No es necesario detenerse largamente en la situación política. La cuestión política se aproxima ahora estrechamente a la cuestión militar. Está demasiado claro que Kérenski ha atraído a los kornilovistas, no tiene en quien más apoyarse. En Moscú han tomado el Kremlin, pero los arrabales, donde viven los obreros y la población más pobre en general, no están en su poder. En el frente no hay nadie que apoye a Kérenski. Incluso los elementos vacilantes, como, por ejemplo, los miembros del sindicato ferroviario, se manifiestan a favor del decreto sobre la paz y sobre la tierra.

La inmensa mayoría del campesinado, de los soldados y de los obreros está a favor de la política de paz.

Ésta no es una política de los bolcheviques, no es en general una política «de partido», sino la política de los obreros, de los soldados y del campesinado, es decir, de la mayoría del pueblo. No llevamos a cabo el programa de los bolcheviques, y en la cuestión agraria nuestro programa está tomado íntegramente de los mandatos campesinos.

Pero es culpa nuestra que los eseristas y mencheviques se hayan ido. Se les propuso compartir el poder, pero ellos quieren esperar a que termine la lucha contra Kérenski.

Invitamos a todos a participar en el gobierno. Los eseristas de izquierda{16} declararon que quieren apoyar la política del gobierno soviético. Ni siquiera se atrevieron a declarar su desacuerdo con el programa del nuevo gobierno.

En provincias creen en periódicos como «Delo Naroda»{17}. Aquí todos saben que los eseristas y mencheviques se fueron porque quedaron en minoría. La guarnición de Petrogrado lo sabe. Sabe que queríamos un gobierno soviético de coalición. No excluimos a nadie del Soviet. Si no quisieron trabajar conjuntamente, tanto peor para ellos. Las masas de soldados y campesinos no seguirán a los mencheviques ni a los eseristas. No dudo de que en cualquier asamblea obrera y de soldados, nueve décimas partes se manifestarán a nuestro favor.

El intento de Kérenski es una aventura tan miserable como el intento de Kornílov. Pero el momento es difícil ahora. Son necesarias medidas enérgicas para regularizar el abastecimiento de alimentos, para poner fin a las calamidades de la guerra. No podemos esperar ni tolerar un solo día la insurrección de Kérenski. Si los kornilovistas organizan una nueva ofensiva, se les responderá como hoy se ha respondido a la insurrección de los cadetes. Que los cadetes se quejen a sí mismos. Tomamos el poder casi sin derramamiento de sangre. Si hubo víctimas, fue sólo de nuestro lado. Todo el pueblo deseaba precisamente la política que lleva a cabo el nuevo gobierno. Éste no la tomó de los bolcheviques, sino de los soldados en el frente, del campesinado en la aldea y de los obreros en las ciudades.

El decreto sobre el control obrero debe aparecer en los próximos días. Repito: la situación política se ha reducido ahora a la situación militar. No podemos tolerar la victoria de Kérenski: entonces no habrá ni paz, ni tierra, ni libertad. No dudo de que los soldados y obreros de Petrogrado, que acaban de culminar una insurrección victoriosa, sabrán aplastar a los kornilovistas. Tuvimos deficiencias. Esto no hay que negarlo. Por ello perdimos algunas cosas. Pero estas deficiencias pueden ser eliminadas. Sin perder ni una hora, ni un minuto, es necesario organizarse uno mismo, organizar el estado mayor, esto es necesario hacerlo hoy mismo. Organizándonos, podremos asegurarnos la victoria en unos días, y quizás más rápido aún.

El gobierno, creado por la voluntad de los diputados obreros, soldados y campesinos, no tolerará que los kornilovistas se burlen de él.

La tarea política y la tarea militar son: la organización del estado mayor, la concentración de las fuerzas materiales, la provisión a los soldados de todo lo necesario; esto hay que hacerlo sin perder ni una hora, ni un minuto, para que todo siga adelante tan victoriosamente como hasta ahora.

# Intervención sobre la cuestión del armamento de las unidades

Se ha puesto fin al tiempo de gran desorganización. El jefe del estado mayor ha sido nombrado. De esto se informará. El período de vacilaciones ha pasado. La falta de orden militar y de enlaces fue sentida por nosotros muy agudamente. Ahora se ha establecido que en las unidades hay mucha unidad y entusiasmo. Ustedes mismos deben poner manos a la obra, comprobar por sí mismos cada acción: si se ha hecho lo encomendado, si se han puesto en contacto con las organizaciones obreras, etc. Los obreros acudirán en su ayuda en esto. Me permitiré darles un consejo: a través de la comisión de control o de los representantes de los regimientos, verifiquen cada comunicación, sin confiar en nadie, si la orden se ha cumplido, si son correctas las informaciones sobre las reservas. Pongan manos a la obra ustedes mismos, compruébenlo todo ustedes mismos, lleven la cuenta de cada reserva, de cada paso: ésta es la mejor garantía del éxito.

# Intervención sobre el restablecimiento del orden en la ciudad

Me adhiero plenamente a la opinión expresada: una parte del trabajo de protección de la ciudad deben asumirla los obreros. En este trabajo conjunto, los soldados enseñarán a los obreros a manejar las armas. Nuestra tarea, que no debemos perder de vista ni por un minuto, es el armamento universal del pueblo y la abolición del ejército permanente. Si la población obrera es incorporada, el trabajo será más fácil. Es práctica la propuesta de los camaradas de reunirse cada día. Es justo que la revolución rusa aporta muchas cosas nuevas que ninguna revolución ha tenido. Un órgano como los Soviets de diputados obreros y soldados no ha existido. Necesitan fusionarse con los obreros, ellos les darán todo aquello que la burguesía hasta ahora daba mal. Cada unidad debe preocuparse junto con la organización de los obreros de que todo lo necesario para esta guerra suya esté pertrechado, sin esperar instrucciones de arriba. Hay que emprender esta tarea autónomamente desde esta misma noche. Que no esperen indicaciones del estado mayor, sino que la propia unidad haga propuestas. Ustedes disponen de un medio tal como nunca tuvo la burguesía: ellos tienen un solo medio: comprar, mientras que ustedes pueden ponerse en contacto con los propios obreros que producen todo esto.

«Pravda» № 174, 13 de noviembre (31 de octubre) de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda»