El gobierno obrero y campesino, creado por la revolución del 24 y 25 de octubre y que se apoya en los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, propone a todos los pueblos beligerantes y a sus gobiernos iniciar inmediatamente negociaciones para una paz justa y democrática.

Por paz justa o democrática, que anhela la inmensa mayoría de la clase obrera y de las clases trabajadoras de todos los países beligerantes, agotadas, extenuadas y martirizadas por la guerra —una paz que los obreros y campesinos rusos han exigido de la manera más definida y persistente tras el derrocamiento de la monarquía zarista—, el gobierno entiende una paz inmediata sin anexiones (es decir, sin apoderarse de territorios ajenos, sin incorporar por la fuerza a otras nacionalidades) y sin contribuciones.

El gobierno de Rusia propone a todos los pueblos beligerantes concertar inmediatamente una paz semejante, manifestándose dispuesto a dar sin la menor demora, en el acto, todos los pasos decisivos hasta la ratificación definitiva de todas las condiciones de dicha paz por las asambleas plenipotenciarias de los representantes del pueblo de todos los países y de todas las naciones.

Por anexión o apoderamiento de territorios ajenos, el gobierno entiende, conforme al sentido jurídico de la democracia en general y de las clases trabajadoras en particular, toda incorporación a un Estado grande o fuerte de una nacionalidad pequeña o débil sin el consentimiento y el deseo precisos, claros y voluntariamente expresados por ésta, independientemente de cuándo se haya cometido esta incorporación por la fuerza, así como del grado de desarrollo o atraso de la nación que se incorpora o se retiene por la fuerza dentro de las fronteras de un Estado dado. Independientemente, por último, de si esta nación vive en Europa o en lejanos países de ultramar.

Si una nación cualquiera es retenida dentro de las fronteras de un Estado dado por la fuerza, si, en contra de lo manifestado por su deseo —no importa que este deseo se haya expresado en la prensa, en las asambleas populares, en las decisiones de los partidos o en las revueltas y sublevaciones contra la opresión nacional—, no se le otorga el derecho a decidir, sin la menor coacción, mediante una votación libre, una vez retiradas por completo las tropas de la nación que procede a la anexión o, en general, de la nación más fuerte, las formas de su existencia estatal, su incorporación es una anexión, es decir, un apoderamiento y un acto de violencia.

Continuar esta guerra por decidir cómo se reparten las naciones débiles apoderadas entre los Estados fuertes y ricos es considerado por el gobierno como el mayor crimen contra la humanidad, y declara solemnemente su decisión de firmar inmediatamente las condiciones de una paz que ponga fin a esta guerra en las condiciones indicadas, igualmente justas para todas las nacionalidades sin excepción.

Al mismo tiempo, el gobierno declara que no considera en modo alguno las condiciones de paz arriba indicadas como un ultimátum, es decir, se aviene a examinar también cualesquiera otras condiciones de paz, insistiendo únicamente en que sean propuestas lo más rápidamente posible por cualquier país beligerante y en la más absoluta claridad, en la exclusión incondicional de toda ambigüedad y de todo secreto al proponer las condiciones de paz.

El gobierno suprime la diplomacia secreta, expresando por su parte la firme intención de llevar a cabo todas las negociaciones de manera completamente abierta ante todo el pueblo, procediendo inmediatamente a la publicación íntegra de los tratados secretos confirmados o concertados por el gobierno de terratenientes y capitalistas desde febrero hasta el 25 de octubre de 1917. Todo el contenido de esos tratados secretos, en la medida en que está orientado —como sucedía en la mayoría de los casos— a procurar ventajas y privilegios a los terratenientes y capitalistas rusos, al mantenimiento o al aumento de las anexiones de los grandes rusos, es declarado por el gobierno absoluta e inmediatamente derogado.

Al dirigirse con esta propuesta a los gobiernos y a los pueblos de todos los países para que inicien inmediatamente negociaciones abiertas sobre la concertación de la paz, el gobierno expresa, por su parte, su disposición a llevar a cabo estas negociaciones tanto por medio de comunicaciones escritas, por telégrafo, como mediante conversaciones entre los representantes de los distintos países o en una conferencia de dichos representantes. Para facilitar tales negociaciones, el gobierno designa a su representante plenipotenciario en los países neutrales.

El gobierno propone a todos los gobiernos y a todos los pueblos de los países beligerantes concertar inmediatamente un armisticio, considerando deseable, por su parte, que este armisticio se concierte por un plazo no menor a 3 meses, es decir, por un período durante el cual sea plenamente posible tanto la conclusión de las negociaciones de paz con la participación de los representantes de todas las nacionalidades o naciones, sin excepción, arrastradas a la guerra u obligadas a participar en ella, como también la convocatoria de asambleas plenipotenciarias de representantes del pueblo de todos los países para la ratificación definitiva de las condiciones de paz.

Al dirigir esta propuesta de paz a los gobiernos y a los pueblos de todos los países beligerantes, el gobierno provisional obrero y campesino de Rusia se dirige también, en particular, a los obreros conscientes de las tres naciones más avanzadas de la humanidad y de los Estados más grandes que participan en la presente guerra: Inglaterra, Francia y Alemania. Los obreros de estos países han prestado los mayores servicios a la causa del progreso y del socialismo: los grandes ejemplos del movimiento cartista en Inglaterra, la serie de revoluciones de significado histórico-mundial realizadas por el proletariado francés y, por último, la heroica lucha contra la ley de excepción en Alemania y la prolongada, tenaz y disciplinada labor, ejemplar para los obreros del mundo entero, de crear las organizaciones proletarias de masas de Alemania. Todos estos ejemplos de heroísmo proletario y de creación histórica nos sirven de garantía de que los obreros de los países mencionados comprenderán la tarea que ahora recae sobre ellos: liberar a la humanidad de los horrores de la guerra y de sus consecuencias; de que estos obreros, con su actividad multifacética, decidida y de abnegada energía, nos ayudarán a llevar a feliz término la causa de la paz y, al mismo tiempo, la causa de la liberación de las masas trabajadoras y explotadas de la población de toda esclavitud y de toda explotación.

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El gobierno obrero y campesino, creado por la revolución del 24 y 25 de octubre y que se apoya en los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, debe iniciar inmediatamente negociaciones de paz. Nuestro llamamiento debe dirigirse tanto a los gobiernos como a los pueblos. No podemos ignorar a los gobiernos, porque entonces se prolongaría la posibilidad de concertar la paz, cosa que un gobierno popular no se atreve a hacer, pero no tenemos ningún derecho a no dirigirnos al mismo tiempo también a los pueblos. En todas partes, los gobiernos y los pueblos divergen entre sí, y por eso debemos ayudar a los pueblos a intervenir en las cuestiones de la guerra y la paz. Por supuesto, defenderemos por todos los medios todo nuestro programa de paz sin anexiones ni contribuciones. No nos apartaremos de él, pero debemos arrancar de las manos de nuestros enemigos la posibilidad de decir que sus condiciones son diferentes y que, por lo tanto, no hay razón para entablar negociaciones con nosotros. No, debemos privarlos de esta posición ventajosa y no plantear nuestras condiciones como un ultimátum. Por eso se ha incluido la disposición de que examinaremos todas las condiciones de paz, todas las propuestas. Examinaremos no significa que aceptemos. Las someteremos a la discusión de la Asamblea Constituyente, la cual ya tendrá la potestad de decidir qué se puede y qué no se puede ceder. Luchamos contra el engaño de los gobiernos, que todos hablan de palabra de paz y de justicia, pero en la práctica libran guerras de conquista y de rapiña. Ningún gobierno dirá todo lo que piensa. Nosotros estamos en contra de la diplomacia secreta y actuaremos abiertamente ante todo el pueblo. No cerramos ni hemos cerrado los ojos ante las dificultades. La guerra no se puede terminar con una negativa, la guerra no la puede terminar un solo bando. Proponemos un armisticio de tres meses, pero no rechazamos tampoco un plazo más corto, para que al menos por algún tiempo el ejército extenuado pueda respirar libremente, y, además, en todos los países cultos es necesario convocar asambleas populares para discutir las condiciones.

Al proponer el armisticio inmediato, nos dirigimos a los obreros conscientes de aquellos países que tanto han hecho por el desarrollo del movimiento proletario. Nos dirigimos a los obreros de Inglaterra, donde existió el movimiento cartista, a los obreros de Francia, que en repetidas insurrecciones demostraron toda la fuerza de su conciencia de clase, y a los obreros de Alemania, que soportaron la lucha contra la ley sobre los socialistas y crearon organizaciones poderosas.

En el manifiesto del 14 de marzo propusimos derrocar a los banqueros, pero nosotros no solo no derrocamos a los nuestros, sino que incluso entramos en alianza con ellos. Ahora hemos derrocado al gobierno de los banqueros.

Los gobiernos y la burguesía emplearán todos sus esfuerzos para unirse y aplastar en sangre la revolución obrera y campesina. Pero los tres años de guerra han enseñado bastante a las masas. El movimiento soviético en otros países, la insurrección de la flota alemana, aplastada por los junkers del verdugo Guillermo. Finalmente, hay que recordar que no vivimos en lo profundo de África, sino en Europa, donde todo puede saberse pronto.

El movimiento obrero triunfará y abrirá el camino hacia la paz y el socialismo. _(Prolongados e incesantes aplausos.)_