I

La guerra actual, por parte de ambos grupos de potencias beligerantes, es una guerra imperialista, es decir, una guerra librada por los capitalistas en aras del dominio del mundo, del reparto del botín de los capitalistas, de los mercados ventajosos para el capital financiero y bancario, del sojuzgamiento de las nacionalidades débiles.

El paso del poder estatal en Rusia de Nicolás II al gobierno de Guchkov, Lvov y otros, al gobierno de los terratenientes y capitalistas, no ha cambiado ni podía cambiar tal carácter de clase y el significado de la guerra por parte de Rusia.

El hecho de que el nuevo gobierno libra la misma guerra imperialista, es decir, de conquista, de rapiña, se reveló de manera particularmente patente en la siguiente circunstancia: el nuevo gobierno no solo no ha publicado los tratados secretos concertados por el ex zar Nicolás II con los gobiernos capitalistas de Inglaterra, Francia, etc., sino que además ha confirmado formalmente estos tratados. Esto se ha hecho sin consultar la voluntad del pueblo y con el objetivo manifiesto de engañarlo, pues es de dominio público que estos tratados secretos del ex zar son tratados de rapiña de principio a fin, que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de China, Persia, Turquía, Austria, etc.

Por lo tanto, el partido proletario no puede en modo alguno apoyar ni la guerra actual, ni el gobierno actual, ni sus empréstitos, por muy pomposas que sean las palabras con que se denominen estos empréstitos, sin romper por completo con el internacionalismo, es decir, con la solidaridad fraternal de los obreros de todos los países en la lucha contra el yugo del capital.

Primera página del proyecto de resolución sobre la guerra, presentado en la Conferencia de Petrogrado del POSDR(b) el 16 (29) de abril de 1917, con enmiendas de V. I. Lenin (Reducida)

Tampoco merece confianza alguna la promesa del gobierno actual de renunciar a las anexiones, es decir, a la conquista de países extranjeros o al mantenimiento forzoso de cualesquiera nacionalidades dentro de las fronteras de Rusia. Porque, en primer lugar, los capitalistas, entrelazados por miles de hilos del capital bancario ruso y anglo-francés, que defienden los intereses del capital, no pueden renunciar a las anexiones en la guerra actual sin dejar de ser capitalistas, sin renunciar a las ganancias de los miles de millones invertidos en empréstitos, concesiones, empresas militares, etc. En segundo lugar, el nuevo gobierno, habiendo renunciado a las anexiones para engañar al pueblo, declaró por boca de Miliukov, el 9 de abril de 1917 en Moscú, que no renunciaba a las anexiones. En tercer lugar, como ha desenmascarado *Delo Naroda*, periódico en el que participa el ministro Kerenski, Miliukov ni siquiera ha transmitido al extranjero su declaración sobre la renuncia a las anexiones.

Previniendo al pueblo contra las vanas promesas de los capitalistas, la conferencia declara por consiguiente que es necesario distinguir rigurosamente entre la renuncia a las anexiones de palabra y la renuncia a las anexiones de hecho, es decir, la publicación inmediata de todos los tratados secretos de rapiña, de todos los actos de política exterior, y el comienzo inmediato de la liberación más completa de todas las nacionalidades a las que oprime o mantiene atadas por la fuerza a Rusia o en una situación de falta de derechos la clase de los capitalistas, continuando la política vergonzosa para nuestro pueblo del ex zar Nicolás II.

II

El llamado «defensismo revolucionario», que abarca ahora en Rusia a casi todos los partidos populistas (socialistas populares, trudoviques, socialistas revolucionarios) y al partido oportunista de los mencheviques socialdemócratas (Comité de Organización, Chjeidze, Tsereteli y otros), así como a la mayoría de los revolucionarios sin partido, representa, por su significado de clase, por un lado, los intereses y el punto de vista de la pequeña burguesía, de los pequeños propietarios, de los campesinos acomodados que, al igual que los capitalistas, obtienen ganancias de la violencia contra los pueblos débiles, y, por otro lado, es el resultado del engaño de las masas populares por los capitalistas, que no publican los tratados secretos y se limitan a promesas y fraseología hueca.

Es necesario reconocer que masas muy amplias de «defensistas revolucionarios» son sinceras, es decir, verdaderamente no desean las anexiones, las conquistas, la violencia contra los pueblos débiles, y aspiran verdaderamente a una paz democrática, no violenta, entre todos los países beligerantes. Es necesario reconocer esto porque la situación de clase de los proletarios y semiproletarios de la ciudad y del campo (es decir, de las personas que viven total o parcialmente de la venta de su fuerza de trabajo a los capitalistas) hace que estas clases no tengan interés alguno en las ganancias de los capitalistas.

Por lo tanto, reconociendo como absolutamente inadmisibles y significando de hecho una ruptura total con el internacionalismo y el socialismo cualesquiera concesiones al «defensismo revolucionario», la conferencia declara al mismo tiempo que, mientras los capitalistas rusos y su Gobierno Provisional se limiten únicamente a amenazas de violencia contra el pueblo (por ejemplo, el tristemente célebre decreto de Guchkov que amenaza con castigos por la destitución arbitraria de los jefes por los soldados), mientras los capitalistas no hayan pasado a la violencia contra los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, braceros y otros, que se organizan, eligen y sustituyen libremente todos y cada uno de los poderes, hasta entonces nuestro partido predicará el rechazo de la violencia en general, luchando contra el profundo y fatal error del «defensismo revolucionario» exclusivamente mediante la persuasión camaraderil, explicando la verdad de que la actitud inconscientemente crédula de las amplias masas hacia el gobierno de los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo, es en el momento actual en Rusia el principal obstáculo para la rápida terminación de la guerra.

III

En cuanto a la cuestión más importante de cómo terminar lo antes posible, y además no con una paz violenta, sino con una paz verdaderamente democrática, esta guerra criminal y de rapiña de los capitalistas, que ha llevado a toda la humanidad al borde de la ruina, el hambre y la muerte, la conferencia reconoce y resuelve:

Sería completamente absurdo suponer que se puede terminar esta guerra mediante la negativa unilateral de los soldados de cualquier país a continuar la guerra, mediante el cese unilateral de las acciones militares, mediante el simple «clavar las bayonetas en la tierra».

Nuestro partido explicará pacientemente, pero con perseverancia, al pueblo la verdad de que las guerras son libradas por los gobiernos, que las guerras están siempre ligadas indisolublemente a la política de determinadas clases, y que, por lo tanto, la guerra comenzada por los bandidos coronados –monarcas como Nicolás II– y los bandidos sin corona –los capitalistas–, puede ser terminada con una paz verdaderamente democrática, no violenta, solo mediante el paso de todo el poder estatal a manos de la clase realmente no interesada en la defensa de las ganancias de los capitalistas, de la clase realmente capaz de poner fin al yugo del capital, a saber, la clase de los proletarios y semiproletarios.

Solo esta clase es capaz de hecho de renunciar a las anexiones, de librarse de la red del capital financiero y bancario, de convertir, en determinadas condiciones, la guerra de rapiña, no solo de palabra, sino de hecho, en una guerra revolucionario-proletaria, en una guerra no para el sojuzgamiento de los pueblos débiles, sino para la liberación de los obreros y campesinos de todo el mundo del yugo del capital.

La conferencia protesta una y otra vez contra la vil calumnia difundida por los capitalistas contra nuestro partido, a saber, que simpatizamos con una paz separada (particular) con Alemania. Consideramos a los capitalistas alemanes tan bandidos como a los capitalistas rusos, ingleses, franceses, etc., y al emperador Guillermo tan bandido coronado como a Nicolás II y a los monarcas inglés, italiano, rumano y todos los demás. Hemos declarado este punto de vista nuestro no solo en ruso, sino también en alemán, en la traducción alemana del folleto de Zinóviev y Lenin *El socialismo y la guerra*[46].

Es más. Los camaradas mencionados, como redactores del Órgano Central de nuestro partido, en el núm. 47 de *El Socialdemócrata*, aparecido en Ginebra el 13 de octubre de 1915, declararon en nombre de nuestro partido que, si la revolución nos llevara al poder aún en el transcurso de la guerra, propondríamos en el acto, abiertamente, una paz no violenta, es decir, democrática, a Alemania y a todos los pueblos conjuntamente,

– y que, ante la negativa de los capitalistas alemanes, ingleses, franceses y otros a tal paz, libraríamos nosotros mismos una guerra revolucionaria, llamando a la alianza con nosotros a los obreros de todos los países[47].

La conferencia confirma plenamente esta declaración.

La Conferencia reconoce que en ningún país beligerante del mundo existe hoy una libertad como la que hay en Rusia, ni organizaciones revolucionarias de masas como los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos, etc.;

– que, por consiguiente, en ningún lugar del mundo puede realizarse de manera tan fácil y tan pacífica el traspaso de todo el poder estatal a manos de la mayoría real del pueblo, es decir, de los obreros y los campesinos más pobres.

La Conferencia declara que el dinero para el mantenimiento de los soldados debe obtenerse no mediante empréstitos que enriquecen a los capitalistas, sino mediante un impuesto sobre la renta y el patrimonio particularmente elevado a los capitalistas.

La Conferencia declara que, mientras la mayoría del pueblo, en condiciones de plena libertad de agitación y propaganda, no haya comprendido aún el vínculo indisoluble de la guerra actual con los intereses de los capitalistas, existe solo un medio práctico para acelerar el cese de la matanza de los pueblos.

Ese medio es la confraternización de los soldados en el frente.

La Conferencia constata como un hecho que incluso un periódico que defiende incondicionalmente los intereses de los capitalistas, "Nóvoye Vremia", en un telegrama desde Kiev el 12 de abril, reconoce que la confraternización ha comenzado en el frente. Toda una serie de informes de delegados soldados al Soviet de diputados obreros y soldados en Petrogrado confirman este hecho.

Al iniciar la confraternización, los soldados de Rusia y Alemania, los proletarios y campesinos de ambos países, vestidos con uniformes militares, han mostrado al mundo entero que el instinto certero de las clases oprimidas por los capitalistas ha sugerido el camino correcto para detener la matanza de los pueblos.

Por confraternización entendemos, primero, la publicación de proclamas en ruso, con traducción al alemán, para su difusión en el frente; segundo, la organización de mítines de soldados rusos y alemanes, con intérpretes, en el frente, de modo que los capitalistas, y los generales y oficiales –que en su mayoría pertenecen a la clase de los capitalistas– de ambos países no se atrevan a obstaculizar los mítines, ni siquiera a estar presentes en ellos sin el permiso directo y especial de los propios soldados.

En tales proclamas y en dichos mítines deben explicarse las opiniones sobre la guerra y la paz expuestas más arriba; debe señalarse que si en ambos países, tanto en Alemania como en Rusia, todo el poder del Estado pasase entera y exclusivamente a manos de los Soviets de diputados obreros y soldados, toda la humanidad respiraría aliviada de inmediato, pues entonces quedaría realmente asegurado el fin más rápido de la guerra, la paz más sólida y verdaderamente democrática entre todos los pueblos, y a la vez quedaría asegurada la transición de todos los países al socialismo.