Si los Soviets toman ahora en sus manos, entera y exclusivamente, el poder estatal para llevar a cabo el programa expuesto más arriba, a los Soviets les está asegurada no solo el apoyo de nueve décimas partes de la población de Rusia, de la clase obrera y de la inmensa mayoría del campesinado. A los Soviets les está asegurado también el mayor entusiasmo revolucionario del ejército y de la mayoría del pueblo, ese entusiasmo sin el cual la victoria sobre el hambre y sobre la guerra es imposible.

No podría hablarse en absoluto de resistencia alguna a los Soviets ahora, si no hubiera vacilaciones por su parte. Ninguna clase se atrevería a sublevarse contra los Soviets, y los terratenientes y capitalistas, escarmentados por la experiencia de la kornilovada, cederían el poder pacíficamente ante la demanda perentoria de los Soviets. Para vencer la resistencia de los capitalistas al programa de los Soviets bastará con la vigilancia de los explotadores por parte de los obreros y campesinos y con medidas de castigo a los desobedientes, como la confiscación de todos sus bienes, acompañada de un arresto de corta duración.

Habiendo tomado todo el poder, los Soviets podrían todavía ahora —y, probablemente, esta es su última oportunidad— asegurar el desarrollo pacífico de la revolución, las elecciones pacíficas por el pueblo de sus diputados, la lucha pacífica de los partidos en el seno de los Soviets, la comprobación en la práctica del programa de los distintos partidos, el traspaso pacífico del poder de manos de un partido a las de otro.

Si se deja escapar esta posibilidad, todo el curso del desarrollo de la revolución, desde el movimiento del 20 de abril hasta la kornilovada, indica la inevitabilidad de la más aguda guerra civil entre la burguesía y el proletariado. La catástrofe inevitable acelerará esta guerra. Esta deberá terminar, como lo muestran todos los datos y razonamientos accesibles a la mente humana, con la victoria completa de la clase obrera, apoyada por el campesinado pobre, para la realización del programa expuesto; pero puede resultar muy dura, sangrienta, costar la vida a decenas de miles de terratenientes, capitalistas y oficiales que simpatizan con ellos. El proletariado no se detendrá ante sacrificio alguno para salvar la revolución, imposible fuera del programa expuesto. Pero el proletariado apoyaría por todos los medios a los Soviets si estos aprovecharan su última oportunidad para el desarrollo pacífico de la revolución.

Escrito en la primera quincena de septiembre de 1917.

Publicado los días 9 y 10 de octubre (26 y 27 de septiembre) de 1917 en el periódico «Rabochi Put», núms. 20 y 21. Firmado: N. K.

Se publica según el texto del periódico.