Estamos por un poder revolucionario firme. Por mucho que se empeñen los capitalistas y sus lacayos en gritar lo contrario, su mentira seguirá siendo mentira.

Solo hay que procurar que la frase no ofusque la mente, no enturbie la conciencia. Cuando se habla de "revolución", de "pueblo revolucionario", de "democracia revolucionaria", etc., en nueve de cada diez casos es mentira o autoengaño. Hay que preguntar: ¿de la revolución de qué clase se trata?, ¿de una revolución contra quién?

¿Contra el zarismo? En este sentido, hoy en Rusia la mayoría de los terratenientes y capitalistas son revolucionarios. Cuando el hecho está consumado, también los reaccionarios se sitúan en el terreno de las conquistas de la revolución. No hay engaño más frecuente, más vil y más perjudicial para las masas en la actualidad que el de embaucarlas con elogios a la revolución en este sentido.

¿Contra los terratenientes? En este sentido, la mayoría de los campesinos, e incluso la mayoría de los campesinos acomodados, es decir, en total, seguramente nueve décimas partes de la población de Rusia, son revolucionarias. Puede que incluso una parte de los capitalistas esté dispuesta a volverse revolucionaria, sobre la base del cálculo: de todos modos ya no se puede salvar a los terratenientes, pongámonos mejor del lado de la revolución para defender la intangibilidad del capital.

¿Contra los capitalistas? He aquí la cuestión principal. Aquí está la esencia, pues sin la revolución contra los capitalistas, toda la cháchara sobre la "paz sin anexiones" y el rápido fin de la guerra con esa paz es o bien ingenuidad e ignorancia, o bien estupidez y engaño. Si no hubiera guerra, Rusia podría vivir años e incluso décadas sin una revolución contra los capitalistas. Estando en guerra, esto es objetivamente imposible: o la muerte o la revolución contra los capitalistas. Así está planteada la cuestión. Así la ha planteado la vida.

Por instinto, por sentimiento, por inclinación, la mayoría de la población de Rusia, a saber, los proletarios y semiproletarios, es decir, los obreros y los campesinos más pobres, simpatiza con la revolución contra los capitalistas. Pero aún no hay una conciencia clara, y, en relación con esto, tampoco hay decisión. Desarrollarlas es nuestra tarea principal.

Los líderes de la pequeña burguesía –la intelectualidad, el campesinado acomodado, los actuales partidos populistas (incluidos los socialistas revolucionarios) y mencheviques– no están ahora por la revolución contra los capitalistas, siendo incluso en parte los adversarios más perjudiciales de ella para el pueblo. El ministerio de coalición significa un "experimento" que ayudará a todo el pueblo a superar con particular rapidez las ilusiones del conciliacionismo pequeñoburgués con los capitalistas.

La conclusión es clara: solo el poder del proletariado, apoyado por los semiproletarios, es capaz de dar al país un poder verdaderamente firme y verdaderamente revolucionario. Será verdaderamente firme porque contará con una mayoría del pueblo sólida y consciente. Será firme porque en su base no reposará por necesidad el vacilante "conciliacionismo" de los capitalistas con los pequeños patronos, de los millonarios con la pequeña burguesía, de los Konoválov y Shingariov con los Chernov y Tsereteli.

Solo él será verdaderamente revolucionario, porque solo él es capaz de mostrar al pueblo que, en tiempos de los más grandes sufrimientos causados a las masas, el poder no se detiene con temblor ante las ganancias del capital. Será verdaderamente revolucionario porque solo él generará, alentará, decuplicará el entusiasmo revolucionario de las masas, si estas ven, palpan, sienten diaria y horariamente que el poder cree en el pueblo y no le teme, ayuda a los pobres a mejorar su vida de inmediato, incorpora a los ricos a una participación igual en el sostenimiento de la pesada carga de los sufrimientos populares.

Estamos por un poder revolucionario firme.

Estamos por el único poder revolucionario firme posible y el único seguro.

*Pravda*, núm. 50, 19 (6) de mayo de 1917.

Se imprime según el texto del periódico *Pravda*.