Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «Proyecto de resolución sobre la cuestión agraria». – 1917.

1. Proyecto de resolución sobre la cuestión agraria{75}

1. Todas las tierras de los terratenientes y de propietarios privados, así como las tierras de la Corona, de la Iglesia, etc., deben pasar de inmediato al pueblo sin ningún rescate.
2. El campesinado debe, de manera organizada, a través de sus Soviets de diputados campesinos, tomar toda la tierra en los lugares de inmediato para disponer de ella en el plano económico, sin prejuzgar en absoluto con ello la determinación definitiva de los ordenamientos agrarios por la Asamblea Constituyente o por el Soviet de Soviets de toda Rusia, si el pueblo entrega el poder estatal central en manos de tal Soviet de Soviets.
3. La propiedad privada sobre la tierra en general debe ser abolida, es decir, el derecho de propiedad sobre toda la tierra debe pertenecer únicamente a todo el pueblo; pero de la disposición de la tierra deben encargarse las instituciones democráticas locales.
4. Los campesinos deben rechazar el consejo de los capitalistas, los terratenientes y su Gobierno Provisional acerca de un «acuerdo» con los terratenientes en los lugares para establecer la disposición inmediata de la tierra; la disposición de toda la tierra debe ser determinada por la decisión organizada de la mayoría de los campesinos locales, y no por un acuerdo de la mayoría, es decir, de los campesinos, con una minoría, y además una minoría insignificante, es decir, con los terratenientes.
5. Contra el traspaso de todas las tierras de los terratenientes al campesinado sin rescate luchan y lucharán por todos los medios no solo los terratenientes, sino también los capitalistas, que poseen una fuerza muy grande no solo monetaria, sino también la fuerza de influir sobre las masas aún oscuras a través de los periódicos, a través de muchos funcionarios, empleados, etc., habituados a la dominación del capital. Por consiguiente, el traspaso de todas las tierras de los terratenientes al campesinado sin rescate no puede ser ni llevado hasta el final ni consolidado sin que se destruya en las masas campesinas la confianza en los capitalistas, sin una estrecha alianza del campesinado con los obreros urbanos, sin el traspaso de todo el poder estatal por entero a manos de los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos y demás. Solo un poder estatal que se halle en manos de tales Soviets y que administre el Estado no a través de la policía, no a través de los funcionarios, no a través de un ejército permanente separado del pueblo, sino a través de la milicia popular, universal y armada de obreros y campesinos, estará en condiciones de garantizar las transformaciones agrarias expuestas más arriba y exigidas por todo el campesinado.
6. Los obreros agrícolas asalariados y los campesinos más pobres, es decir, aquellos que obtienen sus medios de vida en parte mediante el trabajo asalariado, sin disponer de suficiente tierra, ganado, aperos, deben esforzarse con todas sus fuerzas por organizarse de manera independiente en Soviets especiales o en grupos especiales dentro de los Soviets campesinos generales, para defender sus intereses contra los campesinos ricos, que inevitablemente tienden a aliarse con los capitalistas y terratenientes.
7. A consecuencia de la guerra, a Rusia, como a todos los países beligerantes, así como a muchos países neutrales (no beligerantes), la amenaza la ruina, la catástrofe, el hambre por la falta de brazos, de carbón, de hierro, etc. Solo el paso de los diputados obreros y campesinos a la supervisión y dirección de toda la producción y distribución de productos puede salvar al país. Por eso es necesario preparar ya ahora acuerdos de los Soviets de diputados campesinos con los Soviets de diputados obreros sobre el intercambio de cereales y otros productos del campo por aperos, calzado, ropa, etc., sin la mediación de los capitalistas y apartándolos de la gestión de las fábricas. Con los mismos fines hay que alentar el traspaso del ganado y los aperos de los terratenientes a manos de los comités campesinos para el uso común de esos aperos y ese ganado. Asimismo, hay que alentar la organización de haciendas modelo en cada gran propiedad de los terratenientes, con el cultivo común de la tierra con los mejores aperos bajo la dirección de agrónomos y según las decisiones de los Soviets de diputados de los obreros agrícolas.

Escrito en mayo, antes del 17 (30), 1917.

Publicado en mayo de 1917 en hoja suelta (para los delegados del congreso); en diciembre de 1917, en el folleto: N. Lenin. «Materiales sobre la cuestión agraria». Petersburgo, ed. «Pribói».

Se publica según el manuscrito.

2. Discurso sobre la cuestión agraria. 22 de mayo (4 de junio) de 1917

Camaradas, la resolución que, en nombre de la fracción socialdemócrata del Soviet campesino, tengo el honor de someter a vuestra atención, está impresa y distribuida a los delegados. Si no todos la han recibido, tomaremos medidas para que mañana mismo se imprima un número adicional para repartirla a todos los que la deseen.

En un breve informe solo puedo detenerme, por supuesto, en las cuestiones principales, fundamentales, que más interesan al campesinado y a la clase obrera. A quienes se interesen por la cuestión de un modo más detallado, podría recomendarles la resolución de nuestro partido, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (bolchevique), publicada como suplemento al núm. 13 del periódico «Soldátskaya Pravda» y explicada reiteradamente en nuestro periódico «Pravda»{76}. Ahora tendré que limitarme a explicar los puntos más importantes, más controvertidos o que suscitan malentendidos de mi resolución y de nuestro programa partidario sobre la cuestión agraria. Uno de los primeros puntos controvertidos o que suscitan malentendidos es la cuestión que fue abordada ayer o anteayer también en el Comité Agrario Principal{77}, en una sesión de la que, probablemente, todos habéis oído hablar o leído en los periódicos de ayer o anteayer. En la sesión del Comité Agrario Principal estuvo presente uno de los representantes de nuestro partido, mi camarada del Comité Central, el camarada Smilga. Él presentó allí la propuesta de que el Comité Agrario Principal se pronunciara a favor de la toma inmediata y organizada de las tierras de los terratenientes por parte del campesinado, y contra esa propuesta se desató toda una serie de objeciones sobre el camarada Smilga. (Una voz: «Y aquí también».) Me dicen ahora que también aquí se manifestarán contra esta propuesta, de igual modo, muchos camaradas. Con tanto mayor fundamento debo detenerme a aclarar este punto de nuestro programa, pues me parece que la mayor parte, creo, de todas las objeciones que se formulan contra nuestro programa, se basan en un malentendido o en una exposición incorrecta de nuestros puntos de vista.

¿Qué dicen todas las resoluciones de nuestro partido, todos los artículos de nuestro órgano, nuestro periódico «Pravda»? Nosotros decimos que toda la tierra, sin excepción, debe pasar a ser propiedad de todo el pueblo. A esta conclusión hemos llegado sobre la base del estudio, en particular del movimiento campesino de 1905, de las declaraciones de los diputados campesinos en la I y II Dumas de Estado{78}, donde de un modo relativamente libre, relativamente, por supuesto, pudieron expresarse muchos diputados campesinos de todos los confines de Rusia.

Toda la tierra debe ser propiedad de todo el pueblo. De aquí se desprende ya que, al defender el traspaso inmediato y gratuito de las tierras de los terratenientes a manos de los campesinos locales, de ningún modo defendemos la toma de esas tierras en propiedad, de ningún modo defendemos el reparto de esas tierras. Nosotros suponemos que la tierra debe ser tomada para una siembra por el campesinado local según la decisión adoptada por la mayoría de los delegados campesinos locales. De ningún modo defendemos que esa tierra pase a ser propiedad de aquellos campesinos que ahora la toman para una siembra. Todas las objeciones similares, que constantemente he tenido que escuchar y encontrar en las páginas de los periódicos capitalistas, contra nuestra propuesta, se basan, lisa y llanamente, en una interpretación falsa de nuestros puntos de vista. Una vez que hemos dicho –y lo repito: lo hemos dicho en todas nuestras resoluciones– que la tierra debe ser propiedad de todo el pueblo y pasar a él gratuitamente, está claro que el establecimiento de la distribución definitiva de esta tierra, el establecimiento definitivo de los ordenamientos agrarios, debe ser llevado a cabo solo por el poder estatal central, es decir, por la Asamblea Constituyente o por el Soviet de Soviets de toda Rusia, si las masas campesinas y obreras crearan tal poder, un Soviet de Soviets. Al respecto no hay divergencia alguna.

Las divergencias comienzan más allá, cuando se nos objeta y se nos dice: «si es así, entonces todo traspaso inmediato y gratuito de las tierras de los terratenientes a manos del campesinado será una arbitrariedad». Esta opinión, que fue expresada de la manera más precisa, más autorizada, con mayor peso por el ministro de Agricultura Shingariov en su conocido telegrama, esta opinión la consideramos la más errónea, desventajosa para el campesinado, desventajosa para los agricultores, desventajosa para asegurar de pan al país e injusta. Me permitiré leer ese telegrama para mostrar contra qué dirigimos sobre todo nuestras objeciones.

«La solución independiente de la cuestión agraria es inadmisible sin una ley estatal general. La arbitrariedad conducirá a una desgracia estatal… la solución de la cuestión agraria según la ley es asunto de la Asamblea Constituyente. En la actualidad, en los lugares se han formado cámaras agrarias conciliadoras por los agricultores y los terratenientes junto a los comités de abastecimiento de las volost».

He aquí el pasaje fundamental de la declaración del gobierno sobre esta cuestión. Si os familiarizáis con la resolución adoptada ayer o anteayer por el Comité Agrario Principal sobre esta cuestión{79}, con la resolución que fue adoptada también hace unos días por la conferencia de miembros de la Duma de Estado{80}, veréis que las dos resoluciones mencionadas parten de la misma opinión. Acusan a aquellos campesinos que desean llevar a cabo el traspaso inmediato y gratuito de la tierra a manos de los campesinos y su distribución por el comité campesino local de arbitrariedad, partiendo de que solo el acuerdo voluntario de los campesinos con los terratenientes, de los agricultores con los terratenientes, solo él supuestamente corresponde a las necesidades e intereses generales del Estado. Esto es precisamente lo que negamos, contra esto es contra lo que discutimos.

Cubierta del folleto «Discurso de Lenin sobre la cuestión agraria», publicado por el Comité de Smolensk del POSDR(b). – 1917. (Reducido)

Examinemos estas objeciones que se formulan contra nuestra propuesta. Habitualmente las objeciones consisten en que la tierra en Rusia está distribuida de un modo extremadamente desigual tanto entre las pequeñas unidades aisladas, como la aldea y la volost, como entre las grandes unidades, como son las gubernias y las regiones. Y dicen que si la población local, con su decisión por mayoría, sin contar con la voluntad de los terratenientes, tomara la tierra en sus manos y además gratuitamente, entonces la desigualdad permanecería o incluso existiría el peligro de que se consolidara. Nosotros respondemos a esto que tal argumento se basa en un malentendido. La desigualdad en la distribución de la tierra seguirá existiendo de todos modos, mientras la Asamblea Constituyente, o el poder estatal central en general, no establezca un nuevo orden de manera definitiva. Mientras no se haya establecido este orden, con el traspaso inmediato de la tierra a manos del campesinado, como nosotros queremos, o de la manera en que quieren los terratenientes, que están dispuestos a ceder la tierra en arrendamiento por un alto pago, con la condición de que el campesino arrendatario y el terrateniente conserven sus derechos; de una manera o de otra, la distribución desigual permanece. Esta objeción contra nosotros es claramente incorrecta e injusta. Hablamos de que es necesario crear lo antes posible un poder estatal central, no solo apoyado en la voluntad y las decisiones de la mayoría del campesinado, sino también que exprese directamente la opinión de esa mayoría. Sobre esto no hay discusión. Si escuchamos objeciones contra los bolcheviques, ataques a ellos por parte de los periódicos capitalistas, afirmaciones de que somos anarquistas, las rechazamos de la manera más resuelta y consideramos estos ataques como la difusión de mentiras y calumnias malintencionadas.

