1. La completa desorganización de toda la vida económica en Rusia ha alcanzado tal grado que una catástrofe de dimensiones inauditas, que paraliza por completo toda una serie de las más importantes producciones, que priva a los agricultores de la posibilidad de llevar la hacienda en las proporciones necesarias, que interrumpe las comunicaciones ferroviarias, que priva a la población industrial de millones de personas y a las ciudades del suministro de pan, tal catástrofe se ha hecho inevitable. Es más, la ruina ya ha comenzado, abarcando una serie de ramas. La lucha exitosa contra la ruina es posible únicamente mediante la máxima tensión de las fuerzas del pueblo y la adopción de una serie de medidas revolucionarias inmediatas tanto en las localidades como en el centro del poder estatal.

2. No se puede encontrar la salvación de la catástrofe ni por la vía burocrática, es decir, creando instituciones con predominio de capitalistas y funcionarios, ni bajo la condición de salvaguardar las ganancias de los capitalistas, su omnipotencia en la producción, su dominio sobre el capital financiero, su secreto comercial respecto a sus asuntos bancarios, comerciales e industriales. Esto lo ha establecido con absoluta claridad la experiencia de toda una serie de manifestaciones parciales de la crisis en distintas ramas de la producción.

3. El camino hacia la salvación de la catástrofe reside únicamente en el establecimiento de un verdadero control obrero sobre la producción y la distribución de los productos. Para tal control es necesario, en primer lugar, que en todas las instituciones decisivas esté asegurada a los obreros una mayoría de no menos de tres cuartas partes de todos los votos, con la participación obligatoria tanto de los empresarios que no se hayan retirado de los negocios como del personal técnica y científicamente formado; en segundo lugar, que los comités de fábrica y de taller, los Soviets centrales y locales de diputados obreros, soldados y campesinos, así como los sindicatos, obtengan el derecho a participar en el control, con la apertura para ellos de todos los libros comerciales y bancarios y la obligación de comunicarles todos los datos; en tercer lugar, que los representantes de todos los grandes partidos democráticos y socialistas obtengan el mismo derecho.

4. El control obrero, ya reconocido por los capitalistas en una serie de casos de conflicto, debe ser desarrollado de inmediato, mediante una serie de medidas cuidadosamente meditadas y graduales, pero aplicadas sin ninguna dilación, hasta convertirse en la plena regulación de la producción y distribución de los productos por los obreros.

5. El control obrero debe extenderse, con los mismos derechos, a todas las operaciones financieras y bancarias, con el esclarecimiento de toda la situación financiera del asunto y con la participación de los Soviets y congresos de empleados bancarios, de sindicatos y demás, que se organicen de inmediato.

6. La salvación del país de la catástrofe exige que a la población obrera y campesina se le infunda ante todo, no con palabras sino con hechos, la más plena e incondicional confianza en que las instituciones dirigentes y con plenos poderes, tanto en las localidades como en el centro del estado, no vacilan en transferir a manos del pueblo la mayor parte de las ganancias, las rentas y los bienes de los más grandes y grandes magnates bancarios, financieros, comerciales e industriales de la economía capitalista. Sin poner en práctica en los hechos esta medida, no se puede ni exigir ni esperar la aplicación de medidas verdaderamente revolucionarias y una tensión de la energía verdaderamente revolucionaria de la masa obrera y campesina de la población.

7. El objetivo de la organización estatal debe ser, en vista de la completa desorganización de todo el sistema financiero y de todo el asunto monetario, en vista de la imposibilidad de sanearlo mientras dure la guerra, organizar, en amplia escala regional y luego estatal, el intercambio de aperos agrícolas, ropa, calzado y otros productos semejantes por pan y otros productos agrícolas. Amplia incorporación de las cooperativas urbanas y rurales a la participación en este asunto.

8. Solo después de la aplicación de las medidas señaladas es posible y necesario implantar el servicio universal de trabajo. Esta medida, a su vez, exige la introducción de la milicia obrera, con el servicio gratuito de los obreros en ella fuera de la jornada de ocho horas, para pasar a la milicia popular general con el pago del trabajo de los obreros y empleados a cargo de los capitalistas. Solo esta milicia obrera y la milicia popular que surja de ella pueden y deben implantar el servicio universal de trabajo no de manera burocrática ni en interés de los capitalistas, sino realmente en interés de la salvación del pueblo de la catástrofe. Y solo esta milicia puede y debe introducir una disciplina verdaderamente revolucionaria y lograr la máxima tensión de las fuerzas de todo el pueblo para la salvación de la catástrofe. Únicamente el servicio universal de trabajo está en condiciones de realizar la mayor economía de las fuerzas del trabajo del pueblo.

9. Una de las tareas más importantes entre las medidas para salvar al país de la catástrofe debe ser el traslado de fuerzas obreras, en gran cantidad, a la producción de carbón, materias primas y al transporte. Igualmente necesario es el traslado gradual de fuerzas obreras de la producción de proyectiles de guerra a la producción de los productos necesarios para la restauración de la economía.

10. La aplicación planificada y exitosa de todas las medidas señaladas es posible únicamente con el paso de todo el poder estatal a manos de los proletarios y semiproletarios.

«El Socialdemócrata» núm. 64, 25 de mayo (1 de junio) de 1917.  
Se imprime según el manuscrito.