Camaradas, la resolución que tengo el honor de proponer a vuestra atención en nombre de la fracción socialdemócrata del Soviet campesino ha sido impresa y distribuida a los delegados. Si no todos la han recibido, tomaremos medidas para que mañana mismo se imprima un número adicional destinado a todos los que la deseen.

En este breve informe puedo detenerme, por supuesto, únicamente en las cuestiones principales, fundamentales, las que más interesan al campesinado y a la clase obrera. A quienes se interesen por la cuestión con más detalle, podría recomendarles la resolución de nuestro partido, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (bolchevique), publicada como suplemento al número 13 del periódico *Soldátskaya Pravda* y explicada reiteradamente en nuestro periódico *Pravda*{76}. Ahora tendré que limitarme a explicar los puntos más importantes, más controvertidos o que suscitan malentendidos de mi resolución y de nuestro programa partidario sobre la cuestión agraria. Uno de los primeros puntos controvertidos o que suscitan malentendidos es la cuestión que se abordó ayer o anteayer también en el Comité Agrario Principal{77}, en una sesión de la que probablemente todos habéis oído hablar o habéis leído en los periódicos de ayer o de anteayer. En la sesión del Comité Agrario Principal estuvo presente uno de los representantes de nuestro partido, mi camarada del Comité Central, el camarada Smilga. Presentó allí la propuesta de que el Comité Agrario Principal se pronunciara a favor de la toma inmediata y organizada de las tierras de los terratenientes por el campesinado, y contra esta propuesta se desató toda una serie de objeciones. (Una voz: «También aquí».) Ahora me dicen que también aquí se manifestarán contra esta propuesta, igualmente, muchos camaradas. Con tanto más fundamento debo detenerme en la explicación de este punto de nuestro programa, porque me parece que la mayor parte, creo yo, de todas las objeciones que se hacen a nuestro programa se basan en un malentendido o en una interpretación incorrecta de nuestros puntos de vista.

¿Qué dicen todas las resoluciones de nuestro partido, todos los artículos de nuestro órgano, nuestro periódico *Pravda*? Decimos que toda la tierra, sin excepción, debe pasar a ser propiedad de todo el pueblo. A esta conclusión hemos llegado basándonos en el estudio, en particular, del movimiento campesino de 1905 y de las declaraciones de los diputados campesinos en la I y la II Duma de Estado{78}, donde muchos diputados campesinos de todos los confines de Rusia pudieron expresarse con relativa libertad, con relativa libertad, por supuesto.

Toda la tierra debe ser propiedad de todo el pueblo. De aquí se deduce ya que, al defender el paso inmediato y gratuito de las tierras de los terratenientes a manos de los campesinos locales, no defendemos en modo alguno la toma de esas tierras en propiedad, no defendemos en modo alguno el reparto de esas tierras. Partimos del supuesto de que la tierra debe ser tomada para una sola siembra por el campesinado local, por decisión adoptada por la mayoría de los delegados campesinos locales. No defendemos en modo alguno que esa tierra pase a ser propiedad de los campesinos que ahora la toman para una sola siembra. Todas las objeciones de este tipo, que he tenido que escuchar y leer constantemente en las páginas de los periódicos capitalistas contra nuestra propuesta, se basan directa y llanamente en una interpretación inexacta de nuestros puntos de vista. Toda vez que hemos dicho —y repito: lo hemos dicho en todas nuestras resoluciones— que la tierra debe ser propiedad de todo el pueblo y pasar a éste gratuitamente, está claro que el establecimiento del reparto definitivo de esta tierra, el establecimiento definitivo de las relaciones agrarias, debe ser efectuado únicamente por el poder estatal central, es decir, por la Asamblea Constituyente o por el Soviet de Soviets de toda Rusia, si las masas campesinas y obreras crearan tal poder, un Soviet de Soviets. A este respecto no hay divergencia alguna.

Las divergencias empiezan más adelante, cuando se nos objeta diciendo: «Si es así, entonces todo paso inmediato y gratuito de las tierras de los terratenientes a manos del campesinado será una arbitrariedad». Esta opinión, que fue expresada de la manera más precisa, más autorizada y con mayor peso por el ministro de Agricultura Shingariov en su conocido telegrama, la consideramos la más errónea, la más desventajosa para el campesinado, para los agricultores, para el abastecimiento de pan del país, y la más injusta. Me permitiré leer ese telegrama para mostrar contra qué dirigimos sobre todo nuestras objeciones.

«La solución autónoma de la cuestión agraria es inadmisible sin una ley estatal general. La arbitrariedad conducirá a una desgracia nacional… la solución de la cuestión agraria por ley es asunto de la Asamblea Constituyente. En la actualidad se han creado en los lugares cámaras de conciliación agrarias, formadas por agricultores y terratenientes, junto a los comités de abastecimiento de la volost».

He aquí el pasaje esencial de la declaración del gobierno sobre esta cuestión. Si os familiarizáis con la resolución aprobada ayer o anteayer por el Comité Agrario Principal sobre esta cuestión{79}, con la resolución que también fue aprobada hace unos días por la reunión de miembros de la Duma de Estado{80}, veréis que las dos resoluciones mencionadas parten del mismo punto de vista. Acusan de arbitrariedad a los campesinos que desean realizar el traspaso inmediato y gratuito de la tierra a manos de los campesinos y su distribución por los comités campesinos locales, partiendo de que sólo el acuerdo voluntario entre campesinos y terratenientes, entre agricultores y terratenientes, y sólo ése, respondería presuntamente a las necesidades e intereses generales del Estado. Esto es precisamente lo que negamos, contra lo que polemizamos.

