V. Bazárov, a quien nadie negará conocimientos sobre la situación de nuestra industria, escribía en «Nóvaya Zhizn» del 24 de mayo:

«La guerra y la ruina económica y financiera que ha provocado han creado un estado de cosas en el que el interés privado del empresario privado no se orienta al fortalecimiento y desarrollo de las fuerzas productivas del país, sino a su destrucción. En la actualidad es más ventajoso —a la espera de una subida de precios— mantener inactivas las partes materiales componentes del capital, que ponerlas en circulación; es más ventajoso producir, en las condiciones más ruinosas para el país, artículos de suministro militar que no sirven para nada, que abastecer con honradez las necesidades perentorias de las masas populares; y lo más ventajoso de todo es construir nuevas fábricas de defensa que nunca serán utilizadas, que podrán empezar a trabajar solo dentro de 2 o 3 años. ¿Cabe extrañarse de que la llamada “economía nacional” se haya convertido entre nosotros en una desenfrenada bacanal de merodeo, de anarquía industrial, de saqueo sistemático del patrimonio nacional?...

...¿En nombre de qué el obrero poco consciente, e incluso el plenamente consciente, renunciará a un aumento “excesivo” de 3 a 4 rublos, si ante sus ojos se están dilapidando y echando al viento cientos de millones?».

Ni una sola persona honrada se atreverá a negar que V. Bazárov dice la pura verdad.

«Bacanal de merodeo»: no hay otra palabra para la conducta de los capitalistas durante la guerra.

Esta bacanal está llevando a la ruina a todo el país.

No se puede callar. No se puede tolerar.

Que todo obrero que sepa y comprenda lo que se hace a este respecto en «su» fábrica, que todo empleado de banco, de fábrica, de comercio que no sea indiferente a la ruina del país, que todo ingeniero, estadístico, contable, tense todas sus fuerzas para recoger, aunque sea por partes, datos precisos —a ser posible documentales— acerca de esta bacanal de merodeo, es decir, acerca de los precios y las ganancias.

No se puede callar. No se puede tolerar. Pues no somos unos niños para dejarnos arrullar por las promesas de ministros casi socialistas o por comisiones, secciones, subsecciones de funcionarios.

Si el gobierno en Rusia no fuera un prisionero de los capitalistas, si estuviera compuesto por hombres que deseen y puedan actuar con decisión, actuar para salvar al país de la ruina, ese mismo instante, sin aplazarlo un solo día, ni una sola hora, dictaría una ley sobre la publicación de todos los precios de los suministros de guerra, de todos los datos sobre las ganancias.

Parlotear sobre la catástrofe inminente, sobre la salvación del país de la ruina y no hacer esto significa descender al nivel de un embaucador de las masas populares o de un juguete en manos de embaucadores.

Esperar del gobierno de los capitalistas, de los señores Lvov, Teréshchenko, Shingariov y Cía., de su impotente y juguete «apéndice», Chernov, Tsereteli, Peshejónov, Skóbelev, esperar de ellos la promulgación de tal ley, el desenmascaramiento de los capitalistas, sería infantilmente ingenuo. Solo quienes han enfermado de «reblandecimiento ministerialista del cerebro» son capaces de esperar esto.

Con tanta mayor energía hay que llamar a la iniciativa privada. ¡Camaradas y ciudadanos! Todos los que quieran contribuir de verdad a salvar al país del hambre, que recojan y publiquen de inmediato todos los datos accesibles sobre precios y ganancias.

Desenmascarar a los capitalistas es el primer paso para poner freno a los capitalistas.

Desenmascarar la bacanal de merodeo es el primer paso para la lucha contra los merodeadores.

«Pravda» n.º 67, 9 de junio (27 de mayo) de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda».