En un editorial serio (o «surio», como dice el pueblo) de «Rech»:

«Esperemos que no hagan falta grandes conmociones en nuestras relaciones con los aliados para demostrar a los partidarios de la fórmula “sin anexiones ni contribuciones” (léase: al nuevo gobierno) su inaplicabilidad práctica».

¡Pero si tienen razón, los capitalistas que hablan por boca de «Rech»! Esta fórmula es, en efecto, «prácticamente inaplicable»… ¡sin la aplicación práctica de la revolución contra el capital!

Del discurso de Miliukov, al que no se le dejó marchar, sino al que se le hizo marchar:

«Por muy hermosas que sean las fórmulas de amistad hacia los aliados que escribamos, si el ejército permanece inactivo, será una traición de hecho a nuestro compromiso. Y a la inversa, por terribles que sean las fórmulas, contrarias a la lealtad, que escribamos, si el ejército combate de hecho, será, por supuesto, el cumplimiento efectivo de nuestras obligaciones respecto a los aliados…».

¡Exacto! A veces entiende la esencia de la cuestión este ciudadano Miliukov… Ciudadanos Chernov y Tsereteli, ¿acaso no comprendéis qué conclusión se desprende de esto sobre vuestra actitud efectiva ante la guerra imperialista?

Del discurso de Shulgín en la sesión de la contrarrevolución que se organiza:

«Preferimos ser mendigos, pero mendigos en nuestro propio país. Si podéis conservarnos este país y salvarlo, despojadnos, no lloraremos por ello».

¡No nos asuste, señor Shulgín! Incluso cuando estemos en el poder, no os «despojaremos», sino que os aseguraremos buena ropa y buena comida, ¡a condición de un trabajo que esté a vuestro alcance y al que estéis habituados! El chantaje sirve contra los Chernov y los Tsereteli, ¡a nosotros «no nos asustaréis»!

Del discurso de Maklákov en la misma sesión (de «miembros de la Duma de Estado»):

«Rusia ha resultado indigna de la libertad que conquistó».

Léase: los campesinos y los obreros no satisficieron a los señores Maklákov. Quieren que los Chernov y los Tsereteli «reconcilien» a las masas con los Maklákov. ¡No lo conseguirán!

Del mismo discurso:

«Se puede reprochar a muchos, pero en Rusia no prescindiremos ni de la burguesía, ni del proletariado, ni de las distintas corrientes, ni de las distintas personas».

Disculpe, ciudadano Maklákov, pero «nosotros» (el partido del proletariado) «en Rusia prescindiremos» «de la burguesía». Ya vivirá para verlo y reconocerá que no había otra manera de salir de la guerra imperialista.

Del mismo discurso:

«Vemos una masa de malos instintos que han salido a la superficie: vemos la desgana de trabajar, la desgana de reconocer el deber propio para con la patria. Vemos que, en tiempos de una guerra cruel, el país es un país de festejos, mítines y discursos, un país que niega la autoridad y no quiere obedecerla».

¡Exacto! Una masa de «malos instintos», sobre todo entre los terratenientes y los capitalistas. También hay malos instintos entre los pequeño-burgueses: por ejemplo, el instinto de entrar en un ministerio de coalición con los capitalistas. También hay malos instintos entre los proletarios y semi-proletarios: por ejemplo, una lenta liberación de las ilusiones de carácter pequeño-burgués, una lenta transición hacia la convicción de que «la autoridad» debe tomarla enteramente en sus manos precisamente esta clase y solo esta clase.

Del mismo discurso:

«La autoridad se volverá cada vez más de izquierda, mientras el país se volverá cada vez más de derecha».

Maklákov llama «país» a los capitalistas. En este sentido tiene razón. Pero el «país» de los obreros y los campesinos más pobres, se lo aseguro, ciudadano, es 1.000 veces más de izquierda que los Chernov y los Tsereteli, y 100 veces más de izquierda que nosotros. Ya vivirá para verlo.

«Pravda» nº 50, 19 (6) de mayo de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda».