La guerra no puede terminarse «a voluntad». No puede terminarse por decisión de una sola de las partes. No puede terminarse «clavando la bayoneta en la tierra», por emplear la expresión de un soldado defensista.

La guerra no puede terminarse mediante un «acuerdo» de los socialistas de los distintos países, mediante una «intervención» de los proletarios de todos los países, mediante la «voluntad» de los pueblos, etc. Todas las frases de este género, que llenan los artículos de los periódicos defensistas y semidefensistas, semiinternacionalistas, así como las innumerables resoluciones, llamamientos, manifiestos, resoluciones del Soviet de diputados soldados y obreros, todas estas frases no son otra cosa que buenos deseos vacíos, inocentes y bondadosos de los pequeños burgueses. Nada hay más perjudicial que semejantes frases sobre la «manifestación de la voluntad de paz de los pueblos», sobre el turno de las intervenciones revolucionarias del proletariado (después de la rusa, «el turno» es de la alemana), etc. Todo esto es louisblancismo, dulces ensoñaciones, un juego de «campañas políticas», en realidad la repetición de la fábula del gato Vaska.

La guerra no ha sido engendrada por la mala voluntad de los capitalistas rapaces, aunque, indudablemente, solo en su interés se conduce, solo a ellos enriquece. La guerra ha sido engendrada por el desarrollo de medio siglo del capital mundial, por sus miles de millones de hilos y vínculos. No se puede escapar de la guerra imperialista, no se puede alcanzar una paz democrática, no coercitiva, sin derrocar el poder del capital, sin que el poder estatal pase a otra clase, al proletariado.

La revolución rusa de febrero-marzo de 1917 fue el comienzo de la transformación de la guerra imperialista en guerra civil. Esta revolución dio el primer paso para el cese de la guerra. Solo el segundo paso puede asegurar su cese, a saber: el paso del poder estatal al proletariado. Este será el inicio de la «ruptura del frente» mundial: el frente de los intereses del capital, y solo rompiendo este frente, el proletariado podrá librar a la humanidad de los horrores de la guerra, darle los bienes de una paz duradera.

Y a esta «ruptura del frente» del capital la revolución rusa ya ha llevado al proletariado de Rusia de forma inminente, al crear los Soviets de diputados obreros.