3. En la esfera de la política exterior, que ahora ha pasado a primer plano debido a las condiciones objetivas, el nuevo gobierno es un gobierno de continuación de la guerra imperialista, una guerra en alianza con las potencias imperialistas, Inglaterra, Francia, etc., por el reparto del botín capitalista, por el estrangulamiento de los pueblos pequeños y débiles.

Subordinado a los intereses del capital ruso y de su poderoso protector y amo, el más rico del mundo, el capital imperialista anglo-francés, el nuevo gobierno, contrariamente a los deseos expresados de la manera más categórica en nombre de la indudable mayoría de los pueblos de Rusia a través del Soviet de diputados de soldados y obreros, no ha dado ningún paso real para poner fin a la matanza de pueblos en aras de los intereses de los capitalistas. Ni siquiera ha publicado aquellos tratados secretos de contenido manifiestamente rapaz (sobre el reparto de Persia, el saqueo de China, el saqueo de Turquía, la partición de Austria, la anexión de Prusia Oriental, la confiscación de las colonias alemanas, etc.), que, de forma notoria, vinculan a Rusia con el capital imperialista rapaz anglo-francés. Ha confirmado estos tratados concluidos por el zarismo, que durante siglos ha saqueado y oprimido a más pueblos que otros tiranos y déspotas; zarismo que no sólo oprimía, sino que también deshonraba y corrompía al pueblo granruso, convirtiéndolo en verdugo de otros pueblos.

El nuevo gobierno, al confirmar estos tratados vergonzosos y rapaces, no propuso a todos los pueblos beligerantes un armisticio inmediato, en contra de las exigencias claramente expresadas por la mayoría de los pueblos de Rusia a través de los Soviets de diputados obreros y soldados. Se limitó a solemnes, sonoras, solemnes, pero completamente vacías declaraciones y frases, que siempre han servido y sirven en boca de los diplomáticos burgueses para engañar a las masas confiadas e ingenuas del pueblo oprimido.

4. Por eso, no sólo no merece el nuevo gobierno la menor confianza en el terreno de la política exterior, sino que seguir exigiéndole que anuncie la voluntad de paz de los pueblos de Rusia, que renuncie a las anexiones, etc., etc., es en realidad un engaño al pueblo, infundirle esperanzas irrealizables, postergar el esclarecimiento de su conciencia, reconciliarlo indirectamente con la continuación de la guerra, cuyo verdadero carácter social no está determinado por los buenos deseos, sino por el carácter de clase del gobierno que dirige la guerra, por el nexo de la clase representada por ese gobierno con el capital financiero imperialista de Rusia, Inglaterra, Francia, etc., por la política real, efectiva, que esa clase lleva a cabo.