Anarquistas son llamados aquellos que niegan la necesidad del poder estatal, y nosotros decimos que él es absolutamente necesario no solo para Rusia ahora, sino también para todo Estado, incluso aquel que pasara directamente al socialismo. Es absolutamente necesario el poder más firme. Nosotros solo queremos que ese poder esté total y exclusivamente en manos de la mayoría de los diputados obreros, soldados y campesinos. En esto nos diferenciamos de los demás partidos. De ningún modo negamos la necesidad de un poder estatal firme, solamente decimos que toda la tierra de los terratenientes debe pasar gratuitamente a manos de los campesinos, según la decisión del comité campesino local adoptada por la mayoría, con la condición de que no se produzca ningún deterioro de los bienes. Esto está señalado en nuestra resolución de la manera más precisa. Rechazamos decididamente las objeciones contra nuestro punto de vista que afirman que esto es una arbitrariedad.

No, a nuestro juicio, si los terratenientes retienen la tierra en su provecho o cobran por ella, eso sí es una arbitrariedad, y si la mayoría del campesinado dice que la tierra de los terratenientes no debe quedar en manos del terrateniente, que de estos terratenientes, de los propietarios de la tierra, el campesinado no ha visto más que opresión durante muchas decenas de años, durante siglos, esto no es arbitrariedad, esto es restablecimiento del derecho, y con el restablecimiento del derecho no se puede esperar. Si se lleva a cabo ahora el traspaso de la tierra a los campesinos, no se puede eliminar la desigualdad entre las regiones –eso es indiscutible–, pero esa desigualdad nadie la eliminará hasta que se haya reunido la Asamblea Constituyente. Y en la actualidad, Shingariov, que nos objeta y en los documentos oficiales insulta a los partidarios de nuestros puntos de vista por «arbitrariedad», si se le preguntara qué propone él contra esa desigualdad, no podría dar respuesta. No propone nada y no puede proponer nada.

Él dice: «acuerdo voluntario de los campesinos con los terratenientes». ¿Qué significa esto? Daré dos cifras fundamentales relativas a la propiedad de la tierra en la Rusia europea. Estas cifras muestran que en un extremo de la aldea rusa están los terratenientes más ricos, contando entre ellos también a los Románov, los terratenientes más ricos y peores, y en el otro extremo, los campesinos más pobres. Daré dos cifras para que veáis qué significado tiene esta prédica de parte de Shingariov, de parte de todos los terratenientes y capitalistas. He aquí esas dos cifras: si se toman los terratenientes más ricos de toda la Rusia europea, resulta que los más grandes, en número inferior a 30.000 personas, poseen cerca de 70 millones de desiatinas de tierra. Esto significa más de 2.000 desiatinas por cada uno. Si se toman las capas más altas de los ricos terratenientes rusos, sin distinción de estamento (la mayoría aquí son nobles, pero también hay otros propietarios de tierra), son 30.000 y tienen ¡70 millones de desiatinas! Y si se toma al campesinado más pobre según el mismo censo de 1905, que proporciona los últimos datos recogidos de manera uniforme en toda Rusia –datos que en esencia no merecen una confianza muy grande, como toda estadística recogida bajo el zar por funcionarios zaristas, pero que de todos modos ofrecen los datos más aproximados a la verdad, más comparables–, si se toma al campesinado más pobre, obtenemos 10 millones de hogares y ellos poseen aproximadamente 70–75 millones de desiatinas de tierra. Esto significa: uno tiene más de 2 mil desiatinas, y otro ¡7 y media desiatinas por hogar! Y dicen que será una arbitrariedad si los campesinos no acceden a un acuerdo voluntario. ¿Qué significa entonces este «acuerdo voluntario»? Significa que los terratenientes, tal vez, cederán la tierra por una buena renta de arrendamiento, pero no la entregarán a nadie gratis. ¿Es esto justo? No, no es justo. ¿Es ventajoso para la población campesina? No, no es ventajoso. Cómo se establecerá definitivamente la propiedad de la tierra, es asunto del futuro poder central, pero ahora, de inmediato, la tierra de los terratenientes sin rescate debe pasar a manos del campesinado bajo la condición de una toma organizada. El ministro Chernov, en el Comité Agrario Principal, objetando a mi camarada Smilga, dijo que «toma organizada» son dos palabras que se anulan mutuamente: si es toma, significa desorganizada, y si es organizada, significa que no es toma. Yo creo que esta crítica es incorrecta. Creo que el campesinado, si adopta una decisión por mayoría en la aldea o la volost, en el uezd, en la gubernia –y en algunas gubernias, si no en todas, los congresos campesinos han establecido el poder en los lugares, que representa los intereses y la voluntad de la mayoría, el poder que representa la voluntad de la población, es decir, de la mayoría de los agricultores–, una vez que tal poder se ha creado en los lugares, su decisión es la decisión de ese poder que los campesinos reconocerán. Es el poder hacia el cual la población campesina en los lugares no puede dejar de sentir un respeto total, pues no hay duda de que ese poder, un poder libremente elegido, dispone que la tierra de los terratenientes debe pasar ahora mismo a manos del campesinado. Que el campesino sepa que está tomando la tierra del terrateniente, que, si paga, pague en las cajas campesinas, del uezd, que sepa que ese dinero se destinará al mejoramiento de la agricultura, a puentes, caminos, etc. Que sepa que no toma su tierra, pero tampoco la del terrateniente, sino la tierra del pueblo entero, de la cual la Asamblea Constituyente dispondrá definitivamente. Por eso, ningún derecho del terrateniente sobre la tierra debe existir desde el comienzo mismo de la revolución, desde el momento de la creación del primer comité agrario, y no debe realizarse ningún cobro monetario por esa tierra.

Con nuestros adversarios tenemos una contradicción fundamental en la comprensión de lo que es el orden y lo que es la ley. Hasta ahora se miraba de tal modo que el orden y la ley eran lo que convenía a los terratenientes y a los funcionarios, y nosotros afirmamos que el orden y la ley son lo que conviene a la mayoría del campesinado. Y mientras no exista el Soviet de Soviets de toda Rusia, mientras no exista la Asamblea Constituyente, todo poder en los lugares –los comités de uezd, los comités de gubernia– ¡es el orden y la ley supremos! Llamamos arbitrariedad a que un solo terrateniente, basándose en viejos derechos seculares, exija un acuerdo «voluntario» con trescientas familias campesinas, ¡cada una de las cuales tiene en promedio 7 y media desiatinas! Nosotros decimos: «que las decisiones se adopten por mayoría; queremos que ahora, sin perder un solo mes, ni una sola semana, ni un solo día, los campesinos reciban las tierras de los terratenientes!».

