame su igualdad con Riabushinski, y el campesino se proclame igual al terrateniente con 12 mil desiatinas de tierra, de eso no vivirá bien el pobre. Por eso la mejor forma democrática, la mejor república democrática es el poder sin terratenientes y ricos.

El pueblo ruso, a causa de la guerra, de una desorganización inaudita, del hambre, del peligro de perecer, de la muerte física directa de millones de personas, – a causa de eso ha vivido más rápido en la experiencia todo y ha tomado una decisión en pocos meses. En el mes de abril, cuando el día 20 el herido Linde sacó a los soldados a la calle de Petrogrado para derrocar al gobierno de Miliukov y Guchkov, a través de un largo período de danza de ministerios, cuando todos los partidos se arrimaban a los kadetes y lanzaban programas uno más hermoso, más atrayente y más grandilocuente que otro, el pueblo se cercioró de que no salía nada, de que le prometen paz, pero en realidad lo llevan a la ofensiva: en junio de 1917 perecieron decenas de miles de soldados, porque existía un tratado secreto del zar con los imperialistas europeos, que Kerenski confirmó. En esta experiencia, en su propia experiencia, no por la propaganda, el pueblo comparó el poder socialista de los Soviets y la república burguesa y llegó a la convicción de que para los intereses de los trabajadores y explotados no sirven las viejas reformas y las viejas instituciones del imperialismo burgués, – para eso sirve solo el poder de los Soviets, en el que la gente es libre de elegir a sus representantes, tanto obreros como soldados y campesinos y ferroviarios, y todos los trabajadores, y libremente retirar a sus diputados que no satisfacen las exigencias y deseos del pueblo. En los Soviets no se asiste para tramitar leyes, brillar con discursos parlamentarios, sino para realizar las libertades y derribar el yugo de la explotación. Los obreros construirán ellos mismos el Estado sobre nuevas bases, construirán una nueva vida de la nueva Rusia, en la que no tendrán lugar los explotadores. Eso es lo que creó los Soviets, he aquí por qué decíamos que la experiencia de la revolución rusa mostró a la gente y confirmó lo que hace tiempo señalábamos, que el Poder Soviético es una forma de democracia mucho más elevada que las repúblicas burguesas, las que se formaron en los Estados de Europa occidental; la verdadera democracia, los trabajadores, los obreros pueden y deben dominar sobre los no trabajadores, sobre la parte explotadora de la sociedad, los obreros, soldados, campesinos y ferroviarios pueden ser ellos mismos los dueños, realizar el intercambio de productos de la ciudad y el campo, establecer un salario justo sin terratenientes y capitalistas.

He aquí por qué la República Soviética de Rusia se ha formado ahora plenamente como república socialista, que ha arrebatado las tierras a los terratenientes, ha establecido el control obrero en las fábricas y talleres, ha puesto la mano sobre los bancos, la mano de los obreros, de las organizaciones socialistas, abriendo al pueblo el acceso a que él mismo administre esas riquezas inauditas que los capitalistas han formado y acumulado, para dirigirlas no a la opresión de los trabajadores, sino al desarrollo del bienestar y el crecimiento de la cultura de todos los trabajadores. Eso es lo que la República Soviética está llamada a realizar. He aquí por qué el pueblo, las clases trabajadoras del extranjero, nos simpatizan tanto, a pesar de la censura militar de los zares, a pesar de la persecución de los Kerenski extranjeros contra los periódicos socialistas. Los periódicos burgueses de allí mienten descaradamente contra nuestro país; contra nuestros periódicos hay persecución, ni un solo número de la "Pravda" se admite allí. Pero hace apenas unos días regresó de Suiza mi camarada, que estuvo allí donde a mí me tocó recientemente pasar tanta pena, y me dijo que en la libre Suiza no conocen un solo hecho, que las repúblicas libres de la libre Europa no dejan pasar ni un solo número de nuestro periódico, que allí solo se lee mentira continua de los periódicos burgueses, que solo saben insultar a los bolcheviques. Pero a pesar de eso, en todos los países los obreros han comprendido que el Poder Soviético en Rusia es realmente el gobierno de los trabajadores. Y no hay en la Europa actual, ni en Inglaterra, ni en Francia, ni en Alemania, ni en otros países, un obrero que no saludara con aplausos las noticias de la revolución rusa, porque en ella ven la esperanza, en ella está esa antorcha que encenderá el incendio en toda Europa.