Portada del folleto «Discurso de Lenin sobre la cuestión agraria», publicado por el Comité del POSDR(b) de Smolensk. – 1917 (Reducido)

Analicemos estas objeciones que se hacen contra nuestra propuesta. Habitualmente las objeciones consisten en que la tierra está distribuida en Rusia de manera extraordinariamente desigual, tanto entre pequeñas unidades aisladas, como un pueblo o una volost, como entre grandes unidades, como son las gubernias y las regiones. Y se dice que si la población local, por decisión mayoritaria, sin contar con la voluntad de los terratenientes, tomara la tierra en sus manos, y además gratuitamente, la desigualdad se mantendría o existiría incluso el peligro de que se consolidara. A esto respondemos que tal argumento se basa en un malentendido. La desigualdad en la distribución de la tierra seguirá existiendo de todos modos hasta que la Asamblea Constituyente, o el poder estatal central en general, no establezca un nuevo orden de manera definitiva. Mientras no se establezca ese orden, tanto si el asunto se decide a la manera campesina como a la manera de los terratenientes, tanto si se hace como queremos nosotros, con el paso inmediato de la tierra a manos del campesinado, como si se hace como quieren los terratenientes, que están dispuestos a ceder la tierra en arriendo a un alto precio, con la condición de que el campesino arrendatario y el terrateniente conserven sus derechos, tanto si es así como si es de otra manera, la distribución desigual permanece. Esta objeción contra nosotros es manifiestamente incorrecta e injusta. Nosotros decimos que es necesario crear cuanto antes un poder estatal central que no sólo se apoye en la voluntad y las decisiones de la mayoría del campesinado, sino que exprese directamente la opinión de esa mayoría. Sobre esto no hay discusión. Si oímos objeciones contra los bolcheviques, ataques de los periódicos capitalistas, afirmaciones de que somos anarquistas, las rechazamos de la manera más resuelta y consideramos esos ataques como la difusión de una mentira maliciosa y una calumnia.

Se llama anarquistas a quienes niegan la necesidad del poder estatal, y nosotros decimos que éste es absolutamente necesario, no sólo para Rusia ahora, sino para cualquier Estado que incluso estuviera en transición directa al socialismo. Es absolutamente necesario el poder más firme. Sólo queremos que ese poder esté entera y exclusivamente en manos de la mayoría de los diputados obreros, soldados y campesinos. He aquí en qué nos distinguimos de los otros partidos. No negamos en modo alguno la necesidad de un poder estatal firme; sólo decimos que toda la tierra de los terratenientes debe pasar gratuitamente a manos de los campesinos, por decisión del comité campesino local, adoptada por mayoría, bajo la condición de que no se produzca ningún deterioro de los bienes. Esto está indicado en nuestra resolución de la manera más precisa. Rechazamos resueltamente las objeciones contra nuestro punto de vista, según las cuales esto sería arbitrariedad.

No, en nuestra opinión, si los terratenientes retienen las tierras en su provecho o cobran por ellas, eso es arbitrariedad; y si la mayoría del campesinado dice que la tierra de los terratenientes no debe quedar en manos del terrateniente, que el campesinado no ha visto de esos terratenientes, propietarios de tierras, más que opresión durante muchas décadas, durante siglos, eso no es arbitrariedad, eso es restablecimiento del derecho, y con el restablecimiento del derecho no se puede esperar. Si se realiza ahora el paso de la tierra a los campesinos, es imposible eliminar la desigualdad entre las regiones —es indiscutible—, pero nadie eliminará esa desigualdad mientras no se haya reunido la Asamblea Constituyente. Y en este momento, si se le preguntara a Shingariov, que nos objeta y en documentos oficiales insulta a los partidarios de nuestros puntos de vista por «arbitrariedad», qué propone él contra esa desigualdad, no podría dar respuesta. No propone nada y no puede proponer nada.

