La respuesta de los gobiernos francés e inglés ha confirmado con particular claridad la justeza de nuestras reiteradas indicaciones de que ningún gobierno capitalista —ni el ruso, ni el francés, ni el inglés, ni el alemán— puede renunciar a las anexiones (conquistas), de que todas las promesas de este tipo son un vacuo engaño a los pueblos{94}.

—Combatimos por la conquista por las armas de Alsacia y Lorena, por la victoria —respondieron los franceses—. Dígnense cumplir el tratado y combatir por la Polonia rusa y por la alemana —respondieron los ingleses.

La amarga verdad —la verdad sobre la incompatibilidad del capitalismo con la renuncia a las anexiones— ha sido desenmascarada una y otra vez. El fracaso de la política de los «conciliadores», de los reconciliadores del capitalismo con el proletariado, de la política de los ministerialistas populistas y mencheviques, es de lo más evidente. Todas sus esperanzas puestas en el gobierno de coalición se han desvanecido, todas sus promesas se han revelado como pura verborrea.

Y lo más perjudicial ahora para la causa de la revolución, para los intereses de las masas trabajadoras, son los intentos de embadurnar el asunto con frases. Han aparecido dos matices de este torrente de frases y, en verdad, «ambos peores».

*Rabóchaya Gazeta*, órgano de los mencheviques ministerialistas, vierte agüita «a lo kadete». Por un lado, «en este terreno» (el terreno de las respuestas de las dos potencias de la Entente) «ningún acuerdo entre nosotros y ellos es posible»… ¿Entre «nosotros»? ¿es decir, los capitalistas rusos? La teoría de la lucha de clases se echa por la borda; resulta más ventajoso frasear sobre la «democracia» en general, pisoteando la verdad elemental del marxismo de que precisamente dentro de la «democracia» el abismo entre capitalistas y proletarios es lo más profundo.

Por otro lado, *Rabóchaya Gazeta* quiere hacer «un intento de revisión» (de los acuerdos y tratados) «mediante una conferencia especialmente convocada de representantes de los gobiernos aliados». Una y otra vez: conciliación con los capitalistas, que en realidad significa engañar a los obreros con el juego de las negociaciones con sus enemigos de clase.

«La presión de amplios sectores de la democracia francesa e inglesa, la presión incluso del proletariado de Francia e Inglaterra sobre sus gobiernos…», escribe *Rabóchaya Gazeta*. En Rusia los mencheviques apoyan a su gobierno imperialista, en otros países llaman a la presión… ¿no es esto una fraseología mentirosa de la primera a la última palabra?

«Lo preparamos (la paz a escala internacional) mediante la convocatoria de una conferencia socialista internacional»… ¡¡con la participación de ministros de entre aquellos ex socialistas que se pasaron al lado de sus gobiernos!! Una magnífica «preparación» del engaño popular a gran escala mediante una serie de engaños a menor escala, no cabe duda.

*Delo Naroda* frasea «a lo jacobino». Tono amenazador, efectistas exclamaciones revolucionarias… «sabemos bastante»… «fe en el carácter victorioso de nuestra Revolución» (obligatoriamente con mayúscula), «de tal o cual paso… de la democracia revolucionaria rusa… dependen los destinos… de toda la Insurrección (obligatoriamente con mayúscula) de los trabajadores tan feliz, tan victoriosamente alzada…»

Por supuesto, si las palabras Revolución e Insurrección se escriben con mayúscula, resulta «terriblemente» imponente, igual que en los jacobinos. Y barato y furioso. Pues escriben esto personas que en la práctica ayudan a sofocar la revolución y a frenar el crecimiento de la insurrección de los trabajadores apoyando al gobierno imperialista ruso, apoyando sus métodos de ocultar al pueblo los tratados secretos, sus métodos de dilatar la liquidación inmediata de la propiedad terrateniente, sus métodos de la política militar «ofensiva», sus groseros gritos contra las instituciones electivas locales, su pretensión de nombrar o confirmar a los funcionarios elegidos por la población local, etcétera, etcétera, sin fin.

¡Señores héroes de la frase! ¡señores caballeros de la palabrería revolucionaria! El socialismo exige distinguir la democracia de los capitalistas de la democracia de los proletarios, la revolución de la burguesía de la revolución del proletariado, la insurrección de los ricos contra el zar de la insurrección de los trabajadores… contra los ricos… El socialismo exige distinguir la revolución burguesa ya concluida en nuestro país (la burguesía es ahora contrarrevolucionaria) de la revolución creciente de los proletarios y los campesinos más pobres. La primera revolución está por la guerra, por el mantenimiento de la propiedad terrateniente, por la «subordinación» de los autogobiernos locales al centro, por los tratados secretos. La segunda revolución ha empezado a sofocar la guerra tanto con la confraternización revolucionaria, como con la liquidación del poder de los terratenientes en las localidades, como con el aumento del número y el fortalecimiento de la fuerza de los Soviets, y con la aplicación plena del principio de elegibilidad.

Los ministerialistas populistas y mencheviques frasean sobre la «democracia» en general, sobre la «Revolución» en general, para encubrir con ello su acuerdo con la burguesía imperialista, de hecho ya contrarrevolucionaria, de su país, acuerdo que en la práctica se convierte en lucha contra la revolución de los proletarios y semiproletarios.

«Pravda» núm. 69, 13 de junio (31 de mayo) de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda»