Se llama chantaje a la extorsión de dinero bajo la amenaza de desenmascarar algunos hechos o «historias» inventadas, que puedan resultar desagradables para la persona desenmascarada, o bajo la amenaza de causarle otras desgracias.

El chantaje político es la amenaza de desenmascarar, o el desenmascaramiento, de «historias» reales, y más a menudo inventadas, con el fin de perjudicar políticamente, calumniar, quitar o dificultar al adversario la posibilidad de actuar políticamente.

Nuestros burgueses republicanos —con perdón de la expresión— e incluso democráticos, así como los pequeño burgueses, se han mostrado como héroes del chantaje político, lanzando una «campaña» de calumnias, mentiras y difamaciones contra los partidos y los políticos que les resultan indeseables. El zarismo perseguía de manera brutal, salvaje y feroz. La burguesía republicana persigue de manera sucia, tratando de mancillar al revolucionario proletario e internacionalista que odia, mediante la difamación, la mentira, las insinuaciones, las calumnias, los rumores, etc., etc.

Los bolcheviques, en particular, han tenido el honor de experimentar estos métodos de persecución de los imperialistas republicanos. Un bolchevique, en general, podría aplicarse a sí mismo la conocida sentencia del poeta:

Los gritos salvajes de la ira se alzan casi inmediatamente después del comienzo de la revolución rusa contra el bolchevique, desde las páginas de toda la prensa burguesa y casi toda la prensa pequeñoburguesa. Y el bolchevique, internacionalista, partidario de la revolución proletaria, puede, con justicia, «escuchar» en esos salvajes gritos de ira sonidos de aprobación, pues el odio furioso de la burguesía sirve a menudo como la mejor prueba del servicio correcto y honrado al proletariado por parte del difamado, perseguido y acosado.

Podemos ilustrar de manera especialmente clara el carácter chantajista de los métodos difamatorios de la burguesía con un ejemplo que no afecta a nuestro partido, el del socialrevolucionario Chernov. Difamadores consabidos, miembros del partido kadete, encabezados por Miliukov y Hessen, queriendo atemorizar o expulsar a Chernov, lanzaron contra él una campaña de acoso por sus supuestos artículos «derrotistas» en el extranjero y por su supuesto contacto con personas que, al parecer, recibían dinero de agentes del imperialismo alemán. La campaña comenzó a arder. Toda la prensa burguesa la secundó.

Pero he aquí que los kadetes y los socialrevolucionarios «se reconciliaron» sobre una composición determinada del ministerio. Y —¡oh, milagro!— ¡el «caso» Chernov desapareció! En pocos días, sin juicio, sin investigación, sin divulgación de documentos, sin interrogatorio de testigos, sin peritaje de expertos, el «caso» desapareció. Cuando los kadetes estaban descontentos con Chernov, surgió un «caso» difamatorio. Cuando los kadetes, aunque fuera temporalmente, se reconciliaron políticamente con Chernov, el «caso» desapareció.

He aquí, como en la palma de la mano, el chantaje político. La campaña periodística de acoso contra las personas, las difamaciones, las insinuaciones sirven en manos de la burguesía y de canallas como los Miliukov, Hessen, Zaslavski, Dan y otros, como un instrumento de lucha política y de venganza política. Alcanzado el objetivo político, el «caso» contra NN o MM «desaparece», demostrando así la sucia naturaleza, la vil deshonestidad, el chantajismo de quien lo había promovido.

Pues es evidente que quien no es un chantajista, bajo ningún cambio político, cesaría en su desenmascaramiento si lo hiciera guiado por motivos honestos; que quien no es un chantajista, en todo caso, llevaría sus revelaciones hasta el final, hasta el veredicto del tribunal, hasta la completa información del público, hasta la recopilación y divulgación de todos los documentos, o hasta el reconocimiento abierto y directo de que hubo un error o un malentendido por su parte.

