¡Camaradas! En Rusia ha estallado la revolución.

Los obreros de Petrogrado y Moscú han actuado nuevamente como iniciadores del gran movimiento liberador. Declararon la huelga política. Salieron a la calle con banderas rojas. Combatieron como leones contra la policía zarista, la gendarmería y aquella pequeña parte de las tropas que no se pasó de inmediato al lado del pueblo. Sólo en Petrogrado se cuentan más de 2.000 muertos y heridos. Con su sangre, los obreros rusos compraron la libertad para nuestro país.

Las reivindicaciones de los obreros eran: pan, libertad, paz.

Pan, porque el pueblo en Rusia pasa hambre, como en casi todos los países que participan en la actual guerra de rapiña.

Libertad, porque el gobierno zarista, aprovechando la guerra, convirtió definitivamente a toda Rusia en una inmensa prisión.

Paz, porque los obreros de Rusia, al igual que los obreros más conscientes de otros países, no quieren seguir muriendo por los intereses de un puñado de ricachones, no quieren continuar la guerra criminal iniciada por bandidos coronados y no coronados.

La mayoría de los soldados de las guarniciones de Petersburgo y Moscú se pasaron al lado de los obreros insurrectos. Obreros y campesinos vestidos con uniforme de soldado tendieron fraternalmente la mano a los obreros y campesinos sin uniforme. La mejor parte de la oficialidad se sumó a la revolución. Los soldados fusilaron a los oficiales que pretendían ir contra el pueblo.

La revolución la hicieron los obreros y los soldados. Pero el poder, como ha sucedido también en otras revoluciones, lo acaparó en los primeros momentos la burguesía. La Duma de Estado, en la que la inmensa mayoría pertenece a los terratenientes y capitalistas, se esforzó con todas sus fuerzas por reconciliarse con el zar Nicolás II. Todavía en el último minuto, cuando en las calles de Petrogrado ya hervía la guerra civil, la Duma de Estado enviaba al zar telegrama tras telegrama, suplicándole que hiciera pequeñas concesiones y conservara así su corona. No fue la Duma de Estado —la Duma de los terratenientes y los ricos—, sino los obreros y soldados insurrectos quienes derrocaron al zar. Pero el nuevo Gobierno Provisional ha sido designado por la Duma de Estado.

Este Gobierno Provisional está compuesto por representantes de los capitalistas liberales y de los grandes propietarios de tierras. Los principales puestos en él pertenecen a: el príncipe Lvov (gran terrateniente y liberal moderadísimo), A. Guchkov (colaborador de Stolypin, que en su día aprobó los tribunales de guerra contra los revolucionarios), Teréshchenko (el más grande fabricante de azúcar, millonario), Miliukov (siempre defendió y defiende ahora la guerra de rapiña en la que metieron a nuestro país el zar Nicolás y su banda). El "demócrata" Kérenski ha sido invitado al nuevo gobierno únicamente para crear la apariencia de un gobierno "popular", para tener a un "democrático" charlatán que diga al pueblo palabras altisonantes pero vacías, mientras los Guchkov y los Lvov hacen una labor antipopular.

El nuevo gobierno quiere la continuación de la guerra de rapiña. Es el dependiente de los capitalistas rusos, ingleses y franceses, quienes —al igual que los capitalistas alemanes— quieren a toda costa "seguir luchando" y obtener mediante el regateo los mejores trozos del botín. No quiere ni puede dar la paz a Rusia.

El nuevo gobierno no quiere arrebatar a los terratenientes sus tierras a favor del pueblo, no quiere hacer recaer las cargas de la guerra sobre los ricos. Por eso no puede dar pan al pueblo. Los obreros y la población pobre en general se ven obligados, como antes, a pasar hambre.

El nuevo gobierno está compuesto por capitalistas y terratenientes. No quiere dar a Rusia la libertad completa. Bajo la presión de los obreros y soldados insurrectos, ha prometido convocar la Asamblea Constituyente, que decidiría cómo organizar Rusia. Pero retrasa la convocatoria de elecciones a la Asamblea Constituyente, deseando ganar tiempo y luego engañar al pueblo, como lo han hecho más de una vez en la historia gobiernos similares. No quiere la creación de una república democrática en Rusia. Quiere únicamente, en lugar del mal zar Nicolás II, sentar en el trono al supuestamente "buen" zar Miguel. Quiere que el poder en Rusia no lo tenga el propio pueblo, sino el nuevo zar junto con la burguesía.

Así es el nuevo gobierno.

Pero en Petrogrado, junto a este gobierno, se organiza gradualmente otro gobierno. Los obreros y soldados han formado el Soviet de Diputados Obreros y Soldados. Cada mil obreros o soldados elige un diputado. Este Soviet sesiona ahora en el Palacio de Táuride, con más de 1.000 delegados. Y es verdaderamente una representación popular.

