«Rabóchaya Gazeta» se muestra preocupada por el sentido político de la ofensiva. Uno de sus colaboradores reprocha a otro incluso que sus frases evasivas, en última instancia, equivalen a reconocer que el ejército revolucionario ruso está derramando su sangre objetivamente no en nombre de una paz sin anexiones, sino en nombre de los planes anexionistas de la burguesía aliada («Rabóchaya Gazeta» nº 93, pág. 2, folletín, columna 1).

Precisamente este sentido «objetivo» de la ofensiva no puede sino inquietar a las masas obreras, que en parte aún siguen a los mencheviques. Y eso se refleja también en las páginas de «Rabóchaya Gazeta». No queriendo romper abiertamente con los obreros, el periódico intenta vincular de algún modo la «ofensiva» con la lucha revolucionaria del proletariado por la paz. Pero la desgracia de la astuta redacción consiste en que aquí no es posible establecer vínculo alguno, salvo uno negativo.

Y es difícil imaginar un espectáculo más lamentable, un grupo de personas más enredadas, que esta honorable redacción, asustada por los mismos espíritus que ella misma, junto con los eseristas, conjuró.

Por un lado, «Rabóchaya Gazeta» informa: «Ahora, en Occidente, la importancia de la ofensiva rusa se percibe de manera totalmente falsa. Los periódicos burgueses ingleses y franceses ven en ella una renuncia a los planes “utópicos” del Soviet. Se aprueban resoluciones chovinistas bajo la bandera de saludos a Kerenski y al ejército revolucionario que avanza. Y al sonar de los tambores de guerra a propósito de la ofensiva rusa, se intensifican las persecuciones contra los partidarios de la democracia rusa, que comparten con esta última la misma plataforma de paz».

¡Una confesión muy valiosa! Sobre todo procediendo de las páginas de un periódico ministerial que ayer mismo consideraba nuestras predicciones de estas inevitables consecuencias de la ofensiva como fruto de la malevolencia bolchevique. Resulta que la cosa no está en nuestra «malevolencia», sino en que la política adoptada por los dirigentes del Soviet tiene su lógica y que esa lógica conduce al fortalecimiento, fuera y dentro de Rusia, de las fuerzas antirrevolucionarias.

Precisamente este hecho desagradable es el que «Rabóchaya Gazeta» quisiera de algún modo emborronar. Y los medios propuestos por la redacción son muy sencillos: «es necesario urgentemente un pronunciamiento del Comité Ejecutivo Central del Congreso del Soviet de Diputados Obreros y Soldados, junto con el Soviet de Diputados Campesinos, con una declaración categórica y firme de que los objetivos de la guerra siguen siendo para la democracia rusa los mismos de antes», etc., etc. Ya ven con qué decisión luchan los mencheviques contra la guerra imperialista: están dispuestos a hacer una más urgente y categórica declaración. ¡Cuántas ha habido ya de esas mismas declaraciones “urgentes”, “categóricas”, “apasionadas”! Y cuántas veces aún habrá que repetir esas mismas declaraciones categóricas con la máxima premura, para con palabras suavizar un poquitín los hechos del gobierno que el ministerial «Rabóchaya Gazeta» sostiene plenamente.

No, señores, con las palabras más «categóricas», con declaraciones y notas no mitigarán los hechos de los que ustedes mismos informan. A esos hechos solo se les pueden oponer hechos, hechos que signifiquen realmente una ruptura con la política de continuación de la guerra imperialista. El gobierno de Lvov – Teréshchenko – Shingariov – Kerenski – Tsereteli no puede hacerlo. Sólo puede, con su cobarde y lamentable política respecto a Finlandia y Ucrania, confirmar su total incapacidad para hacer realidad las más «categóricas» declaraciones sobre «sin anexiones» y sobre el «derecho» de autodeterminación. Y en estas condiciones, todas esas prometidas declaraciones serán un símbolo que sirve para aturdir a las masas. Aturdir a las masas con sonoras declaraciones, y no la «lucha proletaria por la paz», ese es el programa de «Rabóchaya Gazeta», esa es su verdadera respuesta al crecimiento de las fuerzas antirrevolucionarias en relación con la ofensiva.

«Pravda» nº 95, 13 de julio (30 de junio) de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda».