Camaradas, el proyecto inicial de resolución sobre la guerra lo leí en la conferencia de toda la ciudad. A causa de la crisis que absorbió en Petrogrado la atención y las fuerzas de todos los camaradas, no pudimos corregir este proyecto. Pero ayer y hoy la comisión trabajó con éxito, y ha sido modificado, considerablemente acortado y, en nuestra opinión, mejorado.

Quiero decir unas palabras sobre la estructura de esta resolución. Está dividida en tres partes: la primera parte está dedicada al análisis de clase de la guerra con el añadido de nuestra actitud de principio, por la cual el partido previene contra cualquier confianza en las promesas gubernamentales y cualquier tipo de apoyo al Gobierno Provisional. La segunda parte de la resolución está dedicada a la cuestión del defensismo revolucionario, como una corriente de masas extraordinariamente amplia que ha cohesionado ahora contra nosotros a la inmensa mayoría del pueblo. La tarea consiste en cómo definir el significado de clase de este defensismo revolucionario, en qué consiste su esencia, cuál es la correlación real de fuerzas y cómo debemos luchar contra esta corriente. La tercera parte de la resolución aborda la cuestión de cómo terminar la guerra. A esta cuestión práctica, de máxima importancia para el partido, era necesario responder detalladamente, y consideramos que hemos logrado dar una respuesta satisfactoria a esta cuestión. En una serie de artículos de *Pravda* y de periódicos de provincias (que nos llegan de manera muy irregular: el correo no funciona y hay que aprovechar las ocasiones para obtener las hojas locales para el Comité Central) donde había un gran número de artículos sobre la guerra, se aclaró la actitud negativa hacia la guerra y hacia la cuestión del empréstito. Creo que la votación contra el empréstito decidió la cuestión sobre la actitud negativa hacia el defensismo revolucionario. No me es posible detenerme más detalladamente en esto.

«La guerra actual, por parte de ambos grupos de potencias beligerantes, es una guerra imperialista, es decir, una guerra librada por los capitalistas por el reparto de los beneficios del dominio mundial, por los mercados del capital financiero (bancario), por el sometimiento de las nacionalidades débiles, etc.».

La tesis fundamental y primera es la cuestión del contenido de la guerra, cuestión de carácter general y político, cuestión controvertida que los capitalistas y los socialchovinistas eluden cuidadosamente. Por eso debemos ponerla en primer lugar y añadir:

«Cada día de guerra enriquece a la burguesía financiera e industrial y arruina y agota las fuerzas del proletariado y del campesinado de todos los países beligerantes, y también de los neutrales. En Rusia, la prolongación de la guerra, además, entraña el máximo peligro para las conquistas de la revolución y para su desarrollo ulterior.

El paso del poder estatal en Rusia al Gobierno Provisional, gobierno de terratenientes y capitalistas, no ha cambiado ni podía cambiar tal carácter y significado de la guerra por parte de Rusia».

Esta frase, que acabo de leer, tiene para nosotros gran importancia en toda la propaganda y agitación. ¿Ha cambiado ahora y puede cambiar el carácter de clase de la guerra? Nuestra respuesta se basa en que el poder ha pasado a manos de los terratenientes y capitalistas, del mismo gobierno que preparó esta guerra. A continuación pasamos a uno de los hechos que muestra de manera más patente el carácter de la guerra. Una cosa es el carácter de clase, expresado en toda la política que determinadas clases han llevado a cabo durante decenios, y otra cosa es el carácter de clase patente de la guerra.

«Este hecho se manifestó de manera particularmente evidente en que el nuevo gobierno no solo no publicó los tratados secretos concertados por el zar Nicolás II con los gobiernos capitalistas de Inglaterra, Francia, etc., sino que además confirmó formalmente, sin consultar al pueblo, esos tratados secretos, que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de China, Persia, Turquía, Austria, etc. Ocultando estos tratados, se está engañando al pueblo ruso respecto al verdadero carácter de la guerra».

Así pues, subrayo una vez más que señalamos una confirmación especialmente patente del carácter de la guerra. Incluso si no existieran en absoluto los tratados, el carácter de la guerra no habría cambiado en modo alguno, porque el acuerdo entre grupos de capitalistas puede alcanzarse muy a menudo sin tratados. Pero estos existen, su significado es particularmente patente, y nosotros, para unificar la labor de los agitadores y propagandistas, consideramos especialmente necesario subrayar este hecho y decidimos destacar este punto. La atención del pueblo está puesta en este hecho, y debe estarlo, tanto más cuanto que estos tratados fueron concertados en nuestro país por el zar, que ha sido derrocado, de modo que debe hacerse ver al pueblo que la guerra la libran gobiernos basándose en tratados concertados por los antiguos gobiernos. Creo que aquí se revelan en la forma más destacada las contradicciones entre los intereses de los capitalistas y la voluntad del pueblo, y la tarea de los agitadores, al revelar estas contradicciones, es dirigir hacia ellas la atención del pueblo, tratar de esclarecer la conciencia de las masas apelando a su conciencia de clase. El contenido de los tratados es tal, que no cabe duda de que prometen enormes ganancias a los capitalistas mediante el saqueo de otros países, ya que estos tratados siguen siendo siempre secretos en todos los países. No hay una sola república en el mundo que haya llevado abiertamente su política exterior. Mientras exista el régimen capitalista, no se puede esperar que los capitalistas abran sus libros de comercio. Si existe propiedad privada sobre los medios de producción, esta incluye la propiedad privada sobre las acciones y las operaciones financieras. La base principal de la diplomacia actual son precisamente las operaciones financieras, que se reducen al saqueo y al sojuzgamiento de las nacionalidades débiles. Estos son, desde nuestro punto de vista, los principios fundamentales de los que se desprende toda la evaluación de la guerra. De ellos extraemos la conclusión:

«Por tanto, el partido proletario no puede apoyar ni la guerra actual, ni el gobierno actual, ni sus empréstitos, sin romper completamente con el internacionalismo, es decir, con la solidaridad fraternal de los obreros de todos los países en la lucha contra el yugo del capital».

Esta es nuestra conclusión principal y fundamental, que determina toda nuestra táctica y nos separa de todos los demás partidos, por muy socialistas que se llamen. Con esta tesis, indiscutible para todos nosotros, queda prejuzgada la cuestión de nuestra actitud hacia todos los demás partidos políticos.

A continuación se habla de que nuestro gobierno ha planteado de manera particularmente amplia la cuestión de las promesas. En torno a estas promesas se desarrolla una larga campaña de los Soviets, que se han enredado en ellas y están probando al pueblo. Por eso consideramos necesario añadir al análisis puramente objetivo de la situación de clase una evaluación de las promesas, promesas que, por supuesto, para un marxista no tienen de por sí ningún significado. Pero para las amplias masas esto significa mucho, y para la política, aún más. El Soviet de Petrogrado se ha enredado en estas promesas y les da peso, prometiendo su apoyo. He aquí por qué añadimos a este punto la siguiente formulación:

«No merecen crédito alguno las promesas del actual gobierno de renunciar a las anexiones, es decir, a las conquistas de países ajenos, o a la retención violenta de cualesquiera nacionalidades dentro de los límites de Rusia».

Como la palabra «anexión» es extranjera, le damos una definición política exacta, que ni el partido k.-d., ni los partidos de los demócratas pequeñoburgueses (populistas y mencheviques) pueden dar. No hay palabras que se empleen de manera tan absurda y descuidada.

«Porque, en primer lugar, los capitalistas, ligados por miles de hilos del capital bancario, no pueden renunciar a las anexiones en la guerra actual sin renunciar a las ganancias de miles de millones invertidos en empréstitos, en concesiones, en empresas bélicas, etc.; en segundo lugar, el nuevo gobierno, tras renunciar a las anexiones para engañar al pueblo, declaró por boca de Miliukov el 9 de abril de 1917 en Moscú que no renunciaba a las anexiones, y con la nota del 18 de abril y su aclaración del 22 de abril confirmó el carácter anexionista de su política.

Previniendo al pueblo contra las vanas promesas de los capitalistas, la conferencia declara, por tanto, que hay que distinguir rigurosamente entre la renuncia a las anexiones de palabra y la renuncia a las anexiones de hecho, es decir, la publicación y anulación inmediatas de todos los tratados secretos de rapiña y el otorgamiento inmediato a todas las nacionalidades del derecho a decidir mediante votación libre si desean ser Estados independientes o formar parte del Estado que prefieran».

Consideramos necesario señalar esto, porque la cuestión de la paz sin anexiones es la cuestión fundamental en todas estas discusiones sobre las condiciones de paz. Todos los partidos reconocen que la paz se convertirá en una alternativa y que la paz con anexiones será una catástrofe inaudita para todos los países. Y ante el pueblo, en cuyo país existe la libertad política, no se puede plantear la cuestión de la paz más que como paz sin anexiones. Por eso es necesario pronunciarse por la paz sin anexiones, y solo queda mentir mediante el obscurecimiento del concepto de anexión o eludir esta cuestión. *Rech*, por ejemplo, grita que la devolución de Curlandia es ya una renuncia a las anexiones. Cuando hablé ante el Soviet de Diputados Obreros y Soldados, un soldado me entregó una nota con la pregunta: «debemos combatir para reconquistar Curlandia. ¿Acaso reconquistar Curlandia significa estar a favor de las anexiones?» Tuve que responder afirmativamente[64]. Nosotros estamos en contra de que Alemania pueda anexionarse Curlandia por la violencia, pero también en contra de que Rusia retenga Curlandia por la fuerza. Por ejemplo, nuestro gobierno ha publicado un manifiesto sobre la independencia de Polonia, atiborrándolo de frases vacías. Escribieron que Polonia debe estar en una libre unión militar con Rusia. Solo en estas tres palabras reside la verdad. Una unión militar libre de la pequeña Polonia con la enorme Rusia es, de hecho, un total sojuzgamiento militar de Polonia. Políticamente puede otorgar libertad, pero sus fronteras serán determinadas por la unión militar.

Si combatimos para que los capitalistas rusos se apoderen de Curlandia y Polonia dentro de las antiguas fronteras, eso significa que los capitalistas alemanes tienen derecho a saquear Curlandia. Ellos pueden objetar: juntos saqueamos Polonia. Cuando empezamos a despedazar Polonia a finales del siglo XVIII, Prusia era una potencia muy pequeña y débil, y Rusia enorme, y Rusia saqueó más. Ahora nosotros nos hemos hecho más fuertes, así que permítannos arrebatar la mayor parte. De ninguna manera se puede objetar contra esta lógica de los capitalistas. Japón en 1863 era cero en comparación con Rusia, y en 1905 vapuleó a Rusia. Alemania en 1863-1873 era cero en comparación con Inglaterra, y ahora es más fuerte que ella. Pueden objetar: nosotros éramos débiles cuando nos arrebataron Curlandia, ahora nos hemos desarrollado más que ustedes y queremos arrebatársela. No renunciar a las anexiones significa justificar guerras interminables por el apresamiento de nacionalidades débiles. La renuncia a las anexiones significa conceder a cada pueblo la libre decisión de si desea vivir separado o junto con otro. Por supuesto, para esto hay que retirar las tropas. Admitir la más mínima vacilación en la cuestión de las anexiones significa justificar guerras interminables. En consecuencia, en este sentido no podíamos permitir vacilación alguna. Nuestra respuesta respecto a las anexiones es la libre decisión de los pueblos. ¿Cómo hacer para que esta libertad política sea también económica? Para ello es necesario el paso del poder a manos del proletariado y el derrocamiento del yugo del capital.

Ahora paso a la segunda parte de la resolución.

«El llamado “defensismo revolucionario”, que ahora abarca en Rusia a todos los partidos populistas (socialistas populares, trudoviques, s.-r.) y al partido oportunista de los s.-d. mencheviques (Comité Organizador, Chjeidze, Tsereteli y otros), así como a la mayoría de los revolucionarios sin partido, representa, por su significado de clase, por un lado, los intereses y el punto de vista de los campesinos acomodados y de una parte de los pequeños propietarios, que, al igual que los capitalistas, obtienen ganancias de la violencia sobre los pueblos débiles. Por otro lado, el defensismo revolucionario es resultado del engaño de los capitalistas a una parte de los proletarios y semiproletarios de la ciudad y del campo, que por su posición de clase no están interesados ni en las ganancias de los capitalistas ni en la guerra imperialista».

Es decir, nuestra tarea aquí consiste en determinar de qué capas ha podido surgir y ha surgido el estado de ánimo defensista. Rusia es el país más pequeñoburgués, y las capas superiores de la pequeña burguesía están directamente interesadas en la continuación de esta guerra. El campesinado acomodado, al igual que los capitalistas, obtiene ganancias de ella. Por otro lado, la masa del proletariado y del semiproletariado no está interesada en las anexiones, ya que no recibe las ganancias del capital bancario. ¿Cómo pudieron estas clases adoptar el punto de vista del defensismo revolucionario? Tal actitud de estas clases hacia el defensismo revolucionario es resultado de la influencia de la ideología de los capitalistas, lo que en la resolución se expresa con la palabra «engaño». Ellos no saben distinguir los intereses de los capitalistas de los intereses del país. De aquí nuestra conclusión:

«La conferencia considera absolutamente inadmisibles y que significan de hecho una ruptura total con el internacionalismo y el socialismo cualesquiera concesiones al defensismo revolucionario. En cuanto a los sentimientos defensistas de las amplias masas populares, nuestro partido luchará contra estos sentimientos explicando incansablemente la verdad de que una actitud de confianza inconsciente hacia el gobierno de los capitalistas es, en el momento actual, uno de los principales obstáculos para el rápido fin de la guerra».

Aquí en estas últimas palabras se expresa la particularidad que distingue nitidamente a Rusia de todos los demás países capitalistas occidentales y de todas las repúblicas democrático-capitalistas. Pues allí no se puede decir que la confianza de las masas inconscientes sea la causa principal de la continuación de la guerra. Allí las masas están ahora aplastadas por las tenazas de hierro de la disciplina militar, y tanto mayor es la disciplina cuanto más democrática es la república, pues en esta última el derecho se apoya en la «voluntad del pueblo». En Rusia, a causa de la revolución, esta disciplina no existe. Las masas eligen libremente a sus representantes en los Soviets, fenómeno que ahora no se puede observar en ningún lugar del mundo. Pero son confiadas de manera inconsciente, y de ahí el aprovechamiento determinado de ellas para la lucha. Fuera de las explicaciones, no se puede hacer aquí nada. Las explicaciones deben referirse aquí a las tareas revolucionarias directas y a los modos de acción. Cuando las masas son libres, los intentos de hacer algo en nombre de una minoría, sin explicárselo a las masas, serían un blanquismo absurdo, un simple intento aventurerista. Solo conquistando a la masa —si es posible conquistarla— solo así creamos un apoyo firme para la victoria de la lucha de clase proletaria.

Paso a la tercera parte de la resolución:

«En cuanto a la cuestión más importante de cómo terminar lo más rápidamente posible, y además no con una paz violenta, sino con una paz verdaderamente democrática, esta guerra de los capitalistas, la conferencia reconoce y resuelve:

No se puede terminar esta guerra mediante la negativa de los soldados de un solo lado a continuar la guerra, mediante el simple cese de las acciones bélicas por una de las partes beligerantes».

Esta idea sobre tal terminación de la guerra nos es impuesta muy a menudo por personas que quieren facilitar la lucha contra el adversario tergiversando sus puntos de vista, procedimiento habitual de los capitalistas, que nos atribuyen la terminación absurda de la guerra mediante una renuncia unilateral. Y objetan: «la guerra no se puede terminar clavando la bayoneta en tierra», como lo formuló un soldado que es un típico defensista revolucionario. Esto no es una objeción, digo yo. Es una idea anarquista de que se puede terminar la guerra sin cambiar las clases gobernantes; es una idea o bien anarquista, que no tiene sentido, sentido estatal, o bien vagamente pacifista, y que no comprende en absoluto la conexión entre la política y la clase opresora. La guerra es un mal, y la paz un bien… Por supuesto, esta idea hay que explicarla, popularizarla entre las masas. Y en general, todas nuestras resoluciones se escriben para las capas dirigentes, para los marxistas, no sirven de ningún modo para ser leídas por las masas, pero deben dar una orientación unificadora de toda la política para cualquier propagandista y agitador. Para esto se ha añadido un párrafo más:

«La conferencia protesta una y otra vez contra la vil calumnia difundida por los capitalistas contra nuestro partido, a saber, que simpatizamos con una paz separada con Alemania. Consideramos a los capitalistas alemanes tan bandidos como a los capitalistas rusos, ingleses, franceses, etc., y al emperador Guillermo un bandido coronado como Nicolás II y los monarcas inglés, italiano, rumano y todos los demás».

A propósito de este punto surgieron en la comisión algunas disputas, por un lado, porque al parecer en este lugar habíamos adoptado un estilo demasiado popular, y por otro, porque los monarcas inglés, italiano y rumano no habrían merecido el honor de ser incluidos aquí. Pero tras detalladas discusiones llegamos al acuerdo unánime de que en el momento actual, cuando nos hemos propuesto refutar las calumnias que *Birzhevka* intentaba lanzar contra nosotros en su mayor parte groseramente, *Rech* sutilmente y *Yedinstvo* con insinuaciones directas, sobre tal cuestión hay que presentar la crítica más viva y tajante de estos conceptos, teniendo en cuenta a las más amplias masas. Y como nos dicen: si consideráis a Guillermo un bandido, ayudadnos a derrocarlo, pues podemos responder que todos los demás también son bandidos, y contra ellos también hay que luchar, de modo que no hay que olvidar a los reyes de Italia y Rumanía, los cuales se encuentran también en las filas de nuestros aliados. Estos dos párrafos contienen una réplica a las calumnias que intentan reducir el asunto a una riña callejera y a improperios. He aquí por qué debemos pasar a continuación a la seria cuestión práctica de cómo terminar esta guerra.

«Nuestro partido explicará paciente pero insistentemente al pueblo la verdad de que las guerras las libran los gobiernos, que las guerras están siempre indisolublemente ligadas a la política de clases determinadas, que esta guerra solo se puede terminar con una paz democrática mediante el paso de todo el poder estatal, al menos en varios países beligerantes, a manos de la clase de los proletarios y semiproletarios, que es realmente capaz de poner fin a la opresión del capital».

Para un marxista, estas verdades de que las guerras las libran los capitalistas y que están ligadas a sus intereses de clase son verdades absolutas. Un marxista no tiene que detenerse en esto. Pero para las amplias masas, todos los propagandistas y agitadores hábiles deben saber explicar esta verdad sin palabras extranjeras, porque entre nosotros las discusiones suelen convertirse en una vacua riña, que no da nada. Y a esto nos aproximamos en todas las partes de la resolución. Decimos: para comprender la guerra, hay que preguntar a quién beneficia; para comprender de qué manera terminar la guerra, hay que preguntar a qué clases no beneficia. La conexión aquí es clara, y de aquí se desprende la conclusión:

«La clase revolucionaria, tomando en sus manos el poder estatal en Rusia, adoptaría una serie de medidas conducentes a la destrucción de la dominación económica de los capitalistas, y medidas conducentes a su total neutralización política, y propondría inmediata y abiertamente la paz democrática a todos los pueblos sobre la base de la renuncia total a cualquier tipo de anexiones».

Si hablamos en nombre de la clase revolucionaria, el pueblo tiene derecho a preguntar: bien, ¿y ustedes qué harían en su lugar para terminar la guerra? Esta es una pregunta inevitable. El pueblo nos elige ahora como sus representantes, y debemos dar una respuesta absolutamente precisa. La clase revolucionaria, tomado el poder, comenzaría por socavar la dominación de los capitalistas, y propondría a todos los pueblos condiciones precisas de paz, porque si no hay socavamiento de la dominación económica de los capitalistas, se obtendrán solo papeluchos. Solo la clase victoriosa puede hacer esto, puede conducir a un cambio de política.

Repito una vez más: para las masas populares no desarrolladas, esta verdad requiere eslabones intermedios que introduzcan en la cuestión a las personas no preparadas. Todo el error y toda la mentira de la literatura popular sobre la guerra consiste en que esta cuestión se elude, se guarda silencio sobre ella, presentando el asunto como si no hubiera existido lucha de clases, sino como si dos países vivieran en amistad, y uno atacara al otro y ese se defendiera. Es esto un razonamiento vulgar, en el que no hay ni sombra de objetividad, un engaño consciente del pueblo por parte de las personas instruidas. Si logramos abordar esta cuestión, cualquier representante del pueblo captará la esencia; pues una cosa son los intereses de las clases dominantes, y otra los intereses de las clases oprimidas.

¿Qué sucedería si la clase revolucionaria tomara el poder?

«Estas medidas y esta abierta propuesta de paz crearían la plena confianza de los obreros de los países beligerantes entre sí…»

Ahora esta confianza no puede existir, no crearemos esta confianza con las palabras de los manifiestos. Si un pensador dijo que el lenguaje le fue dado al hombre para ocultar sus pensamientos, los diplomáticos dicen constantemente: «las conferencias se reúnen para engañar a las masas populares». No solo los capitalistas, sino también los socialistas razonan así. En particular, esto puede decirse de la conferencia convocada por Borgbjerg.

«…e inevitablemente conducirían a insurrecciones del proletariado contra aquellos gobiernos imperialistas que se opusieran a la paz propuesta».

Cuando ahora un gobierno capitalista dice: «estamos por la paz sin anexiones», nadie lo cree. Las masas populares tienen el instinto de las clases oprimidas, que les dice que nada ha cambiado. Solo cuando en un país la política cambiara de hecho, aparecería la confianza y el intento de insurrecciones. Hablamos de «insurrecciones», ya que se trata de todos los países. «En un país la revolución ha tenido lugar, ahora debe tener lugar en Alemania»: este razonamiento es falso. Intentan establecer un turno, pero no se puede obrar así. Todos hemos vivido la revolución de 1905, todos pudimos oír o vimos cómo provocó el crecimiento de las ideas revolucionarias en todo el mundo, cosa de la que siempre habló Marx. La revolución no se puede hacer ni establecer un turno. Encargar una revolución no se puede; la revolución surge. Es esto un charlatanismo que ahora en Rusia se aplica con especial frecuencia. Al pueblo se le dice: he aquí que ustedes en Rusia han hecho la revolución, ahora le toca al alemán. Si las condiciones objetivas cambian, entonces la insurrección es inevitable. Y en qué turno, en qué momento y con qué éxito, eso no lo sabemos. Se nos dice: si la clase revolucionaria en Rusia toma el poder en sus manos, y en otros países no hay insurrección, ¿qué hacer entonces al partido revolucionario? ¿Cómo actuar? A esta pregunta da respuesta el último punto de nuestra resolución.

«Mientras la clase revolucionaria en Rusia no haya tomado en sus manos todo el poder estatal, nuestro partido apoyará por todos los medios a aquellos partidos y grupos proletarios en el extranjero que lleven a cabo de hecho, ya durante la guerra, la lucha revolucionaria contra sus gobiernos imperialistas y su burguesía».

Esto es todo lo que podemos prometer de inmediato y debemos hacer. La revolución crece en todos los países, pero cuándo y en qué medida crece, eso nadie lo sabe. En todos los países hay personas que llevan a cabo la lucha revolucionaria contra sus gobiernos. A ellas y solo a ellas debemos apoyar. Esto es un hecho, y todo lo demás es solo mentira. Y añadimos:

«En especial, el partido apoyará la fraternización masiva de los soldados de todos los países beligerantes en el frente que ha comenzado…».

Esta observación a la objeción de Plejánov: «¿Qué saldrá de eso? —dice Plejánov. — Bueno, os confraternizaréis, ¿y luego? Esto significa la posibilidad de una paz separada en el frente». Esto es prestidigitación, no un argumento serio. Queremos la fraternización en todos los frentes y nos preocupamos por ello. Cuando trabajábamos en Suiza, publicamos el texto del llamamiento en dos idiomas: en una cara en francés, y en la otra en alemán, y llamábamos a lo que estamos exhortando a los soldados rusos. No nos limitamos a la fraternización solo entre Rusia y Alemania, llamamos a la fraternización de todos. Ahora bien, ¿cómo entender la fraternización?

«…esforzándose por transformar esta manifestación espontánea de solidaridad de los oprimidos en un movimiento consciente y lo más organizado posible hacia el paso de todo el poder estatal en todos los países beligerantes a manos del proletariado revolucionario».

Ahora la fraternización es espontánea, y no hay que engañarse al respecto. Hay que reconocerlo para no inducir al pueblo al error. Los soldados que se confraternizan no tienen un pensamiento político claro. Esto lo dice el instinto de las personas oprimidas, que están cansadas, agotadas y están dejando de creer a los capitalistas: «mientras ustedes hablan allí de la paz, nosotros ya lo hemos oído durante dos años y medio, nosotros empezaremos nosotros mismos». Este es un correcto instinto de clase. Sin tal instinto, la causa de la revolución sería desesperada. Pues, como saben, nadie liberaría a los obreros si ellos mismos no se liberaran. ¿Pero basta con este instinto? Con el instinto solo no se llegará muy lejos. Por eso es necesaria la transformación de este instinto en conciencia.

En el llamamiento «A los soldados de todos los países beligerantes» damos respuesta a la pregunta: ¿en qué debe convertirse esta fraternización?; en el paso del poder político a manos de los Soviets de diputados obreros y soldados[65]. Por supuesto, los obreros alemanes llamarán a sus Soviets con otros nombres, eso no importa. Pero lo esencial es que reconocemos como indudablemente correcto que es espontánea y que no nos limitamos a alentarla, sino que nos planteamos como tarea transformar este acercamiento espontáneo de obreros y campesinos vestidos con el capote de soldado de todos los países en un movimiento consciente, cuyo objetivo es el paso del poder en todos los países beligerantes a manos del proletariado revolucionario. Esta tarea es muy difícil, pero también la situación en que la humanidad ha sido puesta por el poder de los capitalistas es inauditamente difícil y conduce a la humanidad directamente a la ruina. Por eso provocará esa explosión de indignación que es la garantía de la revolución proletaria.

Esta es nuestra resolución, que ofrecemos a la atención de la conferencia.

Publicado por primera vez en 1921 en las *Obras completas de N. Lenin (V. Uliánov)*, tomo XIV, parte II

Se publica según la copia mecanografiada del acta

# Informe periodístico

Como ponente para fundamentar la primera resolución intervino el camarada Lenin, señalando la necesidad de dividir la resolución en tres partes: primera, que contiene el análisis de clase de la guerra; segunda, dedicada al llamado «defensismo revolucionario», y tercera, que da respuesta a la cuestión de cómo terminar la guerra. La primera parte de la resolución desenmascara las fuerzas motrices de la guerra imperialista, establece su conexión con una determinada fase del desarrollo del capitalismo, esclarece las aspiraciones anexionistas de las clases gobernantes de todos los países. La segunda parte da una caracterización de la corriente peculiar. La tercera parte esboza el camino para terminar la guerra, refutando la absurda calumnia sobre la paz «separada», el camino de la lucha revolucionaria de clase por el poder.

*Pravda* n.º 44, 12 de mayo (29 de abril) de 1917

Se publica según el texto del periódico *Pravda*