Este Soviet puede, en los primeros momentos, cometer uno u otro error. Pero inevitablemente llega a exigir en voz alta y con autoridad: paz, pan y república democrática.

El Soviet de Diputados Obreros y Soldados lucha por la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente, por la participación de los soldados en las elecciones y en la decisión sobre la cuestión de la guerra o la paz. El Soviet lucha por la entrega de las tierras del zar y de los terratenientes a manos del campesinado. El Soviet lucha por la república y no quiere ni oír hablar del nombramiento de un nuevo zar "bueno". El Soviet exige el derecho al sufragio universal e igual para todos los hombres y para todas las mujeres. El Soviet ha logrado el arresto del zar y de la zarina. El Soviet quiere crear un comité de vigilancia que controle cada paso del nuevo gobierno y que, en la práctica, se convierta él mismo en gobierno. El Soviet lucha por la unión con los obreros de todos los demás países para golpear unidos contra los capitalistas. Los obreros revolucionarios, en gran número, han partido hacia el frente para, aprovechando la libertad, ponerse de acuerdo con los soldados sobre cómo actuar conjuntamente, cómo terminar la guerra, cómo asegurar los derechos del pueblo, cómo fortalecer la libertad en Rusia. En Petrogrado vuelve a publicarse el periódico socialdemócrata "Pravda"{38}, que ayuda a los obreros a cumplir todas estas grandes tareas.

Tal es la situación actual, camaradas.

Vosotros, que languidecéis en cautiverio, no podéis permanecer indiferentes. Debéis estar preparados para que también a vosotros os toque en suerte, quizás muy pronto, una tarea importante.

Los enemigos de la libertad rusa a veces cuentan con vosotros. Dicen: en cautiverio hay cerca de 2 millones de soldados; si ellos, al regresar a la patria, se pasan al lado del zar, podemos todavía volver a sentar en el trono a Nicolás o a su "amado" hermanito. Ha ocurrido en la historia que el enemigo de ayer, reconciliándose con el zar derrocado, le entrega a sus soldados prisioneros para que le ayuden a luchar contra su propio pueblo...{39}

¡Camaradas! Dondequiera que tengáis la posibilidad de hacerlo, discutid los grandes acontecimientos que ocurren en nuestra patria. Declarad en voz alta que vosotros, junto con toda la mejor parte de los soldados rusos, no queréis al zar, que exigís la república libre, la entrega gratuita de las tierras de los terratenientes a los campesinos, la jornada laboral de 8 horas, la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente. Declarad que estáis al lado del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado, que, al regresar a Rusia, os pondréis no a favor del zar, sino contra el zar, no a favor de los terratenientes y los ricos, sino contra ellos.

Dondequiera que haya posibilidad, organizaos, adoptad resoluciones en este sentido, explicad a los camaradas atrasados qué gran acontecimiento ha ocurrido en nuestro país.

Bastantes penalidades habéis soportado antes de la guerra, durante la guerra y en el cautiverio. Ahora marchamos al encuentro de días mejores. La aurora de la libertad ha despuntado.

Regresad a Rusia como ejército de la revolución, como ejército del pueblo, y no como ejército del zar. También en 1905 los prisioneros que regresaron de Japón se convirtieron en los mejores luchadores por la libertad.

Al regresar a la patria, os dispersaréis por todo el país. Llevad, pues, a cada rincón apartado, a cada aldea rusa que ha sufrido por el hambre, las exacciones y los ultrajes, la noticia de la libertad. Ilustrad a los hermanos campesinos: expulsad las tinieblas de la aldea, llamad a los campesinos pobres a apoyar a los obreros urbanos y rurales en su gloriosa lucha.

Habiendo conquistado la república, los obreros de Rusia se unirán a los obreros de todos los demás países y conducirán audazmente a toda la humanidad hacia el socialismo, hacia un orden en el que no habrá ni ricos ni pobres, en el que un puñado de ricachones no podrá convertir a millones de personas en sus esclavos asalariados.

¡Camaradas! Tan pronto como nos sea posible, nos apresuraremos a ir a Rusia para unirnos allí a la lucha de nuestros hermanos obreros y soldados. Pero tampoco allí os olvidaremos. Nos esforzaremos por enviaros desde la Rusia libre libros, periódicos y noticias de lo que sucede en nuestro país. Exigiremos que se os envíe dinero y pan en cantidad suficiente. Y diremos a los obreros y soldados insurrectos: en vuestros hermanos, que ahora languidecen en cautiverio, podéis confiar. Son hijos del pueblo, e irán junto con nosotros al combate por la libertad, al combate por la república, contra el zar.

Escrito a mediados de marzo de 1917.

Publicado en 1917 en una hoja volante suelta.

Se imprime según el texto de la hoja volante.