S. 117: «Ahora bien, la insurrección es un arte, lo mismo que la guerra u otros artes, y está sujeta a ciertas reglas cuyo olvido conduce a la ruina del partido que incurre en él. Estas reglas, deducciones lógicas de la naturaleza de los partidos y de las circunstancias con que en tales casos se tiene que habérselas, son tan claras y sencillas que la breve experiencia de 1848 familiarizó bastante a los alemanes con ellas. En primer lugar, no hay que jugar jamás con la insurrección si no se está resuelto a aceptar todas las consecuencias del juego. La insurrección es un cálculo con magnitudes muy inciertas, cuyo valor puede variar cada día; las fuerzas armadas contra las que hay que luchar tienen de su parte por completo la ventaja de la organización, la disciplina y la autoridad tradicional; si no se pueden oponer a ellas grandes fuerzas de resistencia, se es derrotado y aniquilado. En segundo lugar, una vez comenzada la insurrección, hay que actuar con la mayor decisión y tomar la ofensiva. La defensiva es la muerte de todo levantamiento armado; éste está perdido antes de haberse medido con el enemigo. Sorprende a tus adversarios mientras sus tropas están dispersas; procura obtener diariamente nuevos éxitos, aunque sean pequeños; mantén el ascendiente moral que te ha dado el primer levantamiento triunfante; atrae hacia ti a los elementos vacilantes que siempre siguen el empuje más fuerte y siempre se ponen del lado más seguro; obliga a tus enemigos a batirse en retirada antes de que puedan reunir sus fuerzas contra ti; en una palabra, según las palabras de Danton, el más grande maestro de táctica revolucionaria conocido hasta ahora: ¡de l'audace, de l'audace, encore de l'audace!» (118).

Escrito en enero-febrero de 1917.  
Publicado por primera vez en 1930  
en la Recopilación Leninista XIV.  

Se imprime según el manuscrito.