Él dice: «acuerdo voluntario entre campesinos y terratenientes». ¿Qué significa esto? Citaré dos cifras básicas relativas a la propiedad de la tierra en la Rusia europea. Estas cifras muestran que en un extremo de la aldea rusa están los terratenientes más ricos, incluyendo entre ellos a los Románov, los terratenientes más ricos y peores, y en el otro extremo, los campesinos más pobres. Citaré dos cifras para que veáis qué significado tiene esa prédica por parte de Shingariov, por parte de todos los terratenientes y capitalistas. He aquí las dos cifras: si se toma a los terratenientes más ricos de toda la Rusia europea, resulta que los más grandes, en número inferior a 30.000 personas, poseen alrededor de 70 millones de desiatinas de tierra. Esto significa más de 2.000 desiatinas por persona. Si tomamos las capas más altas de los ricos terratenientes rusos, sin distinción de estamento (la mayoría aquí son nobles, pero hay también otros propietarios de tierras), son 30.000, ¡y tienen 70 millones de desiatinas! Y si tomamos al campesinado más pobre según el mismo censo de 1905, que da los últimos datos recogidos de manera uniforme en toda Rusia —datos que, en esencia, no merecen mucha confianza, como toda estadística recogida bajo el zar por funcionarios zaristas, pero que, de todos modos, proporcionan los datos más aproximados a la verdad, los más comparables—, si tomamos al campesinado más pobre, obtenemos 10 millones de hogares y alrededor de 70-75 millones de desiatinas de tierra. Esto significa: ¡uno tiene más de 2 mil desiatinas, y el otro, 7 desiatinas y media por hogar! Y dicen que será una arbitrariedad si los campesinos no aceptan un acuerdo voluntario. ¿Qué significa entonces este «acuerdo voluntario»? Significa que los terratenientes, quizás, cederán la tierra por una buena renta de arrendamiento, pero no la entregarán a nadie gratuitamente. ¿Es justo esto? No, no es justo. ¿Es ventajoso para la población campesina? No, no es ventajoso. Cómo se establecerá definitivamente la propiedad de la tierra, es asunto del futuro poder central, pero ahora, inmediatamente, la tierra de los terratenientes debe pasar sin rescate a manos del campesinado, bajo la condición de una toma organizada. El ministro Chernov, en el Comité Agrario Principal, objetando a mi camarada Smilga, dijo que «toma organizada» son dos palabras que se anulan mutuamente: si es toma, significa que es desorganizada, y si es organizada, significa que no es toma. Creo que esta crítica es incorrecta. Creo que el campesinado, si adopta una decisión por mayoría en el pueblo o en la volost, en el uyezd, en la gubernia —y en algunas gubernias, si no en todas, los congresos campesinos han establecido en los lugares un poder que representa los intereses y la voluntad de la mayoría, un poder que representa la voluntad de la población, es decir, de la mayoría de los agricultores—, en cuanto tal poder se ha creado en los lugares, su decisión es la decisión de ese poder que los campesinos reconocerán. Es ese poder hacia el cual la población campesina en los lugares no puede dejar de sentir pleno respeto, pues no hay duda de que ese poder, un poder libremente elegido, decreta que la tierra de los terratenientes debe pasar inmediatamente a manos del campesinado. Que el campesino sepa que toma la tierra del terrateniente, que si paga, pague a las cajas campesinas, del uyezd, que sepa que ese dinero se destinará a mejorar la agricultura, a puentes, caminos, etc. Que sepa que toma una tierra que no es suya, pero tampoco del terrateniente, sino una tierra de todo el pueblo, de la que la Asamblea Constituyente dispondrá definitivamente. Por lo tanto, desde el comienzo mismo de la revolución, desde el momento de la creación del primer comité agrario, no debe existir ningún derecho del terrateniente sobre la tierra, y no debe efectuarse ningún cobro monetario por esa tierra.

La contradicción fundamental que tenemos con nuestros adversarios reside en la comprensión de qué es el orden y qué es la ley. Hasta ahora se consideraba que el orden y la ley es lo que conviene a los terratenientes y a los funcionarios, pero nosotros afirmamos que el orden y la ley es lo que conviene a la mayoría del campesinado. Y mientras no haya un Soviet de Soviets de toda Rusia, mientras no haya una Asamblea Constituyente, todo poder en los lugares —comités de uyezd, comités de gubernia— ¡ese es el orden y la ley supremos! Llamamos arbitrariedad a que un solo terrateniente, basándose en viejos derechos seculares, exija un acuerdo «voluntario» con trescientas familias campesinas, ¡cada una de las cuales tiene por término medio 7 desiatinas y media! Decimos: «que las decisiones se adopten por mayoría; ¡queremos que ahora, sin perder un solo mes, una sola semana, un solo día, los campesinos reciban las tierras de los terratenientes!».

Se nos objeta: «Pero si los campesinos van a tomar ahora la tierra, es posible que la tomen los más ricos, los que tienen ganado, aperos, etc.; por lo tanto, ¿no será esto peligroso precisamente desde el punto de vista del campesinado más pobre?». Camaradas, debo detenerme en este argumento, porque nuestro partido, en todas nuestras decisiones, programas y llamamientos al pueblo, declara: «Somos el partido de los obreros asalariados y de los campesinos más pobres; queremos defender sus intereses; a través de ellos y sólo a través de ellos, a través de estas clases, puede la humanidad salir de los horrores a los que la ha precipitado esta guerra de los capitalistas».

Por eso, a objeciones como que nuestras decisiones resultan no corresponder a los intereses de los campesinos más pobres, a tales objeciones las examinamos con mucha atención y os invitamos a deteneros especialmente en ellas, pues estas objeciones tocan la esencia misma del asunto, la raíz misma de la cuestión. La esencia del asunto consiste precisamente en cómo se pueden defender los intereses de los obreros asalariados, urbanos y rurales, los intereses de los campesinos más pobres en la revolución en curso, en la transformación estatal de Rusia que está teniendo lugar, cómo se puede y se debe defender sus intereses frente a los intereses de los terratenientes o de los campesinos ricos —esos mismos capitalistas—. Por supuesto, ¡éste es el quid de la cuestión, toda su esencia! Y bien, se nos objeta que si recomendamos a los campesinos la toma inmediata, tomará la tierra ante todo quien tenga aperos, ganado, y los pobres se quedarán sin nada. Yo os pregunto: ¿acaso el acuerdo voluntario con los terratenientes ayudará?

Sabéis perfectamente que los terratenientes no arriendan de buena gana la tierra a los campesinos que no tienen ni un kopek en el bolsillo y, al contrario, recurren a acuerdos «voluntarios» cuando se les promete un buen pago. Hasta ahora los terratenientes no parece que hayan dado gratis sus tierras; como que nadie en Rusia lo ha notado.

Si se habla de un acuerdo voluntario con los terratenientes, eso significa reforzar mucho más, aumentar, consolidar la situación privilegiada, preferente, las ventajas de las que gozan los campesinos ricos, porque los campesinos ricos con toda seguridad pueden pagar a los terratenientes, y para cualquier terrateniente el campesino rico representa a una persona solvente. El terrateniente sabe que ése puede pagar y que se le puede cobrar, y por eso, en tales tratos «voluntarios» con los terratenientes, ganan más los campesinos ricos que los pobres. Por el contrario, si hay posibilidad de ayudar inmediatamente al campesinado pobre, es sólo con la medida que yo propongo, a saber: la tierra debe pasar ahora mismo gratuitamente a los campesinos.

