Hay que recopilar los datos más exactos posibles sobre ella. He aquí unas citas sumamente instructivas del periódico de nuestros adversarios, los narodniks unificados y los mencheviques (*Izvestia del Soviet de Petrogrado*, n.º 70, del 19 de mayo).

«Se avecina la calamidad del desempleo masivo. La resistencia de los empresarios unificados a las demandas de los obreros aumenta. Los empresarios recurren a una peculiar huelga a la italiana y a lockouts encubiertos.»

Y más adelante:

«…los capitalistas no hacen nada para ayudar al Estado a salir de las dificultades económicas…

…aferrándose obstinadamente a sus ganancias, los capitalistas son los verdaderos desorganizadores y contrarrevolucionarios. Pero la revolución no quiere ni debe perecer. Si los capitalistas no salen a su encuentro voluntariamente, ella deberá echarles mano.»

¿Verdad que es difícil expresarse con mayor elocuencia? La situación, pues, es realmente de lo más crítica. «La revolución» debe «echar mano a los capitalistas»: ¿qué revolución? ¿de qué clase? ¿cómo echar mano?

He aquí las respuestas de los ponentes en la sesión del Comité Ejecutivo del 16 de mayo:

«Una serie de ponentes expuso el grave cuadro de la ruina general de la vida económica del país… los órganos de prensa burgueses… callan las verdaderas causas de la calamidad: la guerra y el comportamiento egoísta de la burguesía.»

Del informe del menchevique ministerialista Cherevanin:

«La ruina económica que atravesamos es tan grave que con paliativos aislados, con una serie de medidas concretas aisladas, no se puede salvar la situación. Es necesario un plan general, es necesaria la regulación por el Estado de toda la vida económica…

Para la realización concreta de nuestro plan es necesaria la creación de un consejo económico especial adjunto al ministerio.»

La montaña parió un ratón. En lugar de «la revolución que echa mano a los capitalistas», una receta puramente burocrática.

Del informe de Avílov:

«La causa principal de la actual ruina económica es la escasez de los productos industriales más importantes…

…La situación de los obreros, ante la creciente carestía, raya para muchas categorías en la hambruna crónica…

…Los empresarios, que obtienen enormes ganancias, no acceden a hacer concesiones a los obreros si al mismo tiempo no se elevan los precios de sus productos…

…La única salida a la situación creada es el racionamiento de los precios de las mercancías. Pero tal racionamiento puede realizarse en la práctica solo en el caso de que toda la distribución del producto se efectúe según las indicaciones del poder público.

Con tal distribución forzosa a precios racionados, es necesario establecer también el control sobre la producción, pues de lo contrario esta puede reducirse e incluso paralizarse…

…Al mismo tiempo habrá que poner bajo control del Estado las fuentes que alimentan a la industria con medios circulantes y fijos: las instituciones de crédito.»

El camarada Avílov parece haber olvidado que el «Estado» es una máquina a la que la clase obrera y los capitalistas arrastran en direcciones opuestas. ¿Qué clase es capaz ahora de ejercer el poder estatal?

Del informe de Bazárov:

«Los precios fijos se eluden en la práctica; los monopolios estatales existen sobre el papel; la regulación del suministro de carbón y metal a las fábricas no solo no ha permitido orientar la producción en interés del Estado, sino que ni siquiera ha podido hacer frente a la anarquía del mercado, no ha podido eliminar la desenfrenada especulación de los intermediarios-revendedores.

Es necesaria la trustificación estatal forzosa de la industria.

Solo llamando a la administración de las empresas y a los capitalistas a un servicio estatal obligatorio se pueden tomar medidas reales de lucha contra la anarquía que los industriales introducen conscientemente en la producción.»

El Estado de los capitalistas (que introducen conscientemente la anarquía) debe llamar a los capitalistas a un servicio estatal obligatorio: esto equivale a olvidar la lucha de clases.

Del informe de G. V. Shub:

«A pesar de nuestras demandas incesantes durante dos meses, la cuestión general, la cuestión de la organización de la economía nacional y del trabajo, no avanza. El resultado de esto es un marchar sobre el mismo sitio. La situación ahora es la siguiente: toda una serie de medidas, de leyes, aunque con lucha, hemos logrado sacar adelante, ya tenemos la ley sobre el monopolio de los cereales… Pero todo esto se queda sobre el papel…

…Hemos logrado la aprobación en principio de la municipalización de las máquinas agrícolas. Pero esto no se puede llevar a cabo, ya que no hay máquinas o casi no las hay. Y las fábricas de maquinaria agrícola producen artículos completamente no esenciales para el ejército. Pero además de que debe ser regulada toda la vida económica del país, es necesario, por fin, romper y reconstruir todo el aparato ejecutivo del poder estatal…».

¡Esto ya se acerca más al asunto, más a la esencia! «Romper y reconstruir todo el aparato ejecutivo del poder estatal»: esto sí es verdad. Pero ¿acaso no está claro que la cuestión del aparato del poder estatal es solo una parte de la cuestión de la clase en cuyas manos se encuentra el poder?

Del informe de Kukovetski:

«La situación financiera del país es pavorosa. Avanzamos rápidamente hacia la bancarrota financiera…

Las medidas puramente financieras no ayudarán…

Hay que tomar medidas para la distribución forzosa del empréstito y, si esto no da los resultados deseados, pasar al empréstito forzoso.

La segunda medida es la regulación obligatoria de la industria, el establecimiento de precios fijos para los productos.»

La «coacción» es algo bueno, pero toda la cuestión radica en qué clase será la que coaccione y cuál deberá ser coaccionada.

Del informe de Gróman:

«Todo lo que se hace ahora en todos los países puede caracterizarse como un proceso de descomposición del organismo económico nacional. En todas partes se le contrapone un principio organizador. El Estado en todas partes ha procedido a la organización de la economía y del trabajo…

Ni el gobierno ni el país tienen hasta ahora un centro que regule la vida económica del país, no hay, por así decirlo, un cerebro económico. Es necesario crearlo… Debe organizarse un órgano ejecutivo dotado de poder. Hay que crear un consejo económico…».

¡Una nueva institución burocrática: a esto se reduce el pensamiento de Gróman! Lamentable.

Todos reconocen que una catástrofe inaudita es inevitable. Pero no comprenden lo principal: solo una clase revolucionaria es capaz de sacar al país de ella.

*Pravda* n.º 67, 9 de junio (27 de mayo) de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda».