1.  Acta de la sesión

Nosotros definimos con mucha mayor exactitud que otros partidos, y por anticipado, la línea política que fue consolidada en resoluciones. La vida nos ha planteado una situación completamente nueva. El principal error que cometen los revolucionarios es mirar hacia atrás, hacia las viejas revoluciones. La vida, sin embargo, aporta demasiadas cosas nuevas que es necesario incorporar a la cadena general de los acontecimientos.

Las fuerzas motrices de la revolución las definimos de manera absolutamente correcta. Los acontecimientos justificaron nuestras viejas posiciones bolcheviques, pero nuestra desgracia reside en que los camaradas querían seguir siendo los «viejos» bolcheviques. El movimiento de masas se daba solo en el proletariado y el campesinado. La burguesía de Europa Occidental siempre estuvo en contra de la revolución. Tal es la situación a la que estábamos acostumbrados. Resultó de otro modo. La guerra imperialista escindió a la burguesía de Europa, y esto creó la situación de que los capitalistas anglo-franceses, por sus objetivos imperialistas, se convirtieran en partidarios de la revolución rusa. Los capitalistas ingleses entablaron directamente una conspiración con Guchkov, Miliukov y los altos mandos del ejército. Los capitalistas anglo-franceses se pusieron del lado de la revolución. Los periódicos europeos informan de toda una serie de casos de viajes de emisarios de Inglaterra y Francia para negociar con «revolucionarios» como Guchkov. Este es un aliado imprevisto de la revolución. Esto condujo a que la revolución resultase como nadie esperaba. Obtuvimos aliados no solo en la persona de la burguesía rusa, sino también de los capitalistas anglo-franceses. Cuando yo decía esto mismo en una conferencia en el extranjero[44], un menchevique me dijo que no teníamos razón, pues resultaba que la burguesía era necesaria para el éxito de la revolución. Yo le respondí que eso fue «necesario» únicamente para que la revolución triunfara en ocho días. Pues Miliukov ya declaraba antes de la revolución que si la victoria pasa por la revolución, él está en contra de la victoria. No se pueden olvidar estas palabras de Miliukov.

Así pues, la revolución en su primera etapa se desarrolló como nadie esperaba. Los bolcheviques dieron respuesta a la cuestión de la posibilidad de la «defensa de la patria»: si triunfa la revolución burguesa-chovinista (n.º 47 de «Sotsial-Demokrat»), la defensa de la patria es imposible también en ese caso[45]. La originalidad de la situación reside en la dualidad de poderes. En el extranjero, donde no llega ni un periódico más a la izquierda que «Rech» y donde los periódicos burgueses anglo-franceses hablan del Gobierno Provisional con plenos poderes y del «caos» en la persona del Soviet de Diputados Obreros y Soldados, nadie tiene una idea exacta de la dualidad de poderes. Solo aquí, sobre el terreno, hemos sabido ya que el Soviet de Diputados Obreros y Soldados entregó el poder al Gobierno Provisional. El Soviet de Diputados Obreros y Soldados es la realización de la dictadura del proletariado y de los soldados; entre estos últimos, la mayoría son campesinos. Esto es, precisamente, la dictadura del proletariado y el campesinado. Pero esta «dictadura» ha llegado a un acuerdo con la burguesía. Aquí es donde se hace necesaria la revisión del «viejo» bolchevismo. La situación creada muestra que la dictadura del proletariado y del campesinado se ha entrelazado con el poder de la burguesía. La situación es asombrosamente singular. No ha habido revoluciones en las que los representantes del proletariado y el campesinado revolucionarios, estando armados, concertaran una alianza con la burguesía y, teniendo el poder, se lo cedieran a la burguesía. La burguesía tiene en sus manos la fuerza del capital y la fuerza de la organización. Hay que asombrarse todavía de que los obreros resultaran estar, a pesar de todo, suficientemente organizados. La revolución burguesa en Rusia está terminada, por cuanto el poder ha ido a parar a manos de la burguesía. Aquí los «viejos bolcheviques» refutan: «no está terminada: no hay dictadura del proletariado y el campesinado». Pero el Soviet de Diputados Obreros y Soldados es esa dictadura.