La propiedad terrateniente fue y sigue siendo la mayor injusticia. La posesión gratuita de esta tierra por los campesinos, si esa posesión se hace por mayoría, no es una arbitrariedad, sino el restablecimiento del derecho. Éste es nuestro punto de vista, y por eso consideramos una injusticia flagrante ese argumento de que con ello perdería el campesinado más pobre. «Acuerdo voluntario» se llama —sólo Shingariov puede llamar a eso «acuerdo voluntario»— cuando un terrateniente tiene 2.000 desiatinas y 300 campesinos tienen 7 desiatinas y media por término medio. Llamar a ese acuerdo voluntario es burlarse del campesino. No es un acuerdo voluntario, sino forzoso para el campesinado, forzoso hasta que cada Soviet campesino de volost, de gubernia, de uyezd y de toda Rusia declare que la propiedad terrateniente es una gran injusticia, con cuya abolición no se puede esperar ni una hora ni un minuto.

La propiedad de la tierra debe ser de todo el pueblo, y debe establecerla el poder estatal general. Mientras éste no se haya reunido, los poderes locales, repito una vez más, toman la tierra de los terratenientes, y deben hacerlo por mayoría organizada. ¡No es cierto que los periódicos griten que en Rusia reina el desorden! No es cierto, en la aldea reina más orden que antes, porque la decisión se toma por mayoría; casi no ha habido violencias contra los terratenientes; los casos de injusticia y violencia contra los terratenientes son completamente aislados; son insignificantes y en toda Rusia no superan el número de casos de violencia que había también antes.

Ahora tocaré otro argumento que he tenido ocasión de escuchar y de analizar en nuestro periódico *Pravda* en relación con el paso inmediato de las tierras a manos del campesinado[11].

Este argumento consiste en que si se recomienda a los campesinos tomar inmediatamente las tierras de los terratenientes en sus manos gratuitamente, esto provocará descontento, irritación, temor y, quizás, hasta indignación entre los soldados del frente, quienes quizás digan: «Si los campesinos toman ahora la tierra, y nosotros debemos permanecer en el frente, nos quedaremos sin tierra». Tal vez los soldados abandonarían el frente en masa y se produciría el caos y la anarquía. A esto respondemos así: esta objeción no afecta en absoluto a la cuestión fundamental; tanto si se toma la tierra mediante pago, por acuerdo con los terratenientes, como por decisión de la mayoría del campesinado, los soldados permanecen en el frente mientras dure la guerra, y, por supuesto, permanecerán en el frente y no pueden regresar a la aldea. ¿Por qué los soldados en el frente no habrían de temer que los terratenientes, bajo la apariencia de un acuerdo voluntario, impongan condiciones desventajosas, y por qué habrían de temer que el campesinado decida por mayoría contra los terratenientes? ¡Es incomprensible! ¿Por qué el soldado en el frente habría de tener confianza en el terrateniente, en el acuerdo «voluntario» con el terrateniente? Comprendo cuando esto lo dicen los partidos de los terratenientes y capitalistas, pero que lo vea así el soldado ruso en el frente, no lo creo. Si hay un acuerdo «voluntario» con el terrateniente, el soldado no lo llamará orden, no tendrá confianza en ello, sino que más bien considerará que continúa el viejo desorden terrateniente.

El soldado tendrá más confianza si se le dice: la tierra pasa al pueblo, los campesinos locales la arriendan y pagan el arriendo no al terrateniente, sino que lo ingresan en su comité para necesidades de utilidad pública, para el mismo frente de los soldados, pero no al terrateniente. Si esto se decide por mayoría, el soldado en el frente sabrá que ya no puede haber ningún acuerdo «voluntario» con los terratenientes, que los terratenientes son ciudadanos con igualdad de derechos, a los que nadie quiere ofender. La tierra es de todo el pueblo: significa que pertenece también al terrateniente, pero no en virtud de los privilegios de la nobleza, sino como a cualquier ciudadano. Ningún privilegio, desde los días en que fue derrocado el poder zarista, el poder del zar, que era el mayor terrateniente y opresor de las masas, ningún privilegio debe existir para los propietarios de tierras, los terratenientes. Con el establecimiento de la libertad, el poder terrateniente debe considerarse derrocado de una vez para siempre. De este punto de vista no perderá en absoluto el soldado en el frente, sino, al contrario, tendrá mucha más confianza en el poder estatal y una tranquila seguridad por su hogar, de que su familia no se quedará desamparada, abandonada.

Queda aún un argumento que se ha esgrimido contra nuestra propuesta. El argumento consiste en que, si los campesinos tomaran inmediatamente la tierra de los terratenientes, esa toma inmediata, poco preparada, podría conducir quizás a un empeoramiento del cultivo de la tierra, quizás la siembra sería peor. Debo decir que el poder de la mayoría, el poder estatal general, aún no se ha creado, los campesinos todavía no han adquirido suficiente confianza en sí mismos ni han perdido la confianza en los terratenientes y capitalistas; creo que cada día nos acercamos a eso, cada día el campesinado pierde la confianza en el viejo poder estatal y toma conciencia de que el gobierno en Rusia deben ser los elegidos campesinos, soldados, obreros, etc., y nadie más; creo que cada día nos acerca a ese momento, no porque lo aconsejen algunos partidos: nunca millones de personas escucharán los consejos de los partidos si esos consejos no coinciden con lo que les enseña la experiencia de su propia vida. Nos acercamos a pasos rápidos al tiempo en que en Rusia no habrá ningún poder, salvo el poder de los elegidos campesinos y obreros. Y cuando se me dice que, quizás, la toma inmediata de las tierras llevará a que la tierra sea mal cultivada, a que la siembra sea mala, debo decir que, debido a su opresión, debido a la opresión secular de los terratenientes, el cultivo entre nuestros campesinos es muy malo. Por supuesto, en Rusia hay una crisis terrible que se ha abatido sobre ella, como sobre todos los países beligerantes, y Rusia no se salvará si no pasa a un cultivo mejor, a una mayor economía del trabajo humano. Pero, en la primera siembra, ¿acaso puede cambiar algo el acuerdo «voluntario» con los terratenientes? ¿Qué? ¿Acaso los terratenientes vigilarán mejor el cultivo de la tierra, los campesinos sembrarán peor la tierra si saben que siembran no en tierra del terrateniente, sino en tierra de todo el pueblo? ¿Que si pagan, no pagan al terrateniente, sino a sus propias cajas campesinas? Esto es tal absurdo que me asombro cuando oigo tales argumentos; es completamente inverosímil y representa enteramente una artimaña de los terratenientes.

Los terratenientes han comprendido que ya no se puede dominar con el garrote, lo han comprendido bien, y están pasando a ese modo de dominación que es una novedad para Rusia, pero que en Europa Occidental, en los países de Europa occidental, existe desde hace mucho. Que ya no se puede dominar con el garrote, nos lo han mostrado dos revoluciones, y en los países de Europa occidental lo han mostrado decenas de revoluciones. Estas revoluciones enseñan a los terratenientes y capitalistas, les enseñan que al pueblo hay que gobernarlo con engaño, con adulación; hay que adaptarse, prenderse un distintivo rojo en la chaqueta y, aunque sean explotadores, decir: «Somos la democracia revolucionaria, por favor, esperad un poco y lo haremos todo por vosotros». El argumento de que los campesinos sembrarán peor la tierra ahora, si siembran ya no en tierra del terrateniente, sino en tierra de todo el pueblo, es precisamente una burla contra los campesinos, un intento de mantener el dominio sobre ellos mediante el engaño.

Repito, la propiedad terrateniente no debe existir en absoluto; la posesión no es todavía propiedad, la posesión es una medida temporal y la posesión cambia cada año. El campesino que recibe en arriendo un pedacito de tierra no debe atreverse a considerar que la tierra es suya. La tierra no es suya ni del terrateniente, sino del pueblo. Repito que esto no puede empeorar la siembra de los campos este año, esta primavera. Esta suposición es tan monstruosa e inverosímil que os digo una sola cosa: hay que precaverse contra los terratenientes, no confiar en ellos, no dejarse engañar por palabras melosas y promesas. Hay que recordar que la decisión de la mayoría de los campesinos, que son bastante prudentes en sus decisiones, es una decisión legal y de alcance estatal general. En este sentido, se puede confiar en los campesinos. Por ejemplo, tengo la decisión de los campesinos de Penza, la cual, desde el primer punto hasta el último, está impregnada de una prudencia extraordinaria: los campesinos no emprenderán ninguna transformación inmediata en toda Rusia, pero no quieren meterse en una servidumbre insoportable, y en eso tienen razón. La mayor servidumbre era la terrateniente y sigue siendo la terrateniente, la servidumbre de los propietarios de tierras y opresores. Y por eso, no se puede esperar ni una semana, ni una hora para eliminar esa servidumbre, pero toda toma debe ser una toma organizada, no para la propiedad, no para el reparto, sino sólo para el uso común de la tierra de todo el pueblo.

Podría concluir esta cuestión de la toma respondiendo así: las objeciones contra nuestra propuesta se basan, por parte de los terratenientes y capitalistas, en el engaño, y por parte de quienes no son terratenientes ni capitalistas, por parte de las personas que desean defender los intereses de los trabajadores, se basan en un malentendido, en una excesiva confianza en lo que dicen mentirosamente contra nosotros los capitalistas y terratenientes. Si se analizan nuestros argumentos, resulta que la justa reivindicación de la abolición inmediata de la propiedad terrateniente, al igual que el paso de la propiedad de la tierra al pueblo, no se puede realizar hasta que no se reúna el poder estatal central, mientras que aconsejamos de la manera más insistente el paso de la posesión de la tierra a los propios campesinos ahora mismo, en los lugares, con la condición de que no se admita la menor infracción del orden. En nuestras resoluciones damos este consejo, y quizás este consejo sea superfluo, porque sin él los campesinos lo están llevando a la práctica.

