Dejar en el poder a representantes de la burguesía, aunque sea en pequeño número, dejar a reconocidos kornilovistas como los generales Alexéiev, Klembovski, Bagratión, Gagarin y otros, o a quienes han demostrado su total impotencia ante la burguesía y su capacidad para actuar al modo bonapartista, como Kerenski, significa abrir de par en par las puertas, por un lado, al hambre y a la inevitable catástrofe económica, que los capitalistas aceleran y agravan deliberadamente, y, por otro lado, a la catástrofe militar, pues el ejército odia la Stavka y no puede participar con entusiasmo en la guerra imperialista. Además, los generales y oficiales kornilovistas, si permanecen en el poder, sin duda abrirán el frente a los alemanes deliberadamente, como hicieron con Galitzia y Riga. Esto sólo puede ser prevenido con la formación de un nuevo gobierno, sobre nuevas bases, que se exponen más abajo. Después de todo lo vivido desde el 20 de abril, continuar cualquier tipo de conciliación con la burguesía sería, por parte de los socialrevolucionarios y mencheviques, no sólo un error, sino una abierta traición al pueblo y a la revolución.