«Известия» publican hoy el informe de la sesión de la sección de soldados del Soviet de Diputados Obreros y Soldados. En dicha sesión se sometió, entre otras cosas:

«A discusión la cuestión sobre la posibilidad de que los soldados desempeñen las funciones de milicianos. La Comisión Ejecutiva propone a la asamblea la siguiente resolución:

En vista de que los soldados deben cumplir su cometido directo, la Comisión Ejecutiva del Soviet de Diputados Soldados se pronuncia contra la participación de los soldados en la milicia y propone que todos los soldados que forman parte de la milicia sean devueltos inmediatamente a sus unidades.

Tras un breve debate, la resolución fue aprobada con una enmienda que admite la posibilidad de que los puestos de milicianos sean cubiertos por soldados evacuados del ejército activo y por heridos».

Es muy de lamentar que no se haya comunicado el texto exacto de la enmienda y de la resolución. Más de lamentar aún es que la Comisión Ejecutiva haya propuesto y la asamblea haya aprobado una resolución que representa una completa renuncia a los principios fundamentales del democratismo.

Difícilmente se encontrará en Rusia un partido democrático que no reconozca la exigencia programática de sustituir el ejército permanente por el armamento universal del pueblo. Difícilmente se encontrará un socialrevolucionario o un s.-d. menchevique que se atreviera a oponerse a tal exigencia. Pero la desgracia está en que «en los tiempos que corren» «se acostumbra» –bajo el estrépito de frases sobre la «democracia revolucionaria»– a reconocer los programas democráticos (por no hablar ya del socialismo) «en principio» y a renegar de ellos en la práctica.

Pronunciarse contra la participación de los soldados en la milicia con el fundamento de que «los soldados deben cumplir su cometido directo» significa olvidar por completo los principios de la democracia y pasar, inconsciente, quizás involuntariamente, al punto de vista del ejército permanente. El soldado es un profesional; su cometido directo no es el servicio público: tal es la opinión de los partidarios del ejército permanente. No es una opinión democrática. Es una opinión de Napoleones. Es la opinión de los partidarios del antiguo régimen y de los capitalistas, que sueñan con un fácil retroceso, de la república a la monarquía constitucional.

El demócrata está en principio contra tal opinión. La participación de los soldados en la milicia es la cuestión de la destrucción del muro entre el ejército y el pueblo. Es la cuestión de la ruptura con el maldito pasado del «cuartel», en el que, separadamente del pueblo, contra el pueblo, se «adiestraba», se amaestraba, se disciplinaba a una capa especial de ciudadanos, con el «cometido directo» de servir exclusivamente a la profesión militar. La participación de los soldados en la milicia es la cuestión fundamental de la reeducación de los «soldados» en ciudadanos milicianos, de la reeducación de la población de simples habitantes en ciudadanos armados. La democracia seguirá siendo una frase vacía y mentirosa o una media medida si todo el pueblo no recibe inmediata e incondicionalmente la posibilidad de aprender el manejo de las armas. Sin la participación sistemática, constante y amplia de los soldados en la milicia, esto es inalcanzable.

Se objetará, quizás, que no se puede apartar a los soldados de sus obligaciones inmediatas. Pero de eso no se trata. Es ridículo hablar de ello especialmente, como no se habla especialmente de que el médico ocupado junto al lecho de un enfermo grave no tiene derecho a retirarse para depositar una papeleta electoral, o de que el obrero ocupado en una producción cuya continuidad es reconocida por todos como absolutamente necesaria no tiene derecho, hasta que sea sustituido por otro obrero, a ausentarse para ejercer sus derechos políticos. Tales pretextos serían sencillamente poco serios o incluso deshonestos.

La participación en la milicia es una de las exigencias más importantes y fundamentales de la democracia, una de las garantías más esenciales de la libertad. (Añadamos entre paréntesis que no hay camino más seguro para elevar las capacidades puramente militares y la fuerza militar del ejército que la sustitución del ejército permanente por el armamento universal del pueblo, la instrucción del pueblo por los soldados; en toda guerra verdaderamente revolucionaria se ha aplicado y se aplicará este procedimiento.) El comienzo inmediato, incondicional y universal de la organización de la milicia popular, del desarrollo integral de la participación de los soldados en la milicia: he aquí el interés más apremiante de los obreros, de los campesinos, de los soldados, de toda la inmensa mayoría de la población, de la mayoría no interesada en la defensa de las ganancias de los terratenientes y capitalistas.

Escrito el 10 (23) de mayo de 1917.

Publicado el 25 (12) de mayo de 1917 en el periódico «Pravda» n.º 55.

Se imprime según el texto del periódico.