Puede surgir la pregunta: ¿no representan acaso los métodos y las medidas de control algo extraordinariamente complejo, difícil, no ensayado, incluso desconocido? ¿No se explicará la demora por el hecho de que los hombres de Estado del partido kadete, de la clase comercial e industrial, de los partidos socialrevolucionario y menchevique llevan ya medio siglo trabajando con el sudor de su frente en la búsqueda, el estudio y el descubrimiento de medidas y métodos de control, pero la tarea resulta increíblemente difícil y aún no está resuelta?

¡Lástima! A los oscuros mujiquillos, analfabetos y abatidos, y a los ciudadanos de a pie que todo lo creen y en nada profundizan, se esfuerzan por «engañarlos» y presentar el asunto de este modo. En realidad, incluso el zarismo, incluso el «viejo régimen», al crear los comités militares-industriales, conocía la medida fundamental, el principal método y la vía de control: la unificación de la población según diferentes profesiones, fines de trabajo, ramas de la actividad laboral, etc. Pero el zarismo temía la unificación de la población y por eso limitaba de todas las formas posibles, restringía artificialmente este conocido, facilísimo y plenamente aplicable método y vía de control.

Todos los Estados beligerantes, experimentando las penurias y calamidades extremas de la guerra, experimentando —en una u otra medida— la desorganización y el hambre, hace tiempo que han diseñado, definido, aplicado y ensayado toda una serie de medidas de control, que casi siempre se reducen a la unificación de la población, a la creación o al fomento de asociaciones de diverso tipo, con la participación de representantes del Estado, bajo su supervisión, etc. Todas esas medidas de control son de dominio público, se ha hablado y escrito mucho sobre ellas; las leyes publicadas por las potencias beligerantes avanzadas y relativas al control han sido traducidas al ruso o expuestas detalladamente en la prensa rusa.

Si realmente nuestro Estado quisiera implementar el control de manera seria y práctica, si sus instituciones no se hubieran condenado a sí mismas, con su servilismo ante los capitalistas, a la «total inacción», al Estado solo le quedaría tomar a manos llenas del riquísimo acervo de medidas de control ya conocidas, ya aplicadas. El único estorbo para ello —estorbo que los kadetes, socialrevolucionarios y mencheviques ocultan ante los ojos del pueblo— fue y sigue siendo que el control pondría al descubierto las ganancias exorbitantes de los capitalistas y socavaría esas ganancias.

Para explicar de modo más gráfico esta importantísima cuestión (equivalente, en esencia, a la cuestión del programa de todo gobierno verdaderamente revolucionario que quisiera salvar a Rusia de la guerra y del hambre), enumeremos estas principales medidas de control y examinemos cada una de ellas.

Veremos que a un gobierno, al que no solo de burla llaman democrático-revolucionario, le habría bastado, en la primera semana misma de su formación, decretar (disponer, ordenar) la realización de las principales medidas de control, designar un castigo serio, no de broma, para los capitalistas que fraudulentamente eludieran el control, y llamar a la propia población a vigilar a los capitalistas, a supervisar el cumplimiento concienzudo por parte de ellos de las disposiciones sobre el control, y el control ya se habría implementado hace tiempo en Rusia.

He aquí estas principales medidas:

1) Fusión de todos los bancos en uno solo y control estatal sobre sus operaciones, o nacionalización de los bancos.

2) Nacionalización de los sindicatos, es decir, de las más grandes uniones monopolistas de capitalistas (sindicatos del azúcar, del petróleo, del carbón, metalúrgico, etc.).

3) Abolición del secreto comercial.

4) Sindicalización obligatoria (es decir, unificación forzosa en asociaciones) de industriales, comerciantes y patronos en general.

5) Unificación obligatoria de la población en sociedades de consumo, o fomento de tal unificación y control sobre la misma.

Examinemos qué significación tendría cada una de estas medidas, bajo la condición de su implementación democrático-revolucionaria.