En las cartas anteriores, las tareas del proletariado revolucionario en Rusia en el momento actual se esbozaron de la siguiente manera: (1) saber aproximarse por la vía más certera a la siguiente etapa de la revolución o a la segunda revolución, la cual (2) debe transferir el poder estatal de manos del gobierno de los terratenientes y capitalistas (los Guchkov, los Lvov, los Miliukov, los Kerenski) a manos de un gobierno de obreros y campesinos pobres. (3) Este último gobierno debe organizarse según el modelo de los Soviets de diputados obreros y campesinos, a saber: (4) debe destruir, eliminar por completo la vieja maquinaria estatal, el ejército, la policía, la burocracia (el funcionariado), habitual en todos los Estados burgueses, sustituyendo esta maquinaria (5) por una organización no solo de masas, sino universal y general del pueblo armado. (6) Solo un gobierno así, «así» por su composición de clase («dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y el campesinado») y por sus órganos de administración («milicia proletaria»), está en condiciones de resolver con éxito la tarea sumamente difícil, absolutamente inaplazable y principal del momento, a saber: lograr la paz, y no una paz imperialista, no un pacto entre las potencias imperialistas sobre el reparto del botín saqueado por los capitalistas y sus gobiernos, sino una paz verdaderamente sólida y democrática, que es inalcanzable sin la revolución proletaria en una serie de países. (7) En Rusia, la victoria del proletariado es factible en el futuro más inmediato solo a condición de que su primer paso sea el apoyo de los obreros por la inmensa mayoría del campesinado en su lucha por la confiscación de toda la propiedad agraria de los terratenientes (y la nacionalización de toda la tierra, si se admite que el programa agrario de los «104» siguió siendo, en esencia, el programa agrario del campesinado{32}). (8) En relación con dicha revolución campesina y sobre su base, son posibles y necesarios nuevos pasos del proletariado en alianza con la parte más pobre del campesinado, pasos dirigidos al control de la producción y la distribución de los productos más importantes, a la introducción de la «obligación laboral universal», etc. Estos pasos vienen dictados con absoluta inevitabilidad por las condiciones que ha creado la guerra y que el período de posguerra agudizará aún más en muchos aspectos; y en su conjunto y en su desarrollo, estos pasos constituirían la transición al socialismo, el cual, de manera directa, inmediata, sin medidas de transición, es irrealizable en Rusia, pero es plenamente realizable y de imperiosa necesidad como resultado de este tipo de medidas de transición. (9) La tarea de organizar de inmediato y de manera especial en las aldeas Soviets de diputados obreros, es decir, Soviets de obreros agrícolas asalariados, separados de los Soviets de los demás diputados campesinos, se plantea con extrema urgencia en este contexto.

Tal es, en resumen, el programa que hemos esbozado, basado en la consideración de las fuerzas de clase de la revolución rusa y mundial, así como en la experiencia de 1871 y 1905.

Intentemos ahora echar un vistazo general a este programa en su conjunto, deteniéndonos de paso en cómo abordó este tema K. Kautsky, el mayor teórico de la «2ª» Internacional (1889–1914) y el representante más destacado de la corriente del «centro», del «pantano», que vacila entre los socialchovinistas y los internacionalistas revolucionarios y que se observa en todos los países. Kautsky abordó este tema en su revista «Nuevo Tiempo»{33} («Die Neue Zeit», n.º del 6 de abril de 1917, según el nuevo estilo), en el artículo: «Perspectivas de la revolución rusa».

«Ante todo –escribe Kautsky–, debemos esclarecer por nosotros mismos las tareas que afronta un régimen proletario revolucionario» (la estructura estatal).

«Dos cosas –continúa el autor– son imperiosamente necesarias para el proletariado: la democracia y el socialismo».

Esta tesis, absolutamente indiscutible, la expone Kautsky, por desgracia, de una forma desmesuradamente general, de modo que, en esencia, no aporta ni aclara nada. Miliukov y Kerenski, miembros del gobierno burgués e imperialista, suscribirían de buen grado esta tesis general, el uno en su primera parte, el otro en la segunda…[7]

Escrito el 26 de marzo (8 de abril) de 1917.

Publicado por primera vez en 1924 en la revista *Bolchevique* n.º 3–4.

Se publica según el manuscrito.