«Rabóchaya Gazeta» se regocija y baila a propósito de la última resolución del CC, la cual ha revelado (en relación, entre otras cosas, con la ya publicada declaración de los representantes de la fracción bolchevique del Soviet[53]) ciertas discrepancias en el seno de nuestro partido.

Que los mencheviques se regocijen y bailen. Eso no nos perturbará. Porque los mencheviques no tienen ninguna organización. Chjeidze y Tsereteli son una cosa — ellos son ministros sin cartera; el OK es otra — esos son socialdemócratas sin línea; los «defensistas» son una tercera — esos siguen a Plejánov. Mártox es una cuarta — él no votará a favor del empréstito. ¿Acaso es sorprendente que gentes sin organización, sin partido, bailen y jueguen con ligereza a propósito de un defecto descubierto en una organización ajena?

Nada tenemos que temer de la verdad. Sí, camaradas obreros, la crisis ha revelado defectos de nuestra organización. ¡Manos a la obra para corregirla!

La crisis ha revelado intentos muy débiles de tomar «un poquito más a la izquierda» que nuestro CC. Nuestro CC no estuvo de acuerdo, y no dudamos ni un instante de que la concordia en nuestro partido ya se está restableciendo, y además de manera voluntaria, consciente y la más completa.

Nuestra línea se confirma cada día. Para llevarla a cabo de manera cohesionada, hace falta una organización de las masas proletarias tres veces mejor que la actual. En cada distrito, en cada barrio, en cada fábrica, en cada compañía debe existir una organización sólida, cohesionada, capaz de actuar como un solo hombre. De cada una de estas organizaciones deben tender hilos directos hacia el centro, hacia el CC, y esos hilos deben ser firmes, para que el enemigo no pueda romperlos con el primer golpe; esos hilos deben ser permanentes, diariamente, a cada hora reforzados y verificados, para que el enemigo no pueda sorprendernos.

¡Camaradas obreros! Construyamos inmediatamente, desde abajo, en todas partes, una organización de masas, sólida, proletaria, tanto entre las masas obreras como entre las tropas. No nos turbemos por el regocijo de los enemigos, no tengamos miedo de los errores y defectos particulares. Los corregiremos. El futuro es nuestro.

«Pravda» núm. 40, 8 de mayo (25 de abril) de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda».