9. La manifestación más grande, más brillante de la oleada pequeñoburguesa que ha inundado «casi todo», hay que reconocer el defensismo revolucionario. Precisamente éste es el peor enemigo del ulterior movimiento y del éxito de la revolución rusa.

Quien ha cedido en este punto y no ha sabido liberarse, está perdido para la revolución. Pero las masas ceden de distinto modo que los jefes, y de distinto modo, por un distinto curso del desarrollo, por un distinto método se liberan.

El defensismo revolucionario es, por un lado, fruto del engaño de las masas por la burguesía, fruto de la confiada inconsciencia de los campesinos y de una parte de los obreros, y por otro lado, expresión de los intereses y del punto de vista del pequeño propietario, que está interesado hasta cierto punto en las anexiones y en las ganancias bancarias y que conserva «sagradamente» las tradiciones del zarismo, que corrompía a los gran rusos con el verdugueo sobre otros pueblos.

La burguesía engaña al pueblo, jugando con el noble orgullo por la revolución y presentando el asunto como si el carácter social-político de la guerra por parte de Rusia hubiera cambiado a partir de esta etapa de la revolución, de la sustitución de la monarquía zarista por la república casi de Guchkov y Miliukov. Y el pueblo creyó – por algún tiempo – gracias, en buena medida, a los prejuicios del viejo régimen, que hacen ver en los otros pueblos de Rusia, fuera del gran ruso, algo así como propiedad o patrimonio de los gran rusos. La vil corrupción del pueblo gran ruso por el zarismo, que lo habituaba a ver en los otros pueblos algo inferior, algo que «por derecho» pertenece a la Gran Rusia, no podía disiparse de golpe.

De nosotros se exige la capacidad de explicar a las masas que el carácter social-político de la guerra no está determinado por la «buena voluntad» de personas y grupos, incluso de pueblos, sino por la situación de la clase que conduce la guerra, por la política de la clase de la cual la guerra es una continuación, por los vínculos del capital como fuerza económica dominante en la sociedad moderna, por el carácter imperialista del capital internacional, por la dependencia – financiera, bancaria, diplomática – de Rusia respecto a Inglaterra y Francia, etc. Explicar esto con habilidad y de modo comprensible para las masas no es fácil, ninguno de nosotros sabría hacerlo de inmediato sin errores.

Pero la orientación o, mejor dicho, el contenido de nuestra propaganda debe ser ese y sólo ese. La más mínima concesión al defensismo revolucionario es una traición al socialismo, una renuncia total al internacionalismo, por muy bonitas frases o muy «prácticas» consideraciones con que se pretenda justificar.

La consigna de «abajo la guerra» es justa, por supuesto, pero no tiene en cuenta la peculiaridad de las tareas del momento, la necesidad de abordar a la amplia masa de otro modo. Se parece, en mi opinión, a la consigna de «abajo el zar», con la cual el torpe agitador de los «buenos viejos tiempos» iba simple y directamente a la aldea – y recibía palizas. Los representantes masivos del defensismo revolucionario son concienzudos, no en sentido personal, sino en sentido de clase, es decir, pertenecen a aquellas clases (los obreros y los campesinos más pobres) que realmente no se benefician de las anexiones ni del sojuzgamiento de otros pueblos. Esto no es lo que los burgueses y los señores «intelectuales», que saben perfectamente que no se puede renunciar a las anexiones sin renunciar al dominio del capital, y engañan sin escrúpulos a las masas con frases bonitas, promesas sin medida y ofrecimientos sin número.

El representante masivo del defensismo mira el asunto de manera simple, pequeñoburguesa: «yo no quiero anexiones, a mí me «aprieta» el alemán, por tanto, defiendo una causa justa, y no unos intereses imperialistas». A esa persona hay que explicarle y explicarle que la cuestión no está en sus deseos personales, sino en las relaciones y condiciones de masas, de clase, políticas, en el vínculo de la guerra con los intereses del capital y con la red internacional de los bancos, etc. Sólo esta lucha contra el defensismo es seria y promete éxito, quizá no muy rápido, pero seguro y sólido.