Se nos objeta: «pero si los campesinos pasan a tomar ahora la tierra, probablemente la tomarán los más ricos, los que tienen ganado, aperos, etc.; por tanto, ¿no será esto peligroso precisamente desde el punto de vista del campesinado más pobre?». Camaradas, debo detenerme en este argumento, porque nuestro partido, en todas nuestras decisiones, programas y llamamientos al pueblo, declara: «somos el partido de los obreros asalariados y de los campesinos más pobres; sus intereses deseamos proteger; a través de ellos, y solo a través de ellos, a través de estas clases, puede la humanidad salir de los horrores en que la ha sumido esta guerra de los capitalistas».

Por eso, ante objeciones como la de que nuestras decisiones resultan no corresponder a los intereses de los campesinos más pobres, las examinamos con mucha atención e invitamos a detenerse en ellas con especial cuidado, pues estas objeciones atañen a la esencia misma del asunto, a la raíz misma de la cuestión. Pues la esencia misma del asunto consiste precisamente en cómo los intereses de los obreros asalariados, urbanos y rurales, los intereses de los campesinos más pobres pueden ser defendidos en la revolución en curso, en la transformación estatal en curso de Rusia, cómo se puede y se debe defender sus intereses contra los intereses de los terratenientes o de los campesinos ricos –estos mismos capitalistas–. ¡Por supuesto, esta es la clave de la cuestión, su esencia misma! Y he aquí que se nos objeta que si recomendamos a los campesinos la toma inmediata, entonces tomará ante todo aquel que tiene aperos, ganado, y los pobres se quedarán sin nada. Yo os pregunto: ¿acaso el acuerdo voluntario con los terratenientes ayudará?

Sabéis perfectamente que los terratenientes entregan de mala gana la tierra en arriendo a aquellos campesinos que no tienen un kopek en el bolsillo, y, por el contrario, recurren a acuerdos «voluntarios» cuando se les promete un buen pago. Hasta ahora, parece que los terratenientes no han dado sus tierras gratis; como que en Rusia nadie lo ha notado.

Si se habla de un acuerdo voluntario con los terratenientes, esto significa reforzar mucho más, aumentar, consolidar aquella situación privilegiada, preferente, aquellas ventajas de que gozan los campesinos ricos, porque los campesinos ricos ciertamente pueden pagar a los terratenientes, y para cualquier terrateniente el campesino rico representa una persona solvente. El terrateniente sabe que aquel puede pagar y que se le puede cobrar, y por eso en tales tratos «voluntarios» con los terratenientes precisamente los campesinos ricos ganan más que los pobres. Al contrario, si existe la posibilidad de prestar ayuda en ese mismo momento al campesinado pobre, será solo mediante una medida como la que yo propongo, a saber: la tierra debe pasar ahora mismo gratuitamente a los campesinos.

La propiedad de los terratenientes fue y sigue siendo la mayor injusticia. La posesión gratuita de esta tierra por parte de los campesinos, si esta posesión se hace por mayoría, no es una arbitrariedad, sino el restablecimiento del derecho. Este es nuestro punto de vista, y he aquí por qué el argumento de que supuestamente de esto saldrá perdiendo el campesinado más pobre lo consideramos una injusticia flagrante. Se llama acuerdo «voluntario» –solo Shingariov puede llamar a esto acuerdo «voluntario»– al que un solo terrateniente tenga 2.000 desiatinas y 300 campesinos tengan 7 y media desiatinas en promedio. Llamar a este acuerdo voluntario es burlarse del campesino. No es un acuerdo voluntario, sino forzoso para el campesinado, forzoso mientras cada Soviet campesino de la volost, de la gubernia, del uezd y de toda Rusia no haya declarado que la propiedad de los terratenientes es una gran injusticia, con cuya abolición no se puede esperar ni una hora, ni un minuto.

La propiedad sobre la tierra debe ser de todo el pueblo, y debe establecerla el poder estatal general. Mientras este no se haya reunido, los poderes en los lugares, repito una vez más, toman la tierra de los terratenientes, y esto deben hacerlo por mayoría organizada. ¡No es verdad que los periódicos griten que en Rusia reina el desorden! No es verdad, en la aldea impera más orden que antes, porque la decisión se toma por mayoría; casi no ha habido violencias contra los terratenientes; los casos de injusticia y violencia contra los terratenientes son completamente aislados; son insignificantes y en toda Rusia no superan el número de casos de violencia que había antes.

Ahora abordaré otro argumento que he tenido que escuchar y analizar en nuestro periódico «Pravda» en relación con el traspaso inmediato de las tierras a manos del campesinado[11].

Este argumento consiste en que si se recomienda a los campesinos tomar de inmediato las tierras de los terratenientes en sus manos de forma gratuita, esto provocará descontento, irritación, temor y, tal vez, incluso indignación entre los soldados del frente, quienes quizás digan: «si los campesinos ahora toman la tierra, y nosotros tenemos que permanecer en el frente, entonces nos quedaremos sin tierra». Tal vez los soldados se retirarían todos del frente, y se produciría el caos y la anarquía. A esto respondemos de tal manera que esta objeción no concierne en absoluto a la cuestión fundamental: tanto si toman la tierra a cambio de un pago, por acuerdo con los terratenientes, como si es por decisión de la mayoría del campesinado, los soldados de todos modos permanecen en el frente mientras dure la guerra y, por supuesto, permanecerán en el frente y no podrán regresar a la aldea. ¿Por qué los soldados en el frente no habrían de temer que los terratenientes, bajo la apariencia de un acuerdo voluntario, impongan condiciones desventajosas, por qué habrían de temer que el campesinado decida por mayoría en contra de los terratenientes? ¡Incomprensible! ¿Por qué el soldado en el frente debería depositar su confianza en el terrateniente, en un acuerdo «voluntario» con el terrateniente? Lo entiendo cuando esto lo dicen los partidos de los terratenientes y capitalistas, pero que el soldado ruso en el frente lo vea así, no lo creo. Si hay un acuerdo «voluntario» con el terrateniente, el soldado no lo llamará orden, no depositará su confianza en ello; él más bien considerará que continúa el viejo desorden de los terratenientes.

El soldado depositará más confianza si se le dice: la tierra pasa al pueblo, los campesinos locales la arriendan y pagan el arriendo no al terrateniente, sino que lo ingresan en su comité para necesidades de utilidad pública, para el mismo frente de los soldados, pero no al terrateniente. Si esto se decide por mayoría, el soldado en el frente sabrá que ya no puede haber ningún acuerdo «voluntario» con los terratenientes, que los terratenientes son los mismos ciudadanos con iguales derechos, a los que nadie quiere ofender. La tierra es de todo el pueblo, es decir, pertenece también al terrateniente, pero no en virtud de los privilegios de la nobleza, sino como a cualquier ciudadano. Ningún privilegio, desde los días en que fue derrocado el poder zarista, el poder del zar, que era el más grande terrateniente y opresor de las masas, ningún privilegio debe haber para los terratenientes-propietarios. Con el establecimiento de la libertad, el poder de los terratenientes debe considerarse derrocado de una vez para siempre. De esta opinión no saldrá perdiendo en absoluto el soldado en el frente, al contrario, tendrá mucha más confianza en el poder estatal y una tranquilidad segura por su hogar, de que su familia no quedará ofendida, desamparada.

Queda aún un argumento que se esgrimía contra nuestra propuesta. El argumento consiste en que si los campesinos tomaran inmediatamente la tierra de los terratenientes, entonces esa toma inmediata, poco preparada, tal vez conduciría a un empeoramiento del cultivo de la tierra, tal vez la siembra sería peor. Debo decir que el poder de la mayoría, el poder estatal general, aún no se ha creado, los campesinos todavía no han adquirido suficiente confianza en sí mismos ni han perdido la confianza en los terratenientes y capitalistas; creo que cada día nos acercamos a ello, cada día el campesinado va perdiendo la confianza en el viejo poder estatal y tomando conciencia de que el gobierno en Rusia deben ser los elegidos campesinos, soldados, obreros, etc., y nadie más; creo que cada día nos acerca a este momento, no porque algunos partidos lo aconsejen: jamás millones de personas escucharán los consejos de los partidos si esos consejos no coinciden con lo que les enseña la experiencia de su propia vida. Nos acercamos a pasos rápidos al momento en que no habrá en Rusia ningún poder, excepto el poder de los elegidos campesinos y obreros. Y cuando se me dice que, quizás, la toma inmediata de las tierras conducirá a que la tierra sea mal cultivada, la siembra sea mala, debo decir que nuestros campesinos, a causa de su opresión, a causa del secular yugo de los terratenientes, tienen un cultivo muy malo. Por supuesto, en Rusia hay una crisis terrible que se ha abatido sobre ella, como sobre todos los países beligerantes, y Rusia no se salvará si no pasa a un mejor cultivo, a la mayor economía del trabajo humano. Pero ahora, para la primera siembra, ¿acaso puede cambiar algo un acuerdo «voluntario» con los terratenientes? ¿Qué? ¿Acaso los terratenientes van a vigilar mejor el cultivo de la tierra, acaso los campesinos van a sembrar peor la tierra si saben que siembran no en tierra del terrateniente, sino en tierra de todo el pueblo? ¿Que si pagan, no pagan al terrateniente, sino a sus cajas campesinas? Esto es un absurdo tal que me asombro cuando escucho semejantes argumentos; es completamente inverosímil y es enteramente una artimaña de los terratenientes.

Los terratenientes han comprendido que ya no se puede dominar con el palo, eso lo han comprendido bien, y están pasando a aquel modo de dominación que para Rusia es una novedad, pero que en Europa Occidental, en los países de Europa Occidental, existe desde hace mucho tiempo. Que ya no se puede dominar con el palo, nos lo han mostrado dos revoluciones, y en los países de Europa Occidental lo han mostrado decenas de revoluciones. Estas revoluciones aleccionan a los terratenientes y a los capitalistas, les enseñan que al pueblo hay que gobernarlo con engaño, con halagos; hay que adaptarse, prenderse en la chaqueta una insignia roja y, aunque sean sanguijuelas, decir: «Somos la democracia revolucionaria, por favor, solo esperad y nosotros lo haremos todo por vosotros». Un argumento así, de que los campesinos sembrarán peor la tierra ahora si siembran ya no en tierra del terrateniente, sino en tierra de todo el pueblo, es precisamente una burla a los campesinos, un intento de conservar engañosamente el dominio sobre ellos.

Repito: la propiedad de los terratenientes no debe existir en absoluto; la posesión aún no es propiedad, la posesión es una medida temporal y la posesión cambia cada año. El campesino que recibe en arriendo un pedacito de tierra, no tiene derecho a considerar que la tierra es suya. La tierra no es suya ni del terrateniente, sino del pueblo. Repito que de esto no puede empeorar la siembra de los campos este año, esta primavera. Esta suposición es tan monstruosa e inverosímil que os digo solamente una cosa: hay que precaverse de los terratenientes, no confiar en ellos, no dejarse engañar por palabras melosas y promesas. Hay que recordar que la decisión de la mayoría de los campesinos, que en sus decisiones son bastante prudentes, es una decisión legal y estatal general. En este sentido, se puede confiar en los campesinos. Por ejemplo, tengo una decisión de los campesinos de Penza que, del primer punto al último, está impregnada de una extraordinaria prudencia: los campesinos no emprenden ninguna transformación inmediata para toda Rusia, pero no quieren meterse en una servidumbre insoportable, y en eso tienen razón. La mayor servidumbre fue la de los terratenientes y sigue siendo la de los terratenientes, la servidumbre de los propietarios y opresores de la tierra. Y por eso no se puede esperar ni una semana, ni una hora con la eliminación de esta servidumbre, pero toda toma debe ser una toma organizada, no en propiedad, no para repartir, sino solo para el uso común de la tierra de todo el pueblo.