Pasaré a la segunda cuestión, en la que conviene detenerse con mayor atención, a la cuestión de cómo deseamos y cómo conviene, en interés de las masas trabajadoras, actuar con la tierra cuando ésta sea ya propiedad de todo el pueblo, cuando sea abolida la propiedad privada. Esta hora está muy cerca en Rusia. De hecho, el poderío del poder terrateniente, si no está destruido, está minado. Cuando la tierra esté en posesión de todos los campesinos, cuando no haya terratenientes, ¿cómo proceder, cómo distribuir la tierra? A este respecto, me parece necesario establecer un punto de vista general, un punto de vista fundamental, porque, por supuesto, la disposición en los lugares queda siempre en manos del campesinado. En un Estado democrático no puede ser de otra manera, esto está tan claro que es superfluo hablar de ello. Pero cuando surge la cuestión de cómo hacer para que la tierra sea para los trabajadores, nosotros decimos: queremos defender los intereses de los obreros asalariados y de los campesinos más pobres. Ésta es la tarea que se asigna nuestro partido de los socialdemócratas bolcheviques rusos. Nos preguntamos: si se dice que la tierra pasará al pueblo, ¿es lo mismo que decir que la tierra pasará a los trabajadores? Y respondemos: ¡no, no es lo mismo! Decir que la tierra pasará al pueblo significa que la propiedad terrateniente será abolida; significa que toda la tierra pertenece a todo el pueblo; significa que todo el que tome tierra la toma como arriendo de todo el pueblo. Si este orden se establece, significa que no quedará ninguna diferencia en cuanto a la tenencia de la tierra, toda la tierra será igual, como a menudo dicen los campesinos: «todos los viejos linderos, los cercados de la tierra caerán, la tierra se deslindará: habrá tierra libre y trabajo libre».

¿Significa esto que la tierra se entrega a todos los trabajadores? No, no significa. Trabajo libre en tierra libre significa que todas las viejas formas de tenencia de la tierra quedan reducidas a la nada, que no hay ninguna otra tenencia de la tierra que la de todo el Estado; cada cual toma la tierra en arriendo del Estado; hay un poder estatal general, el poder de todos los obreros y campesinos; de este poder toma un campesino, como arrendatario; entre el Estado y el campesino no hay intermediarios; cada cual toma en igualdad de condiciones; esto es el trabajo libre en tierra libre.

¿Significa esto que la tierra se entrega a todos los trabajadores? No, no significa. La tierra no se puede comer, y para hacer agricultura se necesita tener aperos, ganado, útiles, dinero; sin dinero, sin aperos, no se puede cultivar. Por lo tanto, cuando establezcáis un orden tal que haya trabajo libre en tierra libre, que no haya propiedad terrateniente de la tierra, que no haya categorías de tierra{81}, sino sólo propiedad de todo el pueblo y arrendatarios libres de la tierra de todo el Estado, cuando establezcáis esto, esto no es el paso de la tierra a todos los trabajadores, significa únicamente que cada agricultor administrará la tierra libremente; quien quiera, tomará libremente la tierra de todo el Estado. Esto será un gran paso adelante en comparación con la Rusia zarista y terrateniente. Será un gran paso adelante, porque la Rusia zarista y terrateniente era una Rusia en la que 70.000.000 de desiatinas estaban entregadas a 30.000 Márkov, Románov y otros terratenientes semejantes; esta será una Rusia en la que habrá trabajo libre en tierra libre. Ya ahora esto se ha hecho en muchos lugares. Rusia ya ha dado un paso adelante en comparación con la Rusia zarista y terrateniente, pero esto no es el paso de la tierra a los trabajadores, es el paso de la tierra al agricultor, porque si la tierra es de todo el Estado y la tomarán quienes quieran cultivarla, esto es poco, no basta con querer cultivar, también se necesita habilidad, pero tampoco basta la habilidad. Cualquier bracero y jornalero tiene habilidad, lo que le falta es ganado, aperos, capital, y por eso, por mucho que decretéis, por mucho que digáis, con esto no estableceremos el trabajo libre en tierra libre. Aunque colgáramos letreros en cada administración de volost sobre la tierra libre, la cuestión no mejoraría para los trabajadores, del mismo modo que en las repúblicas de Europa occidental, donde en las cárceles está escrito «libertad, igualdad y fraternidad», las cárceles no dejan de ser cárceles por ello. Si en una fábrica se escriben las palabras «libertad, igualdad y fraternidad», como en América, la fábrica no dejará de ser un presidio para los obreros y un paraíso para los capitalistas.

Así pues, ahora hay que pensar en lo siguiente: cómo lograr no sólo el trabajo libre —esto es un paso adelante, pero no es aún un paso hacia la defensa de los intereses de los trabajadores, es un paso hacia la liberación de la rapacidad terrateniente, de la explotación de los terratenientes, la liberación de los Márkov, de la policía, etc., pero no es un paso hacia la defensa de los intereses de los trabajadores, porque sin ganado, sin aperos, sin capital, el campesino pobre y desposeído no puede administrar la tierra. He aquí por qué miro con gran desconfianza la cuestión de las llamadas dos medidas o dos normas, la norma laboral y la de consumo. Sé que en los partidos populistas siempre se encuentran razonamientos y explicaciones sobre estas normas. Sé que esos partidos sostienen el punto de vista de la necesidad de establecer estas dos normas, estas dos medidas: la norma laboral, la cantidad de tierra que la familia no puede cultivar por encima, y la norma de consumo, la cantidad de tierra por debajo de la cual significaría ya el hambre. Digo que miro esta cuestión de las normas o medidas con gran desconfianza y pienso que es un plan burocrático que no dará ningún beneficio, que no podrá entrar en la vida, aunque vosotros lo aprobéis aquí. ¡En esto está toda la esencia! Este plan no puede proporcionar un alivio medianamente notable en la situación de los obreros asalariados y de los campesinos más pobres; este plan, aunque lo reconozcáis, quedará en el papel mientras domine el capitalismo. Este plan no nos ayuda a encontrar el camino seguro para pasar del capitalismo al socialismo.

