3. El gobierno soviético debe proponer inmediatamente a todos los pueblos beligerantes (es decir, simultáneamente a sus gobiernos y a las masas obreras y campesinas) concertar ahora mismo una paz general en condiciones democráticas, así como concertar inmediatamente un armisticio (aunque sea por tres meses).

La condición principal de la paz democrática es la renuncia a las anexiones (conquistas), no en el sentido incorrecto de que todas las potencias devuelvan lo que han perdido, sino en el único sentido correcto de que cada nacionalidad, sin una sola excepción, tanto en Europa como en las colonias, obtenga la libertad y la posibilidad de decidir por sí misma si forma un Estado separado o se integra en cualquier otro Estado.

Al proponer las condiciones de paz, el gobierno soviético debe proceder inmediatamente él mismo a cumplirlas de hecho, es decir, publicar y denunciar los tratados secretos que nos ligan hasta ahora, concertados por el zar y que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de Turquía, Austria, etc. Además, estamos obligados a satisfacer de inmediato las condiciones de los ucranianos y finlandeses, garantizarles, así como a todos los demás pueblos no rusos en Rusia, una plena libertad, incluida la libertad de separación, aplicar lo mismo a toda Armenia, comprometernos a desalojarla y a evacuar los territorios turcos ocupados por nosotros, etc.

Tales condiciones de paz no serán acogidas con benevolencia por los capitalistas, pero entre todos los pueblos encontrarán una simpatía tan enorme y provocarán un estallido de entusiasmo histórico-mundial tan grande y una indignación universal tan vasta contra la prolongación de la guerra de rapiña, que lo más probable es que obtengamos de inmediato el armisticio y el consentimiento para iniciar las negociaciones de paz. Pues la revolución obrera contra la guerra crece inconteniblemente por todas partes, y no son las frases sobre la paz (con las que hace tiempo engañan a los obreros y campesinos todos los gobiernos imperialistas, incluido nuestro gobierno de Kérenski), sino únicamente la ruptura con los capitalistas y la propuesta de paz lo que puede hacerla avanzar.

Si se realiza lo menos probable, es decir, si ningún Estado beligerante acepta siquiera el armisticio, entonces la guerra, por nuestra parte, será verdaderamente una guerra forzada, verdaderamente justa y defensiva. Ya la sola conciencia de esto por parte del proletariado y del campesinado más pobre hará a Rusia muchas veces más fuerte también desde el punto de vista militar, sobre todo después de la plena ruptura con los capitalistas que saquean al pueblo, sin hablar de que, entonces, la guerra será, no de palabra sino de hecho, una guerra en alianza con las clases oprimidas de todos los países, una guerra en alianza con los pueblos oprimidos del mundo entero.

En particular, hay que precaver al pueblo contra aquella afirmación de los capitalistas a la que a veces sucumben los pequeñoburgueses más asustados, y que consiste en que supuestamente los capitalistas ingleses y otros, en caso de ruptura de nuestra actual alianza de rapiña con ellos, pueden causar un grave daño a la revolución rusa. Esta afirmación es falaz de cabo a rabo, porque el «apoyo financiero de los aliados», al enriquecer a los banqueros, «sostiene» a los obreros y campesinos rusos sólo como la cuerda sostiene al ahorcado. En Rusia hay suficiente pan, carbón, petróleo, hierro, y lo único que hace falta para una distribución correcta de estos productos es librarse de los terratenientes y capitalistas que saquean al pueblo. En cuanto a la posible amenaza militar al pueblo ruso por parte de sus actuales aliados, la suposición de que los franceses e italianos serían capaces de unir sus tropas con las alemanas y lanzarlas contra una Rusia que ha propuesto una paz justa es una suposición manifiestamente absurda; e Inglaterra, Estados Unidos, Japón, incluso si declararan la guerra a Rusia (lo que para ellos es extremadamente difícil, tanto por la grandísima impopularidad de semejante guerra entre las masas como por la divergencia material de intereses entre los capitalistas de estos países a causa del reparto de Asia, y en especial a causa del saqueo de China), no podrían causar a Rusia ni la centésima parte del daño y las calamidades que le ocasiona la guerra con Alemania, Austria y Turquía.