En respuesta a la interpelación planteada por los eseristas de izquierda, toma la palabra el camarada Lenin.{27} Recuerda que en los primeros días de la insurrección los bolcheviques propusieron a los representantes de los eseristas de izquierda entrar en el nuevo gobierno, pero la colaboración con los bolcheviques fue rechazada por la propia fracción de los eseristas de izquierda, que no quisieron compartir con sus vecinos de la izquierda la responsabilidad en aquellos difíciles y críticos días.

El nuevo poder no podía, en su actividad, tener en cuenta todos los obstáculos que pudieran interponerse en su camino si se observaban con rigor todas las formalidades. El momento era demasiado grave y no admitía dilación. No se podía perder tiempo en limar asperezas que, aportando solo un pulimento externo, nada cambiaban en la esencia de las nuevas medidas.

Pues el propio Segundo Congreso Panruso de los Soviets, desechando todas las dificultades formales, aprobó en una sola gran sesión dos leyes de importancia mundial. Que desde el punto de vista de la sociedad burguesa estas leyes adolezcan de defectos formales, pero el poder está en manos de los Soviets, que pueden introducir las correcciones necesarias.

La criminal inacción del gobierno de Kérenski llevó al país y a la revolución al borde de la ruina; la dilación es verdaderamente semejante a la muerte, y al promulgar leyes que responden a las aspiraciones y esperanzas de las amplias masas populares, el nuevo poder coloca jalones en el camino del desarrollo de formas de vida nuevas.

Los Soviets locales, conforme a las condiciones de lugar y tiempo, pueden modificar, ampliar y complementar las disposiciones básicas que elabora el gobierno. La viva creación de las masas: he ahí el factor fundamental de la nueva sociedad. Que los obreros emprendan la creación del control obrero en sus fábricas y talleres, que abastezcan de productos fabriles a la aldea, que los cambien por pan.

Ningún artículo, ni una sola libra de pan debe quedar al margen de la contabilidad, porque el socialismo es, ante todo, contabilidad. El socialismo no se crea por decretos desde arriba. Su espíritu es ajeno al automatismo burocrático-estatal; el socialismo vivo, creador, es la obra de las propias masas populares.