El movimiento agrario puede seguir dos caminos. Los campesinos tomarán la tierra, y la lucha entre el proletariado rural y el campesino acomodado no estallará. Pero esto es poco probable, pues la lucha de clases no espera. Repetir ahora lo que decíamos en 1905, y no hablar de la lucha de clases en el campo, es una traición a la causa proletaria.

Ya ahora vemos en las decisiones de una serie de congresos campesinos la idea de esperar con la solución de la cuestión agraria hasta la Asamblea Constituyente: esto es una victoria del campesinado acomodado, que se inclina hacia los kadetes. Los campesinos ya están tomando la tierra. Los socialistas-revolucionarios los frenan, proponiéndoles esperar hasta la Asamblea Constituyente. Hay que unir la reivindicación de tomar la tierra ahora mismo con la propaganda de crear Soviets de diputados de braceros. La revolución democrático-burguesa está terminada. El programa agrario hay que llevarlo a cabo de una manera nueva. La misma lucha de los grandes propietarios contra los pequeños por el poder, que existe ahora aquí, se dará también en el campo. Solo la tierra es todavía poco para los campesinos. El número de campesinos sin caballo ha aumentado mucho. La revolución agraria la estamos desarrollando ahora nosotros solos, diciendo a los campesinos que tomen la tierra ahora mismo. Hay que tomar la tierra de manera organizada. No destruir los bienes. El movimiento agrario, por consiguiente, es solo una previsión, pero no un hecho. La tarea de los marxistas consiste en explicar a los campesinos la cuestión del programa agrario; hay que trasladar su centro de gravedad al Soviet de diputados de braceros. Pero hay que estar preparado para que el campesinado pueda unirse a la burguesía, como lo ha hecho el Soviet de Diputados Obreros y Soldados. En consecuencia, el movimiento agrario aún hay que desarrollarlo. El campesinado acomodado se sentirá, naturalmente, atraído hacia la burguesía, hacia el Gobierno Provisional. Puede resultar más a la derecha que Guchkov.

Por ahora, la victoria del poder burgués está consumada. La situación económica de los campesinos los separa de los terratenientes. A los campesinos no les bastan los derechos sobre la tierra. Necesitan los Soviets de diputados de braceros. Quienes aconsejan a los campesinos esperar a la Asamblea Constituyente, los engañan.

Nuestra tarea consiste en deslindar la línea de clase del pantano pequeñoburgués: la burguesía hace magníficamente su trabajo, haciendo todo tipo de promesas, pero llevando a cabo de hecho su política de clase.

En los Soviets de Diputados Obreros y Soldados la correlación es tal que el poder se transfiere al Gobierno Provisional, y los propios socialistas se limitan a las «comisiones de contacto». Este gobierno, ciertamente, son los mejores hombres de confianza de su clase, pero no deja de ser una clase determinada. La pequeña burguesía se ha entregado por completo a él. Si no separamos la línea proletaria, traicionaremos la causa del proletariado. La burguesía domina o mediante el engaño o mediante la violencia. Ahora dominan la adulación y el engaño, y esto adormece a la revolución. Hacen concesiones en lo secundario. En lo principal (la revolución agraria) no hacen nada. Quien no vea que en Rusia, aparte de los bolcheviques, reina un defensismo revolucionario compacto, que este ha triunfado por doquier, no ve los hechos; y tal defensismo revolucionario es la entrega de todos los principios socialistas en nombre de los intereses de rapiña del gran capital, encubiertos con la frase de la «defensa de la patria», la entrega de la posición por parte de la pequeña burguesía. Cuando yo hablaba de la masa «honrada» defensista-revolucionaria, no me refería a una categoría moral, sino a una definición de clase. Las clases representadas en los Soviets de Diputados Obreros y Soldados no están interesadas en la guerra de rapiña. En Europa no es así. Allí se oprime al pueblo, a menudo se persigue a los pacifistas más oportunistas más que a nosotros, los pravdistas. En nuestro país, en cambio, el Soviet de Diputados Obreros y Soldados aplica su posición defensista-revolucionaria no mediante la violencia, sino mediante la confianza de las masas. Europa es una inmensa prisión militar. El capital gobierna allí de manera cruel. En toda Europa, a la burguesía hay que derrocarla, no convencerla. En Rusia, los soldados están armados: ellos mismos se dejaron engañar pacíficamente, aceptando supuestamente solo «defenderse» de Guillermo. Allí, en Europa, no existe el defensismo revolucionario «honrado», como en Rusia, donde el pueblo entregó el poder a la burguesía por oscuridad, por inercia, por la costumbre de soportar el palo, por tradición. Steklov, Chjeidze, son, de palabra, jefes, pero de hecho, rabos de la burguesía, a pesar de sus virtudes, su conocimiento del marxismo, etc.; políticamente están muertos. En nuestro país, el poder está en manos de los soldados, que están imbuidos de espíritu defensista. La posición objetiva de clase de los capitalistas es una sola. Ellos guerrean para sí mismos. Los soldados son proletarios y campesinos. Esto es otra cosa. ¿Tienen ellos interés en conquistar Constantinopla? No, ¡sus intereses de clase están contra la guerra! He aquí por qué se los puede ilustrar, convencer. El quid de la situación política en este momento es saber explicar la verdad a las masas. No se puede considerar que «nos apoyamos» en la masa revolucionaria, etc., no se puede, mientras no expliquemos a los soldados o a las masas inconscientes el significado de la consigna «¡Abajo la guerra!».