Cuando se habla de estas dos medidas, de estas dos normas, se imagina la cosa como si sólo existieran la tierra y los ciudadanos, como si no hubiera nada más en el mundo. Si así fuera, este plan sería bueno. Pero la cuestión no es así: existe el poder del capital, el poder del dinero; sin dinero, en la tierra más libre, con cualesquiera «medidas», no puede haber hacienda, porque mientras el dinero permanezca, permanece el trabajo asalariado. Y esto significa que los campesinos ricos, de los que no hay menos de un millón de familias en Rusia, oprimen, explotan a los obreros asalariados y los oprimirán también en la tierra «libre». Estos campesinos ricos recurren constantemente, no como excepción sino como regla general, a la contratación de obreros, anuales, temporeros, jornaleros, es decir, a la explotación de los campesinos más pobres, de los proletarios. Y junto a esto hay millones y millones de campesinos sin caballo, que no pueden existir sin vender su fuerza de trabajo, sin ir al trabajo estacional, etc. Mientras permanezca el poder del dinero, mientras permanezca el poder del capital, por más «normas» que establezcáis, en el mejor de los casos quedarán inaplicables a la vida, porque no tienen en cuenta el factor principal de que la propiedad de los aperos, del ganado, del dinero está distribuida desigualmente; no tienen en cuenta que existe el trabajo asalariado, que es sometido a explotación. Este es el hecho fundamental de la vida actual de Rusia, no se puede soslayar, y, si establecemos algunas «medidas», la vida las soslayará, y las «medidas» quedarán en el papel. He aquí por qué, para defender los intereses de los campesinos desposeídos y más pobres en esta grandiosa transformación de Rusia que ahora estáis llevando a cabo y que indudablemente llevaréis a cabo, cuando sea abolida la propiedad privada de la tierra, cuando se haya dado un paso adelante hacia la aproximación de un futuro mejor, socialista; para que en esta gran transformación, que apenas estáis comenzando, que avanzará mucho y que, puede decirse sin exageración, indudablemente se realizará en Rusia, porque no hay fuerza que lo impida; para defender los intereses de los obreros y de los campesinos más pobres, no se puede seguir el camino de establecer normas o medidas, hay que buscar otro camino.

Yo y mis camaradas de partido, en nombre del cual tengo el honor de hablar, conocemos sólo dos caminos para defender los intereses de los obreros agrícolas asalariados y de los campesinos más pobres, y recomendamos estos dos caminos a la atención del Soviet campesino.

El primer camino es la organización de los obreros agrícolas asalariados y de los campesinos más pobres. Queremos y aconsejamos que en cada comité campesino, en cada volost, uyezd, gubernia se forme una fracción separada o un grupo separado de obreros agrícolas asalariados y campesinos más pobres, que deben preguntarse: si mañana la tierra se convierte en propiedad de todo el pueblo —y se convertirá en tal indudablemente, porque el pueblo lo quiere—, ¿cómo vamos a proceder? Nosotros, que no tenemos ganado ni aperos, ¿de dónde los obtendremos? ¿Cómo vamos a cultivar? ¿Cómo debemos defender nuestros intereses? ¿Cómo debemos preocuparnos de que la tierra, que será de todo el pueblo, que será realmente de todo el pueblo, no caiga en manos sólo de los agricultores? Si cae en manos de aquellos que tengan suficiente ganado y aperos, ¿ganaremos mucho? ¿Para esto hemos hecho esta gran revolución? ¿Era esto lo que necesitábamos?

La tierra será del «pueblo», pero esto no es suficiente para proteger los intereses de los obreros agrícolas asalariados. El camino fundamental no consiste en que desde aquí, desde arriba, o el comité campesino establezca una «medida» para la posesión individual de la tierra. Estas medidas no ayudarán mientras domine el capital, y no nos sacarán de la dominación del capitalismo. Para salir del yugo del capitalismo, para que la tierra de todo el pueblo pase a manos de los trabajadores, hay un solo camino fundamental: el camino de la organización de los obreros agrícolas asalariados, que se guiarán por su propia experiencia, por sus propias observaciones, por su desconfianza hacia lo que les dicen los kulaks, aunque se presenten con lacitos rojos y se llamen «democracia revolucionaria».

Sólo la organización independiente en los lugares, sólo el aprendizaje mediante la propia experiencia enseñará a los campesinos más pobres. Y esta experiencia no será fácil, no podemos prometer ni prometemos que correrán ríos de leche y las orillas serán de gelatina. No, los terratenientes serán derrocados porque el pueblo lo quiere, pero el capitalismo permanece. Derrocarlo es mucho más difícil, a su derrocamiento conduce otro camino. Es el camino de las organizaciones independientes, separadas, de los obreros agrícolas asalariados y de los campesinos más pobres. Esto es lo que nuestro partido coloca en primer lugar.

Sólo de este camino puede esperarse el paso gradual, no fácil, pero seguro, de la tierra realmente a manos de los trabajadores.

