P. Piriúchev.

ESTADÍSTICA Y SOCIOLOGÍA

Prólogo

Los ensayos que se ofrecen a la atención del lector, en parte no han aparecido aún en prensa, y en parte son reimpresiones de artículos publicados antes de la guerra en distintas ediciones periódicas. El problema al que están dedicados los ensayos —el significado y el papel de los movimientos nacionales, la correlación entre lo nacional y lo internacional— suscita ahora, naturalmente, un interés especial. El defecto más frecuente y más grave de las reflexiones sobre este problema es la ausencia de perspectiva histórica y de concreción. Es muy habitual el contrabando de todo tipo bajo la bandera de frases generales. Pensamos, por ello, que un poco de estadística no estará en absoluto de más. La comparación de lo que dijimos antes de la guerra con las lecciones de esta no nos parece inútil. Los ensayos están unidos por la unidad de teoría y de punto de vista. En 1917.

El autor.

EL ENTORNO HISTÓRICO DE LOS MOVIMIENTOS NACIONALES.

Los hechos son testarudos, dice el proverbio inglés. Este proverbio se recuerda especialmente cuando se ve a algún escritor deshaciéndose en elogios sobre la cuestión de la grandeza del "principio de nacionalidad" en sus distintos significados y correlaciones, aplicándose dicho "principio" la mayoría de las veces con tan buen tino y pertinencia como lo fueron las exclamaciones del célebre héroe del cuento popular: "no van a poder con todo el traslado" al ver una procesión fúnebre.

Los hechos exactos, los hechos indiscutibles: eso es lo que resulta particularmente insoportable para este tipo de escritores, y eso es lo que es particularmente necesario si se quiere analizar seriamente el complejo y difícil problema, confundido a cada paso con toda intención. ¿Pero cómo reunir los hechos? ¿Cómo establecer su conexión e interdependencia?

En el terreno de los fenómenos sociales no hay procedimiento más extendido y más insostenible que el de arrancar pequeños hechos aislados, el juego de los ejemplos. Escoger ejemplos, en general, no cuesta ningún trabajo, pero tampoco tiene ningún valor, o es puramente negativo, pues todo está en el entorno histórico concreto de cada caso. Los hechos, si se toman en su totalidad, en su conexión, no solo son algo "testarudo", sino también algo absolutamente concluyente. Los hechitos, si se toman fuera del todo, fuera de la conexión, si son fragmentarios y arbitrarios, son precisamente nada más que un juego o algo aún peor. Por ejemplo, cuando un escritor, que en otros tiempos fue serio y desea que se le considere tal, toma el hecho del yugo mongol y lo presenta como ejemplo para explicar ciertos acontecimientos en la Europa del siglo XX, ¿se puede considerar esto solo un juego, o es más correcto calificarlo de charlatanería política? El yugo mongol es un hecho histórico, indudablemente vinculado a la cuestión nacional, al igual que en la Europa del siglo XX se observa una serie de hechos, indudablemente vinculados a esta misma cuestión. Sin embargo, será difícil encontrar muchas personas —del tipo de las que los franceses llaman "payasos nacionales"— capaces de pretender seriedad y operar, para ilustrar lo que ocurre en la Europa del siglo XX, con el "hecho" del yugo mongol.

La conclusión de esto es clara: hay que intentar establecer una base de hechos exactos e indiscutibles sobre la que se pueda apoyar, con la que se pueda confrontar cualquiera de esos razonamientos "generales" o "ejemplares" de los que tan desmedidamente se abusa en algunos países hoy en día. Para que esta sea realmente una base, es preciso tomar no hechos aislados, sino toda la totalidad de los hechos atinentes al problema examinado, sin una sola excepción, pues de lo contrario, inevitablemente surgirá la sospecha, y una sospecha plenamente legítima, de que los hechos han sido elegidos o escogidos arbitrariamente, de que en lugar de la conexión objetiva y la interdependencia de los fenómenos históricos en su totalidad, se nos ofrece un "adobo" subjetivo para justificar, tal vez, un asunto sucio. Esto, a fin de cuentas, sucede... más a menudo de lo que parece.

Partiendo de estas consideraciones, decidimos empezar con la estadística, plenamente conscientes, por supuesto, de la profunda antipatía que la estadística provoca en ciertos lectores que prefieren a las "bajas verdades" el "engaño que nos eleva", y en ciertos escritores aficionados a pasar, bajo la bandera de razonamientos "generales" sobre internacionalismo, cosmopolitismo, nacionalismo, patriotismo, etc., contrabando político.

Capítulo 1.
UN POCO DE ESTADÍSTICA.

1.
Para abarcar realmente la totalidad de los datos sobre los movimientos nacionales, es preciso tomar toda la población de la tierra. Dos indicios deben ser, para ello, establecidos con la mayor exactitud posible y rastreados con la mayor plenitud posible: en primer lugar, la pureza o la abigarrada composición nacional de los distintos Estados; en segundo lugar, la división de los Estados (o de las formaciones de tipo estatal en aquellos casos en que surja la duda de si se puede hablar propiamente de Estado) en políticamente independientes y políticamente dependientes.

Tomemos los datos más recientes, publicados en 1916, y apoyémonos en dos fuentes: una alemana, las "Tablas geográfico-estadísticas" de Otto Hübner, y una inglesa, el "Anuario Político" (The Statesman's Year Book). La primera fuente habrá que tomarla como base, pues es mucho más completa en lo que respecta al problema que nos interesa; la segunda la utilizaremos para verificación y para algunas correcciones, en su mayoría parciales.

Empecemos nuestro examen por los Estados políticamente independientes y más "puros", en el sentido de la integridad de su composición nacional. En primer lugar se destaca aquí, de inmediato, un grupo de Estados de Europa occidental, es decir, situados al oeste de Rusia y de Austria.

Tenemos aquí un total de 17 Estados, de los cuales, sin embargo, cinco, siendo muy puros por su composición nacional, son directamente de juguete por su minúsculo tamaño. Estos son Luxemburgo, Mónaco, San Marino, Liechtenstein y Andorra, cuya población, tomada en conjunto, suma un total de solo 310 mil personas. Sin duda, será mucho más correcto en el número