Si la revolución rusa ocurrió tan simplemente, es solo porque la más salvaje opresión del zarismo pesaba sobre Rusia y ningún país estaba tan atormentado y agotado por la guerra como Rusia.

Si el pueblo ruso logró primero alzar la antorcha de la revolución socialista, sabe que no está solo en esta lucha y que, con la ayuda de los compañeros y amigos más fieles, llevará a cabo esta obra. Puede que pase no poco tiempo, no sabemos cuánto tiempo pasará para que la revolución socialista florezca también en otros países. Ustedes saben cómo ocurren las revoluciones en general en otros Estados. Y cada uno de ustedes vivió el año 1917 y sabe que tres meses antes del comienzo de la revolución nadie sabía que llegaría. Sabemos que a Austria ya se propagan huelgas obreras. Cuando los partidos europeos, encabezados por sus Chernov y Tsereteli, empezaron a perder toda influencia en el curso de los acontecimientos, cuando empezaron a sentirse completamente aislados, entonces allí comenzaron a hablar de la introducción del estado de sitio, y en Alemania de la introducción de la dictadura militar; ahora las huelgas en Viena han sido suspendidas y han comenzado a salir periódicos. Recibí un telegrama de Estocolmo de nuestro representante Vorovski, en el que dice que no hay duda de que el movimiento se ha detenido, pero que no se podrá aplastarlo del todo y se levantará. Esta es una de las consecuencias de que se iniciaran las negociaciones de paz en Brest, y cumplimos la promesa que habíamos hecho. Los tratados secretos han sido anulados, publicados, los hemos expuesto ante ustedes para vergüenza. Hemos mostrado que esos compromisos de los viejos capitalistas, ya se llamen tratados secretos o empréstitos, ahora son para nosotros un trozo de papel y los hemos desechado, porque nos estorban a nosotros, las masas trabajadoras, para construir la sociedad socialista. Cuando en Brest los alemanes se presentaron con sus desvergonzadas exigencias – prometiendo con palabras reconocer una paz justa, pero en realidad revelando los mismos intereses de bandidos y depredadores –, entonces ahora las masas trabajadoras empiezan a darse cuenta. Esta dilación artificial es clara para las masas, dicen que se puede interrumpir la continuación de la guerra, ya que la han interrumpido los obreros y campesinos rusos, que se puede atacar a los gobiernos. Si en 1905, el 17 de octubre, la gran primera huelga general fue aplastada por la autocracia, ella provocó en Austria, en Viena y Praga una serie de acontecimientos, manifestaciones de obreros, y entonces los austriacos conquistaron su sufragio universal. La revolución rusa de 1905 fue aplastada por el zarismo, pero hizo que los obreros de Europa occidental creyeran en las grandes reformas futuras, es decir, en lo que está ocurriendo ahora.

Todos ustedes observaron en la apertura del Tercer Congreso de los Soviets a una serie de representantes de partidos extranjeros, que decían que observaban el movimiento obrero en Inglaterra, Suiza y América, y decían al unísono que la revolución socialista en Europa se convierte en la tarea del día. Allí la burguesía es más fuerte y más astuta que nuestros Kerenski, ha logrado organizarse para que sea más difícil que las masas se levanten. Allí los obreros poseen cierto bienestar y por eso es más difícil abrirse paso a través de los viejos partidos socialistas, que se mantuvieron durante décadas, entraron en el poder, adquirieron autoridad ante los ojos del pueblo. Pero ese tipo de autoridad ya se pierde, la masa hierve, y no hay duda de que en un futuro próximo, quizás lejano, la revolución socialista se convierte en el orden del día en todos los países, porque la opresión del capital ha llegado a su fin.

