En una serie de centros locales, especialmente obreros, el papel de los Soviets resultó ser particularmente grande. Se instauró el poder único; la burguesía está completamente desarmada y reducida a una subordinación total; se aumentó el salario, se redujo la jornada laboral sin disminuir la producción; se aseguró el abastecimiento; se inició el control sobre la producción y la distribución; fueron destituidas todas las viejas autoridades; se estimula la iniciativa revolucionaria de los campesinos tanto en la cuestión del poder (destitución de todas las viejas autoridades y creación de otras nuevas) como en la cuestión de la tierra.

En la capital y en algunos grandes centros se observa el fenómeno contrario: la composición de los Soviets es menos proletaria; en los comités ejecutivos es incomparablemente más amplia la influencia de los elementos pequeñoburgueses, así como —y especialmente en las comisiones— la «colaboración con la burguesía», que detiene la iniciativa revolucionaria de las masas, burocratiza el movimiento revolucionario de las masas y sus tareas revolucionarias, frenando todas las medidas revolucionarias capaces de «afectar» a los capitalistas.

Es completamente natural e inevitable que después del mayor desarrollo de la energía revolucionaria en la capital, donde el pueblo y especialmente los obreros realizaron el máximo de sacrificios para derrocar al zarismo, — en la capital, donde el poder estatal central resultó derrocado y el poder más centralizado del capital dio el máximo de poder a los capitalistas, — el poder de los Soviets (y el poder del proletariado) resultaran débiles, la tarea del desarrollo ulterior de la revolución resultara particularmente difícil, el tránsito a una nueva etapa de la revolución fuera especialmente pesado, y la resistencia de la burguesía fuera más fuerte que nunca.

De aquí que: mientras en las capitales y en los centros más grandes los esfuerzos principales han de dirigirse a la preparación de fuerzas para culminar la segunda etapa de la revolución, — en las localidades se puede y se debe impulsar directamente la revolución aún más lejos y, realizando el poder único de los Soviets de diputados obreros, desarrollando la energía revolucionaria de las masas obreras y campesinas, pasando al control sobre la producción y la distribución de los productos, etc.

Se perfiló el siguiente curso del desarrollo de la revolución: (1) eliminación del viejo poder en el centro; (2) toma del poder por la burguesía debido a la falta de preparación del proletariado para las gigantescas tareas de todo el Estado; (3) traslado de la revolución a las localidades; (4) en las localidades, muy a menudo, especialmente en los centros proletarios, aparecen comunas y el desarrollo de la energía revolucionaria de las masas; (5) la tierra — la toman, etc.; (6) las fábricas; control sobre ellas; (7) el poder único; (8) la revolución local, municipal, avanza; (9) burocratización, subordinación a la burguesía en el centro.

Conclusiones:

(a) 1: preparación en el centro (preparación de fuerzas para la nueva revolución);

(b) 2: impulsar la revolución hacia adelante (¿el poder? ¿la tierra? ¿las fábricas?) en las localidades;

(c) 3: comunas en las localidades, es decir, (aa) plena autonomía local; por iniciativa propia; (bb) sin policía, sin funcionarios, omnipotencia de las masas armadas de obreros y campesinos;

(d) 4: lucha contra la influencia burocratizante y pequeñoburguesa que tranquiliza a la burguesía;

(e) 5: recogida de la experiencia de las localidades para estimular al centro: las «localidades» se convierten en modelo.

(f) 6: explicar a las masas obreras, campesinas y soldados que la causa del éxito de la revolución en las localidades es el poder único y la dictadura del proletariado.

(g) 7: por supuesto, en el centro es más difícil, requiere más tiempo.

+ (h) 8: desarrollo de la revolución mediante comunas, formadas a partir de los suburbios y barrios de las grandes ciudades…

(i) 9: transformación (en las capitales, etc.) en «lacayos de la burguesía».

Escrito el 25–26 de abril (8–9 de mayo) de 1917.

Publicado por primera vez en 1925 en la Recopilación Leninista IV.

Se imprime según el manuscrito.