Esta cuestión de la toma podría concluirla respondiendo de tal modo que las objeciones contra nuestra propuesta se basan, por parte de los terratenientes y capitalistas, en el engaño, y por parte de los no terratenientes, no capitalistas, por parte de personas que desean defender los intereses de los trabajadores, en un malentendido, en una confianza excesiva en lo que falsamente dicen de nosotros los capitalistas y terratenientes. Si se analizan nuestros argumentos, resulta que la justa reivindicación de la supresión de la propiedad de los terratenientes inmediatamente, lo mismo que el traspaso de la propiedad de la tierra al pueblo, no pueden llevarse a cabo hasta que no se reúna el poder estatal central, mientras que el traspaso de la posesión de la tierra a los propios campesinos allí mismo, en los lugares, lo aconsejamos del modo más insistente, con la condición de que no se permita la menor violación del orden. Este consejo lo damos en nuestras resoluciones, y quizás este consejo sea superfluo, porque sin él los campesinos lo están llevando a la práctica.

Paso a la segunda cuestión, en la que hay que concentrar la mayor parte de la atención, a la cuestión de cómo debemos desear y cómo conviene a los intereses de las masas trabajadoras proceder con la tierra cuando ya sea propiedad de todo el pueblo, cuando sea abolida la propiedad privada. Esta hora está muy cerca en Rusia. De hecho, el poderío de los terratenientes, si no está aniquilado, sí está socavado. Cuando la tierra esté en posesión de todos los campesinos, cuando no haya terratenientes, ¿cómo actuar, cómo distribuir la tierra? Sobre esta cuestión, me parece necesario establecer un cierto punto de vista general, un punto de vista fundamental, porque, naturalmente, la disposición en los lugares siempre queda en manos del campesinado. En un Estado democrático no puede ser de otra manera, esto es tan claro que es superfluo hablar de ello. Pero cuando se plantea la cuestión de cómo actuar para que la tierra vaya a los trabajadores, decimos: nosotros queremos defender los intereses de los obreros asalariados y de los campesinos más pobres. Esta es la tarea que se plantea nuestro partido de los socialdemócratas bolcheviques rusos. Nos preguntamos: si decimos que la tierra pasará al pueblo, ¿es lo mismo que decir que la tierra pasará a los trabajadores? Y respondemos: ¡no, no es lo mismo! Decir que la tierra pasará al pueblo significa que la propiedad de los terratenientes será abolida; significa que toda la tierra pertenece a todo el pueblo; significa que cualquiera que tome la tierra, la toma como arriendo de todo el pueblo. Si este orden se instaura, significa que no quedará ninguna diferencia en cuanto a la tenencia de la tierra, toda la tierra será igual, como dicen a menudo los campesinos: «todas las viejas cercas, los tabiques de la tierra caerán, la tierra se deslindará: habrá tierra libre y trabajo libre».

¿Significa esto que la tierra se entrega a todos los trabajadores? No, no significa. Trabajo libre en tierra libre significa que todas las viejas formas de tenencia de la tierra quedan reducidas a la nada, que no hay ninguna otra tenencia de la tierra excepto la del Estado general; cada uno toma la tierra en arriendo del Estado; existe un poder común estatal, el poder de todos los obreros y campesinos; de ese poder toma un campesino, como arrendatario; no hay intermediarios entre el Estado y el campesino; todos toman en igualdad de condiciones; esto es trabajo libre en tierra libre.

¿Significa esto que la tierra se entrega a todos los trabajadores? No, no significa. La tierra no se come, y para trabajar en el campo se necesitan aperos, ganado, instalaciones, dinero; sin dinero, sin aperos, es imposible trabajar en el campo. Por eso, cuando instauréis un orden tal que habrá trabajo libre en tierra libre, ninguna tenencia de los terratenientes, ningún estrato sobre la tierra{81}, y solo habrá propiedad de todo el pueblo y arrendatarios libres de la tierra de todo el Estado, cuando instauréis esto, no es el traspaso de la tierra a todos los trabajadores, esto significa solamente que cada labrador dispondrá libremente de la tierra; quien quiera, tomará libremente la tierra de todo el Estado. Esto será un gran paso adelante en comparación con la Rusia zarista, de los terratenientes. Será un gran paso adelante porque la Rusia zarista, de los terratenientes, era una Rusia en la que 70.000.000 de desiatinas habían sido entregadas a 30.000 Márkov, Románov y terratenientes por el estilo; será una Rusia en la que habrá trabajo libre en tierra libre. Ya ahora esto se ha hecho en muchos lugares. Rusia ya ha dado un paso adelante con respecto a la Rusia zarista, de los terratenientes, pero esto no es el traspaso de la tierra a los trabajadores, es el traspaso de la tierra al labrador, porque si la tierra es de todo el Estado y la tomarán los que quieran trabajarla, esto es poco, poco es el solo deseo de trabajar la tierra, se necesita también saber hacerlo, y aun el saber hacerlo es poco. Cualquier bracero y jornalero tiene el saber hacerlo, pero le falta ganado, aperos, capital, y por eso, por mucho que decretéis, por mucho que digáis, con esto no instauraremos el trabajo libre en tierra libre. Incluso si pusiéramos letreros en cada administración de la volost sobre la tierra libre, la cosa no mejoraría en el sentido de los trabajadores, así como en las repúblicas de Europa Occidental, donde en las prisiones está escrito «libertad, igualdad y fraternidad», las prisiones no por eso dejan de ser prisiones. Si en la fábrica se escriben las palabras «libertad, igualdad y fraternidad», como en América, la fábrica no por eso deja de ser un presidio para los obreros y un paraíso para los capitalistas.

Quiere decir que ahora hay que pensar en el siguiente paso, en cómo lograr que no solo haya trabajo libre –esto es un paso adelante, pero aún no es un paso hacia la defensa de los intereses de los trabajadores, es un paso hacia la liberación de la rapiña de los terratenientes, de la explotación de los terratenientes, la liberación de los Márkov, de la policía, etc., pero no es un paso hacia la defensa de los intereses de los trabajadores–, porque sin ganado, sin aperos, sin capital, el campesino pobre, desposeído, no puede disponer de la tierra. He aquí por qué yo miro con gran desconfianza la cuestión de las llamadas dos medidas o dos normas, la norma laboral y la de consumo. Sé que sobre estas normas se encuentran siempre razonamientos y explicaciones en los partidos populistas. Sé que estos partidos están en la posición de la necesidad de establecer estas dos normas, estas dos medidas: la norma laboral, la cantidad de tierra que la familia no puede superar en su cultivo, y la norma de consumo, la cantidad de tierra por debajo de la cual significaría el hambre. Digo que a esta cuestión de las normas o medidas la miro con gran desconfianza y creo que es un plan burocrático, del que no habrá provecho, que no podrá entrar en la vida, aunque vosotros aquí decretéis ese plan. ¡En esto está toda la esencia! Este plan no puede proporcionar ningún alivio sensible en la situación de los obreros asalariados y los campesinos más pobres; este plan, aunque vosotros lo reconozcáis, permanecerá en el papel mientras domine el capitalismo. Este plan no nos ayuda a encontrar el camino seguro para salir del capitalismo hacia el socialismo.

Cuando se habla de estas dos medidas, de estas dos normas, se representan la cosa como si solo existieran la tierra y los ciudadanos, como si no hubiera nada más en el mundo. Si así fuera, este plan sería bueno. Pero la cosa no es así: existe el poder del capital, el poder del dinero, sin dinero, en la tierra más libre, con cualesquiera «medidas», la hacienda no puede existir, porque, mientras quede el dinero, queda el trabajo asalariado. Y esto significa que los campesinos ricos, y en Rusia no son menos de un millón de familias, oprimen, explotan a los obreros asalariados y los oprimirán también en la tierra «libre». Estos campesinos ricos constantemente, no como excepción sino como regla general, recurren a la contratación de obreros, anuales, temporeros, jornaleros, es decir, a la explotación de los campesinos más pobres, de los proletarios. Y junto a esto hay millones y millones de campesinos sin caballo, que no pueden subsistir sin vender su fuerza de trabajo, sin ir a las labores migratorias, etc. Mientras el poder del dinero permanezca, mientras permanezca el poder del capital, cualesquiera «normas» que establezcáis, seguirán siendo, en el mejor de los casos, inadecuadas para la vida porque no tienen en cuenta el factor principal de que la propiedad de los aperos, del ganado, del dinero está distribuida desigualmente; no tienen en cuenta que existe el trabajo asalariado, que está sometido a explotación. Este es el hecho fundamental de la vida actual de Rusia, no se puede eludir, y si establecemos unas u otras «medidas», la vida las eludirá, y las «medidas» quedarán en el papel. He aquí por qué, para defender los intereses de los campesinos desposeídos y los más pobres en esta grandiosa transformación de Rusia que ahora estáis realizando y que indudablemente realizaréis, cuando la propiedad privada sobre la tierra sea abolida, cuando se haya dado un paso adelante hacia la aproximación de un futuro mejor, socialista; para que en esta grandiosa transformación, que apenas estáis comenzando, que irá muy lejos y que, puede decirse sin exageración, indudablemente se llevará a cabo en Rusia porque no hay fuerza tal que pueda impedirlo; para defender los intereses de los obreros y de los campesinos más pobres, no se puede ir por el camino del establecimiento de normas o medidas, hay que buscar otro camino.

Yo y mis camaradas de partido, en cuyo nombre tengo el honor de hablar, conocemos solo dos caminos semejantes para defender los intereses de los obreros agrícolas asalariados y de los campesinos más pobres, y estos dos caminos los recomendamos a la atención del Soviet campesino.

El primer camino es la organización de los obreros agrícolas asalariados y de los campesinos más pobres. Queremos y aconsejamos que en cada comité campesino, en cada volost, uezd, gubernia se forme una fracción separada o un grupo separado de obreros agrícolas asalariados y de los campesinos más pobres, aquellos que deben preguntarse: si mañana la tierra se convierte en propiedad de todo el pueblo –y se convertirá en tal sin falta, porque así lo quiere el pueblo–, ¿cómo vamos a actuar? Nosotros, que no tenemos ganado, aperos, ¿de dónde los obtendremos? ¿Cómo vamos a trabajar en el campo? ¿Cómo debemos defender nuestros intereses? ¿Cómo debemos preocuparnos de que la tierra, que será de todo el pueblo, que realmente será de todo el pueblo, no vaya a parar solo a manos de los labradores? Si va a parar a manos de aquellos que tengan suficiente ganado y aperos, ¿ganaremos mucho? ¿Acaso hemos hecho este gran vuelco para eso? ¿Era esto lo que necesitábamos?

La tierra será del «pueblo», pero esto no es suficiente para la protección de los intereses de los obreros agrícolas asalariados. El camino fundamental no consiste en que desde aquí, desde arriba, o bien el comité campesino establezca una «medida» para la tenencia individual de la tierra. Estas medidas no ayudarán mientras domine el capital, y estas medidas no sacarán de la dominación del capitalismo. Para salir del yugo del capitalismo, para que la tierra de todo el pueblo pase a manos de los trabajadores, hay solo un camino fundamental: es el camino de la organización de los obreros agrícolas asalariados, que se guiarán por su experiencia, por sus observaciones, por su desconfianza hacia lo que les dicen las sanguijuelas, aunque se presenten con lacitos rojos y se llamen a sí mismas «democracia revolucionaria».

Solo la organización independiente en los lugares, solo la enseñanza mediante la propia experiencia instruirá a los campesinos más pobres. Y esta experiencia no será fácil, no podemos prometer y no prometemos que correrán ríos de leche y habrá riberas de dulce. No, los terratenientes serán derrocados porque el pueblo lo quiere, pero el capitalismo permanece. Derrocarlo es mucho más difícil, hacia su derrocamiento conduce otro camino. Este es el camino de las organizaciones independientes, separadas, de los obreros agrícolas asalariados y de los campesinos más pobres. Esto es lo que nuestro partido coloca en primer término.

Solo de este camino se puede esperar el traspaso gradual, no fácil, pero seguro de la tierra realmente a manos de los trabajadores.