El segundo paso que nuestro partido recomienda consiste en que de cada gran hacienda, de cada, por ejemplo, economía terrateniente muy grande, de las cuales hay 30.000 en Rusia, se formen, con la mayor rapidez posible, haciendas modelo para su cultivo en común, conjuntamente con los obreros agrícolas y agrónomos científicos, empleando para ello el ganado, los aperos, etc., de los terratenientes. Sin este cultivo en común, bajo la dirección de los Soviets de obreros agrícolas, no se logrará que toda la tierra esté en manos de los trabajadores. Por supuesto, el cultivo en común es una cosa difícil; por supuesto, si alguien se imaginara que ese cultivo en común se puede decretar e imponer desde arriba, sería una locura, porque la costumbre secular de la hacienda individual no puede desaparecer de golpe, porque se requieren dinero, adaptación a los nuevos fundamentos de la vida. Si estos consejos, esta opinión sobre el cultivo en común, el inventario común, el ganado común, con la mejor aplicación de los aperos conjuntamente con los agrónomos; si estos consejos fueran un invento de algunos partidos, la cosa sería mala, porque por consejo de algún partido no se producen cambios en la vida del pueblo, porque por consejo de los partidos, decenas de millones de personas no van a la revolución, y un cambio así será una revolución mucho mayor que el derrocamiento del débil mental Nikolái Románov. Repito, decenas de millones de personas no van a la revolución por encargo, sino que van cuando llega una necesidad sin salida, cuando el pueblo ha caído en una situación imposible, cuando el empuje general, la decisión de decenas de millones de personas rompe todos los viejos cercados y, realmente, está en condiciones de crear una nueva vida. Si aconsejamos tal medida, si aconsejamos emprenderla con prudencia, diciendo que se está convirtiendo en necesaria, lo deducimos no sólo de nuestro programa, de nuestra doctrina socialista, sino también porque, siendo socialistas y observando la vida de los pueblos de Europa occidental, hemos llegado a esta conclusión. Sabemos que allí ha habido muchas revoluciones que crearon repúblicas democráticas; sabemos que en América en 1865 fueron vencidos los esclavistas y luego cientos de millones de desiatinas fueron entregadas a los campesinos gratis o casi gratis, y sin embargo allí domina el capitalismo como en ninguna otra parte, y oprime a las masas trabajadoras tanto, si no más, como en otros países. He aquí la doctrina socialista, he aquí la observación de otros pueblos, lo que nos ha llevado al firme convencimiento de que, sin el cultivo en común de la tierra por los obreros agrícolas, con la aplicación de las mejores máquinas y bajo la dirección de agrónomos con formación científica, no hay salida del yugo del capitalismo. Pero si nos basáramos únicamente en la experiencia de los Estados de Europa occidental, nuestra causa para Rusia sería mala, porque el pueblo ruso sólo es capaz de dar en su masa un paso serio por este nuevo camino cuando se cree una necesidad extrema. Y decimos: ha llegado precisamente ese momento en que esa necesidad extrema llama a la puerta de todo el pueblo ruso. Esa necesidad extrema consiste en que ya no se puede cultivar a la manera antigua. Si seguimos sentados a la antigua en pequeñas haciendas, aunque seamos ciudadanos libres en tierra libre, nos amenaza de todos modos una ruina inevitable, porque la destrucción avanza con cada día, con cada hora. Todos hablan de ello; es un hecho provocado no por la mala voluntad de individuos aislados, sino provocado por la guerra mundial de rapiña, provocado por el capitalismo.

La guerra ha aniquilado a una masa de personas, el mundo entero está anegado en sangre, la guerra ha llevado al mundo entero a la ruina. No es una exageración, nadie puede responder del día de mañana; todos hablan de ello. Tomad las *Izvestia del Soviet de Diputados Obreros y Soldados*: allí todos dicen que los capitalistas recurren a la huelga italiana y a los lockouts. Esto significa: no hay trabajo, y los capitalistas organizan el despido masivo de obreros. Hasta esto ha conducido esta guerra criminal, no sólo a Rusia, sino a todos los países.

He aquí por qué decimos: la hacienda en parcelas individuales, aunque sea «trabajo libre en tierra libre», no es una salida de la crisis terrible, de la destrucción general, no es la salvación. Es necesaria una movilización general obligatoria del trabajo, se necesita una grandiosa economía del trabajo humano, se necesita un poder extraordinariamente fuerte y firme, que esté en condiciones de implantar esa movilización general obligatoria del trabajo; no pueden implantarla los funcionarios, sólo pueden implantarla los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos, porque esto es el pueblo mismo, las propias masas populares, porque no es un poder burocrático, porque ellos, conociendo toda la vida campesina de arriba abajo, pueden establecer la movilización obligatoria del trabajo, pueden establecer esa salvaguarda del trabajo humano con la que no se despilfarraría el trabajo del campesino, y el paso al cultivo en común se realizaría de este modo gradual y con prudencia. Es una tarea difícil, pero es necesario pasar al cultivo en común en grandes haciendas modelo; sin eso es imposible salir de esa destrucción, de esa situación francamente desesperada en que se encuentra Rusia, y sería un grandísimo error que alguien pensara que una transformación tan grandiosa en la vida del pueblo se puede hacer de un solo golpe. No, esto requiere un grandísimo trabajo, requiere tensión, decisión y energía de cada campesino y obrero por separado en su lugar, en el oficio que conoce, en la producción que ha realizado durante decenas de años. Una cosa así no puede hacerse por ninguna disposición, pero es necesario hacerla, porque la guerra de rapiña ha llevado a toda la humanidad al borde de la ruina, decenas de millones de vidas han perecido y perecerán aún más a causa de esta guerra terrible si no tensamos todas nuestras fuerzas, si todas las organizaciones de los Soviets de Diputados Obreros y Campesinos no emprenden acciones comunes y resueltas hacia el cultivo en común de la tierra sin capitalistas, sin terratenientes. Sólo este camino hará posible el paso real de la tierra a manos de los trabajadores. *(Aplausos.)*

Publicado el 25 de mayo de 1917 en el periódico «Izvestia del Soviet de Diputados Campesinos de toda Rusia» núm. 14; en diciembre de 1917, en el folleto: N. Lenin, «Materiales sobre la cuestión agraria». Petersburgo, ed. «Pribói»

Se publica según el texto del folleto, cotejado con el texto del periódico