Si nos dicen que los bolcheviques inventaron algo utópico, como la introducción del socialismo en Rusia, que eso es imposible, respondemos a eso: ¿cómo, entonces, podría la simpatía de la mayoría de los obreros, campesinos y soldados atraerse hacia el lado de utopistas y fantaseadores? ¿No es porque la mayoría de los obreros, campesinos y soldados se puso de nuestro lado porque vieron por propia experiencia los resultados de la guerra y que no hay salida de la vieja sociedad y que los capitalistas, con todas las maravillas de la técnica y la cultura, han entrado en una guerra de exterminio, que la gente ha llegado al embrutecimiento, el salvajismo y el hambre? Eso es lo que han hecho los capitalistas, y he aquí por qué se nos plantea la cuestión: o perecer, o romper hasta el final esta vieja sociedad burguesa. Eso constituye la profundidad de nuestra revolución. He aquí por qué vemos que en la pequeña vecina Estonia, donde el pueblo es alfabetizado, se reunió hace unos días un congreso de jornaleros, eligió comisionados que tomaron en sus manos todas las haciendas culturales. Esto es una transformación mundial. Los jornaleros, que en la economía capitalista estaban en lo más bajo de la escala social, los toman bajo su control. Luego, en Finlandia, donde el Sejm actuó en nombre de la nación, donde la burguesía nos exigió el reconocimiento de la independencia, no retendremos por la fuerza en manos de Rusia o en un solo Estado ruso a todas las naciones que el zarismo retenía con opresión. Contábamos con que atraeríamos a otras naciones – Ucrania, Finlandia – no por la violencia, no imponiéndonos, sino porque ellas mismas crearán su mundo socialista, sus repúblicas soviéticas. Vemos ahora que en Finlandia se espera de un día para otro la revolución obrera; en esa Finlandia que durante 12 años, desde 1905, ya gozaba de plena libertad interior y tenía sufragio en instituciones democráticas. Desde 1905 hasta 1917, en ese país que se distingue por su cultura, su estructura económica y su pasado, en ese país cayeron las chispas de ese incendio que supuestamente los bolcheviques avivaron artificialmente, y allí, vemos, comienza la revolución socialista. Este fenómeno demuestra que no estamos cegados por la lucha partidaria, que no actuamos según un plan, sino que solo la situación sin salida de toda la humanidad después de la guerra ha creado esta revolución y ha hecho invencible a la revolución socialista.

Camaradas, permítanme terminar señalando que lo mismo ha ocurrido en vuestro congreso ferroviario. Vimos con qué dificultad se llevó a cabo la lucha contra vuestras organizaciones ferroviarias cúpulares. Ustedes, ferroviarios, se han convencido por experiencia de que la masa del proletariado ferroviario trabajador ha soportado sobre sus hombros la dificultad de organizar el asunto ferroviario. Este asunto no ha llegado artificial ni casualmente a esta situación sin salida: o bien ha sido frenado conscientemente por manos de la burguesía, sobornada por millonarios que arrojaban cientos de miles de rublos y estaban dispuestos a hacer todo para destruir el Poder Soviético; o bien porque la burguesía se negaba a cambiar el orden del asunto, porque consideraba que así lo había dispuesto Dios, que hubiera jefes y pobres que trabajaran para ellos, y que los jefes se burlaran de ellos. En efecto, los administradores pensaban que realmente así lo había dispuesto Dios y que no podía haber otro orden, y que si se atentaba contra ese orden, resultaría el caos. Pero no es así. La unión de las masas trabajadoras está por encima de todo, sabrán crear su propia disciplina de camaradería y sabrán aprovechar todas las conquistas de la técnica y la cultura para organizar correctamente el asunto ferroviario y el intercambio de productos de la ciudad y el campo, para ayudar a los obreros y campesinos a organizar la economía nacional a escala panrusa, de modo que sin terratenientes y capitalistas las masas trabajadoras puedan disfrutar de los productos de su trabajo, para que los conocimientos científico-técnicos sirvan no para el enriquecimiento de un puñado de personas, no para crear un grueso bolsillo de dinero, sino que sirvan para mejorar la vida de toda la economía ferroviaria. Esto es especialmente importante para nosotros. Ustedes saben cuánto soborno, engaño, especulación cuelgan alrededor de cada estación de cruce, saben cómo los explotadores lanzan millones para estropear el transporte, para esconder los vagones donde no se encuentren. Todo esto se hace para intensificar el hambre y azuzar al pueblo contra el Poder Soviético. Pero todos ustedes saben que si la mayoría de las organizaciones ferroviarias se une y se fija como tarea el apoyo al Poder Soviético, solo entonces todos los pillos, saboteadores, capitalistas y explotadores, todo ese residuo de la sociedad burguesa será barrido por una lucha implacable, y solo entonces será posible organizar la economía ferroviaria correcta y obtener la completa liberación de los obreros, soldados y campesinos del poder de los opresores, solo entonces obtendremos el socialismo. (Aplausos tormentosos de toda la sala.)

