Hemos examinado los diversos medios y métodos de lucha contra la catástrofe y el hambre. Hemos visto por doquier la irreconciliabilidad del antagonismo entre la democracia, por una parte, y el gobierno, así como el bloque de socialrevolucionarios y mencheviques que lo apoya, por la otra. Para demostrar que estos antagonismos existen en la realidad, y no sólo en nuestra exposición, y que su irreconciliabilidad está probada de hecho por conflictos de alcance nacional, basta recordar dos «balances» y enseñanzas particularmente típicos de la historia semestral de nuestra revolución.

La historia del «reinado» de Pálchinski es una enseñanza; la historia del «reinado» y caída de Peshejónov, otra.

En esencia, las medidas de lucha contra la catástrofe y el hambre arriba descritas se reducen a fomentar por todos los medios (incluso mediante la coacción) la «sindicación» de la población y, en primer término, de la democracia, es decir, de la mayoría de la población; lo que significa, ante todo, de las clases oprimidas, de los obreros y campesinos, sobre todo los más pobres. Y fue éste precisamente el camino que la propia población empezó a seguir de manera espontánea en su lucha contra las inauditas dificultades, privaciones y calamidades de la guerra.

El zarismo obstaculizó en todos los sentidos la «sindicación» independiente y libre de la población. Pero, tras la caída de la monarquía zarista, comenzaron a surgir y crecer rápidamente en toda Rusia las organizaciones democráticas. La lucha contra la catástrofe fue emprendida por organizaciones democráticas espontáneas, comités de abastecimiento de todo tipo, comités de víveres, conferencias sobre el combustible, etc., etc.

Y lo más notable en toda la historia semestral de nuestra revolución, en lo que se refiere al problema que examinamos, es que el gobierno, que se llama a sí mismo republicano y revolucionario, el gobierno apoyado por los mencheviques y socialrevolucionarios en nombre de los «órganos plenipotenciarios de la democracia revolucionaria», ¡ese gobierno combatió contra las organizaciones democráticas y las venció!

Pálchinski se granjeó con esta lucha la más triste y la más amplia notoriedad en toda Rusia. Actuaba a espaldas del gobierno, sin presentarse abiertamente ante el pueblo (exactamente igual que preferían actuar los kadetes en general, que de buen grado ponían por delante «para el pueblo» a Tsereteli, mientras ellos apañaban en secreto todos los asuntos importantes). Pálchinski entorpecía y saboteaba todas las medidas serias de las organizaciones democráticas espontáneas, pues ninguna medida seria podía llevarse a cabo sin «perjuicio» para las desmedidas ganancias y la arbitrariedad de los Kit Kítychi. Y Pálchinski era precisamente un fiel defensor y servidor de los Kit Kítychi. Se llegó al extremo —y este hecho fue publicado en la prensa— de que Pálchinski ¡¡anuló abiertamente disposiciones de las organizaciones democráticas espontáneas!!

Toda la historia del «reinado» de Pálchinski —y «reinó» muchos meses, precisamente cuando Tsereteli, Skóbelev y Chernov eran «ministros»— es un solo escándalo continuo y vergonzoso, un sabotaje de la voluntad del pueblo, de las decisiones de la democracia, para complacer a los capitalistas, en aras de su sucia codicia. En los periódicos sólo pudo aparecer, naturalmente, una parte insignificante de las «hazañas» de Pálchinski, y sólo un gobierno verdaderamente democrático del proletariado, cuando éste conquiste el poder y entregue al tribunal del pueblo, sin ocultar nada, los casos de Pálchinski y sus semejantes, podrá llevar a cabo una investigación completa de cómo saboteó la lucha contra el hambre.

Quizá se objete que Pálchinski fue una excepción y que, justamente por eso, lo destituyeron... Pero la cuestión es que Pálchinski no es una excepción, sino la regla; que con la destitución de Pálchinski la cosa no mejoró en absoluto; que su puesto fue ocupado por otros Pálchinski con distinto apellido; que toda la «influencia» de los capitalistas, toda la política de sabotaje de la lucha contra el hambre en su provecho permaneció intangible. Porque Kérenski y Cía. no son más que una pantalla para la defensa de los intereses de los capitalistas.

La prueba más palpable de ello es la dimisión del ministerio de Peshejónov, ministro de Abastecimientos. Como se sabe, Peshejónov es el más moderado de los populistas. Pero en lo que atañe a la organización del abastecimiento de víveres, quería trabajar con conciencia, en contacto con las organizaciones democráticas, apoyándose en ellas. ¡Tanto más interesante resulta la experiencia de Peshejónov y su dimisión cuanto que incluso este populista moderadísimo, miembro del partido «socialista popular», dispuesto a aceptar cualquier tipo de compromiso con la burguesía, se vio sin embargo obligado a dimitir! Porque el gobierno de Kérenski, para complacer a los capitalistas, a los terratenientes y a los kulaks, ¡¡elevó los precios fijos del trigo!!

