Al anunciar la convocatoria de la 2ª Conferencia Socialista Internacional, la I.S.K. publicó los siguientes puntos más importantes del orden del día:

5. «La lucha por el fin de la guerra»
6. «Las cuestiones de la paz»
7a. Las fracciones parlamentarias
7b. Las manifestaciones
8. El B.S.I.

La I.S.K. ha invitado a las organizaciones a debatir estas cuestiones y a enviar sus propuestas.

He aquí la respuesta del Comité Central de nuestro partido a esta invitación.

1. Así como toda guerra no es más que la continuación, por medios violentos, de la política que las potencias beligerantes y sus clases dominantes practicaron durante largos años o décadas antes de la guerra, la paz que pone fin a cualquier guerra no puede ser sino el balance y el registro de los cambios reales en la fuerza alcanzados como resultado de dicha guerra.

2. Por consiguiente, desde el punto de vista de la teoría, de la doctrina del socialismo, es la mayor de las necedades y de las estupideces, y en la práctica es el mayor engaño a la clase obrera, toda palabrería sobre la valoración de esta guerra basándose en «simples» conceptos de defensa y ataque, y sobre la valoración de la paz venidera basándose en «simples» piadosos deseos de una paz duradera, democrática, honorable, etc.

3. La presente guerra es una guerra imperialista, es decir, una guerra engendrada por las contradicciones en el terreno de un capitalismo altamente desarrollado, monopolista, maduro para la transición al socialismo. Esta guerra se libra por la hegemonía mundial, es decir, por una nueva opresión de las naciones débiles, un nuevo reparto del mundo, reparto de colonias, esferas de influencia, etc.; un reparto en el que las viejas potencias rapaces, Inglaterra, Francia, Rusia, cederían parte de su botín a una joven y más fuerte potencia rapaz, Alemania.

4. Por consiguiente, si la revolución del proletariado no derroca a los actuales gobiernos y a las actuales clases dominantes de las «grandes» potencias beligerantes, es absolutamente imposible otra paz que no sea una tregua más o menos breve entre las potencias imperialistas, [en condiciones de recrudecimiento de] una paz acompañada del recrudecimiento de la reacción en el interior de los Estados, del recrudecimiento de la opresión nacional y del sojuzgamiento de las naciones débiles, del aumento del material combustible que prepara nuevas guerras, etc., etc. Pues del contenido objetivo de la política engendrada por toda la época del imperialismo y practicada por la burguesía de todas las «grandes» potencias beligerantes tanto antes de esta guerra como durante ella, se desprende con inevitabilidad una paz basada en una nueva y peor opresión de las naciones, etc.

5. Despertar entre las masas populares pensamientos o esperanzas sobre la posibilidad de una paz duradera, democrática, etc., entre los actuales gobiernos y las actuales clases dominantes (es decir, la burguesía en alianza con los terratenientes), como lo hace la mayoría de los partidos socialistas oficiales, significa no sólo engañar desvergonzadamente al pueblo, sino también adormecerlo, apartarlo de la lucha revolucionaria que de hecho ya está empezando en forma de movimiento huelguístico y de manifestaciones.

6. Precisamente ese carácter de engaño al pueblo y de apartamiento del proletariado de la lucha revolucionaria tiene el «programa de paz» que «unánimemente» exponen ahora el representante oficial de la 2ª Internacional, Huysmans, en el congreso del S.D.A.P. de Holanda en Arnhem, y el más influyente teórico de la 2ª Internacional, el más influyente defensor de los socialpatriotas y socialchovinistas de todos los países, Kautsky. Su programa consiste en el reconocimiento verbal e hipócrita de unos cuantos buenos deseos democráticos: negación de las anexiones y de las contribuciones, autodeterminación de las naciones, democratización de la política exterior, tribunales de arbitraje para resolver los conflictos entre Estados, desarme, Estados Unidos de Europa, etc., etc.

7. La confirmación más evidente de que este «programa de paz» es pura hipocresía es, por un lado, su reconocimiento verbal por una serie de pacifistas burgueses y de ministros demagógicos de los países beligerantes, y por otro, su repetición por chovinistas notorios en las conferencias de los «socialistas» de un grupo de potencias beligerantes en Londres (II.1915) y del otro en Viena (IV.1915). Precisamente esos «socialistas» que ingresan en los ministerios burgueses que libran una guerra de rapiña, que votaron los créditos de guerra, que ayudaron a la guerra participando en diversas organizaciones e instituciones, etc., precisamente ellos, que en la práctica llevan a cabo una política de defensa de viejas y nuevas anexiones, de opresión colonial, etc., proclaman ante todo el mundo su «programa de paz» consistente en la negación de las anexiones, etc.

8. Cuando la máxima autoridad de la 2ª Internacional, Kautsky, declaró ante todo el mundo el 21 de mayo de 1915 (Neue Zeit) que ese acuerdo y «unanimidad» de los «socialistas» en Copenhague y en Viena respecto al principio de «independencia» o autodeterminación de las naciones demuestra la «unanimidad» y la «vitalidad» de la 2ª Internacional en el «programa de paz», esta defensa y sanción de la más escandalosa, de la más descarada hipocresía y engaño a los obreros no representa en absoluto una casualidad, sino una política sistemática que en toda una serie de países practican gentes que de palabra se presentan como «internacionalistas», pero que de hecho embellecen la guerra imperialista aplicándole la idea de la «defensa de la patria» y consolidan la dominación sobre el movimiento obrero de los socialchovinistas que han traicionado al socialismo, predicando la «unidad» con ellos. Esta política, la más perjudicial y peligrosa para la clase obrera, la practican Kautsky, Haase y otros en Alemania, Longuet, Pressemane y otros en Francia, la mayoría de los dirigentes en Inglaterra, Axelrod, Martov y Chjeidze y Cía. en Rusia, Treves y otros en Italia (véase la amenaza del órgano centrista del partido italiano «Avanti!» del 5.III.1916 de desenmascarar a Treves y a otros «reformistas posibilistas» como aquel que «puso en juego todos los medios para impedir la acción de la dirección del partido y de Oddino Morgari, orientada hacia la unificación de Zimmerwald y hacia la propia nueva Internacional»). Esta política mundial, la más peligrosa para la clase obrera, puede ser calificada, por el nombre de su representante más autorizado, de política kautskiana.

9. Los socialistas no pueden* renunciar a la lucha por las reformas. Deben votar, entre otras cosas, también en los parlamentos a favor de cualesquiera mejoras, por insignificantes que sean, en la situación

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* Encima de «pueden» está escrito «deben». (N. de la Red.)