¿Qué es el Soviet de Diputados Obreros y Soldados? Su significado de clase es el de poder directo. Plena libertad política, por supuesto, no la tenemos. Pero una libertad como en Rusia no la hay ahora en ninguna parte. «¡Abajo la guerra!» no significa arrojar el fusil. Significa el traspaso del poder a otra clase. El centro de gravedad de toda la posición actual es explicar esto. El blanquismo consistía en que aspiraba a la toma del poder apoyándose en la minoría. En nuestro caso es completamente distinto. Todavía estamos en minoría, somos conscientes de la necesidad de conquistar a la mayoría. Necesitamos, a diferencia de los anarquistas, el Estado para la transición al socialismo. La Comuna de París nos dio el modelo de Estado del tipo del Soviet de diputados obreros: el poder directo de los obreros organizados y armados, la dictadura de los obreros y los campesinos. El papel de los Soviets, el significado de tal dictadura, es la violencia organizada contra la contrarrevolución, la defensa de las conquistas de la revolución en interés de la mayoría, apoyándose en la mayoría. No puede haber dualidad de poderes en el Estado. Los Soviets de diputados son un tipo de Estado en el que la policía es imposible. Aquí el propio pueblo se gobierna a sí mismo, aquí es imposible el retorno a la monarquía. El ejército y el pueblo deben fundirse: ¡he aquí la victoria de la libertad! Todos deben poseer armas. Para conservar la libertad, es necesario el armamento general del pueblo: esta es la esencia de la Comuna. No somos anarquistas que niegan la organización del Estado, es decir, la violencia en general y, en particular, el Estado de los propios obreros organizados y armados, la organización del Estado a través de sus Soviets. La vida ha entrelazado la dictadura del proletariado y el campesinado con la dictadura de la burguesía. El siguiente peldaño es la dictadura del proletariado, pero este aún no está suficientemente organizado e ilustrado, hay que ilustrarlo. Son necesarios en todo el Estado Soviets de diputados obreros y de otros tipos, esto es una exigencia de la vida. No hay otro camino. ¡Esto es la Comuna de París! El Soviet de diputados obreros no es una organización sindical, cosa que desea la burguesía. El pueblo lo ve de otra manera y más correcta: ve en él el poder. Ve que el camino para salir de la guerra es la victoria de los Soviets de diputados obreros. He aquí el tipo de Estado con el que se puede marchar hacia el socialismo. Cuando el poder lo toma un grupo, esto es aún poca cosa. La revolución rusa se ha elevado más: no puede haber otro poder que el Soviet, y la burguesía lo teme. Mientras los Soviets no hayan tomado el poder, nosotros no lo tomaremos. A los Soviets debe empujarlos hacia el poder una fuerza viva. De otro modo, no saldremos de la guerra que libran los capitalistas engañando al pueblo. Todos los países están al borde de la perdición; hay que tomar conciencia de ello; no hay salida fuera de la revolución socialista. El gobierno debe ser derrocado, pero no todos lo entienden correctamente. Si el poder del Gobierno Provisional se apoya en el Soviet de diputados obreros, no se le puede derrocar «simplemente». Se le puede y se le debe derrocar conquistando la mayoría en los Soviets. O adelante, hacia la omnipotencia de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, o atrás, hacia la guerra imperialista: no hay otro camino. Kautsky negaba la posibilidad de la revolución durante la guerra. La vida ya lo ha refutado.

