En el núm. 10 de «Izvestia del Soviet de Diputados Campesinos de toda Rusia» del 19 de mayo se ha publicado un informe de S. Máslov con disquisiciones sobre las «usurpaciones de tierras». «En algunas localidades –dijo S. Máslov– el campesinado se esfuerza por hacer valer su derecho a la tierra por medio de la usurpación arbitraria de las tierras vecinas de los terratenientes. Se plantea la cuestión de hasta qué punto esto es conveniente».

S. Máslov considera que esto no es conveniente y aduce cuatro argumentos. Examinémoslos atentamente.

Primer argumento. Las reservas de tierra están distribuidas desigualmente en Rusia por regiones y provincias. Señalando este hecho indiscutible, S. Máslov dice:

«No es difícil imaginar las complicaciones para la solución correcta del problema agrario si cada provincia o región pretendiera únicamente sus propias tierras y las usurpara para sí. No es difícil prever lo que ocurriría si aldeas campesinas aisladas usurparan las tierras de los terratenientes vecinos, dejando sin tierra a otros campesinos».

Este razonamiento se aparta de la verdad de manera flagrante, escandalosa. El razonamiento refuta a quienes pretendieran aconsejar a los campesinos que usurparan, y además de forma desorganizada, las tierras en calidad de propiedad privada. Usurpar, repartir, y sanseacabó.

Eso sería, en verdad, la cima del anarquismo, la cima del disparate.

No sabemos quién ha propuesto semejante disparate, qué partido. Si esto es lo que tenía en mente S. Máslov, entonces lucha contra molinos de viento. Es ridículo.

Nuestro partido, el POSDR (bolchevique), ha propuesto en una resolución precisa que la propiedad de la tierra esté en manos de todo el pueblo. Por consiguiente, rechazamos toda usurpación de tierras en propiedad privada.

Pero no se trata de esto, y el propio S. Máslov se ha delatado al mencionar lo principal y esencial: la usurpación de las tierras de los terratenientes. He ahí la esencia. He ahí el quid. He ahí la cuestión en torno a la cual S. Máslov da vueltas y más vueltas.

Las tierras de los terratenientes deben ser confiscadas de inmediato, es decir, la propiedad sobre ellas debe ser abolida de inmediato y, además, sin indemnización.

¿Y qué hacer con la posesión de esas tierras? ¿Quién debe posesionarse inmediatamente de ellas, sembrarlas? Los campesinos del lugar, y además de manera organizada, es decir, por decisión de la mayoría. He aquí el consejo de nuestro partido. Entregar de inmediato la posesión de las tierras de los terratenientes a los campesinos locales, dejar la propiedad en manos del pueblo. El derecho definitivo de posesión lo establecerá la Asamblea Constituyente (o el Soviet de Soviets de toda Rusia, si el pueblo lo convierte en Asamblea Constituyente).

¿Qué tiene que ver aquí la desigualdad de las reservas de tierra en las distintas regiones? Evidentemente, nada en absoluto. Esta desigualdad subsistirá igualmente hasta la Asamblea Constituyente con todos los planes: con el plan de los terratenientes, con el plan de S. Máslov y con nuestro plan.

S. Máslov se ha limitado a desviar la atención de los campesinos del asunto. Ha ocultado la esencia del asunto con palabras vacías, sin relación con el caso.

Esta esencia del asunto es la cuestión de las tierras de los terratenientes. Los terratenientes quieren conservarlas. Nosotros queremos transferirlas de inmediato a los campesinos sin indemnización, sin pago alguno. Máslov quiere contemporizar por medio de «cámaras de conciliación».

Esto es perjudicial. Las dilaciones son perjudiciales. Los terratenientes deben someterse de inmediato a la voluntad de la mayoría de los campesinos, y no hay que «conciliar» a la mayoría (los campesinos) con la minoría (los terratenientes). Semejante conciliación es un privilegio ilegal, injusto y antidemocrático concedido a los terratenientes.

Segundo argumento de S. Máslov:

«Los campesinos aspiran a las usurpaciones con la esperanza de que, si consiguen labrar alguna parcela, todo eso quedará para ellos. De esto sólo son capaces las explotaciones campesinas que poseen suficientes brazos y caballos. Las familias sin caballos, las familias que han enviado la mayor parte de su fuerza de trabajo al ejército, no estarán en condiciones de utilizar el método de la usurpación para asegurarse la tierra. Está claro, por tanto, que puede resultar ventajoso para los más fuertes e incluso para los que más tierra tienen, pero no para los que más necesitan la tierra».

