Este avance del socialismo que se manifiesta entre vosotros podría conducir a un conflicto decisivo en el que obtendréis las primeras victorias. La tradición revolucionaria del país y de la capital, el carácter de vuestro ejército, reorganizado desde 1870 sobre una base mucho más popular, todo esto hace posible una eventualidad semejante. Pero para asegurar la victoria, para hacer caer los cimientos de la sociedad capitalista, necesitáis el apoyo enérgico de un partido socialista más fuerte, más numeroso, más fogueado en la lucha, más consciente que aquel de que disponéis. Sería la realización de lo que hemos previsto y pronosticado durante muchos años: los franceses dan la señal, abren el fuego, y los alemanes deciden la batalla.