El segundo paso que nuestro partido recomienda consiste en que de cada gran hacienda, de cada, por ejemplo, gran economía de los terratenientes, de las cuales hay 30.000 en Rusia, se formen, lo más rápidamente posible, haciendas modelo para su cultivo común en conjunto con los obreros agrícolas y agrónomos científicos, empleando para esta tarea el ganado, aperos, etc., de los terratenientes. Sin este cultivo común bajo la dirección de los Soviets de obreros agrícolas, no se logrará que toda la tierra esté en manos de los trabajadores. Por supuesto, el cultivo común es cosa difícil, por supuesto, si alguien se imaginara que tal cultivo común se puede decretar e imponer desde arriba, sería una locura, porque la costumbre secular del trabajo en haciendas separadas no puede desaparecer de golpe, porque para ello se requiere dinero, se requiere adaptación a las nuevas bases de la vida. Si estos consejos, esta opinión sobre el cultivo común, el inventario común, el ganado común con la mejor aplicación de los aperos en conjunto con los agrónomos; si estos consejos fueran una invención de partidos aislados, la cosa sería mala, porque por consejo de algún partido no se producen cambios en la vida del pueblo, porque por consejo de los partidos decenas de millones de personas no van a la revolución, y ese cambio será una revolución mucho mayor que el derrocamiento del débil mental Nikolái Románov. Repito que decenas de millones de personas no van a la revolución por encargo, sino que van cuando sobreviene una necesidad sin salida, cuando el pueblo ha caído en una situación imposible, cuando el ímpetu general, la decisión de decenas de millones de personas rompe todas las viejas barreras y, realmente, está en condiciones de crear una vida nueva. Si nosotros aconsejamos tal medida, aconsejamos abordarla con prudencia, diciendo que se hace necesaria, lo deducimos no solo de nuestro programa, de nuestra doctrina socialista, sino también porque, siendo socialistas y observando la vida de los pueblos de Europa Occidental, hemos llegado a esta conclusión. Sabemos que allí han tenido lugar muchas revoluciones que crearon repúblicas democráticas; sabemos que en América en 1865 fueron derrotados los esclavistas y luego cientos de millones de desiatinas fueron repartidas a los campesinos gratuitamente o casi gratuitamente, y a pesar de todo allí domina el capitalismo como en ninguna parte, y oprime a las masas trabajadoras tanto, si no más, que en otros países. He aquí la doctrina socialista, he aquí la observación de otros pueblos, que nos ha llevado a la firme convicción de que sin el cultivo común de la tierra por los obreros agrícolas, con la aplicación de las mejores máquinas y bajo la dirección de agrónomos con formación científica, no hay salida del yugo del capitalismo. Pero si nosotros nos basáramos solo en la experiencia de los Estados de Europa Occidental, nuestra causa para Rusia sería mala, porque el pueblo ruso solo es capaz de dar un paso serio en su masa por este nuevo camino cuando se cree una necesidad extrema. Y nosotros decimos: ha llegado precisamente ese momento en que esa necesidad extrema para todo el pueblo ruso llama a la puerta. Esa necesidad extrema consiste en que ya no se puede trabajar en el campo a la vieja usanza. Si nos quedamos a la vieja usanza en las pequeñas haciendas, aunque como ciudadanos libres en tierra libre, nos amenaza de todos modos la ruina inevitable, porque la devastación avanza cada día, cada hora. De esto hablan todos; es un hecho que no ha sido provocado por la mala voluntad de personas aisladas, sino por la guerra mundial de conquista, provocado por el capitalismo.

La guerra ha aniquilado a una masa de gente, el mundo entero está anegado en sangre, la guerra ha llevado al mundo entero a la perdición. Esto no es una exageración, nadie puede responder por el día de mañana; todos hablan de esto. Tomad «Izvestia del Soviet de Diputados Obreros y Soldados»: allí todos dicen que los capitalistas recurren a la huelga italiana y a los lockouts. Esto significa que no hay trabajo, y los capitalistas organizan el despido masivo de obreros. He aquí a lo que ha llevado esta guerra criminal no a Rusia solamente, sino a todos los países.

He aquí por qué decimos: la hacienda en parcelas aisladas, aunque sea «trabajo libre en tierra libre», no es la salida de la crisis horrible, de la destrucción general, no es la salvación. Es necesaria la obligación laboral universal, se necesita la mayor economía del trabajo humano, se necesita un poder extraordinariamente fuerte y firme que esté en condiciones de implantar esta obligación laboral universal; no pueden implantarla los funcionarios, solo pueden implantarla los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, porque esto es el pueblo mismo, las propias masas populares, porque este no es un poder de funcionarios, porque ellos, conociendo toda la vida campesina de arriba abajo, pueden establecer la obligación laboral, pueden establecer tal salvaguardia del trabajo humano que impida el despilfarro del trabajo del campesino, y el paso al cultivo común se realizaría así de manera gradual y prudente. Es una tarea difícil, pero es necesario pasar al cultivo común en las grandes haciendas modelo; sin ello no se puede salir de la devastación, de la situación directamente desesperada en que se encuentra Rusia, y sería el mayor error si alguien pensara que esta grandiosa transformación en la vida del pueblo se puede realizar de un solo golpe. No, esto exige el mayor trabajo, exige tensión, decisión y energía de cada campesino y obrero por separado en su lugar, en la tarea que conoce, en la producción que lleva a cabo desde hace decenas de años. Tal cosa no se puede hacer por ninguna disposición, pero tal cosa es necesario hacerla, porque la guerra de conquista ha llevado a toda la humanidad al borde de la perdición, decenas de millones de vidas han perecido, perecerán muchas más a causa de esta guerra horrible si no tensamos todas nuestras fuerzas, si todas las organizaciones de los Soviets de diputados obreros y campesinos no realizan acciones comunes y decididas por el camino del cultivo común de la tierra sin capitalistas, sin terratenientes. Solo este camino dará el traspaso real de la tierra a manos de los trabajadores. (Aplausos.)

Publicado el 25 de mayo de 1917 en el periódico «Izvestia del Soviet de Diputados Campesinos de toda Rusia» núm. 14; en diciembre de 1917, en el folleto: N. Lenin. «Materiales sobre la cuestión agraria». Petersburgo, ed. «Pribói».

Se publica según el texto del folleto, cotejado con el texto del periódico.