Este argumento es otra falsedad flagrante. Una vez más S. Máslov desvía la atención de los campesinos de la esencia del asunto, del problema de las tierras de los terratenientes. Pues si los campesinos tomasen las tierras de los terratenientes no «por usurpación» (es decir, sin pago, como nosotros proponemos), sino en arriendo, es decir, mediante pago (como proponen los terratenientes y S. Máslov), ¿acaso cambiarían las cosas? ¿Acaso para labrar las tierras arrendadas a los terratenientes no se necesitan caballos y trabajadores? ¿Acaso las familias que han enviado a sus trabajadores al ejército pueden arrendar tierra en igualdad de condiciones que las familias numerosas?

Toda la diferencia, en este punto, entre nuestro partido, los bolcheviques, y Máslov, estriba en que él propone tomar la tierra de los terratenientes mediante pago y después de un acuerdo «conciliatorio», mientras que nosotros proponemos tomarla de inmediato y gratuitamente.

La cuestión de los campesinos ricos no viene al caso. Más aún: tomar gratuitamente es más ventajoso para los pobres. Tomar mediante pago es más fácil para los ricos.

¿Qué medidas son posibles y necesarias para que el campesino rico no perjudique al pobre?

1) Decisión por mayoría (los pobres son más que los ricos); esto es lo que nosotros proponemos;

2) Una organización especial de los campesinos más pobres, para que discutan por separado sus intereses particulares. Esto es lo que nosotros proponemos;

3) La labranza en común, con ganado y aperos comunes, de las tierras de los terratenientes bajo la dirección de los Soviets de diputados de los obreros agrícolas. Esto es lo que nosotros proponemos.

Precisamente estas dos últimas medidas, las más importantes, no son defendidas por el partido de los «socialistas revolucionarios». Es muy lamentable.

Tercer argumento:

«Al principio, en los primeros días de la revolución, cuando entre los soldados del ejército corrió el rumor de que al parecer en la patria se estaba produciendo un reparto de tierras, muchos, por temor a quedar privados de su parte, empezaron a pugnar por volver a casa, intensificando la deserción».

Este argumento se refiere al reparto inmediato de las tierras en propiedad privada. Nadie ha propuesto eso. De nuevo S. Máslov dispara al aire.

Cuarto argumento:

«Por último, las usurpaciones de tierras amenazan simplemente con una reducción de las siembras. Se conocen casos en que, al usurpar las tierras de los terratenientes, los campesinos las siembran mal, con poca cantidad de semillas, o dejan sin sembrar sus propias tierras. Ahora, cuando nuestro país tanto necesita víveres, esta situación es absolutamente inadmisible».

¡Vaya, esto ya es un argumento completamente malo, del que la gente no hará más que reírse! ¡Resulta que si se toman las tierras de los terratenientes mediante pago, las labrarán mejor!!

¡No se cubra de vergüenza, estimado ciudadano S. Máslov, con semejantes argumentos!

Si los campesinos siembran mal los campos, hay que ayudar a los campesinos, y precisamente a los más pobres, mediante el paso al cultivo en común de las grandes haciendas. No hay otro medio de ayudar a los más pobres. Y es precisamente este medio el que no propone, por desgracia, S. Máslov…

La justicia exige añadir que el propio S. Máslov, al parecer, sintió la debilidad de sus argumentos, pues inmediatamente después de lo dicho añadió:

«Ahora, después de lo dicho, siento que algunos de ustedes están dispuestos a objetar y decir: ¿cómo nos proponen dejar todo como antes, cuando tanto hemos padecido por la propiedad terrateniente? No me comprometo a proponerles nada».

¡Eso es! A S. Máslov le ha resultado como si quisiera dejar todo como antes (aunque él no lo quiera). Así pues, los argumentos eran muy malos.

Los campesinos mismos deben decidir. Los partidos deben proponer. Nuestro partido propone lo que he indicado más arriba y lo que se expone detallada y exactamente en nuestras resoluciones{70}: suplemento al núm. 13 de «Soldátskaya Pravda», precio 5 kopeks.

«Pravda» núm. 62, 2 de junio (20 de mayo) de 1917. Firmado: N. Lenin

Publicado según el texto del periódico «Pravda»