El señor Plejánov lo explica de un modo excelente. En su carta «del Primero de Mayo» a la «asociación de estudiantes socialistas», publicada hoy por *Rech*, *Delo Naroda* y *Edinstvo*, escribe:

«...Él (el Congreso Socialista Internacional de 1889) comprendía que la revolución social, o, más exactamente, la revolución socialista, presupone una prolongada labor educativa y organizativa en el seno de la clase obrera. De esto se olvidan hoy entre nosotros quienes llaman a la masa trabajadora rusa a la toma del poder político, la cual sólo podría tener sentido si se dieran las condiciones objetivas necesarias para la revolución social. Estas condiciones no existen todavía...»

y así sucesivamente hasta el llamamiento a «apoyar unánimemente» al Gobierno Provisional.

Este razonamiento del señor Plejánov es el razonamiento típico de un puñado de «ex personas» que se autodenominan socialdemócratas. Y precisamente por ser típico, merece que nos detengamos en él con detalle.

En primer lugar, ¿es razonable y honesto remitirse al primer congreso de la II Internacional y no al último?

El primer congreso de la Segunda Internacional (1889-1914) tuvo lugar en 1889; el último, en Basilea, en 1912. El Manifiesto de Basilea, aprobado por unanimidad, habla precisa, definida, directa y claramente (tanto que ni siquiera los señores Plejánov pueden desvirtuarlo) de la revolución proletaria, y precisamente en relación con la propia guerra que estalló en 1914.

No es difícil comprender por qué los socialistas que se han pasado al lado de la burguesía tienen que «olvidar» bien todo el Manifiesto de Basilea, bien este pasaje suyo, el más importante.

En segundo lugar, la toma del poder político «por la masa trabajadora rusa —escribe nuestro autor— sólo podría tener sentido si se dieran las condiciones necesarias para la revolución social».

Esto es un embrollo en lugar de pensamientos.

Admitamos incluso que «social» sea una errata por «socialista». El embrollo no está sólo en eso. ¿De qué clases se compone la masa trabajadora rusa? Todo el mundo sabe que de obreros y campesinos. ¿Quiénes son mayoría entre ellos? Los campesinos. ¿Qué son estos campesinos por su posición de clase? Pequeños propietarios o propietarios en pequeño. Preguntamos: si los pequeños propietarios en pequeño constituyen la mayoría de la población y si no existen las condiciones objetivas para el socialismo, ¿cómo puede la mayoría de la población pronunciarse por el socialismo? ¿Quién puede hablar, y quién habla, de implantar el socialismo contra la voluntad de la mayoría?

El señor Plejánov se ha enredado de inmediato del modo más ridículo.

Caer en una situación ridícula es el menor castigo para quien, a imagen de la prensa capitalista, se pinta a sí mismo un «enemigo» en lugar de remitirse con precisión a las palabras de unos u otros adversarios políticos.

Prosigamos. ¿En manos de quién debe estar el «poder político» desde el punto de vista incluso del vulgar demócrata burgués de *Rech*? En manos de la mayoría de la población. ¿Constituye la «masa trabajadora rusa», de la que tan desacertadamente ha hablado el enredado socialchovinista, la mayoría de la población de Rusia? ¡Indudablemente, y una mayoría abrumadora!

¿Cómo se puede, sin traicionar la democracia —incluso la democracia entendida a lo Miliukov—, estar en contra de la «toma del poder político» por la «masa trabajadora rusa»?

Cuanto más nos adentramos en el bosque, más leña. Cada paso del análisis revela nuevos abismos de confusión en el señor Plejánov.

¡El socialchovinista se opone a que el poder político pase a manos de la mayoría de la población de Rusia!

El señor Plejánov ha oído campanas y no sabe dónde. Ha confundido asimismo —aunque Marx ya previno especialmente contra esta confusión en 1875— la «masa trabajadora» con la masa de proletarios y semiproletarios{136}. Aclaremos esta diferencia para el ex marxista señor Plejánov.

¿Puede la mayoría de los campesinos de Rusia exigir e implantar la nacionalización de la tierra? Indudablemente, sí. ¿Es esto una revolución socialista? No. Es todavía una revolución burguesa, pues la nacionalización de la tierra es una medida compatible con el capitalismo. Pero es, al mismo tiempo, un golpe a la propiedad privada sobre el medio de producción más importante. Tal golpe fortalece a los proletarios y semiproletarios de un modo inconmensurablemente mayor que en las revoluciones de los siglos XVII, XVIII y XIX.

Además. ¿Puede la mayoría de los campesinos de Rusia pronunciarse por la fusión de todos los bancos en uno solo? ¿Por que en cada aldea haya una sucursal de un banco estatal único de toda la nación?

Puede, pues las ventajas y los beneficios para el pueblo de una medida así son indudables. Incluso los «defensistas» pueden estar a favor de ella, porque multiplicará la capacidad de «defensa» de Rusia.

¿Es económicamente posible llevar a cabo de inmediato esa fusión de todos los bancos en uno solo? Indudablemente, es del todo posible.

¿Es esto una medida socialista? No, todavía no es socialismo.

Además. ¿Puede la mayoría de los campesinos de Rusia pronunciarse por que el sindicato de fabricantes de azúcar pase a manos del Estado, bajo el control de los obreros y campesinos, y por que baje el precio del azúcar?

Puede perfectamente, porque es ventajoso para la mayoría del pueblo.

¿Es esto económicamente posible? Es del todo posible, porque el sindicato de fabricantes de azúcar no sólo se ha fusionado ya de hecho, económicamente, en un solo organismo productivo de dimensión estatal, sino que ya estaba bajo el control del «Estado» (es decir, de los funcionarios que sirven a los capitalistas) desde los tiempos del zarismo.

¿Será el paso del sindicato a manos de un Estado democrático-burgués, campesino, una medida socialista?

No, todavía no es socialismo. El señor Plejánov se convencería fácilmente de ello si recordara las verdades archiconocidas del marxismo.

Preguntamos: medidas como la fusión de todos los bancos en uno solo y el paso del sindicato de fabricantes de azúcar a manos de un Estado democrático, campesino, ¿fortalecerán o debilitarán la importancia, el papel, la influencia de los proletarios y semiproletarios en la masa general de toda la población?

Indudablemente la fortalecerán, porque no son medidas «de pequeña economía», porque la posibilidad de las mismas ha sido creada precisamente por aquellas «condiciones objetivas» que aún no existían en 1889 y que ahora ya existen.

Tales medidas fortalecerán inevitablemente la importancia, el papel, la influencia sobre toda la población, en particular de los obreros urbanos, como vanguardia de los proletarios y semiproletarios de la ciudad y del campo.

Tras tales medidas, los pasos ulteriores hacia el socialismo en Rusia serán del todo posibles y, a condición de que nuestros obreros reciban la ayuda de los obreros de Europa Occidental —más desarrollados y preparados, que hayan roto con los Plejánov de Europa Occidental—, el paso de Rusia efectivamente al socialismo será inevitable y el éxito de ese tránsito estará asegurado.

Así es como debe razonar todo marxista y todo socialista que no se haya pasado al lado de «su» burguesía nacional.

Escrito el 20 de abril (3 de mayo) de 1917.

Publicado el 4 de mayo (21 de abril) de 1917 en el periódico *Pravda*, núm. 37.