## 2. Respuestas a las notas

Camaradas, las notas que tengo ante mí se dividen en dos grupos: uno plantea la cuestión de la Asamblea Constituyente – ese es un grupo. Otro grupo – sobre el hambre y la desorganización económica. Responderé según estos dos grupos, uniendo las notas en la medida en que se refieren más o menos al mismo tema. En cuanto a la Asamblea Constituyente, nos preguntan: ¿fue justo disolver la Asamblea Constituyente y no habría debido convocarse una nueva Asamblea Constituyente? ¿O no habría sido más correcto plantear la cuestión en un referéndum popular antes de disolver la Asamblea Constituyente? No, camaradas, ni con un referéndum ni con una nueva Asamblea Constituyente se puede remediar el asunto. Así se han formado los partidos en Rusia. A quién simpatizan los capitalistas, a quién los obreros y campesinos – eso lo hemos visto. El Poder Soviético no se ha creado por decreto de nadie, ni por resolución de ningún partido, porque está por encima de los partidos, porque se ha formado según la experiencia revolucionaria, según la experiencia de millones de personas; no es casual que en 1905 nacieran los Soviets, y en 1917 crecieran e instauraran una nueva república que no existe en los países europeos y no existirá mientras allí domine el capital. Pero la república soviética vencerá en todas partes, y entonces al capital se le asestará un golpe decisivo. Debo señalar que la Asamblea Constituyente y el referéndum están construidos según los viejos moldes del parlamentarismo burgués, y la votación popular, debido al dominio del capital, se ve obligada a contar con él y a negociar. En cambio, el Poder Soviético no da representantes que esgrimen en los parlamentos e intercambian brillantes discursos, creando un sólido dominio del capital y del aparato burocrático. El Poder Soviético viene de las mismas masas trabajadoras, no da un parlamento, sino una asamblea de representantes laborales que dicta leyes que se ejecutan directamente, que se convierten en vida y que se fijan como tarea la lucha contra los explotadores. La Asamblea Constituyente del viejo modelo y los referéndums del viejo modelo se fijaban como tarea unir la voluntad de toda la nación y crear la posibilidad de que vivan amigablemente lobos y ovejas, explotadores y explotados. No, no queremos eso. Todo eso lo hemos vivido y experimentado. Ya tenemos suficiente de todo eso. Y estamos convencidos de que a la mayoría de los obreros, campesinos y soldados les basta. En un momento en que la guerra obliga a hacer una serie de esfuerzos heroicos para liberarse de las manos del capital o perecer, se nos obliga a hacer un experimento que ya se ha realizado en los países europeos y que nos daría el viejo capitalismo burgués y la representación nacional general, y no la representación de las masas trabajadoras. Necesitamos representación no burguesa, sino representación de los explotados y oprimidos, que llevará una lucha implacable contra los explotadores. Esa es la intención del Poder Soviético; en él no entran ni el parlamento ni el referéndum. Está por encima de eso, da la posibilidad a los trabajadores, si no están contentos con su partido, de reelegir a sus delegados, transferir el poder a otro partido y cambiar el gobierno sin la menor revolución, porque la experiencia de Kerenski, Kaledin y la Rada burguesa mostró que la lucha contra el Poder Soviético es imposible. Y si ahora se encuentran en Rusia decenas de personas que luchan contra el Poder Soviético, entonces esos excéntricos son pocos, y dentro de pocas semanas no habrá ninguno, y el Poder Soviético triunfará como organización de la clase oprimida para derrocar a los opresores y eliminar a los explotadores.

Ahora paso al azote terrible de la actualidad: el hambre que nos amenaza. ¿Cuál es la causa principal de la desorganización? La causa principal de esa desorganización que amenaza con el hambre en las ciudades y localidades industriales reside en el dominio de los saboteadores, en la desorganización económica que estos saboteadores mantienen, acusándonos a nosotros de ella. Sabemos muy bien que hay bastante pan en Rusia y que se encuentra en el reino de Kaledin, en la lejana Siberia y en las provincias cerealeras. Debo decir que las clases explotadas nunca podrán liberarse si no crean un poder firme, implacable y revolucionario. Sobre los saboteadores diré, camaradas, que conocemos las direcciones de los apartamentos a los que acudían los funcionarios saboteadores y firmaban la recepción del salario por tres meses adelantados, para lo cual Riabushinski entregó 5 millones, y los imperialistas anglo-franceses tanto, y los rumanos tanto. Eso es lo que es el sabotaje: personas sobornadas, empleados superiores, que persiguen un solo objetivo: hacer fracasar al Poder Soviético, aunque muchos de ellos no lo saben. El sabotaje es el afán de devolver el viejo paraíso para los explotadores y el viejo infierno para los trabajadores. Pero para que ese objetivo no se cumpla, tenemos que quebrantar su resistencia.