El ejemplo de Chernov, que no es bolchevique, nos muestra claramente la verdadera esencia de la campaña chantajista contra los bolcheviques por parte de la prensa burguesa y pequeñoburguesa. Cuando el objetivo político de estos caballeros del capital y de sus lacayos les pareció alcanzado, cuando los bolcheviques fueron arrestados, sus periódicos clausurados, ¡entonces los chantajistas callaron! Teniendo en sus manos todos los medios para descubrir la verdad: la prensa, el dinero, la ayuda de la burguesía extranjera, el apoyo de la «opinión pública» de toda la burguesía de Rusia, y el respaldo amistoso del poder estatal de uno de los más grandes Estados del mundo, teniendo en sus manos todo esto, los héroes de la campaña contra los bolcheviques —los Miliukov, Hessen, Zaslavski y Dan— callaron.

Para toda persona honesta se vuelve claro lo que de inmediato fue claro para los obreros conscientes, a quienes toda su vida prepara para comprender rápidamente los métodos de la burguesía: precisamente, que los Miliukov, Hessen, Zaslavski, Dan y tantos otros son chantajistas políticos. Hay que fijar esto, explicárselo a las masas, imprimirlo a diario en el periódico, reunir documentos sobre ello para un folleto, boicotear a los chantajistas, etc., etc. ¡He aquí métodos dignos del proletariado para luchar contra la difamación y el chantaje!

Uno de los últimos en sufrir el chantaje ha sido nuestro camarada Kámenev. Él se «apartó de la actividad pública» hasta que se examine el caso. En nuestra opinión, esto es un error. Era justo lo que necesitaban los chantajistas. Ellos no quieren examinar el caso. A Kámenev le bastaba con oponer a los canallas la confianza de su partido, y que luego ladren los perros de «Rech», «Bírzhevka», «Den»{53}, «Rabóchaya Gazeta» y demás periódicos viles.

Si nuestro partido acepta apartar de la actividad pública a sus dirigentes cuando son difamados por la burguesía, el partido sufrirá terriblemente, perjudicará al proletariado y dará satisfacción a sus enemigos. Pues la burguesía tiene muchos periódicos, tiene aún más plumas chantajistas a sueldo (como Zaslavski y Cía.), ¡le será demasiado fácil «apartar» a nuestros militantes del partido! Ni siquiera piensa en examinar el caso, en buscar la verdad.

¡No, camaradas! ¡No cedamos a los gritos de la prensa burguesa! ¡No demos satisfacción a los canallas del chantaje: a los Miliukov, Hessen, Zaslavski. Confiemos en el juicio de los proletarios, de los obreros conscientes, de nuestro partido, compuesto por 240.000 internacionalistas. No olvidemos que en todo el mundo la burguesía, en alianza con los defensistas, persigue a los internacionalistas con métodos de mentira, difamación y chantaje.

Seamos firmes al estigmatizar a los chantajistas. Seamos inflexibles en el examen de las menores dudas mediante el juicio de los obreros conscientes, el juicio de nuestro partido, en el que creemos, en el que vemos la inteligencia, el honor y la conciencia de nuestra época; en la unión internacional de los internacionalistas revolucionarios vemos la única garantía del movimiento liberador de la clase obrera.

¡Y ninguna concesión a la «opinión pública» de quienes están en un mismo ministerio con los kadetes, de quienes tienden la mano a los Miliukov, Dan, Zaslavski!

¡Abajo los chantajistas políticos! ¡Desprecio y boicot a ellos! ¡Desenmascaramiento incansable de sus viles nombres ante las masas obreras! Debemos marchar firmes por nuestro camino, proteger la capacidad de trabajo de nuestro partido, proteger a sus dirigentes incluso de que pierdan el tiempo con los que hacen porquerías y sus porquerías difamatorias.

«Proletari» nº 10, 6 de septiembre (24 de agosto) de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Proletari».