7. De la peculiaridad mencionada de la situación de hecho se desprende la peculiaridad de la táctica del momento dado, obligatoria para el marxista, que debe tener en cuenta los hechos objetivos, las masas y las clases, y no las personas, etc.

Esta peculiaridad pone en primer plano «infundir vinagre y hiel en el aguachirle de las frases revolucionario-democráticas» (como se expresó, con notable acierto, mi compañero del Comité Central de nuestro partido, Teodorovich, en la sesión de ayer del Congreso Panruso de empleados y obreros ferroviarios en Petrogrado{87}). La labor de crítica, la explicación de los errores de los partidos pequeñoburgueses, eseristas y socialdemócratas, la preparación y cohesión de los elementos del partido conscientemente proletario, comunista, la liberación del proletariado del «común» embrutecimiento pequeñoburgués.

Esto parece «sólo» una labor propagandística. En realidad, es la labor revolucionaria más práctica, pues no se puede impulsar la revolución, que se ha detenido, se ha ahogado en la frase, da «un paso en el lugar» no por obstáculos exteriores, no por la violencia de la burguesía (Guchkov sólo amenaza de momento con aplicar la violencia contra la masa de soldados), sino por la confiada inconsciencia de las masas.

Sólo combatiendo esta confiada inconsciencia (y se puede y se debe combatirla exclusivamente por medios ideales, por la persuasión camaraderil, señalando la experiencia de la vida), podremos liberarnos del desenfreno reinante de la frase revolucionaria y empujar realmente hacia adelante tanto la conciencia proletaria como la conciencia de las masas, así como su audaz y resuelta iniciativa en las localidades, la realización espontánea, el desarrollo y el fortalecimiento de las libertades, la democracia, el principio de la propiedad común de toda la tierra por el pueblo.

8. La experiencia mundial de los gobiernos burgueses y terratenientes ha elaborado dos modos de mantener al pueblo en la opresión. El primero, la violencia. Nicolás Románov I – Nicolás Palkin y Nicolás II el Sangriento mostraron al pueblo ruso el máximo de lo posible y de lo imposible en cuanto a este modo verdugo. Pero hay otro modo, mejor elaborado por la burguesía inglesa y francesa, «escarmentadas» por una serie de grandes revoluciones y movimientos revolucionarios de masas. Es el modo del engaño, la adulación, la frase, un millón de promesas, limosnas de ínfimo valor, concesiones en lo no importante, conservación de lo importante.

La peculiaridad del momento en Rusia es la transición vertiginosamente rápida del primer modo al segundo, de la violencia contra el pueblo a la adulación del pueblo, a engañarlo con promesas. El gato Vaska escucha y come. Miliukov y Guchkov detentan el poder, protegen las ganancias del capital, hacen la guerra imperialista en interés del capital ruso y anglo-francés, y se libran con promesas, declamaciones, declaraciones efectistas en respuesta a los discursos de tales «cocineros» como Chjeidze, Tsereteli, Steklov, que amenazan, exhortan, conjuran, suplican, exigen, proclaman… El gato Vaska escucha y come.

Y cada día más, la confiada inconsciencia y la inconsciente confianza irán cayendo, especialmente por parte de los proletarios y de los campesinos más pobres, a quienes la vida (su situación socioeconómica) enseña a no creer a los capitalistas.

Los jefes de la pequeña burguesía «deben» enseñar al pueblo a confiar en la burguesía. Los proletarios deben enseñarle a desconfiar.