1. El viejo poder zarista, que representaba únicamente a una pandilla de terratenientes feudales que comandaba toda la maquinaria estatal (ejército, policía, funcionariado), ha sido destruido y apartado, pero no rematado. La monarquía no ha sido formalmente destruida. La banda de los Romanov continúa con sus intrigas monárquicas. La gigantesca propiedad territorial de los terratenientes feudales no ha sido liquidada.

2. El poder estatal en Rusia ha pasado a manos de una nueva clase, a saber: la burguesía y los terratenientes aburguesados. En este sentido, la revolución democrático-burguesa en Rusia está terminada.

La burguesía, que ha resultado estar en el poder, ha concertado un bloque (alianza) con elementos abiertamente monárquicos, que se manifestaron con un celo inaudito en su apoyo a Nicolás el Sangriento y a Stolypin el Verdugo en los años 1906-1914 (Guchkov y otros políticos situados a la derecha de los kadetes). El nuevo gobierno burgués de Lvov y Cía. ha intentado y comenzado a entablar negociaciones con los Romanov sobre la restauración de la monarquía en Rusia. Este gobierno, al amparo de frases revolucionarias, designa para los puestos de mando a partidarios del viejo orden. Este gobierno procura reformar lo menos posible todo el aparato de la maquinaria estatal (ejército, policía, funcionariado), entregándolo en manos de la burguesía. Este gobierno ya ha comenzado a obstaculizar por todos los medios la iniciativa revolucionaria de las acciones de masas y la toma del poder por el pueblo desde abajo, única garantía de los éxitos reales de la revolución.

Este gobierno ni siquiera ha fijado hasta ahora el plazo para la convocatoria de la Asamblea Constituyente. No toca la propiedad terrateniente de la tierra, esa base material del zarismo feudal. Este gobierno ni siquiera piensa en proceder a la investigación de las actividades, a la divulgación de las operaciones, al control de las organizaciones financieras monopolistas, de los grandes bancos, de los sindicatos y cárteles de los capitalistas, etc.

Los puestos ministeriales más importantes y decisivos en el nuevo gobierno (ministerio del interior, ministerio de la guerra, es decir, el mando del ejército, la policía, el funcionariado, todo el aparato de opresión de las masas) pertenecen a monárquicos declarados y partidarios de la gran propiedad terrateniente. A los kadetes, republicanos de ayer, republicanos a su pesar, se les han concedido puestos secundarios, que no tienen relación directa con el mando sobre el pueblo ni con el aparato del poder estatal. A. Kérenski, representante de los trudoviques y "también socialista", no desempeña absolutamente ningún papel, salvo el de adormecer la vigilancia y la atención del pueblo con frases sonoras.

Por todas estas causas, incluso en el ámbito de la política interior, el nuevo gobierno burgués no merece ninguna confianza por parte del proletariado, y no es admisible ningún apoyo al mismo por su parte.