Luego se nos señala en cuanto a la remuneración del trabajo de los empleados ferroviarios. Esto es un completo malentendido. Esto lo hizo solo un comisario que, quizás, interpretó así este asunto y publicó ese decreto, pero a la primera indicación del Consejo de Comisarios del Pueblo ese decreto fue modificado{115}, y decir que eso entraba en la intención del Poder Soviético es no conocer el asunto.

¿Qué debemos hacer para eliminar el hambre y la anarquía? En primer lugar, quebrantar la resistencia de los capitalistas y colocar a los saboteadores en una posición en la que no puedan resistir. Cuando los partidarios de "Nueva Vida" y otros órganos supuestamente socialistas dicen que en dos meses y medio el sabotaje no ha cesado, yo digo: ¿por qué no nos ayudan ustedes a que ese sabotaje cese? Ahora los bancos ya han pasado a la gestión de los Soviets. Ayer ocurrió un caso así: se presentó ante mí un escritor de profesión, Finn-Enotaievski, y en nombre de 50 mil personas declaró que los bancos están dispuestos a trabajar en completa subordinación al Poder Soviético. (Aplausos ruidosos.) Respondo al delegado de los empleados bancarios: "Ya era hora". Nosotros, de las negociaciones con una organización, ya sea la organización de los empleados bancarios o cualquier otra – no nos negaremos, si realmente ese reconocimiento del Poder Soviético es reconocido por la mayoría de los trabajadores no de palabra sino de hecho. Esa declaración hemos escuchado de los empleados bancarios, que están acostumbrados a tramitar negocios especulativos inauditos y, en ocasiones, a coger un kopek por rublo, de modo que tienen el bolsillo abierto de par en par por ganancias millonarias.

Ahora nos proponen negociaciones, pero no serán las negociaciones que llevaba Kerenski. No hablaremos de reforma bancaria. Primero ocupamos los bancos por la fuerza armada, y después entramos en negociaciones y dictamos resoluciones y disposiciones. Desde el principio nos es importante quebrantar la resistencia de los saboteadores, y después entrar en negociaciones. Ese es el camino de lucha contra el hambre y la anarquía, que solo puede superar el horror del capitalismo y la desorganización. Ustedes saben qué inaudita desorganización se ha introducido en todo el mundo, y especialmente en Rusia, donde el zarismo dejó el soborno, la violencia, el odio y la burla hacia los trabajadores. Y ahora se quejan de la anarquía; piensen ustedes mismos, ¿son capaces esas personas que estuvieron tres años en las trincheras y están agotadas por la guerra de luchar para que se enriquezcan los capitalistas rusos, porque los capitalistas rusos necesitan Constantinopla? Ven a cada paso que la gente utiliza millones para derrocar al Poder Soviético y obtener el dominio sobre la tierra.

Camaradas, cambios así en un día, en el sentido de la culminación, son imposibles. La revolución socialista ha comenzado, ahora todo depende de la formación de una disciplina de camaradería, no de cuartel, no de la disciplina de los capitalistas, sino de la disciplina de las mismas masas trabajadoras. Cuando los trabajadores ferroviarios tomen el poder en sus manos, entonces, con ayuda de la organización armada, quebrantarán el sabotaje y la especulación y se fijarán como tarea perseguir a todos aquellos que se dedican al soborno y violan el correcto movimiento ferroviario. A esas personas hay que perseguirlas como a los más grandes criminales contra el poder popular. Solo de esa organización, de la organización soviética, de su cohesión y energía depende la lucha contra los capitalistas, saboteadores, pillos y Riabushinski. Ese es el camino que hay que elegir para la victoria sobre el hambre, porque en Rusia hay de todo: hierro, petróleo, pan, en una palabra, todo lo necesario para vivir humanamente. Si se logra vencer a los explotadores, el Poder Soviético y la gestión económica se instaurarán en Rusia, – y así será. (Aplausos tormentosos.)