Así describe este «paso» y su significado M. Smith en el número 1 del periódico «Vida Libre»{77}, del 2 de septiembre:

«Pocos días antes de que el gobierno adoptara la subida de los precios fijos, tuvo lugar en el Comité Nacional de Abastecimientos la siguiente escena: el representante de la derecha, Rólovich, defensor acérrimo de los intereses del comercio privado y enemigo implacable del monopolio del trigo y de la intervención del Estado en la vida económica, declaró públicamente, con sonrisa satisfecha, que, según sus informaciones, los precios fijos del trigo serían aumentados en breve.

A esto replicó el representante del Soviet de Diputados Obreros y Soldados que él no sabía nada semejante, que mientras durase la revolución en Rusia no podía tener lugar semejante acto y que, en cualquier caso, el gobierno no podía dar ese paso sin consultar a los órganos competentes de la democracia: el Consejo Económico y el Comité Nacional de Abastecimientos. A esta declaración se sumó también el representante del Soviet de Diputados Campesinos.

Pero, ¡ay!, la realidad introdujo una corrección muy cruel en esta controversia: quienes tenían razón no eran los representantes de la democracia, sino el representante de los elementos censitarios. Éste resultó perfectamente informado del inminente atentado a los derechos de la democracia, por más que sus representantes hubieran rechazado con indignación la mera posibilidad de tal atentado.»

De modo que tanto el representante de los obreros como el del campesinado expresan claramente su opinión en nombre de la gigantesca mayoría del pueblo, ¡y el gobierno de Kérenski obra en sentido contrario, en interés de los capitalistas!

Rólovich, el representante de los capitalistas, resultó estar excelentemente informado a espaldas de la democracia, exactamente igual que siempre hemos observado, y seguimos observando ahora, que los periódicos burgueses, «Rech» y «Bírzhevka», están perfectamente informados de lo que ocurre en el gobierno de Kérenski.

¿Qué indica esta notable información? Está claro: que los capitalistas tienen sus propios «canales» y que el poder está de hecho en sus manos. Kérenski es un figurón al que recurren cuando y como les conviene. Los intereses de decenas de millones de obreros y campesinos se ven sacrificados a las ganancias de un puñado de ricos.

¿Qué responden a esta indignante burla contra el pueblo nuestros socialrevolucionarios y mencheviques? ¿Acaso han dirigido un llamamiento a los obreros y campesinos diciendo que Kérenski y sus colegas, después de esto, no merecen más que la cárcel?

¡Dios nos libre! ¡Los socialrevolucionarios y mencheviques, a través de la «Sección Económica» que les pertenece, se limitaron a aprobar una amenazadora resolución que ya hemos mencionado! En dicha resolución declaran que la subida de los precios del trigo por el gobierno de Kérenski es una «medida perniciosa que asesta un durísimo golpe tanto a la causa del abastecimiento como a toda la vida económica del país» y que estas medidas perniciosas han sido adoptadas ¡¡en directa «violación» de la ley!!

¡Tales son los resultados de la política de conciliación, de la política de coquetear con Kérenski y del deseo de «contemporizar» con él!

El gobierno viola la ley al adoptar, en provecho de los ricos, los terratenientes y los capitalistas, una medida que arruina toda la obra de control, abastecimiento y saneamiento de unas finanzas sumamente quebrantadas. ¡¡Y los socialrevolucionarios y mencheviques siguen hablando de acuerdo con los círculos comerciales e industriales, continúan asistiendo a conferencias con Teréshchenko, contemporizan con Kérenski y se limitan a una resolución de protesta sobre el papel, que el gobierno guarda tranquilamente en el cajón!!

Aquí se revela con particular claridad la verdad de que los socialrevolucionarios y mencheviques han traicionado al pueblo y a la revolución, y que los bolcheviques se convierten en los verdaderos dirigentes de las masas, incluso de las masas socialrevolucionarias y mencheviques.

Pues sólo la conquista del poder por el proletariado, con el partido bolchevique a su cabeza, sería capaz de poner fin a la desvergüenza que cometen Kérenski y Cía., y de restablecer la labor de las organizaciones democráticas de abastecimiento, de víveres, etc., que Kérenski y su gobierno sabotean.

Los bolcheviques actúan —y en el ejemplo citado esto se ve con total claridad— como representantes de los intereses de todo el pueblo, de los intereses de la causa del abastecimiento y los víveres, de los intereses de la satisfacción de las necesidades más perentorias de los obreros y campesinos, en contra de esa política vacilante, indecisa y verdaderamente traidora de los socialrevolucionarios y mencheviques, que ha llevado al país a la vergüenza, ¡semejante a esta subida de los precios del trigo!