En lo que se refiere a la estatalización de los bancos y el control sobre ellos, económicamente esto es posible, económicamente nada lo impide, desde el momento en que el poder está en manos de los obreros. Es comprensible que, con semejantes puntos de vista sobre las tareas del proletariado, no se pueda ni hablar de la unificación con los «defensistas».

Sobre el nuevo nombre del partido: la palabra «socialdemocracia» es incorrecta, no es científicamente exacta, Marx y Engels lo reconocieron en repetidas ocasiones. Si ellos «toleraron» esta palabra, fue porque después de 1871 existía una situación especial: se requería una preparación lenta de las masas populares, la revolución no estaba al orden del día. La democracia es también un Estado, y ya la Comuna de París se elevó por encima de ella. Ahora el mundo entero está planteado ante la cuestión práctica de la transición al socialismo. El socialdemócrata Plejánov y otros social-chovinistas en todo el mundo han traicionado al socialismo. Debemos llamarnos «Partido Comunista».

2.  Reseña periodística

Las viejas fórmulas tradicionales (dictadura del proletariado y el campesinado) ya no satisfacen las condiciones modificadas. La dictadura democrático-revolucionaria se ha realizado, pero no en la forma que habíamos previsto: entrelazada con la dictadura de la burguesía imperialista. La guerra imperialista ha barajado todas las cartas: a los encarnizados adversarios de la revolución, los capitalistas anglo-franceses, los ha convertido en auxiliares de la revolución para la victoria (así como a las altas esferas del mando del ejército y de la burguesía contrarrevolucionaria).

Esta coyuntura de circunstancias, excepcional en la historia, ha provocado una dictadura doble: la dictadura de la burguesía y la dictadura de la democracia revolucionaria. Nunca el pueblo había ido a la zaga de la burguesía en el aspecto organizativo; en Rusia, el pueblo creó su propio poder organizado, sin alcanzar al mismo tiempo la independencia política. De ahí la dualidad de poderes, la actitud inconscientemente confiada de la mayoría pequeñoburguesa de las masas de soldados y de una parte de los obreros hacia el Gobierno Provisional, la subordinación voluntaria de la democracia revolucionaria a la dictadura burguesa. La peculiaridad del momento reside en que la creación de una mayoría sólida y consciente del lado de la política proletaria (todas las demás corrientes políticas han pasado por entero a la posición de la pequeña burguesía) se ve obstaculizada por la falta de conciencia de las masas. La democracia revolucionaria es una reunión de los más diversos (¡por su posición de clase e intereses, que no son en absoluto lo mismo!) elementos. Su estratificación: en el campo, los campesinos acomodados, afianzados por la ley del 9 de noviembre, y los más pobres, con un solo caballo o sin caballo; en la ciudad, las capas que se adhieren a la clase obrera y los pequeños propietarios. La separación de los proletarios y semiproletarios de la pequeña burguesía es inevitable, pero es posible que la cohesión de los elementos propietarios del bloque revolucionario llegue hasta el punto de prevalecer sobre la organización de las masas en torno a las consignas proletarias. Por eso no está descartado que el poder quede en manos de la burguesía, que no se produzca el traspaso del poder a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. Conclusión: no tenemos ante nosotros la tarea de derrocar el Gobierno Provisional (este se sostiene por la confianza de las masas pequeñoburguesas y de una parte de las obreras), sino la de explicar minuciosamente las tareas de clase y la organización.